Camden Town

La estación de subte.

Ayer había sol, hermoso día, la verdad, y antes de dejarme invadir por el letargo, decidimos ir a pasear y fuimos para Camden Town, un lugar que hemos visitado un par de veces y como es interesante, volvimos.

En Camden uno visita los mercados, mira la gente, sus atuendos, su onda y se la pasa bien porque come rico, compra ropa y accesorios y se consigue cualquier cosa.

Hasta esto…

… o té helado de marihuana…

o las botas parecidas a las de Gene Simmons que tanto quería Ale en su adolescencia…

Muchos de los negocios y puestos de ropa son de diseño, por lo tanto, un poco caros y también hay antigüedades.

Vista de otro sector de la feria.

También hay un dique, Camden Lock, donde uno puede tomarse un bote-colectivo y pasear hasta Little Venice y volver a las dos horas.

Vista parcial de dique.

Pero supongo que lo mejor que tiene Camden es la oferta de comida. Hay para elegir de todo el mundo y a precios accesibles y uno quisiera tener un estómago de gigante y de amianto para poder comer TODO. Pero no se puede…

El “patio de comidas”. Bah, este es sólo un sector.

Así que primero comimos unas empanaditas chinas y después unas empanadas de carne y queso que compramos acá:


Y terminamos en un puesto de comida venezolana.

Y más a la tarde, comí un crêpe de caramelo, banana y frutos secos y muy para mi pesar, no lo pude terminar!!! Estaba llena!

Tratando de terminar el crêpe.

A partir de las 6 de la tarde, los puestos de comida comienzan a rebajar los precios porque se tienen que ir así que nosotros, que ya sabíamos de ésto, llevamos nuestros tuppers y nos vinimos con la cena lista para calentar en el microondas.

Como escribí más arriba, hay mucha gente producida; se ven muchos emos, punks y sobre todo, góticos. Y de todas las edades. Hay mucho viejito y viejita piola por ahí.

Fíjense algunos:



Y miren la fachada de algunos de los negocios sobre la calle principal:






Creativos, no?

Y la sorpresa que me llevé pasando por un puesto de antigüedades:

La Señorita Gladys

Y tuve muchos maestros de qué aprender,
Sólo conocían su ciencia y el deber.
Nadie se animó a decir una verdad,
Siempre el miedo fue tonto.
(Aprendizaje – Sui Géneris)

La Señorita Teresita y la Señorita Gladys, guardianas del saber.

Cuando uno dice maestro imagina un docente con guardapolvo blanco enseñando en una escuela del Estado. Al menos los de mi generación para atrás.

Y los de mi generación para atrás concurrimos a la escuela en época de dictadura (Sepa, caro lector, que terminé la primaria en el 82) y ese régimen se vivía no sólo en la sociedad sino también en las aulas.

Quisiera recordar en este día especial a cierta maestra que tuve y que medio barrio de Quilmes donde viví debe conocerla.

Tuve maestras locas, buenas, trabajadoras, autoritarias, batalladoras, sádicas, graciosas, finas y mitómanas. Alguna que otra con más de estas “cualidades”.

Pero si tuviera que describir una típica maestra del Estado en la época de la dictadura, es ella: La Señorita Gladys.

O “La Gladys” como la llamaba mi hermana que la odiaba con toda la furia.

La Señorita Gladys (como la llamaba yo) tenía fama, en la escuela 28 Hilario Ascasubi, de ser la mala. Todos le temíamos, nos paralizaban sus gritos y su mirada fija de ojos saltones delineados. Tenía el pelo negro corto y cuando era invierno y hacía mucho frío aparecía con un poncho salteño, igual al de Los Chalchaleros.

Sexto y séptimo grado turno mañana la tenían como maestra enseñando Matemática y Estudios Sociales.

El primer día que apareció en el aula nos dijo “No soy un monstruo”. E inmediatamente nos enseñó sus reglas de cómo escribir en una hoja cuadriculada. (“No escribir cuadradito seguido.”)

