ABBA The Museum, Estocolmo

Blogger invitado: Ale.
No soy fanático de ABBA, pero siempre me gustó escucharlos, recuerdo que en mis últimos años de escuela primaria eran ultra famosos en Argentina, al punto de (o a raíz de) haber sacado un disco cantado en español. Los temas sonaban en la radio, en la tele y en los “asaltos”, por lo que era imposible no conocerse un montón de sus melodías. Quien que hoy ande por los 40 y pico no tuvo sus primeras “apretadas” mientras sonaba “Chiquitita”!.
En esa época, sus integrantes eran: la rubia de Abba, la morocha de Abba, y dos tipos. Después nos enteramos que eran dos matrimonios, y que las iniciales de sus nombres de pila eran los que formaban el nombre ABBA (hoy diríamos un acrónimo).
En ese entonces, la información no fluía como ahora, por lo que era difícil enterarse de ciertos detalles, o incluso conseguir las letras en inglés (aunque ya bien entrados los ’80 había gente que decía que Marie Fredriksson de Roxette era la rubia de ABBA. Total era sueca, cuántas rubias que cantan puede haber en Suecia?).
Fast forward hasta hoy, y gracias a los covers de Erasure, el disco ABBA Gold, los A*Teens, estos locos, los curros de Madonna, y el musical Mamma Mia! , ABBA se sigue escuchando por todos lados. Además, personalmente considero que la música, si bien netamente pop comercial, es buena, los cuatro son muy talentosos como compositores, y los temas tienen esa magia que hacen que te queden grabados para siempre.
La otra vez que estuvimos en Estocolmo se hablaba del museo, pero no había nada en concreto. Finalmente se inauguró en Mayo de este año, en la zona de Djurgården, donde habíamos estado, pero durante un día con un clima horrendo.
Aprovechando entonces que tenía un día en Estocolmo, gracias a mi loco viaje para probar los nuevos 787 de British Airways, me armé un itinerario con dos paradas: El museo de ABBA, y el mercado de Östermalm Saluhall, donde tenía que probar el Toast Skagen.

El tram 7 me dejó exáctamente en la entrada del museo.
Afuera estaban las clásicas fotos para que pongamos las caras, acá asumí el rol de Björn.
Ya había comprado mi ticket por internet, así que solo tuve que ingresar el código en una máquina, y me emitió el mismo. El precio de mi ticket incluía el audiotour, con el que simplemente había que tocar en unos círculos mientras se hacía la visita, para que comience a sonar el relato respectivo.
Bajando al segundo subsuelo, está la entrada a la exhibición propiamente dicha, con el famoso cartel luminoso (supongo que se podría redistribuir para armar el de KISS).

Allí una empleada me pidió que espere mientras empezaba una película de dos minutos, que además servía para ir regulando el ingreso del público a la exhibición.
La película en sí no era demasiado interesante, mostraba flashes de videos y música de ABBA que duraban una fracción de segundo, nada memorable.

Se abre una puerta  y entramos a la exhibición. Lo primero que se vé es una reproducción de lo que sería una típica feria sueca de los ’60, donde solían tocar los integrantes de ABBA antes de formar el grupo. Cada uno de los puestitos mostraba fotos de la niñez y juventud, y datos biográficos de cada uno de los integrantes.

Esta es una foto muy famosa, con un banco delante para sentarse y tomarse una foto con ABBA.

En todos lados había además pantallas donde mostraban videos en contexto de lo que se exhibe. Por ejemplo, aquí mostraban el video de “Waterloo” en el Eurovision ’74, y al lado estaban los trajes, la guitarra que usó Björn, y una de las medallas entregadas como premio.

Los trajes y la pantalla pasando el video en loop.
La guitarra de Björn
La medalla

Reproducción de la oficina de Stig Andersson, manager y letrista de Abba.

Reproducción del estudio Polar, donde grabaron sus últimos discos.

La consola es la original.

Reproducción de la cabaña en la isla de Viggsö en el archipiélago de Estocolmo, donde se juntaban a componer.

Reproducción del taller de costura donde se hacían los trajes.

Reproducción de un típico camarín.

Como ven, muchas reproducciones.
Siguiendo por un pasillo, empapelado con posters de diferentes bandas y otra memorabilia, se llega al escenario.

