La Realidad Navideña

Claro que me encantaría festejar la Navidad como en las revistas: con un vestido elegante, peinada, con tacos altos, maquillada y sonriente; con la mesa híper decorada y la comida hecha por mí, con mesa dulce incluída.

Pero no. Nunca tuve una Navidad así y por más que cada año aspire a que el sueño se me cumpla, la realidad es que tanto mis Navidades argentinas como las londinenses han sido por demás diferentes a las revistas.

Lo que rescato es que a mí la Navidad no me pone triste porque me trae los recuerdos de mis Navidades de la niñez. La pasaba bien porque yo me creía el cuento de Papá Noel. Para mí él existía y me traía los regalos. No recuerdo haber planteado cómo hacía para recorrer el mundo en una noche o mis padres habrán tenido buenas respuestas para zafar!

Yo estoy totalmente de acuerdo con que los niños crean en Papá Noel, los Reyes Magos, el Ratón Pérez… solitos se darán cuenta que no existen pero el mientrastanto es mágico. No hay nada que se compara con las caritas de los chicos cuando descubren los regalos y cuando los abren!

Si los padres no quieren “engañarlos”, ok, cada uno educa a su hijo como quiere pero tampoco es bueno que vean como algo negativo que un niño crea en  un poco de magia durante su infancia. Porque la infancia está altamente condimentada de fantasía.

Habrá niños que no crean en Papá Noel pero observalos cuando juegan… acaso no se creen que son eso que juegan? Así jueguen con la Play o a los Súper Héroes, los chicos ven todo con sus ojos llenos de fantasía.

Recuerdo una Navidad en particular. Tenía alrededor de 5 años, mi hermana menor 4 y nos reunimos en lo de mi tía Olga, abuela de mis primos Paula y Sergio, de nuestras mismas edades.

Cuando terminamos de cenar, Adriana, la hija menor de mi tía que para esa época tendría unos 20 años y era maestra jardinera (o sea, la tenía clara) se despidió de nosotros y nos dijo: “Chau! Me voy a bailar!”

Y a las 12 de la noche, por la ventana del living, entró… PAPÁ NOEL!!!

Papá Noel, con su traje rojo, su bolsa blanca llena de regalos! Para nosotros!

Creo verme a mí misma con 5 años, embelesada y feliz, mirando a Papá Noel darnos un regalo a mi hermana y a mí diciendo “Para las dos hermanitas” y repartiendo los otros, aunque a Sergio no había forma de consolarlo por cómo lloraba del susto! (Perdón Ser por ventilar esto!!!)

Sí notaba que a pesar de ver un robusto Papá Noel, su voz era bien finita pero jamás se me ocurrió desconfiar de nada ni de nadie.

Al rato, cuando estábamos jugando con nuestros regalos, apareció Adriana diciendo “Hola! Qué tal! Ya vine de bailar!” Y nosotros a los gritos contándole que había venido Papá Noel!

Años más tarde, cuando supe la verdad, cuando me enteré de que todo era fantasía, le pregunté a mamá “Pero quién fue ese Papá Noel que fue a lo de tía Olga?” “Adriana,” me dijo.

Y ahí recordé que ella se iba a bailar y, qué justo, cuando ella se iba, venía Papá Noel!

Así que ahora de adulta, con la realidad frente a mis narices, yo, de todas formas, espero una Navidad de las revistas, aunque bien sé que este año lo festejaremos como lo hacemos habitualmente.

Pero no importa. Ahora de grande, me empecino  a tener mi porción de fantasía. Si no es este año, será el próximo. O el siguiente. Porque los sueños que uno tiene de adulto se pueden hacer realidad, porque sólo depende de nosotros mismos emprender el camino para realizarlos.