Cero En Romanticismo

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Sí, queridos, yo siempre fui la típica romántica soñadora, que siempre imaginaba vivir ever after con su príncipe azul (lo tengo, me casé con él!) y de las chicas de Disney, mi favorita era la Cenicienta.

Con algunos novios he tenido momentos románticos, claro que sí y con Ale no tantos pero no reniego de ello porque ya éramos grandes los dos cuando nos conocimos y ya habíamos dejado atrás muchas prácticas típicas de la adolescencia / juventud (cartitas, recopilación de canciones -no quiero decir cassettes– peluches…) .

De todas formas, hubo algún que otro momento romántico con Ale (este no fue uno de ellos!) y uno que recuerdo muy bien fue en Venecia, cuando fuimos para nuestro décimo aniversario de casados. En la cena, Ale me dijo con una inusual locuacidad, muchas cosas que salían de su corazón y eran todas hermosas palabras hacia mí y sobre nuestra relación y lo que él sentía por mí y…

Siempre trato de acordarme de sus palabras y no puedo! Le pregunto a él y él ni siquiera se acuerda de que me haya hablado tanto y de esa forma!

Somos tal para cual, se ve!

Sin embargo, se ve que no aprendo…

El otro día, al salir del trabajo, quise tener un momento romántico.

Como cada vez que llego o me voy, volví a pasar por entre unos canteros llenos de flores y en esta época está lleno de lavandas y es un placer para los sentidos porque me lleno de ese aroma que me encanta!

Hacía calor, estaba de buen humor, olí a las lavandas y se me ocurrió tomar unas florcitas para olerlas mejor. Viste como hacen en las películas? Abrís la mano y mientras caminás, vas acariciando las flores, las plantitas…

Pues abrí mi mano y mientras caminaba no bien empecé a acariciar las flores siento UN DOLOR que desconocí totalmente!

Nunca había sentido ese dolor! En un dedo!

Me miro la mano y veo que tengo una pequeña espina. En el dedo. Me dolía y me dolía y era tanto el dolor que el segundo que tardé en sacarme esa espinita me pareció eterno. Me quedé parada de la incredulidad que me producía ese dolor y que no se me iba! Pero si me había sacado la espina!

Llamé a Ale porque no entendía qué me pasaba. Estaba asustada, claro, y Ale me sugirió que me pasara un poco de alcohol en gel pero que si me seguía doliendo tanto, que fuera al hospital.

Me miraba el dedo y tenía apenas un puntito rojo y seguía el dolor y llegué hasta morderme a ver si el dedo me dolía más por la mordida que por ese dolor horrendo.

Si lo tuviera que describir, era sentir que me clavaban una aguja constantemente, hasta el hueso. Me puse gel y un poco se me pasó.

Creo que el dolor me duró una eterna media hora. De a poquito se me fue yendo pero tuve un malestar para el resto del día.

Al día siguiente, volví a pasar por el cantero y decidí investigar qué pude haber tocado.

Qué pude haber tocado? Qué me pudo haber tocado, mejor dicho!

Abejas!

Con razón! Ahora entiendo el dolor desconocido, nunca me había pasado que me picara una abeja!

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Mala!

Tan chiquitas y tan bravas!

Así que parece que me tengo que resignar…  hacerme la romántica no es lo mío!  😛