Desde el segundo día, ya empezó a comportarse como era sabido y temido: si veía que habías escrito cuadradito seguido, te arrancaba la hoja y te hacía volver a escribir. Si por algún motivo algún día se había levantado cruzada, te gritaba “NOOOOOOOO!!!!!!!!!!” y te arrancaba la hoja como si le quemara y, si su histrionismo lo permitía, te la hacía un bollito y lo tiraba al suelo.

(Conmigo fue una dulce, una vez me arrancó una hoja pero fue con un movimiento muy suave. Me dijo en voz baja “Hacelo otra vez”. Y la humillación que yo sentí en ese momento no la olvidé jamás).

Era común terminar de resolver un problema y hacer cola para ir a corregir. La Señorita Gladys (Qué seño ni qué seño! No existía tanta confianza!) corregía con fibra negra trazo fino y te ponía “Rehacer” si estaba mal y si estaba muuuuuuuuuy mal gritaba que no habías entendido, te arrancaba la hoja otra vez y, como hizo con un chico que se ve que hizo todo horrible, le estampó su hoja contra la cara diciendo “Esta hoja es cualquier cosa!!! Tomá, cométela”.

Mientras estoy escribiendo ésto no paro de reírme y de horrorizarme a la vez: cómo puede ser que tan niños hayamos sido víctimas de semejantes modales! Y era en la época en que ningún padre salía a defenderte, la palabra de la señorita era ley! Hoy, por el sólo hecho de arrancarte una hoja, ya la hubiesen sumariado!

La Señorita Gladys era temible pero explicando era un as! Nos enseñó a razonar y lo que aprendí con ella en matemática me sirvió para todo el secundario. Claro que, como habrán apreciado, sus métodos eran un poco cuestionables.

Por ejemplo, si terminaba de explicar algo, empezaba a hacer preguntas o a hacernos pasar al pizarrón para practicar y si alguien se equivocaba vociferaba “Pero ésto es como tirarle margaritas a los chanchos!”. O estrellaba la tiza contra el piso y les juro que era muy difícil despegarla!

También era generosa: cuando tuvimos que prepararnos para el examen de ingreso al secundario, ella nos preparaba en su casa y no nos cobraba.

Y fue la encargada de averiguar todo para que nos fuéramos gratis a Córdoba, de viaje de egresados. Ella hizo todos los trámites y nos acompañó.

No sé si será masoquismo o qué, pero estoy segura de que otros que hayan sido sus alumnos jamás la olvidaron y te pueden hablar de lo mucho que aprendieron con ella.

Se ve que lo que acabo de contar es un ejemplo de que el fin justifica los medios.

O de que la letra, con sangre, entra.

Las Blancas Palomitas de la 28, 7mo. grado A turno mañana, año 1982.
(Todavía me acuerdo de los nombres y apellidos de todos!)

Décadas

Funny how time flies…
(Head Over Heels – Tears For Fears)

Betty hizo un lindo meme y en uno de sus comentarios me invitó a hacerlo.

Hace 30 años

Estaba en tercer grado sufriendo una maestra tirana. A la vez tenía la felicidad de ir por las tardes al Instituto Argentino de Cultura Británica (y si, se llamaba así) en el centro de Quilmes. En la escuela me iba para el diablo pero en inglés me iba como los dioses.

Hace 20 años

Todavía una adolescente aunque ya había terminado el secundario. Para esta época del año había empezado a dar clases de inglés en una escuela. Me encantaba. Y todavía no había decido qué carrera seguir así que mientras preparaba el First Certificate y empezaba a estudiar francés. (Ay, qué flaca que era en esa época, por favoooooooooorrrrrrrrrrr – snif!)

Hace 10 años

Ya hacían dos años que había salido del cascarón y me había lanzado al mundo. Trabajaba, ahorraba, mujer liberada… pero todavía vivía con mis viejos! Me importaba? Claro que no!

Hace 5 años

Hacía un año de casados. Vivíamos en un loft en Chacarita y trabajábamos y… bueh, mucho no cambió, sólo cambiamos de país.

