Amersfoort

Cuando este viaje a esta parte de Holanda (que no incluirá Amsterdam) estaba más o menos organizado al (casi) detalle día por día, Ale me avisa: “Ah, sabés? Tengo un amigo argentino, Tony, que vive en Amersfoort y nos invitó a pasar el día con su familia y conocer la ciudad”.
Dije que sí, vamos, pero… y el plan? 
Sinceramente, estoy empezando a entender que para visitar Holanda no hace falta planear taaaaan al dedillo las cosas…
Primero, porque pareciera ser que cada ciudad tiene el tamaño correcto para conocerla en un día a pie.
Segundo, porque es una delicia para los ojos mirar todo, hasta el empedrado de las calles y las veredas!
No estoy desmereciendo para nada las ciudades holandesas cuando digo que necesitás en un día para conocerlas.
Obvio que hay museos y galerías y rincones y esculturas
pero Holanda toda me parece uno de los países más amigables que haya visitado!
Para empezar, la gente es amablísima y todos hablan correcto inglés así que eso facilita la interacción.
Para seguir, Tony y su esposa y sus dos preciosas hijas conforman una DI-VI-NA unidad familiar y fueron hospitalarios por demás con nosotros!
Pasamos una tarde y noche súper agradables!

Nos encontramos con Tony y as chicas en la estación de trenes a donde nos fueron abuscar y desde allí emprendimos la caminata por la ciudad.

Guiados por ellos, anduvimos las prolijas calles.

Admiramos las iguales de prolijas casas.
Contemplamos sin cansarnos cada punte sobre cada canal que encontrábamos.
No había forma de no estar sacando fotos!
Y hay quienes tienen su propio puentecito!
 El día acompañó aunque el viento se sentía bastante y eso nos hacía tener frío. Tuve que ponerme gorro y guantes porque ninguna condición climática iba a limitar este paseo!
Amersfoort es tal desde el año 1259
y se respira una atmósfera entre clásica y actual y hasta algo pueblerina
más que nada por la tranquilidad que se experimenta al recorrerla y el casi silencio que lo envuelve todo, aunque, cuidado! Que las bicicletas van y vienen en todo momento!
Y hay que mirar muy bien al cruzar ya que las bicisendas se camuflan con las veredas y las calles.
Hay una plaza Lieve Vrouwekerhof donde los viernes se hace un mercado de flores.
Pero para la hora que llegamos, al mediodía, ya se estaba levantado y limpiando todo!

Ahí nomás está la Onze Lieve Vrouwe.

Es la única torre que sobrevivió a un incendio que sufrió una catedral gótica del siglo XV, a la cual pertenecía.

Al pasar por una de las entradas que sobreviven de una antigua muralla del año 1450,
la Koppelpoort,

vimos que un señor estaba abriendo una puerta para habilitarle a unos novios a sacarse fotos y muy amablemente nos invitó a pasar así que tuvimos el privilegio de ver cómo es por dentro y de enterarnos que todavía, de querer subir las compuertas, se puede hacer, eh?
Bajo condición de que te subas a esas ruedas y cual hamster, actives las poleas!
Entre cafecitos y snacks, la tarde transcurrió tranquila.

A cada paso se presentaban ante nosotros callejuelas de ensueño.

Pero llegó un momento que las nenas no daban más! Así que entendimos que era hora de volver y en la casa nos esperaba Karen que nos recibió con tanto cariño y afecto como si nos conociera de toda la vida!

Después de una cena deliciosa y ya bien entrada la noche, emprendimos el regreso en tren y aquí estoy, tipeando a las casi 2am con las mismas energías de cuando recién empecé! Habrá sido el café que me tomé después de cenar?

Vemos cómo me levanto mañana!

Nos volvemos a encontrar por acá! Dale!