Trilogía De Buenos Aires (Relato 2)

De dónde, qué y cómo como.

Cuando estoy en Argentina y cuando sólo estoy con mami, mi dieta de todos los días es la dieta de la infancia de los ’70: churrasco y ensalada. No te como otra cosa al menos que me tiente con una mini tira de asado para las dos (que cocino en la parrilla redonda) o alguna chuleta de cerdo o algún estofado que haga mami.

Claro, esta vez fui con Ale y cuando comíamos juntos íbamos a restaurantes diversos y mayormente, como verás, el menú incluyó carne pero también nos aventuramos con la comida peruana y revivimos lindas épocas de familia disfrutando de la comida judía.

También hicimos “uso y abuso” de los cafecitos de la calle Armenia, donde íbamos a desayunar –  cuando nos levantábamos a un horario para desayunar!

Nos dimos el gusto de visitar lugares monos y agradables, tanto para la vista como para el paladar y de algunos, por los motivos que ya vas a ver, te mostraré no sólo la comida, sino la ambientación, detalles, etc.

Me acompañás, dale?

Empecemos con los desayunos / meriendas.

Hay un lugar que está en boca de todos y todas, no sé ni cómo me enteré de su existencia pero lo recordé cuando mi prima me lo recomendó: “Andá a Nucha. Las tortas son espectaculares”.

Fuimos una mañana y pedimos un desayuno básico ya que no teníamos el estómago preparado para un cheesecake o blah blah.

El lugar es muy lindo, espacioso y con mucha luz y no saqué ninguna foto esa primera vez que fui. Me imaginé que podía volver y así fue pero como sabrás, si leíste el post anterior, se cortó la luz así que me quedé con las ganas de tomar el té y sacarle fotos al lugar.

Te muestro el desayuno.

Ale pidió el scone que estaba bien, tampoco era para cerrar los ojos y ponderar cómo se deshacía en tu boca porque no fue el caso. Lo que no me cayó muy bien fue que en un lugar donde tiene muy buena repostería (por lo menos en apariencia) me hayan dado una medialuna TAN STANDARD! De una calidad de panadería media-para abajo. Desilusión.

(Ah perdón! Parece ser que ahora nadie dice “medialuna”. Yo la pedía así y en todo lugar de Palermo el mozo o moza repetía “cruasán”. Ay, bueno, sorry…)

Otro lugar donde desayunamos fue en Santos Sabores, según entendí, es como la versión gourmet y hasta un poquillo más carilla que Nucha.

El desayuno y el lugar, bien. 

El pan de campo (según lo promocionaban) era sabroso y muy rico el streusel de manzana.

Lo que me dejó un recuerdo un poco negativo del lugar fue el menú que me dieron…

Un ajjjjjjjjjcooooooooo!!!

Cómo puede ser que te den algo tan mugriento en un lugar donde vas a comer!!! No sé si se nota bien en la foto pero no necesitabas lupa para “leer” las huellas digitales de todo quien lo haya tocado alguna vez! Y fijate los precios escritos con lápiz!!! El horror!

Donde sí tomamos una merienda linda, no sólo por lo que comimos sino por el lugar, fue en el Café Havanna de Calle Armenia. Los chicos que atienden amorosos y buena onda, un alfajor con un café no puede caer mal nunca…

Y el lugar me pareció precioso!

Bueno, pasemos a la comida-comida.

Les muestro un almuerzo espectacular que disfrutamos muchísimo en Le Grill, en Puerto Madero. Como Ale no tuvo tiempo de organizar una reunión de cumpleaños como hubiese querido, invitó a su hermano y familia, un primo y a Deborita a un almuerzo con tutti.

Nos dieron una ubicación increíble, en la intersección de dos súper ventanales y les paso a mostrar lo di-vi-no que estuvo todo! (Bueno, no todo-todo, ya te contaré…)

Nos sentamos, pedimos algo para tomar (yo, un mojito sin alcohol, riquísimo) quién más, quién menos pidió lo suyo y ahí donde noté algo que no me gustó: El mozo que nos tocó le preguntó a Débora “Y vos qué querés?” What?! Sí, increíble!

El chico, digamos, hacía su trabajo pero no tenía cierta delicadeza por decirlo de algún modo. No lo juzgo como persona sino cómo se desempeñaba. Cuando pedimos, por ejemplo, una tortilla, puré y otras cosas de acompañamiento, no nos trajo las cucharas para servirnos, ciertos detalles que entiendo que se le pasen si somos un millón y medio en un restaurante pero sólo estaban ocupadas 3 o 4 mesas!!! Y había mozos suficientes para todos!