Hoy hace exactamente 1 año

Estábamos aquí, en Londres, igual que ahora, en esta casa y ansiosa yo de que faltaba muy poquito para volver a Argentina a pasear.

Hace un mes

Estaba en Galicia visitando a mi amiga Mariana y su hermosa familia.

Hace una semana

Estaba en casa mirando tele.

Ayer

Fui al médico a hacerme algunos análisis.

Hoy

Fui a Buckingham Palace a una exhibición especial de cómo se decoran las mesas cuando la reina ofrece un banquete a presidentes o monarcas extranjeros.

Veladas Inglesas

A gentleman will walk but never run.
(Englishman in New York – Sting)

Ale, Zed, John & Jonathan en un pub.

Tenemos alguno que otro amigo inglés por aquí pero son contados con los dedos de las manos. Está mi amigo Jonathan y una pareja amiga que conocimos a través de J, que se llaman John y Zed y tienen dos niños que son dos sueños.

Capaz que a Ale lo invitan al pub y él va; siempre intenta tomar cerveza y desiste después de darle dos sorbos. O a lo mejor tiene una cena de fin de año.

Pero hemos ido a algunas reuniones en todos estos años (En “TODOS ESTOS AÑOS”… Somos unos losers, no salimos NUNCAAAAAAAAAAAAAAAA) y más o menos te puedo describir cómo son las reuniones inglesas.

Primero, tiene que haber alcohol. Mucho. Y comida. Generalmente más bebida que comida. Bueh, si no hay comida, qué importa! Las bebidas en una mesa, todas las botellas, los vasos, por ahí un jugo, por ahí un agua, pero hay de todo, más vino que cerveza cuando se quieren hacer los finos. (OK, tal vez haya otro tipo de bebidas pero como yo no tomo, para mí las botellas -como los autos- son todas iguales.)

Nunca en sus puting vidas va a haber sillas. Si estás con tacos, pues te jodes. En las fiestas somos todos flamencos: parados sobre las dos piernas y cada tanto subiendo una u otra, para descansarlas. En la última reunión que fui me robé al bebé de la anfitriona para sentarme (con él aúpa) en la única silla que había al lado de la mesa con la comida. Y me alimenté, cómoda y tranquila.

Es que una, como argentina, a qué está acostumbrada? A llegar, sentarte, comer, hablar a los gritos… Bueno, acá yo disfrutaría mucho más de las charlas si no estuviera toooodoooo el tiempo parada!

Lo que noté es que aquí tienen la cultura de la charla, te charlan y hablan por los codos, y te sacan temas y temas, con tal de que no haya “baches” en las conversaciones. No te hacen preguntas personales ni que los mates al menos que les dejes picando algo que dé para que se animen a preguntarte algo. Pero nada de, así de una, preguntarte si sos soltera, qué edad tenés, u otras cosas que ahora ya me olvidé que te pueden preguntar… porque aquí no te las preguntan!

Yo creo que se le da mucha importancia a la charla y a la comida se la mira de costado porque está tácitamente asumido que lo importante en una reunión es la gente con la que interactuás más que lo que comés – aunque… si hay que evaluar qué es más importante, si socializar o beber… ah…

Otra cosa buena es que si te presentan a alguien (generalmente es la anfitriona o anfitrión que te acerca a alguno/s) te hacen una breve introducción de quién es esa persona y quién sos vos y cómo nos saludemos depende de la mujer. Entonces si yo quiero conservar cierta distancia o no tengo ganas de andar saludando mucho, directamente ni levanto la mano. Sonrío, digo “hi!” y ya. Y no se toma mal, te lo respetan. Se considera como muy confianzudo que un hombre a quien te acaban de presentar se te acerque como para darte un beso. A mí eso me molestaría.

(Y cuando voy a Argentina a veces me olvido y no pongo la cara para dar un beso para saludar y, cuando me doy cuenta, me da vergüenza haberme inglesado en ese sentido. Pero bueno, son costumbres que una incorpora acá.)

