El Colectivo De Los Infieles

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Nada que un té con ginger biscuits no pueda calmar. Creo.

Hoy en día (por lo menos en Argentina) se usa la palabra colectivo como quien dice cardumen pero bueno, el título se trata de un colectivo (bus, autobús, guaga, camión) pero también podría ser sinónimo de lo otro. En esta historia.

Viernes a la mañana. Estoy viajando parada en el colectivo-bus-autobús-guagua-camión. No hay tanta gente pero no conseguí asiento y ahí estoy, con mi valija pequeña. Me voy a trabajar pero solo medio día y después me tomo el tren y luego el avión para irme a Barcelona a pasar unos días con Pity.

El viaje de 5 minutos venía intrascendente mientras tiraba corazoncitos o comentarios en Instagram a la vez que chateaba con Pity por WhatsApp.

De repente, escucho la voz de una mujer que empieza  a decir en voz alta “Good morning, fellow passengers” y nos desea  a todos buenos días y empieza a hablar de The Lord (no dijo God, no dijo Alá) y que había llegado la hora de conocerlo; que había llegado la hora de arrepentirse de nuestros pecados; que solo nos salvaríamos si nos encontrábamos cara a cara con The Lord, que nuestras vidas…

… Y yo te juro que sentí UN TERROR, que me cuesta describir con palabras!

Para que te des una idea, UN TERROR de sentir que de un segundo a otro te morís! Vacío estomacal, temblor, manos sudorosas, pánico general, el peor miedo que puedas sentir!

Mirá, todo fue, supongo, menos de un minuto pero fue el minuto más horrendo que haya experimentado ahondado por lo que (no) pasaba a mi alrededor:

Mientras esta mujer hablaba, la miraba a ella; miraba a todos; le miraba la chaqueta; pensaba “Pero así me voy a morir? Explotada en un colectivo en un barrio? Pero quién quiere volar un bus en un barrio? Qué clase de titulares busca?” y demás gansadas a la vez que, histérica con dedos firmes, le contaba a Pity:

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Me duele el alma no haberle puesto tilde a “sabía”. Perdón.

Yo quería ver si alguno reaccionaba y nos íbamos corriendo a la puerta para tirarnos del bus: Nadie reaccionaba. Todos callados con cara de nada y mi mente enloquecida seguía: “Pero a estos no les importa morirse? Qué les pasa?”

Bueno, obvio que si estás leyendo esto es porque no pasó nada y fue nada más que un mini “delirio místico” (para llamarlo de alguna manera) de un cristiana muy devota.

El dolor de estómago y el agotamiento mental y físico que sentí no se me terminó hasta que me bajé del bus y me tomé el subte.

Cuando llegué al trabajo le conté a mi jefa de la experiencia y me dijo que suele pasar que gente se ponga a hablar así en público.

Me sugirió un tecito y mi compañero de trabajo me dio dos galletitas de gengibre.

Volvió mi tranquilidad.

Honestamente, si me pongo a analizar estrictamente las palabras de la devota cristiana, entiendo sus buenas intenciones y en otros momentos, hasta me hubiesen causado ternura o empatía.

Pero no en estos momentos que se viven en el mundo y con mi ser a horas de subirse a un avión!

Si tanto amás a tu prójimo, ponete en su lugar y en el contexto mundial y no le arruines el día!

Y calla la boca!

O invitame a la iglesia si querés pero no me asustes en la calle!