Reflexiones

Tradición y Familia

Es sorprendente cómo las vivencias o simplemente el camino que una elige te van llevando a las fuentes y un día te das cuenta de que eso que te molestaba que te dijeran cuando eras chica (“Ay, igual que tu mamá!”) a cierta edad es motivo de orgullo.

Cómo se explica que yo, que trabajé y estudié desde los 18 años y que soy un ejemplo perfecto de lo más remotamente lejano a un ama de casa, ahora me encuentre cocinando con placer, llevando tortas y tartas a los cumpleaños y pensando en hacer pastelitos para el 25 de mayo para celebrar la fiesta patria con amigos aquí en Londres?

La respuesta está en el ejemplo que me dio mamá sin saberlo: cocinar algo rico y que te salga bien por la atención y el esfuerzo puesto es la forma perfecta de demostrar que los demás te importan. Y de que querés que te quieran.

Gilligan Recargado

Cuando era chica miraba La Isla de Gilligan encantada, me gustaba cada capítulo porque me daba la ilusión de que por fin se irían de esa isla pero siempre pasaba algo al final y allí se quedaban.

Me preguntaba cómo hacía Ginger para no repetir vestidos de un capítulo a otro y cómo El Profesor sabía TANTO como para inventar TODO lo que se necesitara en algún momento.

Me intrigaban Los Millonarios, que a pesar de vivir igual que los demás, hacían lo imposible para seguir viviendo como ricos y tomaban el té en tacita. Y adoraba a Gilligan y su inocente torpeza y no me gustaba cuando El Capitán lo retaba. Y yo quería que Gilligan se pusiera de novio con Mary-Ann.

Y un día La Isla de Gilligan se fusionó con Lord Of The Flies (El Señor de las Moscas) y dio como resultado:

No juzgo a quienes ven la serie con tanta devoción ni a los que siguen debates por foros como si estuvieran discutiendo física cuántica (Hello! Es una serie de televisión!).

Yo vi, creo, dos temporadas. Ni terminé de ver el capítulo final. Me cansaba tanto “gancho”. Tengo que reconocer que para crear misterios hacia el final y para los flashbacks, los escritores la tienen clara. Pero me dí cuenta de que Lost es éso: gancho hasta el próximo capítulo. Y flashbacks. Y ahora flashforwards.

Cuando el otro día Ale estaba viendo un capítulo y vi de ojito que Jack aparecía de traje, le pregunté “Eh! Cuándo se fueron de la isla?” y Ale me explicó lo de los flashforwards.

Ay, no se imaginan la carcajada diabólica que se me escapó! “De-ja-te-de-jo-der!” me escuché decir.

Bueh, disculpen. Pero lo que pasa es que nunca le tuve paciencia a las series. Y cuando veo algo me gusta creérmelo, que la historia que me presentan es posible.

Y ver en Lost que las chicas no tienen nunca el pelo enredado, que no se queman con el sol a pesar de ser tan blancas, que nunca les crecen las raíces negras, que el gordo siga tan gordo como cuando recién naufragaron… Ale dice que es por el misterio de la isla misma… Sí, para todo ésa parece ser la explicación.

Vieron que las casitas que armaron con ramas y juncos en la playa son perfectas y prolijas? Que siempre hay gente dando vueltas por atrás de los protagonistas? Que cada vez hay más protagonistas? Que cada vez hay más extras?

Cuánta gente viajaba en ese avión!!?!?!?!

(Oh no, tampoco me olvido de Los Otros, los malos re re malos…)

Cuánta gente vive en esa isla!!?!?!?!

Sé que los que miran la serie son casi devotos. No quiero ofender a nadie, les comento, estoy abriendo el paraguas. Yo simplemente describo lo que me produce Lost.

Habiendo visto la serie por dos temporadas para mí fue suficiente para llegar a la conclusión de que las series largas, problemáticas, complicadas porque sí, no son lo mío. Prefiero leer un libro.

Resumiendo: (clickeando los nombres se accede a las fotos)

Gilligan y/o Hurley

El Capitán y/o Jack

El Profesor y/o Locke

Mary-Ann y Ginger juntas: Kate

Los Millonarios y/o matrimonio de los coreanos Jin y Sun

Viejita

Algunos dirán qué viejo que estás.
Por favor, hablemos de verdad.
(Cuánto Tiempo más Llevará – Serú Girán)

Me estoy dando cuenta que con los años una se va poniendo un poquito mañosa (por no decir hincha pelotas!). Y para demostrarles mi autocrítica y esperando que con ésto se me alivie un poco, paso a enumerarlas:

– No puedo sentarme a comer si no tengo una servilleta sobre la mesa.

– No salgo a ningún lado si no tengo un paquete de pañuelos descartables en el bolsillo o la cartera.

– No soporto comer comida tibia cuando se debe comer caliente.

– Me pongo insoportable si tengo sueño o hambre.

