Hola Susana!

Ni una diva total, ni una mujer fatal.

Estuve con Susana.

Cual Lorna, te cuento que es cierto, estuve con Susana… hace 10 años!

Mamá no se perdió jamás un programa de Susana Giménez desde que empezó en 1987. Y como durante varios años estuvo al mediodía, yo no la veía.

Sí la empecé a ver cuando el programa pasó a la noche, si algún día volvía temprano de la facultad. Y la verdad es que ella será divertida e inocente (para las cámaras) pero no me enganchaba mucho.

Corría el año 2000. Había varios días que llegaba temprano de la facu y mientras cenaba, miraba a Susana. Ese año me enganché porque dos veces por semana presentaba dos juegos: Uno, que no me acuerdo cómo se llamaba, consistía en subir escalones y apretar botones y el otro, mi preferido, «Esto me SUena».

Este juego se trataba de adivinar el nombre de una canción.

Ese me gustaba aunque mientras cenaba, yo me ahogaba viendo a los participantes cuando no adivinaban los temas que yo sí! Me acuerdo que me adivinaba casi todas, una vez pasaron temas de comedias musicales, las sabía, pasaban temas de los que fueran, yo, no exagero el 80- 90% las adivinaba!

Y se me ocurrió participar. Los premios eran dinero y el premio mayor un viaje a España. Era setiembre, estaba sola y quería irme de viaje a Australia pero para ese entonces, la bonanza de los noventa se estaba terminando y cada vez costaba más ahorrar.

Entonces vi que participar del programa de Susana era una forma rápida de juntar algo de dinero.

Llamé al número que apareció en pantalla. Daba ocupado. Creyendo que me iba a atender un mensaje grabado que me pidiera dejar mis datos, insistí. Muchísimo. Llamaba a cualquier hora, cualquier día, y nada, daba ocupado SIEMPRE.

Indignada, mandé un mail a TELEFE (el canal donde pasaban el programa) quejándome que para qué ponen un número en pantalla que no funciona!

Me contestaron enseguida y me dijeron que ese número sólo funcionaba de 17 a 17.30 horas!

Buenísimo! Llamé en esa hora y me atendieron! Poniendo mi mejor voz de segura y simpática y divertida, les dije que quería participar y me dijeron que cómo no y que tenía que participar de un cásting y que si podía ir tal día a tal hora.

Por supuesto! Fui el día y a la hora concertada y después de hacerme completar un cuestionario simple (del que recuerdo la última pregunta «Del 1 al 10, cómo te calificás físicamente? -No importa que tengas un rollito…»), me llamaron a un cuartito donde había una cámara prendida, un chico llamado Diego que me dio un micrófono y que ponía canciones en un grabador para que yo adivinara.

Me pidió que me presentara y me filmó toda la prueba. Había algunos temas que no adiviné pero me dijo que había hecho un buen promedio y que si no se daba participar en ese juego, si quería participar en el de los escalones.

Lo miré muy seria y muy firme le dije: «No, yo quiero participar en el Esto Me SUena».

Ok. Pues a los días me llamaron para participar.

Fui con mi mamá y mi primo Sergio y su mamá.

Ellos se fueron a otro sector y a mí me llevaron a un camarín que compartí con mis dos rivales. Hablando con uno, nos enteramos que no sólo éramos de Quilmes sino que vivíamos a tres cuadras! Increíble!

Al rato me llamaron, me llevaron a otro lugar donde me peinaron y me maquillaron, donde lo hacen con todas las estreshas. No me acuerdo bien a quiénes ví pero sí recuerdo que eran periodistas y demás personas conocidas.

Cuando estuve lista, nos llevaron al estudio donde ensayamos. Un chico dijo «Yo hago de Susana y vamos a jugar con la banda tocando los temas en vivo.» Y nos explicó cómo utilizar esos botones para que suene una alarma. Nos dijo que, obviamente, los temas con los que practicaríamos no eran los que íbamos a escuchar en el momento de la grabación de este segmento del programa.

