La Importancia De Llamarse…

Al conocer una persona, preguntamos su nombre. Al poco tiempo, y si hay confianza, por qué se llaman así. A veces te cuentan que es por su abuela o abuelo, por un personaje de novela (se acuerdan que hubo un tiempo en que algunos bebés se llamaban «Catriel»?) o porque a la mamá le gustaba mucho un nombre en particular.
En mi caso, la leyenda cuenta que yo nací y mi mamá, al comprobar que no era el Fernando que ella esperaba (no había ecografía en esa época), decidió llamarme María Fernanda.
A las pocas horas cuando llegó mi papá, él decidió llamarme Alicia Ester. (Ojo, lo pidió bien y mi mamá aceptó de buen grado. Así contado pareciera que mi viejo se impuso porque sí. Además, cuando nació mi hermana menor, fue llamada María Fernanda y todos contentos!)
Quién se llamaba Alicia en mi familia? Alguna tía, alguna abuela, alguna prima lejana? Nadie! Nadie se llamaba Alicia.
Mi tía, la hermana de mi mamá, sospechaba: «Pero por qué la llamó Alicia? Habrá sido el nombre de alguna novia?» «No sé,» dijo muy tranquila mi mamá.
Una y otra vez me contaba esa anécdota cada vez que yo le preguntaba a mamá por qué tenía nombre típico  de alguien (que yo consideraba) de otra generación. Las de mi generación son Karinas, Marianas, Andreas…
Y me parecía raro que mi tía haya tenido esa sospecha hasta que…
El primer viaje que hice para Londres, hace muchos años, fue para venir a estudiar. La primera actividad para «romper el hielo» que hizo el profesor, fue preguntarnos a cada uno nuestro nombre y la razón de por qué nos llamábamos as.
Yo era una de las primeras y tuve que responder «no sé», así que no hablé mucho!
Pero lo que me sorprendió es que hubo como cuatro o cinco chicas que contestaran que sus nombres se debían a una ex novia del padre!
Mi tía no había estado tan errada en sospechar, entonces!
A la vuelta de mi viaje, le pregunté a mi papá por qué me llamaba así y me contestó que porque le gustaban ambos nombres. «No fue por una novia?,» le pregunté. «No,» me respondió muy seguro y sincero.
Se ve que mi mamá y mi papá no fueron de esos novios que se ponían de acuerdo de antemano cómo se llamarían sus hijos… Gustaban de sorprenderse, parece…
Y vos cómo te llamás? Y por qué?

