Argentina

Corazón Con Anestesia

Me cuesta, me cuesta, me cuesta…

La noche de nuestro tercer día en New York, decidí chequear los mails y me encontré con varios titulados URGENTE. Provenían de mi vecino, de primos, de sobrinos, y muy escuetamente me pedían que llamara a mi casa. Al mismo tiempo, en MSN encontré que estaba mi sobrino, le pregunté qué pasaba y me contesta que en realidad no es él, sino un amigo y que había fallecido su abuelo.

Su abuelo! Mi viejo!

Me agarró tal desesperación que no sabía qué hacer y por supuesto que llamé a casa y ahí me atendió mi hermana y lo único que recuerdo de esa conversación fue escuchándome repetir «Qué hago? Qué hago?» En realidad, lo que quería decir era «Cómo hago?!» Cómo hago para ir allá, cómo hago para irme ya?!

No sé cómo pero al cortar, me calmé. Me vino como una especie de frialdad cerebral y con Ale empezamos a ver cómo nos organizábamos. El único vuelo que hay de New York a Buenos Aires ya había despegado y el siguiente era a la noche siguiente. Era muy tarde.

Ale me pidió que me acostara y él estuvo casi toda la noche en vela buscando vuelos o viendo cómo coordinábamos. Al final, a eso de las 4 de la mañana, habiendo dormido unas pocas horas, vimos que lo más viable era volar de New York a Londres en el primer vuelo que llegaría a las 8.30pm a Londres y de ahí tomarme el vuelo Londres-Buenos Aires que partía a las 9.50pm.

Así hicimos, a las dos horas ya estábamos camino al aeropuerto, llamé a mis vecinos que me dejaran algo de ropa de invierno en la casa de mis viejos (sólo tenía ropa de verano y viajaba con mi cartera y lo puesto, nada más) y me sumí en la más profunda nada: nada. No lloré, no me desesperé, no sentía nada.

Decidí no dormir en el primer vuelo así lo hacía en el segundo, que era más largo.

En el segundo vuelo dormí algo, lloré algo y no pude comer nada, sólo tomaba té con leche.

Cuando llegué ya me habían ido a buscar, pude llegar a tiempo al velorio y al posterior entierro, me quedé unos cuantos días en familia y haciendo trámites y llegué aquí el 4 de junio.

Y sigo como si nada, es raro, estuve en tres ciudades diferentes en poco tiempo, viviendo algo tan doloroso como la muerte de un padre y llego aquí y sigo como si no hubiese pasado nada aunque debo confesarte que escribir esto me está dando palpitaciones y me está ayudando.

Tengo un cierto temor a quebrarme. No sé, pareciera que toda esta nada tapa mucho dolor y saberlo, me causa miedo.

La Vida En Blanco Y Negro

Mis viejos tienen muchas fotos de su juventud, algunas de cuando eran niños y son todas en blanco y negro. Hasta las de su casamiento. Por eso, desde que era niña, cada vez que ellos me contaban alguna cosa de su infancia o de su adolescencia, yo me imaginaba todo pero en blanco y negro

No lo puedo evitar, me sigue pasando ahora, me imagino a mamá jugando con sus amigos o andando a caballo, en blanco y negro. Me imagino a papá en su colegio pupilo y en blanco y negro.

Siempre me pasó que yo me sentí muy diferente de la infancia de mis viejos justamente porque mi infancia, al igual que mis fotos, era en colores. Ni qué decir cuando papá o mamá se despachaban con alguna frase o palabra de su época, además de imaginarme sus vidas en blanco y negro, también olían a naftalina!

Un horror, che! Qué padres más antiguos!

Bueno, lo admito: Yo también tengo fotos en blanco y negro… Pero muy poquitas, eh!

Pero pasa que a cierta edad (por no decir a partir de los 40) tu vida se va tornando blanco y negro o con olor a naftalina a ojos de los demás. Ya no somos esos frescos y tiernos pimpollos, nosotros ahora también cargamos con bastante historia y también empezamos a decir frases o palabras que suenan sospechosamente viejas.