Comenzamos a jugar y me adivinaba todo! Estaba on fire! Cuando terminamos, volvimos al camarín los tres y yo por dentro deseaba «Ay, ojalá me vaya igual cuando grabemos…»

Una media hora después, nos volvieron a llevar al estudio, nos ubicaron donde íbamos a estar y apareció ESHA: SUSANA GIMENEZ. Vino, nos saludó con un hola y mientras hablaba con los productores la observé con detenimiento: No se imaginan (no me lo van a creer) pero por lo menos en esa época, Susana estaba súper flaca! Tenía el cuerpo de una chica joven, piernas largas pero lo que noté es que la ropa que tenía puesta era muy pero muy ajustada, estaba apretadísima y eso era lo que dejaba en evidencia un par de rollos.

Estaba maquillada y peinada y por las luces, no veías ninguna arruga. Por lo menos desde la distancia de donde me encontraba.

Jugamos.

Cuando se terminó de grabar todo, le pregunté a uno de los chicos de producción si podía ir a darle un beso a Susana. Me dijo «Sí, después». Pero ese después nunca vino, Susana, así como apareció, así desapareció.

Qué cómo me fue?

La respuesta la tendrán el 5 de octubre, el día que se cumplen exactamente 10 años de la emisión del programa. Ese día subo el video!

Shanghai Día 4

Escrito el domingo 26 de setiembre…

Qibao.

Último día en Shanghai y el día no invitaba a pasear (y mi cansancio tampoco!).

Salimos alrededor del mediodía, pero antes fui al shopping cercano a comprarme un par de zapatos cómodos y cerrados (había llevado dos pares de sandalias y estaba un poco fresco afuera). Encontré un par muy cómodo, me compré un par de zoquetes (tampoco había llevado medias), volví al hotel y salimos a pasear con paraguas en mano.

Fuimos a pasear a la zona de Jiangnan, donde hay muchos canales, una zona muy parecida a (salvando las distancias) Venecia.

Elegimos visitar Qibao, no necesariamente, según leímos, el más lindo de los canales pero allí fuimos porque era el único al que se puede acceder por subte al ser el más cercano al centro.

Cuando llegamos a la estación, caminamos alrededor de una cuadra y encontramos una calle central empedrada, a sus costados muchos negocios de ropa, souvenirs y chucherías. Todo se veía prolijo y limpio.

Había una pequeña plaza ahí nomás y caminando un poquito más adentro, se veían los puentes sobre el río.

La plaza.

Aquí adentro había una campana que había sido encontrada flotando hace muchos años.

Subimos a un pequeño puente y desde allí sacamos varias fotos, como ésta:

Botes sobre el canal.

Los botes eran empujados con un remo y se movían bastante de un lado al otro!

La verdad, no nos dieron muchas ganas de pasear en los barquitos. Estaba lloviendo finito y era muy molesto así que pensamos que ya nos iríamos cuando vimos que había varios pasillos con mucha gente y puestos de comida, uno al lado del otro.

Qué manera de empujarnos con los paraguas!

Puestos de dulces.

La comida china es rica y tentadora pero lo que no era tentador eran los puestitos mismos. No sé, no me parecía muy higiénico tanta comida exhibida al aire libre.

Muchos pajaritos y demás carnes que no sé qué eran!

Algunos puestos tenían tablas donde cortaban la comida que no parecían muy limpias, por eso traté de no entusiasmarme con querer probar todo lo que veía. Aparte, casi todo estaba rociado con esa salsita marrón que se me hace un poco dulce…

Al mismo tiempo me decía: «Bueno, pero si como algo y me cae mal? Mañana viajamos, no puedo arriesgarme a viajar descompuesta!». Admito que esto fue que hizo que no probara de todo!

Juro que hubiese comido uno de esos pajaritos!

Ale se tentó igual y pidió lo que parecían ser rabas. El vendedor tomó una porción y las volvió a freír y las puso en una cajita. Cuando iba a ponerle sal, le hicimos señas de que no lo haga, entonces tomó otros dos recipientes y espolvoreó pimienta negra y otro polvito rojo.

Eran rabas y estaban riquísimas! Probé un poquito.

Seguimos caminando y viendo otros puestos:

Patitas y otros cortes de cerdo.

Frutos secos y un agente de seguridad.

De este fruto gigante cortaban pedacitos y te los servían en bandejas.

Vegetales hervidos y diferentes tipos de porotos.

Ale encontró un puesto de pizza china.

Pizza china.

Pidió una porción y lo que hizo la chica del puesto fue cortar una porción en tiritas, ponerlas en una bolsita y le dio unos palitos para comerla.

