Digo Yo

Tengo cuenta en Twitter. La abrí en mayo para ver qué onda y me enganché. Le tomé la mano enseguida y me entretiene muchísimo. Para mí es como estar en una virtual mesa de café con muchos hablando sobre muchísimos temas, pero sobre todo, de las noticias del día, de la tele, de un personaje en particular…

Digamos que en Twitter soy más jugada con lo que opino y a veces sale el Mr Hyde de adentro y escribo sobre lo que me enoja o quién me enoja.

Pero lo tomo como un lugar donde más que debatir, uno charla y lee al otro y a medida que han pasado los meses, he aprendido a que como todo lo virtual, no es para tomárselo como arma para agredir.

Cuando me pasó, me desilusionó un poco. Era muy novata y me llamó la atención que me hicieran retweet de algo que había escrito sobre lo que pensaba de alguien de la política. Quien lo hizo era una persona que no piensa igual y me extrañó porque generalmente uno hace retweet de algo con lo que está de acuerdo.

Luego trató de seguir un mini-debate pero enseguida aclaré que yo tengo una cuenta en Twitter para opinar, no para debatir y menos de política!

Pero ese retweet lo contestó otra persona seguidora de aquélla, indignadísima, y usando unos términos que yo también uso pero que no escribo, twiteó que como yo no vivo en el país (en Argentina) no tengo derecho a opinar…

Sí, lo tengo. Tengo derecho a opinar de cualquier cosa que pase en Argentina, por qué no? Nací ahí, conozco bien su idiosincrasia, la gente, la forma de vivir y de pensar y antes de vivir estos 7 años en Londres, viví 35 en Argentina, trabajando, estudiando y pagando impuestos.

Argentina es mi casa, soy argentina y me encanta opinar! Y si no comparto las ideas políticas de alguien y veo que no es viable un debate (en la vida real, eh, no en Twitter), la corto ahí, sigo mi vida, sigo haciendo mis cosas, y ya.

Es que yo crecí viendo a mi viejo en las reuniones familiares debatir apasionadamente con los demás parientes. Debatir, eh. Jamás ninguna reunión terminó a los gritos, a los insultos o a las piñas. Jamás. En la sobremesa de mi infancia se hablaba de política, de Perón, de los milicos y de las medidas económicas.

Y a mí me encantaba ver y escuchar a mi Súper Papá discurrir con ideas claras, basadas sobre todo en esa lógica y filosofía tan encarnizada que tenía de años de estudio en el colegio pupilo.

Todos lo buscaban para hablar del tema actual que fuera y lo escuchaban y también debatían con él y mi viejo era como un Platón tano, utilizando esas palabras que aparecían en los diarios (en los de antes, cuando se redactaban bien!) y en los libros gordos que leía y gesticulando y hablando en voz alta…

Soy una nena de papá y no puedo contra mi naturaleza: Mi forma de expresarme y la razón para expresarme provienen de mi interior, de mi historia y de sentir que hay alguien más en el más allá virtual.

Y aunque no llegue a nada ni a cambiar el mundo, es una manera de sentirme viva y acompañada: Del otro lado del teclado hay seres humanos también y nos hacemos compañía.