Pies Descalzos

– Mirá, te gustan? Vino una señora al negocio con un montón de bolsas y se ve que se olvidó ésta.
– No las vino a buscar?
– No, esperamos y esperamos, nunca vino y a mí me quedan chicas. Fijate si te van bien.
– Sí, me quedan bárbaras.
– Bueno, quedátelas.
Y así, sin esperarlo, recibí un par de sandalias, de las que yo llamo «las que chancletean», esas sandalias que tienen taco pero que no tienen una «pulserita» para ajustarse alrededor de tu pierna o del pie.
Fue hace muchos años, cuando tenía un novio que vivía en Palermo y su mamá tenía un negocio y me dio ese par de sandalias. Tenían un taco bastante alto pero no eran stilettos así que los podía caminar cómodamente.
Y así iba y venía yo contenta, con esas sandalias que parecían haber sido compradas especialmente por mí y para mí.
Hasta que un día…
A veces las chicas (me remonto a mí misma a esa edad, los veintipico) exageramos. Creemos que cualquier contrariedad es una tragedia, que todo el mundo nos mira y que una manchita mínima en la ropa la ven TODOS y que nos señalarán por siempre jamás como unas descuidadas.
Pero cuando vas creciendo, será que superás ese temor al ridículo y no te importa nada o ya sufriste tantas situaciones ridículas que una más ni te preocupa! Y te causan gracia!
También es cierto que una situación límite puede poner a prueba tu imaginación. Y para levantarte después de una caída, a veces es mejor recurrir al humor.
Literalmente.
Porque eso me pasó una mañana temprano, hora pico, volviendo en subte desde Palermo. Un lunes que estallaba de gente por todos lados y yo con mis taquitos, bajando las escaleras al hacer combinación con el subte, me caigo inesperadamente con todo mi trasero, sobre un escalón.
Cuando me quiero levantar, noto que no puedo hacer pie. Medio aturdida por semejante golpe, una chica me quiere ayudar a levantarme y no puede. Miramos y descubrimos que ambos tacos de las sandalias se habían arrancado y sólo quedaban los clavos que los unían a la suela, a la vista.
«Uh… bueno… los podés usar de chatitas,» me quiso consolar la chica. Le agradecí y se fue. Yo me quedé perpleja con las sandalias rotísimas, los tacos en una mano, las suelas en la otra y en patas en el subte.
Cómo salgo de ésta? «OK…Yo estuve en Londres, en New York… Me voy a hacer problema por esto?!?!? Estoy en Buenos Aires, en el subte y descalza… y bueno! Algo para contar!»
Juro que pensé eso, es que no sabía de qué colgarme para poder seguir adelante. Entonces, con las sandalias rotas en la mano, me dispuse a seguir con mi itinerario. Insisto: en patas.
El piso de la plataforma del subte es calentito por suerte. Me senté en un asiento que justo daba a la puerta y cada persona que entraba tenía en primer plano mis pies que ya empezaban a ennegrecerse. Pero yo igual seguí teniendo las sandalias en la mano bien a la vista!
Llegué a Constitución y tenía que tomar el tren. El piso ahí es frío y yo sostenía la cabeza bien en alto, pensando que, bueno, si yo miraba para arriba, quién iba a mirar para abajo? Me crucé todo el hall y tomé el tren.
Ahí ya estaba un poco escondidita y no se veía nada. Al llegar a Quilmes, bajé y caminé un par de cuadras hasta tomarme un remise. Y llegué a casa con los pies más negros que alguna vez vi. Pero con cierta alegría de haber superado semejante situación.
Es que hubiera sido medio ñoño ponerse a llorar por eso, no? (Bueh, digo eso porque no lloré pero quién sabe si hubiese reaccionado así de más pequeña…)
Vos cómo hubieses reaccionado?

Leer Una Pantalla

Todo fue de a poco: Primero, Ale protestando desde hace rato por el cúmulo de libros en cajas que ocupaban lugar. Luego fue darme cuenta yo misma de las cosas. Después fue deshacerme de ellos. Bueno, como conté acá.

Pero claro, después vino el bloqueo. Porque una cosa es leer un libro con páginas, con olorcito a papel, con una tapa y sostenerlo con dos manos como quien sostiene un niño y otra cosa es agarrar una pantalla fríamente.

Así.

Y no había forma de concentrarme.

Porque  me parecía antinatural leer con los dos brazos inmóviles y sólo moviendo el pulgar para pulsar una tecla para cambiar de pantalla, i.e., dar vuelta una hoja.

Estuve como más de dos meses vacía de contenidos. Antes de dormir, seguía una sola rutina: escribía en mi diario pero luego no leía.

Sin embargo, estaba convencida de que nunca más iba a leer un libro en papel (salvo aquellos que me regalasen como el que me regaló Gonz, que sí, lo voy a leer, amigo!). Y se me prendió la lamparita: Qué tal si hacemos de cuenta que: O sea, hagamos de cuenta que tengo un libro pero con pantalla. Entonces me compré un cubreKindle o como se llame.

Et voici!

Ahora sí! Ahora se sintió diferente! Siguiendo con el de a poco, le pregunté a Ale qué libro podría leer de los que se había comprado (el Kindle era su biblioteca hasta que se compró una tablet) y me sugirió que empezara con la autobiografía de Steven Adler, el baterista de Guns n’ Roses. Ya que lo había conocido personalmente en el Kiss Kruise y me había caído tan simpático, que por qué no lo leía.

Y es el libro que estoy leyendo!!! Y muy cómodamente, te diré.

Cómo es leer de un Kindle? (Aclaro, a mí no me paga nadie -ojalá, no?- para escribir esto, es mi experiencia y mi opinión)

– Preferí un Kindle porque tiene la pantalla opaca, es como si leyeras una hoja de papel, o sea que no sos consciente de que te está arruinando la vista. (Creo que no te arruina la vista)

– Se puede leer perfectamente aunque te de el sol directo. Esto no pasa con una tablet, que te da el sol y no ves nada.

