4 días en Algarve, Portugal

Pensando en cómo describir este último viaje, por esos motivos que sólo el incosciente tiene, recurrentemente venía a mi memoria una anécdota que me contó algún novio que tuve: Cuando él nació, las tías lo miraban y le decían a la mamá “Sí, es lindo pero no tiene ojos celestes…”
Yo sentí eso en Vilamoura, donde nos alojamos: Es lindo, pero algo le falta… Le falta Portugal, le sobra artificialidad. Vilamoura es como un country gigante, lleno de palmeras y jardines recortados, tejas y colores pasteles. Es como estar en Beverly Hills y además hay muchos alemanes e ingleses.
No digo “fuchi, qué horrible”, porque obviamente si es así es porque gusta, sólo que no es nuestro estilo de vacacionar. Volvería al hotel y a meterme en sus seis piscinas sólo si no me interesara explorar los pueblos cercanos… algo muy difícil. Al segundo día las hormigas empezarían a picarme y a obligarme a salir.

Un sector del hotel.
Una de las piletas.

Salimos de Londres el sábado. Tomamos el tren a Gatwick Airport donde tomamos el vuelo a Faro.

El tren. Salimos desde Victoria Station.
Adentro del tren.

Cuando llegamos al hotel, lo vimos, dijimos “Wow!” pero al día siguiente salimos a recorrer en auto.

El lobby.

Fuimos a Falesia, una playa muy linda y después de 10 años me volví a animar a meterme en el mar. Qué lindo! El agua para mí estaba a temperatura ideal.

Tengo cara de susto pero me gustó el agua!

A la noche fuimos a la Marina a recorrer, a ver cómo terminaba el partido España-Alemania y a cenar!

La Marina.
Ale pidió una brochette de camarones y de otro pescado y yo, lo típico, sardinas asadas.

Al otro día fuimos a recorrer un pueblo cercano, Boliqueime, y luego fuimos al extremo sudoeste de Europa, a Sagres, donde hay un fuerte y unos cañones. Y vientoooooooooooo!!!!
En Boliqueime:


En Sagres:

El fuerte y el mar.
El mar y la costa desde el fuerte.

De ahí a Lagos, un lindo lugar, en realidad, las playas son todas lindas, la arena dorada, fina y suave.
Terminamos el día en el spa del hotel, monono, me divertí un poco con los diferentes chorros de agua después de haberme hecho unos masajes.

El spa.

Nuestro último día, ya un poco cansados de tanto calor, recorrimos Praia da Rocha. Yo me quedé en un barcito comiendo una ensalada, ya estaba mareada de tanto sol. Basta para mí.

Sí, lo reconozco, la playa es hermosa.

Volviendo por la ruta paramos en un lugar donde se venden platos y diferentes tipos de adornos de cerámica.
Y luego nos dirigimos al aeropuerto. Y llegamos a casa.

Adeus, Algarve!