Atención al Consumidor Británico


Yo me acuerdo muy bien que en los ’90 (todo el mundo odia recordar esos años pero algo bueno había, che) las empresas empezaron a darle mucha importancia a la atención al consumidor, y me acuerdo de instituciones como ADELCO, a donde concurrí una vez por una duda y me atendieron muy bien, rápido, desinteresadamente y gratis.

Pero, a medida que el país se fue embruteciendo, obviamente que lo primero que las compañías sacaron o redujeron, para bajar costos, fue la atención al consumidor, cuando tiene que ser al contrario, para poder sobrevivir o hacer algo más de dinero, tenés que matarte para dejar bien parada a tu empresa y así ganar más clientes. En fin.

Aquí me sorprendo porque el británico en general es muy protestón (pero con altura porque jamás grita) y es de mandar mails, o cartas o llamar al supervisor para quejarse de una u otra cosa y son escuchados!

Si por algún motivo yo quiero quejarme de algo siempre me queda ese miedito de “Me creerá?” “Vendrá?” “Me hará caso?”, etc.

Se acuerdan cuando fuimos a Disneyland Paris? El viaje a la vuelta fue un calvario! Es largo de explicar todo pero se notó muy bien ese día que los franceses son latinos y, por lo tanto, la forma de tratar a los pasajeros/clientes fue sanguínea y visceral, o sea, estaban todos a los gritos! Hicieron lío con las reservas; sellaban, cual bancarios estatales, los boletos; ponían caras de malos, etc.

Yo no me lo banqué porque por esos modales y su franco-burocracia perdimos el tren de vuelta y nos hicieron subir al siguiente.

Enojada, al otro día llamé a atención al cliente de aquí, les dije lo que pasó y que quería quejarme y que además merecía algún tipo de resarcimiento. Me dijeron que enviara una carta con copia de los pasajes.

Yo mandé la carta con todos los datos pero, naba o distraída, olvidé incluir copia de los pasajes. Les mandé un mail diciendo ésto y me contestaron que mandara los originales, que completara un formulario que incluían, blah, blah, blah.

“Basta, ya está, ya fue,” me decía Ale. “No te calentés.” “No, no, no! Yo tengo razón!” pero bueno, los días pasaron y me desinflé.

Hace una semana llegó una carta con disculpas por lo que había pasado y me mandaron dos pasajes con 50% de descuento para viajar por Eurostar a cualquier destino!

Para seguir en tema, ayer fuimos a almorzar a T.G.I Friday’s (un lugar que a pesar de ser una cadena hacen muy buena comida) y pedí un plato de pastas. Cuando estaba terminándolo, descubro que había un pequeñísimo pedacito de un sticker que se usa para marcar la fecha de vencimiento de la comida.

Lo puse a un costado del plato y llamé a la moza. No le dije nada, le señalé lo que había encontrado, se disculpó y me dijo que llamaría a su supervisor.

El supervisor llegó, se deshizo en disculpas y nos contó que a lo mejor ese pedacito de sticker se les cayó cuando abrieron el contenido de la bolsa, pero que todos sus productos son frescos, etc. etc., y que no me cobrarían el plato de pastas.

Y luego pedimos postres y cuando la moza trajo la cuenta, dijo que los postres tampoco los cobraban.

Otro ejemplo es que cuando uno compra ropa o lo que sea (hasta libros) uno puede ir a cambiar esos artículos por otro o te devuelven el dinero si así lo deseás. Si lo pagaste con tarjeta, te lo acreditan y si pagaste en efectivo, pues te devuelven el efectivo.

Ustedes creen que alguien protesta o te mira mal porque les devolvés algo? Nadie pregunta nada, a lo sumo te preguntan muy suavecito por qué no te gustó, pero es muy raro que alguien acote algo.

Un día estaba pagando algo en una librería y una chica vino al mostrador y dijo “Hola, acabo de comprar este libro acá y vengo a devolverlo porque en Tesco (el super que está en el shopping) está más barato”. “Ok,” le dijeron. Y le devolvieron el dinero inmediatamente.