Estas figuritas me resultan familiares. No sé si no se publicaron en Argentina.
No sabía muy bien de que se trataba, y un empleado que estaba ahí me pregunta “querés subir al escenario?”. Bueno digo yo, que aún no entendía que onda. Entonces me explicó, elegís un tema de ABBA, y te subís al escenario. Delante de éste, hay una pantalla transparente, donde se proyectan unos hologramas del grupo tocando. Visto desde el frente, uno parece estar con la banda. Un monitor muestra las letras, como en un karaoke.
-Qué, tengo que cantar?, pregunté.
-Sí, claro!
-Ehh, mejor lo dejamos para otra vez.
Igualmente me llevó al escenario, y me mostró como funcionaba todo, muy amable como son todos los suecos.
El video de la “actuación”, más los resultados de trivias y otras atracciones interactivas, se pueden ver luego en la página del museo, ingresando el número de ticket de la entrada.

Un vinilo gigante, para sentarse y mirar las pantallitas que contenían artículos periodísticos sobre ABBA.
Estas marionetas son las que se usaron para la filmación del video “Our Last Video” en 2004
No sabía de la existencia de ese video, por suerte en una pantalla lo pasaban en loop, y cuenta con unos cameos de los miembros originales de ABBA, y algunos invitados como Cher, y Eddie de Iron Maiden (?). Acá está el video por si no lo conocen:

Luego llegamos a lo que sería una pista de baile circular, con luces y una pantalla en el piso que pasaba videos. Algunas personas estaban bailando, pero a mí no me pareció particularmente interesante así que seguí de largo.
A continuación, la exposición de trajes.

Muy lindo, pero en realidad tengo mis dudas si todos los trajes son originales. Luego comento algo al respecto.

También las tapas de ediciones de discos de todo el mundo.

Miré uno por uno, y los únicos que parecían ser ediciones argentinas eran este…

Y este, pero realmente no puedo estar seguro. Si alguien se acuerda…
De cualquier manera, faltaba este, que fue con el que se consagraron definitivamente en Argentina, pero aparentemente es una rareza muy difícil de conseguir hoy en día
Así que ya saben, si alguno lo tiene guardado en algún ropero, y quiere hacerse unas kronen, comuníquense con el museo de ABBA en Estocolmo para ofrecérselo.

Sí, primero está “Dancing Queen”, pero Kiss está dos veces, así que…
Entre los discos de oro y platino, tampoco había ninguno de Argentina, aunque según parece, en su momento “Chiquitita” fue el simple más vendido en Argentina de los últimos 25 años.
Y vamos llegando al final, con algunas muestras del musical Mamma Mia!, que no me interesaron en absoluto.
La salida desemboca en el mismo lugar de la entrada. Y allí comienza otra exhibición que es el “Salón de la Fama de la Música Sueca”, con exponentes como Roxette, Europe o Yngwie Malmsteen (por nombrar a los que yo conozco).

Aguante el Ingüi, loco!
En ese momento se me acerca una empleada (la que recibe a la gente y los hace esperar hasta que empieza la película (pero no la misma que me recibió a mi), y se dá el siguiente diálogo:
– ¿Qué tal te pareció la exhibición?
– Muy buena, le contesto.
– ¿Qué parte te gustó más?.
– Ehhh, los trajes.
– Ah, sí. Son los trajes originales, aunque mucha gente cree que son copias, porque los colores son diferentes. Pero en los videos hay otra iluminación, y además los colores se atenuaron con el paso del tiempo.
– Sí, lo noté. Sin embargo, ¿viste los vestidos con los gatos?. Los que están expuestos son largos hasta los tobillos, sin embargo, en todas las fotos son bien cortitos.
– …
– Hay una foto incluso al lado de los vestidos, y se vé bien que son cortitos.
– ¡Bueno, vení, vamos a ver!

Comparen con la foto de la entrada.

Volvimos hasta el lugar donde están los vestidos, y efectivamente era como yo decía. La chica no sabía que decir, no tenía una explicación para esa anomalía. Para salir del paso, le dije que probablemente habían hecho una versión larga y otra corta. Seguramente, me dijo.
Subiendo nuevamente a la superficie, a la salida está el shop, donde tienen a la venta remeras, libros, posters, CD’s y DVD’s y las típicas pavadas, aunque todo es bastante caro.

Los precios:
Entrada: 195 SEK (USD 30)
Audiotour: 40 SEK (USD 6)

Las entradas se pueden comprar por internet, o en el museo, pero en este caso puede haber espera ya que entra una determinada cantidad de gente por hora. Ni el museo ni el shop aceptan efectivo, solo se puede pagar con tarjeta de crédito.
Particularmente el audiotour no me resultó efectivo, son las voces de los integrantes del grupo contando más o menos lo mismo que está explicado en los cartelitos, lo que me distraía por querer leer y escuchar al mismo tiempo.

http://www.abbathemuseum.com/en/