Me pasó cuando estuvo Deborita. Un día, no sé qué estaba haciendo y se le cayó algo. Pregunté en tono de broma «Qué rompiste Borromeo?» y Ale se sonrió conmigo. Deborita me miró con cara de nada. Ahí caí. Le pregunté si sabía qué había dicho. Obvio que me contestó que no!

Qué vieja me sentí! Qué tan parecida a mis padres me vi!!!

Qué frase o palabras que ustedes decían antes han dicho hace poco y sonaron anticuadas?

Me interesaría que los que no viven en Argentina y tienen frases así que las explicaran! Estaría buenísimo!

(Borromeo era el nombre de un personaje de un programa de Argentina llamado Calabromas. Un programa de humor aniñado y naïve a comparación de lo que se ve ahora. El chiste era que al final el niño nunca rompía nada, era su padre el que hacía lío!)

Volveré Y Tendré Ilusiones

Ayer volví de Argentina después de haber pasado unos 15 días fabulosos con familia y amigos. Me resultó poco aunque debo confesar que tenía ganas de volver a Londres.

Cada vez que voy a Argentina disfruto mucho de reunirme con mucha gente, de charlar, de comer, pero llega un momento en que mi cuerpo me pide volver. Es como sentir que necesito estar en mi casa y pareciera que mi lugar está empezando a ser Londres.

Tengo la fortuna de, hasta ahora, ir una vez por año a Argentina y ver a los míos. Pero entre ellos me siento, a veces, de visita. Pero no quisiera ser malinterpretada: no me siento de afuera, que no me quieren, que no los quiero. Simplemente yo estoy empezando a sentirme yo, aquí. Por ahora. Quién sabe lo que el destino nos dicte más adelante.

Mientras tanto, digo que volví. Pero también sentí que volví cuando llegué a Buenos Aires. Mi habitación de soltera sigue igual, con los mismos posters, con los mismos libros y los mismos adornos…

Aunque esta vez fue especial porque decidí festejar mis 40 años y los 80 de mi papá con una gran fiesta que todavía no puedo creer que haya salido tan bien! Me divertí como loca y por lo que me cuentan los invitados, ellos también!

Con papá, cada uno con su torta.

Fue un mix de amigos y familia. Incluso conocí gente personalmente ese mismo día!!!

Invité a un grupo de bloggeros que ya conocía salvo Betty, y mención aparte, Mauris y Felipa que vinieron desde Montevideo especialmente!!!

Todo el mundo me llenó de cariño, a mí eso me conmueve mucho: Llegar a tu país y ver que hay gente que te espera y te quiere, es impagable. Uno viviendo en su país está acostumbrado a verse con amigos y familia y muchas cosas se dan por sentadas. Pero cuando uno vuelve, tiene ilusiones de encontrarse con mucha gente aunque, a la vez, siente un poco de ansiedad por si realmente esas personas querrán ver a uno…

Esta vuelta a Argentina me hizo plantearme «Qué hubiera pasado si me hubiese quedado?» . Y cada día, ante algún detalle diminuto, imaginaba mi futuro paralelo, esos años no vividos en Argentina y qué hubiesen hecho de mí: Me imaginé con hijos, me imaginé trabajando, me imaginé de vacaciones en lugares cercanos, Brasil como muy lejos. Me imaginé feliz, contenta y con Ale…

Y como la propaganda del pajarito, mi cabeza no dejó de taladrarme: Me quedé o me fui? Soy la misma o soy diferente? Es igual o lo mismo? Soy yo o soy otra?

Mi compañero de baile y de la vida. Gracias, mi amor.

No Quiero Ofender A Nadie…

Uno a veces puede estar a favor o en contra del gobierno de turno pero hay temas que unen a un país y a veces ese sentimiento de unidad puede ser utilizado por los gobernantes para llevar agua para su propio molino.

No digo que ésto es lo que esté pasando ahora pero sí podemos decir, a la distancia, que lo fue en 1982.

Acaso aquel 2 de abril no se unió la gente por un sentimiento de amor para luego terminar defraudada?

