Reflexiones

Balance De Una Década

Should auld acquaintance be forgot,
and never brought to mind ?
Should auld acquaintance be forgot,
and auld lang syne ?
(Auld Lang Syne – Robert Burns)

Cuando era chica, me imaginaba a mí misma en el año 2000 y hacía cuentas y calculaba que iba a tener 30 años. Me veía una señora grande, con su marido y sus dos hijos, con un vestido de gasa de colores, con unas sandalias doradas y peinado elegante.

Nada más lejos: El 2000 me encontró soltera, sin novio y con el fin de año sin saber dónde ir de viaje, o sea, se me había venido el mundo encima y yo con esas mechas!

En los años que siguieron,

  • lo que comiera de más se empezó a notar
  • nacieron mis tres sobrinos-nietos
  • participé en el programa de Susana Giménez
  • conocí a Ale
  • nos casamos al año
  • me consolidé en la enseñanza en empresas
  • iba al supermercado y compraba comestibles para un par de días por $10
  • a Ale le surgió una oportunidad trabajar en Londres…

… Y desde que vivo aquí, siento que mi década puso PAUSA. Estoy mitad aquí, mitad en Argentina, dividida por el sentimiento de pertenecer y no pertenecer a ninguno de los dos países, una ambigüedad que es difícil de explicar y creo que es mejor no ahondar en tanto análisis porque analizarlo supone, para mí, un esfuerzo descomunal por miedo a concluir vaya uno a saber qué.

Más adelante entenderás el por qué de este video.

Bello.


Mi balance de esta década es positivo. Agradezco a los planetas, a los dioses, a los mayas o a los aztecas por la familia en la que me tocó nacer, por los países donde me toca vivir, por el marido maravilloso que conocí, por la gente que encuentro y por la dicha de tener un blog y sentir cariño real y virtual de tu parte. Mil gracias. Feliz Año.

Convicciones

Creo no ser una persona extremista en cuanto a ideas políticas o religiosas o las que sean. No es porque soy un monumento a la moderación sino que no necesito aferrarme a ninguna idea y hacerla bandera para sentir que tengo un propósito en la vida. Qué se yo, a lo mejor más adelante sí tenga la necesidad de defender una causa.

A veces me gustaría tener las agallas de, por ejemplo, las personas que son vegetarianas. Yo huelo un asado y me derrito, la carne es débil, yo no puedo no comer carne. Me encanta. Pero también me gustan las verduras. Pero no podría ser nunca vegetariana completa por más que me expliquen que es un animalito lo que estoy comiendo, que soy cruel, etc.

En la escuela me acuerdo muy bien (y, valga la frase, se me hizo carne) de algo que nos decía la hermana Marisa: «No importa que la mayoría haga algo, no por eso tenemos que hacerlo también nosotros. Si está en contra de nuestras convicciones, no lo hagamos. Respetemos nuestras ideas.» Me parecía genial.

Qué importa si todo el mundo tira un papel en el suelo, qué importa que venga el barrendero, yo no lo tiro. Qué importa que muchos te quieran hacer creer que un porro no hace nada, yo no te lo fumo, gracias. Y así.

Aunque el otro día, mirando vidrieras me dí cuenta de que cada vez que veía un sweater que decía «angora», me alejaba. Es que siempre me acuerdo de un documental que vi de cómo a los conejos de angora les arrancaban los pelos: los sacaban de una jaula, se los arrancaban tironeando y al pobre conejito lo devolvían a la jaula pelado, rojo y ardido.

Hace muchos años que vi eso y no me lo olvidé más y desde ese momento decidí nunca nunca comprarme ni ponerme un sweater de angora.

No importa que mi acción no tenga un impacto directo sobre esta práctica. Pero es mi convicción y pienso mantenerla. Así que yo rechazo los sweaters de angora.

Ustedes qué rechazan con pequeñas acciones cotidianas? Cuáles son son convicciones?

Equilibrio Estomacal

El cuerpo pareciera que me está diciendo BASTA. Hacía bastante que no lo hacía, en la adolescencia y temprana juventud me pasaba un poco más seguido.

Pero no porque comiera más a lo bestia que ahora, sino que me parece que el estómago estaba más alerta (divagues míos, qué se yo, pero uno se conoce un poco a esta altura de la vida, no?)

Durante la semana almuerzo muy sano, ensalada siempre con pescado o pollo y fruta y ceno sopa. Los viernes hago pizza a la noche. Los fines de semana me olvido de todo y almorzamos/ cenamos a las 3 o 4 de la tarde. Y ya.