– Tengo una taza para el desayuno y otra para el té a la tarde.

– Cuando me saco los zapatos dejo el izquierdo en el lugar del derecho y viceversa.

– No tomo ni analgésico ni aspirina aunque me esté retorciendo del dolor. (Nada que no sea recetado por el médico.)

– Cuando ordeno mi ropa y zapatos siento que me estoy traicionando. (Porque odio ordenar!)

– Cuando algo me interesa soy una lectora compulsiva del tema.

– Cuando me contradicen me salta la tanada y grito, protesto, me enojo, lloro (según la intensidad de la discusión) y a los cinco minutos estoy como si no hubiese pasado nada!

…Ah, si!!! Ahora les toca a ustedes…

Mi primer amor

Me inspiré, che. Les gusta mi dibujito? Soy yo, a los 10.


Un día, a los 6 años, vi en la vidriera de un negocio un libro de tapas violetas con un dibujo de una muñeca y con el título “Las Poesías de Mari Pepa”, escrito por Alejandro Cifra. Le pregunté a mi mamá si me lo podía regalar para mi cumpleaños y eso hizo.

Fue mi primer libro, mío mío, y lo leí hasta el cansancio, aunque siempre me gustaba releer las primeras dos páginas que eran prosa, contando la historia de Mari Pepa.

A partir de ese momento, los libros para mí fueron sagrados. Me hice más extremista cuando una maestra de tercer grado profesaba que los libros no se escriben ni se cortan.

Cuando comencé a estudiar inglés, la biblioteca del instituto no sólo contaba con libros en ese idioma, sino en castellano y de todos los niveles. Fue así que durante los 10 años que estudié allí, sacaba libros prestados o bien iba como dos horas antes de empezar la clase y me quedaba leyendo…

Y, sí, amigos, tiene un por qué, traigan al psicólogo: Si me pidieran que describiera a mi viejo en una imagen, diría “leyendo”. Si me pidieran que describiera a mi abuelo en una imagen, diría “leyendo”. Con el agregado de que cada vez que iba a visitar a mi abuelo me inundaba el olor a libro de páginas marrones que emanaba de su biblioteca.

Ese olorcito aún hoy me emociona encontrarlo en los libros viejos ya que me recuerda a él.

Cuando voy a la casa de alguien, lo primero que miro es los libros en la biblioteca. Y si entro en confianza, saco alguno, lo hojeo, pregunto cosas al respecto, etc. Sean del tema que sean.

Tuve épocas con los libros: Durante la adolescencia leía novelas que me prestaba Araceli, esas novelas para adolescentes; también leía libros cristianos que me prestaba la hermana Marisa del colegio, que, se imaginarán de qué temas trataban además del tono moralista, pero bueh, no está demás leerlo cuando tenés esa edad.

Después me agarró una etapa mística y leía el Nuevo Testamento!

Y cuando empecé el profesorado no me permití leer más en castellano ya que tenía que aprovechar al máximo la oportunidad de expandir más mis conocimientos del inglés. Así que todo lo que leía eran clásicos, sobre todo Charles Dickens que adoro, adoro y adoro!

Así seguí hasta hace unos años cuando me vine a vivir aquí. Ya que estoy acá, me dije, aprovechemos para leer algo más contemporáneo. Entonces empecé a leer novelas en tono de humor pero empecé con una biografía de la reina actual y de ahí sin escalas hasta leer biografías y libros de historia! No puedo parar!

Yo creía que leía poco, pero contando, tanto en el 2006 como en el 2007 leí 9 libros en cada año. Es mucho? Es poco?

Hace muchos años, cuando me hice socia de la biblioteca del instituto donde había estudiado inglés (esta vez siendo alumna del profesorado) pregunté si de casualidad tenían mis tarjetas de cuando estudiaba allí. La buscaron pero no las encontraron. Una lástima. En ellas estaban anotados todos los libros que yo había leído desde los 8 a los 17 años.

Otro tracito de historia que se perdió.

Oral y Escrita

I could be wholesome
I could be loathsome
(Grace Kelly – Mika)

Aprendí mi lección: Uñas cortas conservan la amistad.

Cuando uno lee, no sólo se informa sino que interpreta. Y al mismo tiempo, uno lee e interpreta con esa vocecita interior que todos tenemos y le da vida al texto. E imaginamos el tono de voz y las expresiones en la cara de quien escribió algo y procesamos todo eso de tal forma que lo que leemos nos puede caer bien o no.

Yo hablo hasta por los codos y gesticulo mucho y muevo las manos, la cabeza, hablo en voz alta, y andá a saber qué otras monerías hago.

Para que te des una idea, una vez una amiga me presentó el novio y a los 5 minutos de haber empezado a hablar no sé qué estaría contando pero levanté las manos y le clavé toda mi uña al pobre santo, en el ojo! Se tuvo que ir al baño a chequear que todavía tuviera córnea!

