Reflexiones

Viejita

Algunos dirán qué viejo que estás.
Por favor, hablemos de verdad.
(Cuánto Tiempo más Llevará – Serú Girán)

Me estoy dando cuenta que con los años una se va poniendo un poquito mañosa (por no decir hincha pelotas!). Y para demostrarles mi autocrítica y esperando que con ésto se me alivie un poco, paso a enumerarlas:

– No puedo sentarme a comer si no tengo una servilleta sobre la mesa.

– No salgo a ningún lado si no tengo un paquete de pañuelos descartables en el bolsillo o la cartera.

– No soporto comer comida tibia cuando se debe comer caliente.

– Me pongo insoportable si tengo sueño o hambre.

– Tengo una taza para el desayuno y otra para el té a la tarde.

– Cuando me saco los zapatos dejo el izquierdo en el lugar del derecho y viceversa.

– No tomo ni analgésico ni aspirina aunque me esté retorciendo del dolor. (Nada que no sea recetado por el médico.)

– Cuando ordeno mi ropa y zapatos siento que me estoy traicionando. (Porque odio ordenar!)

– Cuando algo me interesa soy una lectora compulsiva del tema.

– Cuando me contradicen me salta la tanada y grito, protesto, me enojo, lloro (según la intensidad de la discusión) y a los cinco minutos estoy como si no hubiese pasado nada!

…Ah, si!!! Ahora les toca a ustedes…

Mi primer amor

Me inspiré, che. Les gusta mi dibujito? Soy yo, a los 10.


Un día, a los 6 años, vi en la vidriera de un negocio un libro de tapas violetas con un dibujo de una muñeca y con el título “Las Poesías de Mari Pepa”, escrito por Alejandro Cifra. Le pregunté a mi mamá si me lo podía regalar para mi cumpleaños y eso hizo.

Fue mi primer libro, mío mío, y lo leí hasta el cansancio, aunque siempre me gustaba releer las primeras dos páginas que eran prosa, contando la historia de Mari Pepa.

A partir de ese momento, los libros para mí fueron sagrados. Me hice más extremista cuando una maestra de tercer grado profesaba que los libros no se escriben ni se cortan.

Cuando comencé a estudiar inglés, la biblioteca del instituto no sólo contaba con libros en ese idioma, sino en castellano y de todos los niveles. Fue así que durante los 10 años que estudié allí, sacaba libros prestados o bien iba como dos horas antes de empezar la clase y me quedaba leyendo…

Y, sí, amigos, tiene un por qué, traigan al psicólogo: Si me pidieran que describiera a mi viejo en una imagen, diría “leyendo”. Si me pidieran que describiera a mi abuelo en una imagen, diría “leyendo”. Con el agregado de que cada vez que iba a visitar a mi abuelo me inundaba el olor a libro de páginas marrones que emanaba de su biblioteca.

Ese olorcito aún hoy me emociona encontrarlo en los libros viejos ya que me recuerda a él.

Cuando voy a la casa de alguien, lo primero que miro es los libros en la biblioteca. Y si entro en confianza, saco alguno, lo hojeo, pregunto cosas al respecto, etc. Sean del tema que sean.

Tuve épocas con los libros: Durante la adolescencia leía novelas que me prestaba Araceli, esas novelas para adolescentes; también leía libros cristianos que me prestaba la hermana Marisa del colegio, que, se imaginarán de qué temas trataban además del tono moralista, pero bueh, no está demás leerlo cuando tenés esa edad.

Después me agarró una etapa mística y leía el Nuevo Testamento!

Y cuando empecé el profesorado no me permití leer más en castellano ya que tenía que aprovechar al máximo la oportunidad de expandir más mis conocimientos del inglés. Así que todo lo que leía eran clásicos, sobre todo Charles Dickens que adoro, adoro y adoro!

Así seguí hasta hace unos años cuando me vine a vivir aquí. Ya que estoy acá, me dije, aprovechemos para leer algo más contemporáneo. Entonces empecé a leer novelas en tono de humor pero empecé con una biografía de la reina actual y de ahí sin escalas hasta leer biografías y libros de historia! No puedo parar!

Yo creía que leía poco, pero contando, tanto en el 2006 como en el 2007 leí 9 libros en cada año. Es mucho? Es poco?

Hace muchos años, cuando me hice socia de la biblioteca del instituto donde había estudiado inglés (esta vez siendo alumna del profesorado) pregunté si de casualidad tenían mis tarjetas de cuando estudiaba allí. La buscaron pero no las encontraron. Una lástima. En ellas estaban anotados todos los libros que yo había leído desde los 8 a los 17 años.

Otro tracito de historia que se perdió.

Oral y Escrita

I could be wholesome
I could be loathsome
(Grace Kelly – Mika)

Aprendí mi lección: Uñas cortas conservan la amistad.

Cuando uno lee, no sólo se informa sino que interpreta. Y al mismo tiempo, uno lee e interpreta con esa vocecita interior que todos tenemos y le da vida al texto. E imaginamos el tono de voz y las expresiones en la cara de quien escribió algo y procesamos todo eso de tal forma que lo que leemos nos puede caer bien o no.

Yo hablo hasta por los codos y gesticulo mucho y muevo las manos, la cabeza, hablo en voz alta, y andá a saber qué otras monerías hago.

