Navegando El Nilo Día 3

El imponente templo de Horus.

Nuestro tercer día navegando por el río Nilo y tuvimos a la mañana la excursión al Templo de Horus en Edfu.

Mirando a Horus, un dios egipcio.

Mi estomaguito me despertó como a las 5 de la mañana para llevarme al baño y sentarme allí un rato. Empecé a preocuparme y a temer lo que me pasó cuando me levanté: constantes dolores de panza, ganas de ir al baño, y miedo de perderme alguna excursión, o peor aún, que me descomponga en el medio de la excursión.

Como pude desayuné algo y juntando coraje, me subí al micro aunque le avisamos a la guía que andaba más o menos, en realidad para preguntarle cómo era la excursión y si iba a haber baños cercanos.

Me dijo que sí y que no me preocupara, que había sectores con sombra y que cualquier cosa me quedara allí.

Cuando llegamos el dolor era intenso y me puse a llorar un poquito pero por suerte, estas gafas enormes que tengo me ayudan a ocultarme aunque la guía se dio cuenta y, al empezar el tour, nos fuimos debajo de la sombra y me senté sobre una piedra y no me moví de ahí.

Le dije a Ale que fuera él, que recorriera y que cuando terminara de explicar la guía (siempre explica y te muestra cosas y después te da como media hora para que recorras y saques fotos por tu cuenta) que volviera a donde estaba yo para ver cómo me sentía.

Reconstrucción de una barca. Tenían la original pero se perdió.

Se fueron todos, me quedé ahí y después Ale apareció y me contó que dentro del templo había otro sector con sombra, mejor que en el que yo me encontraba.

Fui hasta allí, y me pasé mirando la gente. Pero sentí el llamado de la naturaleza nuevamente, y desesperada y medio llorando (Sí, soy una maricona! Lloro cuando me duele la panza!) bajo el sol fulminante del desierto, llegué al baño y me ataja un señor para darme papel y le dije “No money”; guardó el papel y yo me metí al baño con mis carilinas.

Por suerte fue una falsa alarma y, más aliviada, volví a la sombra, apareció Ale y me llevó por ciertos sectores del templo, explicándome cosas. En verdad, un divino mi marido.

Me mostró los diferentes sectores y me hizo ver que este es el único templo egipcio antiguo que tiene el cielorraso. Hay un lugar donde se ve a un dios dándole perfumes al faraón y también se pueden “leer” las fórmulas de dichos perfumes.

A la entrada del templo.

Entrando al templo.

La fórmula de los perfumes.

El faraón ofrendando perfumes.

En otro sector.

Cuando volvimos al estacionamiento, mientras esperábamos el micro, se nos acercó un hombre entrado en años, con un cajoncito para lustrar zapatos y un bolsito raído por los años y el uso. Con Ale nos mirábamos y decíamos “Pobre, dónde va a conseguir lustrarle los zapatos a alguien!” Pero un hombre que estaba haciendo el tour con nosotros, le dijo que sí y le mostró que su suela estaba despegándose.

El lustrador se puso en cuclillas y procedió a limpiar y lustrarle los zapatos con trapitos viejos, con esponjas de distintos tamaños, buscaba vaya a saber qué, y de los muchos bolsillos que tenía su bolso sacaba papelitos, paños sucios, y todos observando hasta que vimos que de un trapito sacó un imán con muchos clavos y clavitos, sacó dos muy pequeñitos y se dispuso a clavarlos en el zapato del hombre.

Trabajó y trabajó y, cuando ya venía el final, la guía que nos llama para volver al micro! Y me perdí de ver cómo arreglaban el precio y si este señor que iba con nosotros iba a saber de alguna forma, compensar a este humilde viejito.

Cuando salimos del templo, que se encontraba en una zona muy humilde, tuve oportunidad de filmar las calles y la gente. Les recomiendo ver el videíto.