Ale comiendo pizza china.

Me tenté y también probé. La masa es muy finita y tiene gusto a como si hubiese sido frita. La salsa tenía bastante gusto a ajo pero estaba deliciosa!

Al terminar este paseo, volvimos a tomar el subte y caminamos por un barrio llamado The French Concession pero no vimos nada extraordinario y al haberse hecho de noche, preferimos parar a tomar un café en un Starbucks y descansar un poco.

Una vez que volvimos al hotel, le pedimos al conserje que llamara a un restaurant para que nos reservara una mesa. El restaurant se llama Secret Garden y comimos muy rico, verdaderamente.

De entrada, yo pedí unos rolls de tofu rellenos de verdura hervida acompañados de calamar relleno de pasta de salsa de soja y Ale pidió solamente tajaditas de calamar relleno.

La entrada.

De plato principal yo pedí pato con vegetales salteados. Un pato entero! Pero Ale ayudó…

Mi plato principal.

Ale me ayudó a comer el pato porque su plato principal fue mínimo!

Una tajada de jamón caramelizado con una especie de masa hervida, parecida al dim sum.

El restaurant.

Una linda forma de terminar nuestro último día en Shanghai!

Shanghai Día 3

Escrito el sábado 25 de setiembre…


El día no amaneció tan soleado como el anterior y yo, por supuesto, seguía con el jet-lag. Así que me lo aguanté y una vez que desayunamos, nos fuimos para la zona de Pudong. Ví esta zona de lejos y recordé a Los Supersónicos.

Nuestro interés pasaba por subir el Shanghai World Financial Center, un edificio que parece un destapa botellas.

Foto que sacamos ayer, cuando estaba lindo. Ahí se lo puede ver al edificio destapador.

Se puede subir al piso 94, 97 y 100. Subimos primero al 97 y de allí se podía ver el puente de arriba, donde subimos más tarde. Ese «puente», leímos, tiene el piso de vidrio.

Vista del «puente».

Desde el piso 97 tuvimos una vista espectacular de los picos de los edificios más llamativos, el Oriental Pearl Tower – el de las esferas- y el Jimao Tower que es hermoso y me hace acordar al Chrysler Building.

Oriental Pearl Tower y Jimao Tower.

Pero también se veían casitas!

De techos rojos.

De techos azules.

(Me dio qué sospechar que se vieran tan bien… Para mí que fueron construidas allí a propósito, para dar una imagen de… igualdad?)

Y también se ven los preciosos edificios de The Bund.

The Bund panorámico.

Subimos al «puente» y ya estaba yo ansiosa, recordando mi experiencia en la CN Tower de Toronto, donde el piso es de vidrio y da mucha impresión mirar para abajo…

Pero qué desilusión!

El piso tenía como ventanitas por donde se veía algo pero no era toooodo de vidrio.

De todas formas, acomodando la cámara con ahínco, se podían sacar algunas buenas fotos.

El tráfico.

Desde aquí, obviamente la vista que se tenía era mucho mejor!

Wow!

Qué hermosoooo!

Ahí se ven algunos edificios de la Expo Shanghai a la que no fuimos.

Donde sí fuimos fue a tomar un café a la planta baja donde aproveché para dormir mis 10 minutos que me sirvieron para seguir el paseo.

Cruzamos por unos puentes peatonales desde donde se tenía esta vista:

Los edificios, más cerca y más lindos.

Y llegamos a un shopping. No compré nada, miré vidrieras, la verdad es que muchas cosas que vimos eran más caras que en Londres!

Estuvimos un ratito dando vueltas y nos volvimos al hotel. Teníamos reservada una mesa en un restaurant llamado M On The Bund, ubicado en el piso 7 del edificio Número 5.

Habíamos ido a curiosear el día anterior y decidimos ir a cenar porque la vista que se tiene desde sus ventanales y desde su terraza era hermosa y queríamos verlo de noche.

En el restaurant.

Vista de Pudong desde la terraza del restaurant.

Vista de The Bund desde el mismo lugar.

Hicimos muy bien en ir, no?

Shanghai Día 2

Estatua del primer intendente de la era comunista, Chen Yi.

Qué difícil fue levantarse hoy!