Para que te des una idea, una vez una amiga me presentó el novio y a los 5 minutos de haber empezado a hablar no sé qué estaría contando pero levanté las manos y le clavé toda mi uña al pobre santo, en el ojo! Se tuvo que ir al baño a chequear que todavía tuviera córnea!

Y ésto a qué viene? A que yo muchas veces escribo como hablo, por eso te encontrás con muchos signos de admiración, muchas letras repetidaaaaaaaas, muchas comas, pocos puntos.

Porque quisiera hacerte leer un texto vívido, lleno de «gestos» para que no te parezca chato.

Pero, después mi querido/a, como lo interpretes vos, yo ahí ya no tengo nada que ver.

Si hay algo que te cae mal, échale la culpa a tu imaginación.

A la palabra oral se la lleva el viento. A la escrita, tu interpretación.

Gracias Totales

Nothing comes from nothing
Nothing ever could
So somewhere in my youth or childhood
I must have done something good
(Something Good – The Sound of Music)

Se acercan las fiestas y por aquí casi por cada cosa que comprás, te dicen que donan algo para caridad, hay niños cantando villancicos y otros pasando juntando dinero para instituciones, etc.

Tal vez tenga que ver con un mea culpa que muchos hacen a esta altura del año o quizás con eso de sentirse culpable por comprar y gastar de más, entonces hay que colaborar con los que no tienen… De cualquier forma que sea, está bien.

En otro orden, yo quisiera ser invadida por este espíritu navideño y en vez de estar pidiendo disculpas por lo que me toca, me gustaría este año dar las gracias:

– Gracias por el marido maravilloso que tengo con quien me divierto, me enojo y me vuelvo a reír.

– Gracias por el país divino donde me toca vivir en estos momentos. Me da gusto pagar los impuestos aquí.

– Gracias por la familia que tengo en Argentina, mis viejos, mis tíos interminables, mis primos que a la vez me dan más primitos, mis vecinos y sus hijos que no paran de darme vecinitos, mis sobrinos que, che, ya que son tantos, podrían darme más sobrinitos nietos.

– Gracias por mi gata, arisca y arrogante, orgullosa y quisquillosa, una negra que ya tiene 13 años, toda una adolescente. No te tengo miedo, no te hagás la mala con tu madre.

– Gracias por haber visto a todos los que vi la otra vez que fuimos.

– Gracias por el presente que me toca vivir.

– Gracias a vos por leerme.

Felices Fiestas.

Viajar

Desde que nacemos, hay mucha gente que influye en nuestras vidas.

Demás está decir que los padres son los primeros pero a medida que vamos creciendo, hay muchas otras personas que, a veces con una actitud o una frase, nos marcan para siempre.

Hace poco me puse a pensar de dónde habré sacado las ganas de viajar.

Hasta no hace mucho yo creía que si vos ahorrabas un poco de plata, lo más normal era irse de viaje si no tenías otro proyecto a la vista.

Pero hablando con muchas personas, me dí cuenta de que sí, les gustaría viajar pero o no tienen con quién ir, o no se animan, o les da un poco de miedito…

Entonces traté de revisar mi vida “hacia atrás” y descubrir qué o quiénes influyeron en mis ganas por viajar ya que cuando estuve sola, viajaba sola y si tenía un novio, pues viajaba con él.

(Ahora por suerte viajo con mi marido con quien me divierto muchísimo, salvo camino al aeropuerto y en el avión ya que se pone insoportableeeeeeeeeeeeeeeeeee con sus refunfuños!!!)

Primero pensé en mis viejos: pero no, paseábamos mucho hasta los 6 años, pero no íbamos más allá de Mar del Plata u Olavarría.

Después pensé en que tal vez mi abuelo, que era italiano, me transmitió “el gen de la aventura”. Es que venirse de Italia en barco, para siempre, soltero y solo, después de haber sufrido la guerra, es toda una odisea!

Pero luego apareció ella. Y recuerdo una foto que vi a mis, creo yo, 4 años y que la tengo en mi memoria y es imborrable.

Ella sentada sobre unas rocas, en Bariloche (del lugar no estoy segura), peinada igual que Jackie Kennedy, con una vincha, anteojos oscuros y vestida con unos pantalones ajustados hasta los tobillos, con zapatos chatos y mirando de costado: mi prima Irma.

Irma, en realidad, es prima hermana de mi papá. Sería entonces mi prima segunda. Cada vez que íbamos a Azul, yo miraba esa foto y me maravillaba verla en un lugar lejano y sola y tan feliz!

Sin saberlo ella (y yo menos!), la imagen que a mí me transmitía esa foto era de una mujer independiente y autosuficiente que no necesitaba de una compañía masculina para viajar o ser feliz o vivir. Simplemente ella viajaba con grupos de gente y en las fotos, ella divina y sola.

Seguí visitándola de más grande y siempre tenía algo para contar de algún viaje, siempre había una foto para mostrar.

Entonces comprendí que sí, verdaderamente Irma fue quien despertó en mí las ganas de pasear, de conocer lugares porque la foto me decía que viajando uno es feliz.

Y les puedo asegurar que, por experiencia propia, es verdad.

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