Lazos Político-Familiares

Yo tengo lo que llamo el Síndrome Monica Geller: quiero caerle bien a todo el mundo. Tal vez se me hizo carne con tantos años de docencia ya que si a un niño o adolescente no le caés bien, no te aprende.

Entonces en todas las relaciones que entablás, ponés tu mejor cara y por suerte me gusta socializar. Peor sería querer caerle bien a los demás y no querer conocer a nadie!

Por eso cuando veo o noto que me miran de costado o hay cierta omisión, me pregunto por qué y no lo puedo entender. Acá juega mucho el ego herido, claro, “cómo que no les caigo bien, yo que hice / dije / soy bla bla bla”.

 Ahora entienden por qué cocino tanto! (Pero de verdad, lo disfruto!)

Ayer hice un poco de insight:

– Ok, bueno, hay gente a la que no le caigo bien.

– Hay gente que no me cae bien? Sí.

– Qué hago yo con la gente que no me cae bien? La ignoro, la dejo pasar, sigo con mi vida.

– Te molesta que sepas que haya gente que no te cae bien? No, qué me importa, que hagan su vida, yo hago la mía.

– Conclusión: Apliquemos el mismo método pero al revés: Si hay gente a la que no le caigo bien y ellos siguen con su vida, pues yo debo seguir con la mía.

O sea, no tengo que vivir como que pierdo puntos si hay alguien a quien no le caigo bien. Ya está, ya fue.

Nuestros padres y tíos nos han enseñado a nuestros primos y a mí a fomentar las relaciones familiares y es algo que nutro como puedo: estando en Argentina, de visita o llamando por teléfono o desde aquí con mails, chats, llamadas, mensajes, tarjetas, etc. Jamás se me ocurrió ignorar a alguien de mi familia y menos que menos por sus ideas políticas.

Con la única persona que hablaba mucho de política era con mi viejo y si he hablado de este tema con otras personas siempre traté de que fueran con quienes pensaban parecido, no para cerrarme sino para debatir tranquilos y / o aprender más.

No busco hablar de política con alguien que piensa distinto al menos que sea para, también, debatir sanamente. No busco debatir con alguien que piensa distinto para confrontar ni para que cambie de parecer ni para denostarlo por sus ideas.

Y estoy notando, lamentablemente, que por mis ideas políticas hay familiares que… están lejos. Que se han alejado. Pero yo sigo siendo la misma! Si antes estaba todo bien, por lo que yo pienso de política me dejan de lado?

Ahí es cuando cuesta ser indiferente a que te ignoren o que les caigas mal. Pero estoy en el proceso de aceptarlo. De aceptar que es así, que a pesar de los lazos familiares hay temas que te separan. Lo que no quiere decir es que yo también me comporte igual. Lo triste, a mi entender, es que se juzgue a uno como persona por lo que piensa políticamente.

Aunque siempre ha habido temas problemáticos en las familias: la religión, la familia del otro, qué hace o qué no hace…

Sólo que cuando te toca de cerca, duele.

Les ha pasado?