Queda cursi decir por un sentimiento de amor cuando había una guerra? En el caso de Malvinas, creo que es acertado. Creo que todos aquellos que tienen mi edad o más, consideran a las islas como territorio argentino y te lo discutimos, te vamos a los hechos, te leemos historia y después hasta podemos terminar llorando.

A mí por lo menos me pasa así y eso que cuando la guerra yo tenía 12 años.

Para serte sincera, aquí de lo que está pasando ahora, no se habla y casi que ni interesa. Lo puedo decir con cierta seguridad porque en los diarios de circulación gratuita (que toca temas cotidianos y de importancia para en el público en general) no he leído nada. Casi que no veo tele así que no sé cuánto serán los minutos o segundos dedicados a estas noticias, pero estoy segura de que no son muchos.

Compré The Times ayer, como todos los sábados y no había un solo artículo. Hasta que hoy, en el diario Mail On Sunday salió esto, una nota escrita por una ex editora del diario Penguin News, de Malvinas.

No lo pienso traducir porque estoy enojada pero digamos que ella, como kelper, defiende su forma de vida y defiende su comunidad. Lo cual es entendible como también es entendible mi parecer. Entre otras cosas, ella dice que tenía 12 años cuando comenzó la guerra. Una coincidencia conmigo. Ésa sola.

Y en el medio de esa nota, esta foto gigante y un título y subtítulo que sí te voy a traducir:

Un desafiante mensaje para la sospechosamente joven presidenta de Argentina de parte de una habitante de sexta generación de Malvinas. (me rehúso usar la otra palabra!)

NO NOS VAS A INTIMIDAR, VIEJA CARA DE PLÁSTICO.

Acompañemos A Marcela


Marcela vive en Argentina, tiene una vida normal, un marido, un hijo precioso, su hobby es cultivar orquídeas, le gustan los gatos y los perros.

Pero lo particular de Marcela es que todos los perros que alguna vez tuvo fueron siempre rescatados de la calle, algo que aprendió de su papá, que siempre hizo lo mismo y no sólo éso, sino que los curaba aún si los perritos tuvieran dueño.

Es así que cuando se enteró de la historia de Angelito, un perro inválido que lo tenía una chica de Ezeiza, Marcela decidió involucrarse con la gente de El Campito Refugio.

Conoció la historia de Benet y la de Risitas. Por su blog me enteré de que puede haber gente muy cruel con los animales, gente tan desalmada que son capaces de quemarlos por pura diversión!

Los invito a conocer el grupo de Marcela en Facebook Alzando La Voz Por Ellos por si quisieran acompañarla, contándole historias o enterarse de cómo van evolucionando algunos perritos.

Suerte Marce y felicitaciones!

Alguna vez rescataron algún perrito o gatito de la calle?

Cuando Pasó El Temblor

«Qué bien la estamos pasando!» «Qué bien que nos estamos llevando!».

La verdad, teniendo en cuenta lo que nos había pasado recientemente y a pesar de éso, una a veces por inexperiencia o estupidez perdona y/u olvida y deja pasar. Y bueno. Pero era verdad, por fin nos estábamos llevando bien, o por lo menos, no discutíamos tanto.

Llegamos al pequeño pueblo de pescadores, Puerto Ángel, sobre el Pacífico y nos alojamos en un hotel chiquito, literalmente sobre el mar. Blanco el lobby, no tenía ventanas, bien tropical. Para acceder a las habitaciones se iba por un pasillo al aire libre también, rodeado de canteros con muchas plantas verdes. La habitación era espaciosa, contenía dos camas grandes y, a pesar del calor, adentro la temperatura era templada, estaba bien.

Recuerdo que disfruté del mar ese día y a la noche cenamos a la luz de las velas, en un diminuto restaurant (todo era chico allí!), las mesas y sillas estaban sobre la arena y el mar, que ahí nomás se acercaba y se alejaba…

Con buen humor a la noche siguiente, decidimos repetir la experiencia en el mismo restaurant. Antes de ir hacia allí, me encontraba yo en el lobby escribiendo mi diario de viaje mientras esperaba a Mex, que todavía se encontraba en la habitación.