A las 3 de la mañana me desperté y no me pude dormir por más de dos horas. Cuando finalmente estaba dormida, había que levantarse!

Desayunamos y salimos a andar la ciudad. Desde el mismo momento en que puse un pie afuera, sentía que me costaba caminar, sentía pesadez en el cuerpo, los ojos se me cerraban… La última vez que me sentí así fue en Australia, justamente, en el segundo día. Comprendí que era el famoso jet-lag.

Para colmo, el día estaba hermoso, había mucho sol y la temperatura estaba agradable pero lo único en que yo pensaba era en dormir y descansar!

Así que fuimos a un café a tomar algo y me senté en un cómodo sillón y le pedí a Ale 10 minutos… Me acurruqué y dormí ese poquito. Y me sirvió para el resto del día!

Hoy caminamos mucho por una zona llamada The Bund. Esta zona da al río Huangpu y se compone de unas cuadras donde sólo hay edificios muy occidentales. Son los edificios típicos de la época colonial. A fines del siglo XIX y principios del XX, The Bund fue uno de los mayores centros financieros de Asia. Fue aquí donde se fundó el primer HSBC.

Algunos de los edificios en The Bund.

Con el toro, parecido al de Wall Street.

Hoy en día, esos edifcios albergan tanto bancos como restaurantes y negocios de ropa, por ejemplo, Dolce & Gabbana, Armani, etc. Si no fuera por los signos chinos del frente, uno no se daría cuenta de que este lugar está en Asia.

Hay un paseo muy largo, como una especie de terraza peatonal enfrente de The Bund. Caminando a lo largo, se puede tener de un lado, la vista colonial y del otro, al otro lado del río, el futuro tan presente, por cierto: Están estos maravillosos edificios que me hacen sentir que estoy en Marte!

Esta zona se llama Pudong, donde cada edificio por sí solo es bello.

Mañana los exploraremos.

Huangu Park.

Y para terminar el día, fuimos a visitar la zona antigua de Shanghai, donde hay muchos, muchísimos mercados y mucha, muchísima gente!

Diferentes zonas del mercado donde se venden muchos tés y chucherías.

Mucha gente que ha ido a Londres me ha dicho entre fascinados y preocupados, «Cuánta gente que hay en Londres!» y para mí es una sorpresa. Se ve que estoy acostumbrada. Acá, sin embargo, yo me lo paso diciendo: «Cuánta gente que hay en Shanghai!»

Shanghai Día 1

Shanghai Surprise!

Al empezar nuestra caminata.

Luego de 11 horas de vuelo y con 7 horas más tarde de diferencia con respecto a Londres, llegamos a Shanghai a las 8 de la mañana.

Como abordamos en Londres a las 14hs., dormir durante el vuelo se hizo difícil, particularmente para Ale que no pegó un ojo. Yo, obviamente, dormí pero no tanto como hubiese querido.

Así que no bien llegamos al hotel dormimos unas 3 horas y me costó muchísimo levantarme… Y recién eran las 2 de la tarde!

Cuando salimos del aeropuerto gigante que hay aquí, Pudong, tomamos el tren bala, el Maglev (por Magnetic Levitation; no hay vías, va levitando), tan veloz que llegó a 430 km/h. Veíamos el contador de kilómetros y daba impresión; llegó un momento en que iba como de costado y yo, dando grititos de ansiedad.

El Maglev: No hay vías!

Im-pre-sio-nan-teeeeeeee!

La plataforma.

Por supuesto que llegamos enseguida a la estación para tomarnos un taxi (estábamos muy cansados como para tomar el subte) y llegamos al hotel. Me siento Madonna: estamos alojados en una suite que tiene living, una tele gigante ahí, otra gigante en la habitación y otra más chica empotrada en la pared para verla mientras tomás un baño de inmersión.

Después de dormir, salimos a caminar y lo primero que visitamos, porque queda acá nomás, es la Plaza del Pueblo, desde donde se puede avistar muchos edificios que parecen de otro planeta.

En la plaza.

El día estaba soleado, nada de humedad pero había un poco de viento, suficiente para que yo sintiera que me moría de frío, menos mal que llevé un saquito liviano, pero cuando cayó la tarde, fue lo mismo que nada.

Encontramos varios parques con mucha vegetación y puentes de madera, debajo de los cuales corría agua.