Conforme pasa el tiempo, el murmullo y charla amena dan paso a carcajadas, a caras y narices coloradas y si seguís ahí y todos siguen en confianza, todo puede derivar en cantos alegres gracias al alcohol consumido que ellos necesitan para aflojarse y sentirse cómodos y seguros al momento de socializar.

Y te puedo asegurar que aquellos que toman, luego no conducen. Y el que vino en auto, no toma. Eso lo tienen bien claro.

Quiero Ser

I am what I am
I am my own special creation
So come take a look
Give me the hook
Or the ovation
(I Am What I Am – Gloria Gaynor)

Liza Minelli en Cabaret

Rita Hayworth en Gilda

Bueno, solamente hasta la parte que deja de cantar… Después no!

Madonna en Vogue

Judy Garland en The Wizard of Oz

Marilyn Monroe en Diamonds Are A Girl’s Best Friend

…Creo que en otra vida fui un hombre gay…

El Tano Bongiovi

Los pelos, los aros, la campera de cuero con cierre…Ochentoso a full!

La buena música y las fotos me inspiran y aquí me pongo a teclear.

Escuchar el disco New Jersey me transportó a los 80, me hizo acordar al viaje de egresados a Bariloche, a todas nosotras cantando a los gritos los estribillos de Bon Jovi en el micro a la vuelta de alguna excursión, a los videos que se trataban de amores adolescentes y a los jeans nevados.

Ufa, qué tanguera, pero en realidad yo quisiera escribir algo de Mr John Francis Bongiovi Jr. alias Jon Bon Jovi. Yo no recuerdo haberme sentido particularmente atraída por él durante mi adolescencia ni haberme escuchado decir “está re-fuerte”, siempre le ví cara de degenerado pero las canciones me en-can-ta-ban, me pareció siempre una banda de rock muy sólida.

Con los años me olvidé de Bon Jovi mientras me ahogaba con más pop que rock y casi sin darme cuenta, ya era adulta y me entero en una clase de que mis alumnas adolescentes morían por Jon.

“Por quién?!?!?! Por Bon Jovi!?!?”, preguntaba incrédula. Y a riesgo de catalogarme como vieja chot, les dije “…Pero, chicas, Bon Jovi es … de mi generación… Es de los ochenta…” “AY, ES DIVIIIIIIIINOOOO!!”, me contestaron.

Les juro, no lo podía creer! Empecé a prestar atención y descubro al Jon con cabello corto, rubio, operadíiiiiisimo, cantando baladas y más baladas… Y recordando su cara de antaño, no entendía cómo las niñas podían morir por un señor tan recauchutado!

“Chicas, pero vieron las fotos y los videos de antes?” “AY, SI, ES DIVIIIIIIIINOOOO!!”

(Y después lo escuché cantando en español! “Alumno Bongiovi, tiene cero en fonética”.)

Habría que felicitar a Bongiovi por haber tenido muñeca suficiente para trascender más allá de una generación y seguir siendo admirado y/o seguido por gente mucho más joven, bah, chicas sobre todo. Ahora es como una especie de Luis Miguel sajón, se lo conoce más por las baladas que por los temas rockeros de antaño (que, ok, escuchándolos con el oído crítico de una casi cuarentona, algunos suenan muy parecidos entre sí, pero… manto de piedad por aquí).

Dejate de joder!

Greenwich

Vista del Museo Marítimo y parte de la ciudad de Greenwhich desde la colina.

La semana pasada vinieron nuestros amigos de Valencia, Nico y Elena, para festejar su primer año de casados.

Nos divertimos mucho y también paseamos. Además de ver el parlamento y el Big Ben, fuimos a pasear un domingo a Greenwich.

Cuando llegamos, el sol se había ocultado tras las nubes pero al rato salió y hasta hizo calor.

Greenwich es una ciudad que no queda lejos de donde vivimos y es muy linda. Tiene mucho movimiento al ser una ciudad universitaria y mucha gente paseando por todos lados, sobre todo, sus mercados.

Greenwich Market.

Este negocio se autoproclama “el primer negocio del mundo“, ya que se encuentra a 0˚ 0 minutos, 4 segundos longitud oeste.