– Podés ajustar el tamaño de la letra del texto. El que necesita anteojos para leer, pueda ser que no los necesite para el Kindle. Bueno, obvio, todo depende.

– Si hay alguna frase que te gusta, la podés resaltar y queda en la memoria del aparato, y también se puede publicar en Twitter y en Facebook.

– Lo mismo si hay alguna frase o párrafo que quisieras resaltar y «escribir» una nota al lado de eso que leés y que te pareció interesante.

– Es muy livianito y lo llevás en la cartera y no se siente!

– Es una biblioteca finita: puede guardar hasta 1200 libros. Pero si tenés más, los podés borrar y se quedan en la nube de Amazon, hasta que los quieras de nuevo.

Mi miedo era: Ok, leo lo que leo y qué pasa si un día el aparato se quema o no anda más? Se puede recuperar todo porque lo que vos compraste queda en la nube de Amazon.

Por ahora, estoy conforme, leyendo cómoda mi primer libro en Kindle, contenta porque además la mayoría de los clásicos de la literatura se pueden bajar gratis así que para quien estudia Letras, por ejemplo, es muy conveniente.

En mi caso, es un cambio para lo positivo ya que me siento conforme. Y yo que amo tanto los libros en papel, ahora te leo una pantalla.

(Me parece que el Kindle es un viaje de ida)

Empecé. Seguiré?

Lo venía pensando desde hace rato. No sé por qué, pero cuando quiero cambiar algo, primero lo cambio virtualmente en mi cabeza. Como si me tuviera que mentalizar para convencerme, para darme ánimo para hacerlo. Verme haciendo algo me sirve para darme cuenta de que puedo hacerlo.

El 24 de diciembre, siendo como las 3 de la tarde, haciéndose de noche y yo sentada en el sofá, sentí que había llegado el momento de salir a correr. Me puse unas calzas de invierno, una camiseta, un buzo y las zapatillas que hacia como dos años que no las usaba.

Y me fui a correr.

Y voy todos los días.

Comencé con la rutina de 1′ de corrida, 3′ de caminata vigorosa por 16′.

Esta segunda semana sigo con 1′ de corrida, 2′ de caminata por 18′.

Y todas las semanas se van agregando minutos y también se cambian la cantidad de minutos para correr. Según el libro que sigo, a las 10 semanas ya tenés la resistencia necesaria como para empezar a entrenar para una maratón (que no me interesa) porque de los 16′ iniciales, al final del programa corrés 40′.

No me anoté  en ningún gimnasio, salgo a correr bordeando el río, que por suerte lo tengo no bien bajo del departamento.

Espero seguir. Soy consciente de que es invierno pero por suerte no están haciendo días muy fríos y cuando haga más, me pondré guantes, gorro y bufanda porque enseguida entrás en calor. Y también soy consciente de que mis rutinas de gimnasia no duran más de dos meses. Siempre pasa algo que hace que las interrumpa, me distraiga y me vuelva a achanchar.

Por ahora estoy concentrada en hacerlo, en que esta rutina se me haga carne y que me sea una sana distracción. Porque cuando corro, me olvido de todo y mi mente viaja: imagino cosas, se me ocurren proyectos o me acuerdo de cosas lindas. Me ayuda que escucho música, que por el momento es un Greatest Hits de Erasure y los dos discos de Celebration, de Madonna.

A lo que no me acostumbro por ahora es a tomar agua mientras corro. Me había comprado una botellita que tiene un agujero en el medio para poder agarrarla bien mientras corrés y no la puedo encontrar, para mí que la tiré porque en un momento pensé que no iba a salir a correr. (Me creés ahora cuando te digo que me tomo mi tiempo para decidirme a hacer algo?)

Me parece a mí o hay como un cierto fenómeno mundial de salir a correr para luego participar en maratones? (Insisto: ni loca!) Veo a Gerar en España, a Richard, a Mauris en Uruguay, a mis primos que también están en Argentina…

Ok, tres países pero vos entendés a qué me refiero, no? Quién de ustedes también sale a correr o siente que debería?

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