Y ésto a qué viene? A que yo muchas veces escribo como hablo, por eso te encontrás con muchos signos de admiración, muchas letras repetidaaaaaaaas, muchas comas, pocos puntos.

Porque quisiera hacerte leer un texto vívido, lleno de “gestos” para que no te parezca chato.

Pero, después mi querido/a, como lo interpretes vos, yo ahí ya no tengo nada que ver.

Si hay algo que te cae mal, échale la culpa a tu imaginación.

A la palabra oral se la lleva el viento. A la escrita, tu interpretación.

Gracias Totales

Nothing comes from nothing
Nothing ever could
So somewhere in my youth or childhood
I must have done something good
(Something Good – The Sound of Music)

Se acercan las fiestas y por aquí casi por cada cosa que comprás, te dicen que donan algo para caridad, hay niños cantando villancicos y otros pasando juntando dinero para instituciones, etc.

Tal vez tenga que ver con un mea culpa que muchos hacen a esta altura del año o quizás con eso de sentirse culpable por comprar y gastar de más, entonces hay que colaborar con los que no tienen… De cualquier forma que sea, está bien.

En otro orden, yo quisiera ser invadida por este espíritu navideño y en vez de estar pidiendo disculpas por lo que me toca, me gustaría este año dar las gracias:

– Gracias por el marido maravilloso que tengo con quien me divierto, me enojo y me vuelvo a reír.

– Gracias por el país divino donde me toca vivir en estos momentos. Me da gusto pagar los impuestos aquí.

– Gracias por la familia que tengo en Argentina, mis viejos, mis tíos interminables, mis primos que a la vez me dan más primitos, mis vecinos y sus hijos que no paran de darme vecinitos, mis sobrinos que, che, ya que son tantos, podrían darme más sobrinitos nietos.

– Gracias por mi gata, arisca y arrogante, orgullosa y quisquillosa, una negra que ya tiene 13 años, toda una adolescente. No te tengo miedo, no te hagás la mala con tu madre.

– Gracias por haber visto a todos los que vi la otra vez que fuimos.

– Gracias por el presente que me toca vivir.

– Gracias a vos por leerme.

Felices Fiestas.

Viajar

Desde que nacemos, hay mucha gente que influye en nuestras vidas.

Demás está decir que los padres son los primeros pero a medida que vamos creciendo, hay muchas otras personas que, a veces con una actitud o una frase, nos marcan para siempre.

Hace poco me puse a pensar de dónde habré sacado las ganas de viajar.

Hasta no hace mucho yo creía que si vos ahorrabas un poco de plata, lo más normal era irse de viaje si no tenías otro proyecto a la vista.

Pero hablando con muchas personas, me dí cuenta de que sí, les gustaría viajar pero o no tienen con quién ir, o no se animan, o les da un poco de miedito…

Entonces traté de revisar mi vida “hacia atrás” y descubrir qué o quiénes influyeron en mis ganas por viajar ya que cuando estuve sola, viajaba sola y si tenía un novio, pues viajaba con él.

(Ahora por suerte viajo con mi marido con quien me divierto muchísimo, salvo camino al aeropuerto y en el avión ya que se pone insoportableeeeeeeeeeeeeeeeeee con sus refunfuños!!!)

Primero pensé en mis viejos: pero no, paseábamos mucho hasta los 6 años, pero no íbamos más allá de Mar del Plata u Olavarría.

Después pensé en que tal vez mi abuelo, que era italiano, me transmitió “el gen de la aventura”. Es que venirse de Italia en barco, para siempre, soltero y solo, después de haber sufrido la guerra, es toda una odisea!

Pero luego apareció ella. Y recuerdo una foto que vi a mis, creo yo, 4 años y que la tengo en mi memoria y es imborrable.

Ella sentada sobre unas rocas, en Bariloche (del lugar no estoy segura), peinada igual que Jackie Kennedy, con una vincha, anteojos oscuros y vestida con unos pantalones ajustados hasta los tobillos, con zapatos chatos y mirando de costado: mi prima Irma.

Irma, en realidad, es prima hermana de mi papá. Sería entonces mi prima segunda. Cada vez que íbamos a Azul, yo miraba esa foto y me maravillaba verla en un lugar lejano y sola y tan feliz!

Sin saberlo ella (y yo menos!), la imagen que a mí me transmitía esa foto era de una mujer independiente y autosuficiente que no necesitaba de una compañía masculina para viajar o ser feliz o vivir. Simplemente ella viajaba con grupos de gente y en las fotos, ella divina y sola.

Seguí visitándola de más grande y siempre tenía algo para contar de algún viaje, siempre había una foto para mostrar.

Entonces comprendí que sí, verdaderamente Irma fue quien despertó en mí las ganas de pasear, de conocer lugares porque la foto me decía que viajando uno es feliz.

Y les puedo asegurar que, por experiencia propia, es verdad.

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