También cuenta con muchos museos y, obviamente, el Observatorio Real.


El observatorio se encuentra en la colina que está dentro del Greenwich Park. Fue cansador subir, el último tramo del camino es bastante empinado.

Entrada al Greenwich Park.


El parque.

A la entrada del observatorio encontrás lo siguiente:

Un reloj de 24 horas.

Patrones de las medidas reales.

Aquí es donde se encuentra el meridiano 0˚, el famoso Meridiano de Greenwich.

La foto típica que uno se saca, un pie en el oeste, otro en el este.

Por suerte apareció una actriz interpretando a un marinero y con todo su talento nos dio una reseña histórica del lugar, de los diferentes astrónomos que trabajaron allí y dónde cada uno ubicaba la línea del meridiano 0˚ . Muy didáctico y entretenido, por cierto.

La actriz.

Aquí se ve este edificio con forma de octógono sobre el cual se ubica el Time Ball. Esta bola o pelota roja se usaba antiguamente para poner en hora los relojes. A la una de la tarde la bola baja y eso es señal que es, justamente, la una de la tarde. De suma importancia para los marineros de antaño. Y todavía funciona.

A la vuelta nos tomamos el catamarán hasta nuestra casa, en vez de volver en subte y colectivo como habíamos ido. Fíjense detrás del cartel: Esa rueda, la Greenwich Wheel, se puso este verano. Dura 12 minutos dar la vuelta y entran hasta seis personas en cada cápsula.


Hay muchas clases de barcos y catamaranes, nosotros tomamos este que es más veloz y en la semana se usa mucho como medio de transporte, hay gente que va a trabajar así.

Otra toma del mismo catamarán:


Y llegamos al Canary Wharf Pier y ahí tomamos otro barquito.

En la foto de abajo se ve el barco, en el muelle del Hotel Hilton que queda al lado de nuestra casa. Ese pequeño barco estaba por cruzar para nuestro lado para llevarnos a destino. El viaje duró un minuto.

El barquito a punto de cruzar el río.

A Nico y a Elena les causó gracia que en un momento que Nico me llamó por algo, yo le respondí distraída “Si, mi amor?”. Entonces decidieron que nos sacáramos estas fotos:

Nico y yo.

Elena y Ale.

Marcelo y yo

Año 2004, un día en Tandil.

Somos un dúo dinámico cada vez que nos encontramos. Parecemos Marley y Florencia Peña, diciendo pavadas y riéndonos cada dos segundos con la boca abierta. Adoro a mi primo Marcelo.

Nacimos el mismo día, somos primos-hermanos-mellizos. Él en Olavarría y yo en Quilmes. Mi mamá todavía conserva la carta que le envió mi tía diciéndole que había nacido “Marcelito” el 27 de diciembre. Ja! Y mi mamá también había parido ese día! (Una carta, se dan cuenta? En qué época pareciera que nacimos?!!?!)

Cuando éramos chicos y algo adolescentes, nos odiábamos. Nos peleábamos siempre. Yo iba para Olavarría para mis vacaciones y todos los días discutíamos por algo o él me peleaba o yo lo miraba mal.

Recién a los 22 años (lo recuerdo muy bien) empezamos a llevarnos tan genial como ahora. No veía la hora de irme de vacaciones a Olavarría y de ir a pasear y a bailar con él! Sí, a bailar! Yo sabía que con él me iba a divertir como con nadie! Después volvíamos como a las 6 o 7 de la mañana, comprábamos facturas en el camino y nos quedábamos tomando mate y charlando hasta que nos daba sueño o se levantaba mi tía, señal de que era la hora de dormir para nosotros!!!!

Mis vacaciones eran siempre divertidas y él siempre supo ser mi compinche.

Se nota que extraño a mi primo querido, no?

Alicia en Galicia

Os bos e xenerosos, a nosa voz entenden
e con arroubo atenden o noso rouco son,
mais sóo os ignorantes e férridos e duros
imbéciles e escuros non nos entenden, non.
(Hino Galego)


El 4 de agosto volé a Galicia para quedarme por una semana en la casa de mi amiga Mariana, su esposo Horacio y su hijo Rodrigo. Viven en Salvaterra do Miño, provincia de Pontevedra, Galicia.