Si ves ese diario ahora y buscás el párrafo que yo estaba escribiendo en ese momento, vas a ver que una palabra está escrita por la mitad y a su lado hay una rayita. Ese fue el momento en que sentí que bajo mis pies, la tierra se movía como gelatina.

La mesa vibró, me paré de un salto y yo, la siempre convencida atea, exclamé «Dios mío!» y me quedé ahí, sin moverme mientras sentía que el techo sobre mí hacía ruido de resquebrajarse. El señor que estaba detrás del mostrador vino corriendo y me agarró de un brazo y me guió por las pocas escaleras que daban a la playa.

Ahí me quedé de una pieza, mientras veo que Mex viene corriendo. Y sin saber qué hacer o cómo reaccionar, opté por mirar a mi alrededor:

Algunas personas de las que vivían en el pueblo lloraban de miedo, recuerdo a una mujer con su bebé aúpa. Pero también recuerdo a muchos americanos en el balcón de otro hotel de por ahí, a los gritos, tomando cerveza sin parar, festejando vaya uno a saber qué!

Pero todos los locales estaban en la playa y ninguno pensaba en volver a sus hogares. Entonces decidí hacer lo mismo y pude convencer a Mex de pasar la noche a la intemperie.

El problema es que yo soy muy friolenta y no me iba a bancar toda una noche sin dormir y sin cobijas. Le pedí a Mex que me trajera una manta. «No,» me dijo. «Yo ahí no entro.» Le insistí, él se mantuvo en sus trece y con toda la furia (y con todo el miedo) fui a la habitación y traje una manta para cada uno. Nos sentamos en sendas reposeras apuntando al mar, nos tapamos con las mantas y comenzó la aventura.

Toda la noche, a un promedio de una réplica por hora, nos volvía ese miedo y sensación indescriptible. La arena se movía como si la estuvieran cirniendo, bajo los pies sentías un movimiento que no podías controlar y lo peor era saber cuándo ibas a sentir eso porque de repente se sentía un silencio profundísimo, los perros ladraban e inmediatamente otro temblor!

La noche fue interminable y al alba yo ya estaba harta, cansada y lo único que quería era dormir sobre una cama. Me dirigí al hotel y me costó, pero lo convencí a Mex de que viniera. Quedamos de acuerdo en algo: Si mientras dormíamos sentíamos otro temblor, saldríamos corriendo a la playa «… y yo pienso salir como esté, eh, en calzoncillos, en bolas, como esté, yo salgo corriendo, eh». Ok, le dije, con tal de irme a dormir.

Pues fue tal cual, cuando estábamos durmiendo profundamente, las camas comenzaron a moverse y salimos disparando, abrí la puerta y siento la pesada contextura de Mex que se traba conmigo a la salida y luego un muy gordo codazo que me tira adentro de un cantero y ahí, caída entre la hojarasca veo cómo Mex, en calzones y camiseta, corre por su vida. Tuve tiempo de gritar «Mex, ayudame,» pero ya no estaba.

La mínima desazón que sentí dio paso a una furia que me hizo olvidar el miedo, el terremoto y mientras pasaba por el mostrador del lobby, veo a los recepcionistas riéndose y al asomarme por la ventana, veo a Mex en paños menores en la playa y algunos locales caminando por al lado, con una sonrisita en la cara.

«Subí!» le grité. «No, no no» me dijo moviendo su dedo índice de un lado a otro. «Yo ahí no subo.» «SUBIIIII»

Cómo lo habré dicho que me hizo caso! Después de reprocharle (quién sabe cómo, pero seguro muy enojada y/o llorando) su actitud caballerosa, juntamos nuestras cosas, nos fuimos para el pueblo más cercano que tenía aeropuerto y nos fuimos para Cancún, sobre el Atlántico, la otra punta, garantía de una tierra sin temblores.

A partir de ese día, nada fue igual. Ya no nos seguimos llevando bien, ya no se pudo disfrutar del viaje como antes.

Todo se fue en picada y para decorar esta historia con un bello broche de oro, a nuestro regreso, su familia nos fue a buscar al aeropuerto. Cuando volvíamos en el auto, no quise dejar pasar la oportunidad de comentarle a la mamá la reacción de su hijo, ya que él estaba contando el terremoto y nosotros con todos los detalles, menos ése.