Parque Baxianqiao.

Ale buscaba y encontró, un lugar del que había leído que se daban muy buenos masajes. Nos hizo muy bien para poder seguir caminando aunque cuando salimos de allí ya había anochecido y teníamos hambre.

Fuimos al patio de comidas de un shopping y comimos comida china muy rica. Tenía tanto hambre que no quise perder el tiempo luchando con los palitos así que agarré la cuchara que me trajeron con la sopa y comí con eso.

Ya estamos de vuelta, cansados pero mañana seguimos paseando, eh!

A la vuelta, antes de ir a cenar.

NOTA: Estamos en China, donde internet está restringida y no se tiene acceso a Blogger. Gracias a Ale que es un techie, podemos acceder pero se tarda MUCHÍSIMO para subir fotos. Así que sepan disculpar estas poquitas.

La Sangre Altera

Empieza la primavera en el hemisferio sur y les comento a aquellos que no son argentinos ni nunca vivieron en Argentina, que cuando se acerca el comienzo de esta época del año, a la gente en general le cambia el humor: de repente, es como si cambiara el aire, como que todos se ponen alegres ya que saben que se vienen los días lindos que devienen en calor, que devienen, para la inmensa mayoría (sobre todo, niños y jóvenes) en vacaciones.

Supongo que será esa inconsciente cadena de pensamientos lo que hace que el Día de la Primavera se festeje con todo! Los chicos no tienen clase porque, además, se festeja el Día del Estudiante.

En cambio aquí, así como no existe el Día del Amigo, tampoco existe el Día de la Primavera. El primer 21 de marzo que pasé aquí, miraba alrededor, buscaba en los diarios, en la tele… «Pero… hoy empieza la primavera… Nadie se da cuenta?»

Pareciera que no. Pero sí. Pero por otros motivos. La primavera aquí se anuncia que está por llegar y aparecen muchas notas en los medios pero todas tienen que ver con el famoso «Spring Clean». Es la época del año en que sí, se supone, aquí comienzan los días lindos, con más sol; qué mejor, amigos, para aprovechar y… LIMPIAR!

Entonces en todas las revistas ves consejos de cómo dar vuelta la casa limpiando, qué productos conviene usar, cómo ventilar la casa, etc., etc.,

Los negocios muestran ofertas de artículos de limpieza, las tintorerías te ofrecen precios especiales para lavar los edredones o duvets…

Picnics? Sólo en verano, la primavera aquí es muy otoñal.

Así que para quienes hoy festejan la primavera y les toca trabajar (e irán, seguramente, con algún regalito para los compañeros – porque, no es cierto? también se hacen regalos!) y para quienes hoy descansan, FELIZ PRIMAVERA desde el OTOÑO LONDINENSE!

(Alguien aprovecha la primavera para limpiar a fondo la casa?)

Moras, Pajaritos Y Torta


Pensar en moras es traer a mi memoria imágenes de cuando era niña, de los días de verano y de mis deditos teñidos de color violeta.

Desde que tuviera uso de razón, durante mi infancia, para mí lo más normal era despertarse con el canto de los gorriones. Por más idílico que suene, yo los odiaba porque molestaban de muchas formas: No estaban ni enjaulados ni había árboles cercanos donde ellos pudieran anidar; estos pajaritos vivían en los agujeros que había en el cielorraso de la galería del fondo de mi casa.

Alguna vez cuando yo fui muy niña, el cielorraso se desplomó con parte de los ladrillos huecos que se habían usado para construir el techo de la galería.

Como no había dinero para repararlos, por años y años los agujeros quedaron al descubierto, convirtiéndose en cómodos penthouses para que los gorriones anidaran.

Yo no era la única que los detestaba: Mamá enfurecía cada mañana al levantarse y tener que baldear el piso, lleno de caca de pajaritos. Peor era cuando llegaba la primavera y empezaban a nacer los pichones y encontrábamos huevitos rotos en el piso o pajaritos recién nacidos y pelados, muertos, obviamente.

Pero en el verano teníamos por qué agradecerles a los gorriones: por ellos, sabíamos cuándo las moras estaban listas para comer. En el fondo de su casa, mi vecina tenía un árbol gigante de moras y cuando maduraban, estos pajaritos se daban una gran panzada diaria y para cuando volaban de regreso a sus casitas, sus intestinos traían la buena nueva, dejando marcas violetas sobre el piso de la galería.

