Despedimos A Kate

With tearful eyes we watched you, and saw you pass away

And although we loved you dearly, we could not make you stay.

(God Saw You Getting Tired – Poem)

Ayer despedimos a Kate. Ayer fue su funeral.

Si bien Kate falleció el 5 de enero, recién se pudo organizar su funeral para el 15 de febrero.

Cuando alguien fallece, aquí se toman como unos 10 o 15 días para organizar el funeral, es la costumbre y tiene que ver con el tema de que algunos familiares o amigos que viven en otros países pueden entonces sacar sus pasajes con tiempo.

Así fue cuando falleció la mamá de Jonathan y llegaron sus medio-hermanos desde Australia y Sudáfrica. Pero en el caso de Kate, no había que esperar a nadie que llegara de otro país.

Lo que sucedió es que al haber sido en los primeros días de enero, muchas actividades como la de organizar una ceremonia en el cementerio y demás trámites estaban en suspenso por ser una época de vacaciones, se podría decir.

La cuestión es que Kate estuvo todo este tiempo en la empresa funeraria y quien quisiera ir a despedirla de una forma un poco más privada podía hacerlo. Tenía que preguntar cuándo poder ir y listo.

Yo no fui, sinceramente me iba a entristecer todavía más así que preferí quedarme con el recuerdo de su sonrisa, su piel suavecita, su cabello blanco.

Cuando entonces se pudo organizar todo, preparar el lugar donde la iban a enterrar y cómo sería la ceremonia, la fecha se puso para ayer.

Ayer nos encontramos todos en la casa de Kate y esperamos a que llegara el auto fúnebre trayendo sus restos en un ataúd cerrado y cubierto con unos ramos de flores. También vino otro auto atrás para que fueran los familiares cercanos y luego, demás familiares siguieron el cortejo hasta el cementerio.

Cuando llegamos al cementerio, esperamos en una salita y el padre vino y nos comentó que ya iban a ingresar en el salón contiguo, así que primero teníamos que dejar que pasaran los hombres llevando el ataúd sobre sus hombros, atrás pasaban los familiares y después seguiríamos el resto.

Fue así y a la vez muy estremecedor porque mientras se escuchaba la marcha fúnebre.

Nos repartieron, mientras ingresábamos, el programa de cómo sería la celebración.

El reverendo nos dio la bienvenida y cantamos un salmo o himno. Después el padre volvió a hablar y leyó un pasaje de la Biblia.

Luego, Jonathan leyó un hermoso tributo que escribió él mismo: Nos contó cómo fue su vida, que Kate era la mayor de cuatro hermanas; que no bien nació fue bautizada porque estaba muy débil y se creía que no iba a sobrevivir. Que fue a una escuela especial donde iban niños con salud frágil; que cuando estalló la Segunda Guerra Mundial era una adolescente que comenzó a trabajar para ayudar en su casa y vio partir a sus hermanas menores como “evacuees”.

Que probó su primer cigarrillo a los 15 años y que nunca más dejó de fumar; que fue por años secretaria del directorio de una tradicional compañía británica. Y que al jubilarse, encontró el tiempo suficiente para empezar a jugar golf y aprender a manejar.

Sinceramente, una vida plena, una vida de una mujer que siempre estaba haciendo cosas, aprendiendo, curioseando, visitando y cuidando de su familia siempre.

Después escuchamos el nocturno más famoso de Chopin, que ella solía tocar en el piano y luego la prima de Jon leyó un precioso poema que me hizo lagrimear bastante porque era tal cual para ella:

God saw you getting tired, and a cure was not to be

So he put his arms around you, and whispered, Come to me.

With tearful eyes we watched you, and saw you pass away

And although we loved you dearly, we could not make you stay.

A Golden heart stopped beating, hard working hands at rest

God broke our hearts to prove us, he only takes the best.

Y para terminar, se rezó el Padrenuestro y mientras sonaba una cantata de Bach, Jon y otros hombres de la funeraria, llevaron el ataúd hacia el auto.

Había un hombre vistiendo una gran galera negra munido de un bastón, caminaba adelante. Tanto él como los demás estaban vestidos con un saco tipo smoking, con cola, pantalones rayados, muy formales.

Se largó a llover con todo justo cuando llegamos al sector donde la iban a enterrar. El padre volvió a decir unas palabras y nos ofrecieron un poco de tierra para tirar una vez que se bajó el ataúd.

De allí volvimos a la casa de Kate y pasamos la tarde comiendo rico, otros tomando (bah, todos los otros menos yo) y lo primero que hicimos fue un brindis por ella.

Todos hablamos con todos, todos recordábamos a Kate y miramos sus álbumes de fotos de sus viajes y de su vida pero el que más me gustó fue de su época de adolescente y joven: Eran fotos que la mostraban alegre, siempre con amigos, sonriendo, haciendo caminatas, era como estar viendo fotos de una película de época!

Te llenaba el corazón de alegría ver que tuvo una vida tan linda y saber y ver que se divirtió tanto, que fue libre, que fue tan aventurera!

Me volví de la reunión contenta de haberla conocido, de haber sido parte de un cachito de su larga vida pero más me dejó contenta haber conocido su pasado, aunque más no sea por las fotos.

Más allá de la tristeza, a partir de ahora voy a recordar a Kate con una sonrisa siempre.