Me hubiese gustado que me sacaran una foto de mi cara en el momento en que ella reaccionó con una sonora carcajada. Hubiera servido para ilustrar esta anécdota!

El Públicou Arhentinou

Cuando era chica me lo creía, cuando fui más grande, no. Me molestaba que los «artistas» que llegaban del exterior siempre dijeran más o menos lo mismo: «El público de Argentina es el más caliente» «El público de Argentina es increíble», etc.

Ufa, como si hiciera falta chuparnos las medias cuando ya se hubieron vendido todas las entradas para el recital…

Pero habiendo concurrido a recitales aquí y habiendo salido fresquita como cuando recién entré, me dí cuenta de que aquéllos extranjeros habían dicho algo cierto, lo sintieran o no. O a lo mejor era cierto comparado con el público inglés.

Con Ale fuimos a ver a Whitesnake, a Iron Maiden, a Judas Priest, a Ricky Martin (Ah, sí, yo te escucho de todo! – aunque Ale quisiera aclarar que fui sola) y en cada lugar, aún si no estás sentado, cada persona mantiene una cierta distancia con respecto a la otra, no se agolpan, no se atropellan, no hacen pogo, no te tocan… y no te roban!

La gente conserva su lugar, cantan las canciones, revolean la cabeza y los pelos y hacen que tocan la guitarra pero no tenés que bancarte que te empujen so riesgo de lastimarte.

Y así y todo, cada vez que vuelvo de un recital de acá, me siento vacía. Siento que toda esa alegría o griterío de parte del público no fue real, no fue genuino, que sólo se reunieron unos cuantos para actuar junto con los del escenario…

A lo mejor, cuando vuelva de este recital, por ahí sienta distinto…

Primera vez que los veré! Cómo aguanto hasta mayo!?!?

Abuelita Dime Tú

Hace muchos años tuve un novio y cuando todavía no habíamos cumplido un año, me invitó a pasar las fiestas con su abuela, a quien quería mucho. La idea era ir unos días antes de navidad y esperar a su mamá y hermana que llegarían unos días después de nosotros.

Llegamos a una ciudad del interior del país muy temprano, a eso de las 7 de la mañana. La puerta de la casa estaba abierta y él entró y encontró a su abuelota (alta y grandota) en el pasillo. Abuela y nieto se saludaron muy afectuosamente y yo me quedé en el umbral mirando, sin saber qué hacer.

Después de demostrarse mucho cariño (era evidente que se adoraban mutuamente) el novio gira, me trae a la abuela y dice «Abuela, esta es Alicia, mi novia». Nos saludamos y me invita a pasar y mientras entro a la casa, siento una manota que me golpetea la cabeza y a la abuela que dice socarrona «qué chiquita es tu novia…»

Ya empezamos mal. Yo no dije nada, sólo sonreí acomplejada, avergonzada y muy incómoda y nos invitó a desayunar. Inmediatamente después de terminar, la abuela levantó los trastos y le dijo a su nieto «Bueno vos ahora me lavás los platos y vos, nena, vení que te voy a dar un trabajito.»

Me llevó al living enorme que tenía, lleno de adornitos de vieja (perritos de cerámica, jarritos, etc), me dio una franela y me dijo «Vos ahora me limpiás todo el living: los muebles, los adornos, la mesa, las sillas, todo.» Y se fue.

Yo me quedé atónita, miré a mi alrededor y me puse a limpiar no sea cosa que le diga que no y me faje! Notaba que el living estaba impecable y lo que me puso nerviosa de verdad fue tener que limpiar cada condenado adorno porque soy muy torpe, tengo dedos de manteca y todo se me cae y rompe. Fue tal la tensión que me puse a llorar. Se me caían las lágrimas sin parar mientras le sacaba lustre a todo lo que ya estaba limpio. A todo ésto, no hacía media hora que había llegado…

Y mientras limpiaba y lloraba, escuchaba a abuela y nieto en la cocina hablarse, contarse cosas… Ahí entendí: la abuela celosa quería exclusividad, quería al nieto para ella sola. Al rato me calmé un poco, giro para limpiar un sofá y una luz me enceguece: era el simpático del novio sacándome una foto de improviso.