Beneplácito para mi hermana y yo, y odio total para mi madre, que lavar el piso de caca violeta todas las mañanas llevaba más trabajo que de costumbre!

Ya en el jardín de mi vecina, Ileana y yo esperábamos abajo del árbol a que mi hermana y Sergio treparan a las ramas y bajaran las moras. Las lavábamos? No lo recuerdo. Pero no me olvidaré jamás del dulzor de esos frutos calentitos de sol de verano.

Por eso ver moras en el supermercado me tentó a comprarlas, como una forma de conectarme con mi infancia a través del sabor. Compré tres cajas de 200 gramos cada una, pensando que comería un puñado cada noche. Pero el sabor no era lo dulce que yo esperaba.

Y quedaron en la heladera y antes de que se pusieran feas, decidí hacer algo con ellas.

Se me ocurrió una torta parecida a la Strawberry Cake Forever pero busqué otra receta. Encontré la receta de un streusel de frambuesas y decidí adaptarla un poco.

Resultado: Una torta fácil de armar! Pero requiere mucha atención una vez que se pone en el horno. A decir verdad, yo le estuve encima cada 15 minutos porque era la primera vez que la hacía y tenía miedo de que se quemara.

Ahora que ya la hice, creo que con un primer intervalo de 30-40 minutos es suficiente para abrir el horno, taparla con papel de aluminio y dejarla otros 20-30 minutos más.

Tenía miedo de que no alcanzara e hice el doble de la receta para la torta y me salió alta pero se puede hacer con las proporciones que copio abajo y sale una torta más finita.

Ingredientes:

150g de almendras en polvo
150g de manteca blanda

150g de azúcar

150g de harina
(o harina leudante pero no agreguen polvo de hornear si optan por esto)
1 cucharadita de polvo de hornear
1 huevo grande

250g de moras o frambuesas (el doble si hacen el doble de masa)

Preparación

– Enmantecar un molde alto de 20 cm de diámetro.

– Hacer una crema con el azúcar y la manteca.

– Agregarle el huevo y mezclar bien.

– Agregarle los ingredientes secos mezclados y combinar bien.

– Tomar la mitad de la masa y aplastarla sobre la base del molde con un tenedor mojado con agua o con un pisapuré (o como se llame, ya me olvidé cómo se dice). Yo usé esto último y se esparció más parejo.

– Colocar las moras o frambuesas enteras, sobre la base.

– Poner el molde en la heladera y la otra mitad de la masa en una bolsita y meter al freezer.

– A la media hora, prender el horno y sacar la masa del freezer y el molde de la heladera.

– Ahora viene lo divertido! Si la masa que se sacó del freezer está muy firme, se la puede rallar. Si no, se la puede desmenuzar con los dedos y todos esas escamitas se esparcen sobre las frutas.

Moras parcialmente cubiertas.

Como yo hice el doble de cantidad, una vez que cubrí las frutas con las escamitas de masa y vi que me quedaba, fui agregando y agregando hasta cubrir totalmente las frutas y presionando un poquito para que no se aplasten.

– Poner la torta en el horno y vigilar a la media hora más o menos y es muy posible que tengan que cubrir el molde con papel aluminio porque por afuera va a estar dorada pero por adentro todavía estará cruda.

– Vigilarla cada 15 minutos. Cuando les parezca que ya está, atraviesan la torta con un palito y fíjense si sale limpio, es que está lista.

En el horno en condiciones ideales.

Cuando yo la saqué, intuí que le faltaba unos cinco minutos porque estaba doradita pareja pero el centro estaba un cachitín más claro.

Recién sacada del horno…

Al rato, ví que no me había equivocado, se hundió…

Me encanta cómo se ven las marcas de las moras quemadas en el costado de la torta!

Así que fíjense bien, cuando crean que ya está lista, si el centro está un poquito más claro, déjenla en el horno un ratito más!

La llevé al trabajo con un poco de pudor… pero a quién le importó el hueco! No quedó nada!!!

Thames Festival 2010

Este festival se celebra todos los años y consiste en presentar diferentes actividades participativas y espectáculos de música, cine, teatro, etc., a lo largo de la costa del río Thames.

