Adiós, Alicia

Me doy cuenta de que falta (y desde hace tan poco!) cuando escribiendo algún post, pienso “Esto seguro le causará gracia…” y ahí caigo: ya no está, no va a estar.

En inglés, suegra se dice mother-in-law, algo así como “madre por ley” y Alicia era para mí otra mamá.

Falleció el 30 de diciembre; qué año el que pasó, no dejó de golpearnos. Estaba grave y Ale decidió volar de urgencia a Argentina, o sea que cuando se fue, todavía había esperanzas. Pero a la noche de aquí, llamé a una tía para preguntar y ahí me enteré que hacía 10 minutos que había fallecido.

De Alicia escribí anteriormente y su fallecimiento me ha dejado muy dolida y casi sin palabras. En estos momentos lo único que hago es recordarla una y otra vez: lo jovial y divertida que era, sus excentricidades y buen humor. Porque Alicia tenía muy buen humor sobre todo y un corazón gigante que de movida, al conocerte, te albergaba.

Nunca, pero nunca, la vi enojada con nadie, ni siquiera con sus hijos con quienes tenía una relación un poco atípica: jamás fue una idishe mame, siempre los trató con respeto, sí, y a su manera los hizo muy independientes.

Le encantaba leer, ver las noticias, levantarse a las 5 de la tarde y jugar al Scrabble con compulsión, tanto con el juego de mesa como con la computadora. Vivía rodeada de amigas que la mimaban. Era especial: te despertaba eso, te despertaba mimarla, era como un osito grande.

Por eso estoy segura, desde la distancia, que, aunque no estoy allá para verlo, hay mucha gente que ya la está extrañando y recordándola. En mi caso, recordarla es una forma de despedirme de ella.

La vamos a extrañar. Muchos. Y mucho.