En fin. Bueno, te muestro:

Los panes, excelentísima calidad y unos extraños objetos para posarte una tirita de manteca…

Ale eligió este lugar porque te sirven “carnes maduradas” o “dry-aged” como se las conoce acá. Algo nuevo para mí pero del cual me enteré acá en Londres porque está como de moda y en Argentina, parece que ahora también. Así que para empezar, pedimos una degustación de bifes madurados y tradicional (o sea, fresco) y todos nos servimos un pedacito de cada uno para probar.

Nos trajeron la bandejita.

Te cuento qué me pareció:

El tradicional, ok, carne rica, sí, me gustó. El de 45 días mepareció que tenía un sabor más “oscuro” pero intenso que el anterior aunque no era tan fibroso. El de 100 días me pareció fabuloso, riquísimo y Deborita y yo coincidimos que el sabor de esta carne nos hacía acordar a la carne que compramos por nuestro barrio. Mirá vos los carniceros barriales, eh, qué vanguardistas!

Ale y su hermano, extasiados!

El plato principal de cada uno.

Yo me pedí el rack de cordero.

El almuerzo fluyó lindo, charlamos, comimos y luego pedimos el postre!

Nos decidimos por dos degustaciones así también todos probábamos un poco de todo!

Y con el café, petit fours!

No sé las horas que estuvimos allí pero yo pensaba que de traerme una merienda y luego la cena, como veníamos comiendo despacito y tranquilos y con buena compañía y temperatura, podría haber seguido sin ningún problema!!

Antes de irnos, pedimos conocer la bodega y tuvimos un mini tour guiado donde nos mostraban los vinos de los cuales yo sólo recuerdo que había de $4000 pesos y precios por el estilo porque después lo que puedan explicar de vinos, no sé nada!

Acá el mozo estuvo bien, sabía bastante y fue cordial.

Otro lugar lindo donde comimos carne fue en la parrilla Don Julio, de precios salados aparentemente pero de excelente servicio por parte de TODOS.  A mí me encantó lo que pedí, chinchulines y tira de asado pero a Ale su porción de ojo de bife no lo convenció.

Nuestras entradas y platos principales.

Entreteniendo a la cholula, los periodistas Gustavo Silvestre y Nora Lafón.

Creo que había más gente conocida, yo no me daba cuenta, reconocía a estos dos y estás perdonado si no tenés idea de quién diablos es Nora Lafón!!!

Lo que probé por primera vez fue la comida peruana. Podés creer! Y eso que ahora en Londres hay un montón de restaurantes que ofrecen esos platos!

Mis primos nos llevaron a Status, un lindo restaurant donde las porciones son abundantes y lo que pedimos fue sabrosísimo! Todo, absolutamente todo me gustó!

Los platos principales.
Los postres.

Para el recuerdo y la nostalgia, la cocina de la bobe. Fuimos a La Crespo, a probar el sandwich de pastrón así lo comparamos con los que probamos en NYC y en Londres.

Lindo!

Pero antes, unas “cositas” para ir probando…

El sandwich!

Con Ale decíamos que estaba bien aunque él dijo algo que es verdad, que las fetas del pastrón eran tan finas como si fuera fiambre, no era carne cortada. El pan sí estaba muy rico y un poco tostado, un buen detalle. A mí lo que me desilusionó es que viniera con muy poco pepino adentro y nada para acompañar.

Estuvimos hablando con la dueña, Clarisa, todo un personaje! Nos contaba que ella misma es la que cocina TODO y siguiendo recetas que cocinaría cualquier bobe y su marido es quien está detrás del mostrador. Ella está chocha con su negocio el cual se llena de “gente joven” (dijo otra palabra!) y eso es lo que más le gusta, que pudo atraer a ese público.

Algo que quiero contar es que por supuesto que comimos helado pero creo que yo comí 2 contra los miles que comió Ale! A pesar de que me gustan mucho los dulces, el helado no es algo que me fascine pero cuando lo tomo, lo disfruto! Probamos de Freddo y Ale de La Abuela Goye y le gustó más esta última marca que Freddo. No teníamos un Perssico cerca así que no comimos (ya sé que tienen delivery pero probábamos los helados cuando estábamos paseando!)

Bien, este ha sido un resumen de lo que hemos degustado. Debo también contarles que fui a un festejo de 60 años de mi vecino que es como de la familia y ahí se asó UNA VACA ENTERA!

Ale encantado de posar con media vaquita!

Increíblemente, no vinimos con sobrepeso! Es que siempre pasa que a pesar de comer bien y mucho, la comida en Argentina parece ser distinta, más sana. Porque si aquí comiéramos la misma cantidad, rodaríamos en vez de caminar.

Qué te pareció nuestro recorrido? Algún lugar para recomendar para la próxima? Soy todo “oídos”!!