Fue este último fin de semana y se dividió en cuatro zonas y eran tantas las cosas para ver que entiendo por qué esto sucede entre un sábado y domingo: es imposible ver todo en un día, aunque había algunos eventos que sucedían o bien el sábado o bien el domingo.

Por ejemplo, hubo un carnaval que sólo estaba el domingo a la noche y un banquete sobre el puente Southwark que fue el sábado al mediodía.

A cuál creen ustedes que fuimos nosotros???

Casi al llegar al puente , habían cortado la calle y se podían ver los diferentes puestos de comida.

Había de todo:

Comida de Marruecos, por ejemplo.

Un puesto de comida vegetariana casi vacío.

Uno de los más visitados! El puesto de cervezas, por supuesto!

Pero mi olfato me llevaba más allá, sabía que en ninguno de esos puestos yo me iba a detener… Porque solita fui llegando hasta donde tenía que llegar…

El puesto de lechón rostizado!

Pero como allí mismo vi que también asaban cordero, pedí un poquito de cada uno. Y sin pan, con un poquito de rúcula. Ñam!

Parece poco pero no, eh! Me llenó! Pero estos ingleses! Te cortan toda la carne en pedacitos!

Uno podía comprar lo que quisiera y si querías, comías caminando o parado o sentado en la vereda (quién se va a sorprender aquí de eso!) o seguías caminando hasta llegar al puente mismo donde había dos mesas largas, larguísimas, blancas y te sentabas allí, a comer y charlar con gente desconocida o con amigos si ibas con ellos.

Hermoso espíritu de comunidad!

Ver eso fue buenísimo, la razón principal por la que fuimos, qué buena forma de compartir y pasar un buen rato!

Y miren qué sillas mononas para sentarse!!!

Nosotros preferimos caminar mientras comíamos y notamos que había muchas personas que tenían sombreros un tanto originales.

Algunos de los muchos.

Vi a unas chicas con este carrito:


y me dijeron que ellas te daban el sombrero que eligieras, te sacabas una foto en un stand que estaba por allí cerca y decías por qué brindarías. Algo simbólico pero simpático. En ese mismo stand también te daban sombreros para que los decoraras si querías.

También me detuve a charlar un rato con unos chicos que tenían un stand con muchas frutas y verduras y su misión era hacer entender que no importa qué forma tenga un fruto, es comestible lo mismo.

Esto es porque hay muchos supermercados que tiran frutas y verduras en buen estado porque no tienen la forma tradicional. Por ejemplo, como muestra esta pizarra:

Al rescate de la fruta.

Leí sobre eso hace un tiempo en los diarios y las cifras son preocupantes. Según los chicos del stand, el casi billón de personas que sufren de malnutrición en el mundo, podrían dejar de sufrir esto con menos de un cuarto de la cantidad de comida que los EEUU, el Reino Unido y Europa tiran.

Im-pre-sio-nan-te.

Había muchas actividades para los niños.

Acá decoraban galletitas.

Un stand de una harina les enseñaba a amasar.

Con la ayuda de mayores, muchos esculpían zapallos.

Y muchas exhibiciones dedicadas más que nada a pequeñas compañías que promovían sus productos, la mayoría de los cuales eran orgánicos y ecológicos.

El festival estuvo muy bien organizado. Había cantidad de gente y no sé si notaron en las fotos que no había basura por ningún lado!

Carretillas muy mononas juntaban la basura reciclable y para lo demás, había unos tachos gigantes.

Todo estaba previsto:

Baños químicos.

La ambulancia.

Sección Niños Perdidos.

Todo lo que vi me pareció lindo y hubo cosas que además de gustarme, me llamaron la atención:

Sofás, mesitas, para quien quiera sentarse y descansar.

En otro sector se bailaba jive! Yo quería bailar! Ale no! Me quedé con las ganas! El año que viene, que saque él las fotos!

Había un piano allí y el que tuviera ganas (y supiera) se sentaba y tocaba.

La Señorita Emilce

Año 1978. Tercer grado con la Señorita Emilce y su florero.

Escribir sobre la señorita Emilce me da palpitaciones. Me senté a escribir porque es hora de que lo haga, ya que el tema no lo traté nunca en terapia y de vez en cuando es bueno exorcizar ciertos demonios.

