Nápoles Día 1

Llegamos a Nápoles a las 11 de la mañana con un poco de sueño, con un poco de cansancio, con mucha curiosidad. Tomamos un bus en el aeropuerto que nos dejó en una plaza y de allí caminamos un buen trecho hasta llegar a un departamento lindo, prolijo y muy bien ubicado.
Cuando uno dice “muy bien ubicado” imagina un lugar cerca del centro, de diferentes atracciones, etc. Esto es así, pero no se imaginen un centro centro.
Napoli es ruidosa (todavía no tanto, me parece, como Buenos Aires), el tráfico es un lío de motitos, camionetas, autos y gente que camina por el medio de las diferentes callejuelas.

Todos se mezclan, se entrecruzan, se tocan bocina, se sacan la lengua (uno que manejaba una moto le sacó la lengua al que manejaba el bus que nos traía del aeropuerto!) y si hay semáforos (cuando hay), para qué respetarlos, no?

Las calles son en su mayoría de empedrado. Casi que no hay veredas y sólo hay espacios a los costados de las calles delimitados por unos pilotes para que la gente pueda transitar. Se supone que ese sector es la acera. Pues no, hay motitos estacionadas, contenedores gigantes con basura adentro y a los costados, un primor todo.

Autos, gente, pizza.

 
“No te quejes,” me pidió Ale. No, no me quejo, no lo critico pero lo señalo constantemente. Así y todo Nápoles parece tener su encanto porque lejos de enojarme ver tanto desorden, me siento cómoda. Me siento a gusto.

Estar en Italia es como volver a mi historia y yo me emociono mirando a la gente, viéndolos hacer “montoncito” con los dedos; hablando en voz alta; hablarse como si se estuvieran insultando pero no; saludarse con besos, tanto hombres como mujeres; ver chicos de todas las edades jugando a la pelota en cualquier plazoleta.
No bien dejamos todo en el departamento, salimos a recorrer el casco histórico. 
El punto de partida fue la Piazza del Gesù Nuovo donde se encuentra la Guglia dell’ Immacolata.

L’obelisco dell’Immacolata.

Al lado se encuentra la Chiesa del Gesù Nuovo, una iglesia que originalmente fue parte de un gran palazzo que fue convertido en iglesia por los jesuitas allá por el año 1597. Hay frescos en su interior, como en muchas de las iglesias que nos encontramos en este recorrido. 

El exterior no dice mucho.

Pero, lamentablemente, la mayoría estaban cerradas y en otras se cobraba entrada, entre €7 y €9. Nos parecía excesivo y tampoco es que moríamos por ver las obras de arte que guardan. Cada iglesia tiene algo en particular que mostrar pero en este caso a nosotros no nos interesaba y donde sí queríamos ver algo, la iglesia, Ley de Murphy mediante, estaba cerrada!
Tomando la Via Benedetto Croce que luego se llama Via San Biagio dei Librai, uno veo muchas iglesias cuyas fachadas están en un estado de abandono o suciedad que da pena.

Iglesias varias.

Hay mucho graffiti, muchos papeles pegados, se apreciaría todo mucho más, estoy segura, si el estado edilicio fuera tan bien cuidado como lo es el interior de dichas iglesias. Porque, por lo menos en Napoli, las apariencias de las iglesias engañan.

Graffitti varios.

“Argentina? Como el Papa!” me dijo la dueña del departamento cuando nos conoció. Ah cierto… Yo esperaba que me dijera algo de Maradona… Entonces le dije que yo sabía que había algo sobre Maradona en esta ciudad y me contó de un altar y me señaló en el mapa dónde estaba.
Frente a la estatua del Nilo, se encuentra el famoso altar.

Ho visto Maradona.

El altar tiene, supuestamente, unos cabellos de Maradona y una pequeñita botella con las lágrimas de algunos tifossi, llanto de cuando Maradona los sacó campeones allá lejos y hace tiempo.

 Los cabellos están dentro del cuadrito y ahí se ve la botellita.

Además, por supuesto, hay fotos y una arenga a que ya que te sacaste la foto, entres al bar a tomar algo!

 Santa Maradona, priez pour moi!

A lo largo de la caminata, nos encontramos con varios productos y/ o souvenirs con la cara de Maradona.
Hablando de souvenirs, hay una callejuela llamada Via San Gregorio Armeno, donde abundan los negocios de recuerdos y de algo que para los napolitanos, parece ser una obsesión: los pesebres y las estatuillas de personajes famosos.

 Via San Gregorio Armeno.

Ejemplos de pesebres.

Hay estatuillas de todos!

También los cuernos rojos, amuletos de la buena suerte, descendientes de los amuletos fálicos de Pompeya.
Seguimos caminando y llegamos al Duomo, una iglesia donde no se podía sacar fotos ni filmar, algo que nunca hago pero cómo me hubiese gustado hacerlo en esta oportunidad! No se imaginan lo bella que es por dentro, los frescos a los costados, en los cielo rasos y sobre todo la capilla de San Gennaro, el santo patrono de Nápoles. 

Iglesia de San Gennaro.

En el altar hay un relicario con forma de busto de San Gennaro, hecho en plata y bañado en oro. La cabeza del busto se abre y allí es donde está el recipiente con la sangre del santo que, en ocasiones especiales, se saca y se espera el milagro de que se licue. 
Volvimos sobre nuestros pasos, volvimos a tomar la Via dei Tribunali y allí encontramos una iglesia muy particular.
Santa Maria delle Anime del Purgatorio ad Arco.
Una iglesia que se usaba mucho para adorar los muertos, algo prohibido por el Vaticano, por eso es que se ven tantas calaveras.
Ya estábamos teniendo frío pero creo que era por el cansancio. Nos habíamos levantado a las 5 de la mañana en Londres y no paramos!!!
Nuestra última parada, la Piazza Bellini, donde encontramos una parte de un muro greco-romano, en muy buen estado, es cierto, pero tan descuidada!

 Piazza Bellini.
Cómo se les ocurre tirar basura en un lugar histórico!!!??
Queríamos saber un poco más de estas ruinas y le digo a Ale: “Mirá, ahí hay un cartel”

Ahá.
“Bueh, saquemos una foto de este lindo monumento…”

“Bellini… Quién habrá sido?”

Ahá.
Bueno, hora de volver! Eran las 5 de la tarde y sentíamos que eran como las 10 de la noche por lo mucho que habíamos andado!
Llegamos, dormimos una siesta de un par de horas y nos levantamos para ir a cenar. Y aquí, de vuelta, te lo estuve contando!