Sueño Por Incumplirse

Siempre fui muy lectora y un sueño que albergo desde chica es tener un cuarto donde poner un sillón, una mesita, una alfombrita, un banquito para los pies y una bruta bibliotecota donde poner MIS libros.

Tengo mi biblioteca de toda la vida en Argentina, esa biblioteca de madera de pino donde están mis libros prolijamente apilados y por la cual cuando me decían “Wow, cuántos libros!” yo contestaba hinchada de cero modestia “Y todos leídos!”.

Mi papá dejó su biblioteca de madera de pino con estantes agregados ad hoc, llenísima de libros apilados no tan prolijamente, pero absolutamente todos leídos. Sé que esos libros me pertencen tanto materialmente como moralmente. Son MÍOS. Y sé que nadie me los reclamará.

Mis libros me dan identidad, cuentan mi historia, hablan de mis estados de ánimo en el momento de leerlos a través de lo que subrayé, no subrayé o por lo que escribía al costado como si estuviese dialogando con los protagonistas o el autor. Hay dibujitos de caritas, signos de admiración, flechas, círculos… de todo.

También tengo por costumbre escribir en la primer página la fecha de cuándo terminé de leerlo y en qué lugar me encontraba. Es fácil, en mi caso, tener coartadas!

Pero la vida me ha traído a este país y esta casa donde también hay una biblioteca pero muy pequeña y muchos libros guardados en cajas. Ya llevé unos cuantos a Argentina y estos otros están esperando su turno. Ale no entiende por qué no me deshago de ellos y me compro un Kindle como hizo él.

El Kindle.

Me hizo ver que el libro como artículo ya casi no tiene cabida en esta forma de vivir que todos estamos adoptando. Se vive con menos tiempo, con menos lugar, el futuro no se parece en nada al presente como pasaba con las otras generaciones. Hace 10 años nadie hubiera imaginado todos los juguetes electrónicos que hay hoy. Qué habrá dentro de 10?

Tiene razón con respecto a que el libro está quedando como obsoleto. Lamento reconocerlo, pero es así. De todas formas, todavía me resisto a condensar 1000 libros en un aparato que no tiene la vida propia que tiene un libro, desde el arte de las tapas, pasando por la clase de papel, el formato de letra y el olorcito a hojas amarillas.

El Kindle es práctico y lo llevás a todas partes. Pero una tablita gris y fría no reemplaza la calidez que sentís en tus manos cuando sostenés un libro.