Recordarme como alumna de esta maestra es ir más allá de describir una simple relación educador-educando: Es darse cuenta de que a pesar de que la odié, le temí y la admiré, fue quien selló mi destino para que fuera yo, eventualmente, docente también.

Empecé primer grado en una escuela muy cerca de casa y en un año tuve como cinco maestras. Quién sabe si por desorganización o qué, pero las maestras duraban muy poco y la fama de esa escuela no era de las mejores.

Así que mamá decidió cambiarme a la escuela 28 Hilario Ascasubi, que quedaba un poco más lejos pero que tenía buena fama.

Recuerdo mi primer día de clase en un aula grande, con muchos chicos y sólo conocía a una nena y con ella me senté. Recuerdo (habrá sido uno de esos primeros días) que la señorita Emilce nos dió un problema para resolver, yo hice la cuenta, fui a corregir y como si fuera hoy, recuerdo su birome azul tachándome todo y sin decirme nada, con su letrota, escribió al costado izquierdo «Planteo» y al costado derecho «Solución» y más abajo «Respuesta».

Y debajo de cada título escribió ella todo lo que yo tendría que haber hecho y me mandó a sentar.

Para mí, que no sabía cómo venían trabajando (porque esta maestra ya había estado con estos chicos el año anterior) que me haya escrito eso fue como si hubiese escrito en chino: no entendía nada!

Me fui a sentar y al siguiente problema que dió y a los próximos que daría en los meses siguientes, los fui haciendo como me salían, con cierta lógica pero como nunca me explicó cómo, nunca me salían como ella quería!.

Segundo grado lo recuerdo muy gris, yendo a la escuela para escuchar los gritos pelados de esta mujer cuando se enojaba con nosotros, sus alumnos.

Como toda niña de 7 años, yo quería a la maestra como se quiere casi a una madre y buscaba su aprobación, algo que nunca tuve de su parte; me parecía una mujer muy fría y hasta a veces no sabía cómo hablarle por miedo a que reaccionara con un grito.

Se ve que en tercer grado, al año siguiente, le habré agarrado un poco más la mano o ya me resbalaba lo que dijera o ya había encontrado en otro lado un modelo más accesible de docente: Ms. Sylvia, mi primer profesora de inglés. En inglés me iba genial, era la mejor alumna y me hizo muy bien a la autoestima y a la vez, no era muy consciente de que estaba aprendiendo.

La señorita Emilce tenía a su hija que también iba a la Cultural y, aunque estaba en otro curso, sabía cómo me iba y cuando algo me salía mal, me lo reprochaba: «Cómo puede ser que te vaya tan bien en inglés y acá, en la escuela, no?» Nunca supe qué responderle. Si hubiese sido Mafalda, le hubiese contestado que la respuesta la iba a encontrar mirándose al espejo!

De lo que tampoco nunca me voy a olvidar fue de las veces que me bajaba a tierra con una sarcástica y humillante exclamación que cruzaba todo el aula: «Seminara, como siempre, en las nubes!» Se ve que no le prestaba mucha atención!!!

Sí, era así, nos hablaba esa forma pero, a la vez, reconozco que (como la señorita Gladys) todo lo que nos enseñó, me sirvió. Por ejemplo, nos enseñaba a leer y comprender. De ella adopté la técnica de leer un texto en voz alta y que los alumnos siguieran con la vista, con lectura silenciosa, interrumpir cada tanto y explicar algún vocablo o frase e incentivar la imaginación con preguntas, algo que siempre hice con mis alumnos.

Con ella aprendí todas las reglas ortográficas y desde mis 8 años que escribo sin faltas de ortografía.

Cuando nos dieron la foto que subí aquí (La de segundo grado si la vieran! Me tiene abrazada y su cara apoyada en la mía!) en el álbum donde estaba pegada, ella escribió algo que todavía recuerdo de memoria. Creo que es porque o bien no me lo creí nunca y lo tuve que leer mil veces para convencerme de que realmente fue ella quien lo escribió o porque refleja un cariño que nunca demostró:

«Tus hermosos y dulcísimos ojos hablan de tus nobles sentimientos. Jamás olvidaré esta expresión tuya. Recuerda tú los pasos que diste en estos tres años de la mano de tu maestra que te quiere. Emilce»

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