Soy tu fan, Mariana, te sigo a todas partes.

Rodrigo está enorme, alto y hermoso como siempre, tiene 13 años y es un sol de nene-adolescente, tan bien educado y sano, parezco una tía vieja hablando de él de esta forma, pero es la verdad; tengo que felicitar a mi amiga y a su esposo por tenerla tan clara en cómo educar un niño, en cómo encarar la vida en familia, en cómo ir para adelante a pesar de las presiones diarias y las que te da la vida.

Horacio y Rodrigo.

Con Rodri, en el parque A Canuda.

También vi a Diego, el hermano menor de Mariana, que de menor sólo tiene la denominación, su esposa Ana y su hijo Santi, de dos años, que es adorable. Con Santi tuvimos un amor a primera vista, no se despegó de mi lado en toda la tarde que pasamos en el parque Feixa donde comimos asado hecho por Alberto, el papá de Mariana y unas ricas ensaladas hechas por Amelia, la mamá.

Alberto, Diego, Ana y Amelia.

Alberto y Amelia siempre tan cordiales con su hospitalidad de la cual disfruto desde que visitaba a Mariana cuando estábamos en la secundaria! Amelia cocina como los dioses! Y te agasaja siempre con cosas ricas caseras y unas mesas puestas que te hacen sentir la reina de Inglaterra!

Mariana y yo le llevamos un regalito a Santi y la mamá le preguntó “Qué se le dice a Alicia?” y él contestó “Gracias” (con acento español, se imaginan, casi me lo como!) y yo le digo “De nada, muñeco” a lo cual retruca “No me llamo Muñeco, me llamo Santi!”

Santi y yo. Faltan los corazoncitos.

Esta segunda vez pude disfrutar mejor de Salvaterra y alrededores porque Mariana tiene auto y recorrimos bastante! Aparte es verano y me tocaron unos días de sol fabulosos!

La vieja estación de trenes.

Uno de los lugares que visitamos es Monção un pueblo cercano, en Portugal.

Bien portugués!

Fuimos a un mercado. Mariana es una experta en encontrar oportunidades, se ha comprado ropa y cosas increíbles a precios sorprendentes! Les aclaro que la ropa es de excelente calidad y en excelente estado, es que son prendas de fin de temporada pero vale bien la pena pasar un rato allí. (Como se imaginarán, igual no compré nada! Y eso que fui con una experimentada!)

Aquí la ven revolviendo prendas a 1!

Y también se pueden comprar otras cosas, como por ejemplo:

Rosquillas (o “donus” como le dicen en Galicia)

Animales varios.

Plantas y flores.

Galicia tiene muchas playas, fuimos a una llamada Samil, hermosa, familiar, limpia y llena de gente! Miren qué hermoso lugar!



Y que no, joder! No me metí al agua! Pero igual disfrutamos mucho de la charla en la arena (a partir de las 5 de la tarde bajamos nosotras, las viejitas – por el sol, vio?) al tiempo que Rodri se fue a nadar la mar.

Visitamos, como la otra vez, La Fortaleça, en Valença, Portugal. Un hermoso lugar donde hay negocios, bares y restaurantes pintorescos.

Dentro de La Fortaleça.

Vista desde La Fortaleça.


Dejé a mis amigos queridos en Galicia prometiendo volver a visitarlos y robándoles la promesa de que vengan a pasear a Londres! Donde sea que nos encontremos, espero verlos pronto!


Foto-perlitas:

Uno de los dos pulpitos a la gallega que cenamos!!!! Delicioso, sólo agregarle aceite de oliva y papas hervidas en el mismo agua donde hirvieron estos animalejos. Riquísimo!

Un ejemplo de la naturaleza que rodea a mi amiga.

Se ve que en Monção se estaban preparando para el festejo de algo.

Qué me vienen con la vida glamorosa de los pilotos!

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