Qué lindo recuerdo de aquel día…

Nunca se dio cuenta de que había estado llorando. Lo supo a los meses cuando se lo dije.

Cuando hube terminado, fuimos al cuarto de huéspedes y mientras sacábamos cosas de los bolsos, la abuela entró, nos sentó en la cama y parada y con los brazos en jarra, nos dijo en tono marcial y desafiante «Yo no estoy de acuerdo con que los novios duerman juntos. Así que vos, nene, vas a dormir en un colchón en el living, y vos nena, vas a dormir acá». A esta altura, ya me daba igual lo que dijera, yo quería irme de ahí.

Pero no pude. Aunque terminó con la poca tranquilidad que tenía. A partir de ese día, era cuestión de que yo comiera algo y salir al baño de los calambres en el estómago que me daban, de la incomodidad y tensión que sentía de estar conviviendo con ella.

Para peor, como eran todos provenientes de una colonia alemana, pariente al que visitábamos, pariente que preguntaba «Ah, esta es tu novia? Qué apellido tiene?» Qué manera de sentirme bienvenida!

Las cosas se relajaron un poco cuando llegó su mamá (con quien yo me llevaba muy bien) su hermana y sus demás parientes: había más tareas para repartirse y la atención de esta abuela se diversificó más.

De todas formas, juré nunca más ir a visitarla, y así fue. Me quedan de recuerdo de esos días de vacaciones unas cuantas fotos, sobre todo una que no publicaré, donde está ella caminando por el campo y yo atrás: Ahí se la puede ver, marchando a paso de ganso (les juro, no exagero) sobre la tierra y atrás yo, con pasitos inseguros, mirando la cámara un tanto incómoda para una foto que sacaba el novio divertido, contento de tener a su novia y a su abuela juntas…

Foto del día que fuimos al campo: Después de dejar el pollito, noté que había hecho caca en mi mano. Qué vacaciones!

El Día Del Maestro

Alguna vez, cuando fueron chicos, no escucharon esa frase «El Día de la Madre es TODOS los días, no solamente el tercer domingo de octubre…»?

El 11 de setiembre (Día del Maestro en la Argentina) del año pasado, estaba en Argentina y el único que se acordó fue mi esposo que me regaló una cartera. Pero como hace rato que no ejerzo la docencia, dejé pasar que no me saludaran, es más, creo que ni me hubiese acordado! (No, mentira…)

Pero no escribo esto para quejarme de nada. Sino simplemente porque siento que mi Día del Maestro puede ser cualquier día en que yo reciba sorpresas como ésta:

Hola Alicia, soy Pablo ex alumno tuyo. Estaba aburrido en la compu y me acordé que tenías un blog pero que en su momento no le había prestado tanta atención. Cuando lo volví a ver me re gustó, voy a empezar a seguirlo.

Te cuento algo de mí… Estoy estudiando la Licenciatura en Matemática en La Plata. Durante la semana vivo allá, evitando viajar en tren. Si todo va bien, este año estaría en 3ro.

Mi hermano, Juan Pablo, ya se recibe de Licenciaco en Astronomía, le quedan 2 finales nomás.

Respecto al post, doy fé que tenés onda con los chicos. Aún recuerdo cuando iba a tus clases de niño, que tenía q andar escondiendo la cara porque mis cachetes eran víctima de tus pellizcones, jaja.

O cuando me buscan por internet para avisarme que vienen a Londres:

Federico.

Cuando me encuentro con alumnos (jamás les diré ex-alumnos) y veo chicos tan encaminados, tan responsables y tan estudiosos (Federico vive en España y está haciendo una muy buena carrera) pienso en sus padres que tanto sacrificio han hecho por su educación y los imagino tan felices, que yo, aunque fui parte de sus vidas por algunos años, no entro en mí misma del orgullo que siento!

Gracias amorosos!

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