Mirar Desde Otro Lado

Para-ver-claro-basta-con

Una vez leí que hay que mirar el lado bueno de cada persona. De todos, sí. Y desde hace unos cuantos meses estoy en ese proceso, poniéndolo en práctica.

A veces es difícil, a veces, no, y cuando lo hago a conciencia me voy “monitoreando” todo lo que me produce interiormente y me hace reflexionar un montón!

Por ejemplo, lo que primero te queda en claro cuando empezás con esto es que cuando una persona te despierta algún resquemor, incomodidad, resentimiento y hasta bronca, el problema lo tenés vos. A pesar de que esa persona sea nefasta, horrenda, tremenda, lo que es evidente es que a vos te produce algo que te lastima interiormente. Porque sentir bronca hacia alguien es llenarte de un malestar que te repercute nada más que a vos.

Es que esa persona seguirá ahí, con su vida, siendo como siempre, despertándote todo lo negativo. Y vos te quedás mascullando bronca y nadie es feliz si se acostumbra a tenerle bronca a los demás.

Cuando lográs darte cuenta de la bronca que te da alguien, lo siguiente es preguntarte por qué. Ahí la respuesta la vas a encontrar en vos mismo y cuando te empezás a indagar y a indagar, te das cuenta de que lo mejor es no hacerte tanto problema y te aflojás y lo soltás y el problema de la bronca ya no es más tuyo.

No te puedo asegurar lo liviana que te sentís!

Y con la gente que recién conocés? Me pasó hace poco cuando empecé en el trabajo. Hay una chica que nunca pero nunca saluda. Entra como un ente, se sienta y no habla con nadie al menos que sea estrictamente por trabajo. Está en su mundo, come sola, no se da con nadie.

Lo más gracioso es que viajamos muchas veces juntas y ha pasado más de una vez que nos cruzamos en el camino y ella miraba para otro lado.

Claro, lo primero que me despertó fue: “Pero qué le pasa? Qué antipática! Qué mala onda! Qué maleducada, no saluda!”

Después pensé: “Por qué no saludará? Cómo será como persona, con su familia, con sus amigos…? Algo bueno debe tener… Bueno, yo sí saludo así que la saludo igual!” Claro, cuando la saludaba, ella saludaba. “Bueno, por lo menos contesta,” notaba; ya no la veía tan antipática.

Como la empecé a saludar y si tenía que preguntarle algo de trabajo lo hacía sin mirarla mal, me empecé a aflojar yo, a no tensarme al mirarla y a relajarme hasta llegar a este ahora, en que ella me es totalmente indiferente en el sentido de que no me despierta nada; es solo una compañera de trabajo a la que saludo (y que me saluda, mirándome! Y si pasa por mi lado y no la vi justo, me saluda ella!) con la cual tengo contacto si ella o yo necesitamos preguntarnos algo del trabajo y ya está.

Me evito así ponerme de mal humor (inútilmente! Qué gano con eso!) cuando la veo.

Y luego, cada una a su casa y, por lo menos yo, sin andar comiéndome el coco! 😛