Tengo mis estrategias para tener una buena digestión: a mí me ayuda mucho tomar mate cocido a la mañana y comer lechuga en las comidas. Si pasan más de tres días sin que yo ingiera estas dos cosas, el cuerpo empieza a sentirse mal. Todo me cae fatal y siento como si tuviera el estómago lleno y comida hasta la laringe.

Para colmo, no me gusta tomar digestivos o remedios, así que si me siento mal me la aguanto retorcida en la cama, sin dormir, con bronca, con llanto, con quejidos pero no-te-tomo-nada.

Anoche, bah, hoy a las 4 de la mañana me levanté tras haber dormido sólo 2 horas. No podía dormir de la pesadez que tenía y sucumbí a Tomá-Mylanta Alejandro. Le hice caso. Tomé Mylanta. Me dormí algo y hoy a la mañana sigo iguaaaaaaaalllllll.

Ya me tomé mi mate cocido con mucho azúcar. Y estaré sin comer hasta que sienta que se me haya destapado el estómago.

También! Me acordé de que esta semana pasada las ensaladas que comí ninguna tenía lechuga. El viernes la pizza, el sábado comida mexicana, el domingo comida americana sureña (qué costumbre que no comprendo de ponerle salsa a un buen cacho de carne asada!)

Cómo se cuidan antes o después de las comidas ustedes? Y ahora que vienen las fiestas, qué hacen? Ideas?

(Feliz lunes. Más de uno debe estar igual…)

¿Viento de Cambio?

Take me to the magic of the moment
On a glory night
Where the children of tomorrow share their dreams
With you and me.
(Wind Of Change – Scorpions)

Cuando uno es adolescente cree que va a cambiar el mundo y que puede hacerlo con pancartas, posters, poemas y participando en un programa de la tele. Esto es, cuando sos un adolescente más o menos sano y no se te cruza por la cabeza andar tirando molotovs para hacerte oír.

Y entonces cuando ocurren hechos como el de hace 20 años escuchás en ese momento a los adultos de siempre que, o bien por puro oportunistas o para llenar espacios en los diarios o la tele, balbucean teorías del mundo mejor que se viene para las generaciones futuras, para esos jóvenes llenos de flores en los ojos y pajaritos inocentes en la cabeza.

Pero los adolescentes idealistas estudiamos, empezamos a trabajar, empezamos a vivir vidas de adultos y nos olvidamos de que nos habíamos jurado cambiar el mundo. Nos olvidamos, también, entre tanto poema y oda escrita al novio de turno, de que éramos la generación que iba a vivir en paz.

Y en el medio de tanta vida adulta, un día se caen las torres y lo miramos por TV.

Y desde ese momento, todo un espiral…

Ahora soy una casi-cuarentona que se convenció de que las generaciones futuras cometerán los mismos errores que hicieron los que vinieron antes que nosotros y las que hicimos nosotros.

Y mirá que yo nunca adherí a ningún grupo político, no dejé en la calle a empleados, no lastimé ni pasé por encima de otro (todo lo contrario…) y sin embargo, no soy optimista con respecto al futuro…

O sea, para que se me entienda: Yo vislumbro generaciones futuras teniendo los mismos problemas que nosotros, hambre, guerras, políticos corruptos… Creo que si tuviera hijos le pondría unas fichas a un futuro de color rosa. Pero me cuesta…

(Sí, la de la foto soy yo, en 1999. Estoy apoyada sobre un pedazo de muro que está a la entrada del Imperial War Museum en Londres…)

Yo me la creí toda…

Martes 13

When you believe in things
that you don’t understand,
Then you suffer.
Superstition ain’t the way.
(Superstition – Stevie Wonder)


Cuando era adolescente creía en cualquier cosa: desde hacer un Poncio Pilatos (Poncio Pilatos la cola te ato, si no me va bien en la prueba, no te desato y anudaba la corbata del colegio…) hasta leer el horóscopo pasando por sumar los números que aparecían en el boleto del colectivo para ver si coincidía con la letra del chico que me gustaba. De qué servía? De qué sirvió?!?

Incluyo además la creencia de que un martes 13 era un día para tener cuidado y de que guay que te tocara una prueba ese día! Había que ponerse casi de rodillas para rogarle a la profesora que cambiara de fecha!!! Y menos que menos abría un paraguas adentro de una habitación!

También creía en el horóscopo chino pero, más que nada, en cualquier cosa que me diera una pista para descubrir la identidad de mi príncipe azul o cómo sería mi vida de adulta.

(Si fuera por dar pistas, entonces tendría que prenderle una vela a San ICQ, dado que gracias a él conocí a Ale!)

En fin, con los años y a medida que ganaba confianza en mí misma y veía que si me iba bien en algo era gracias a mi esfuerzo y no a la suerte, me fui despegando de tanta superstición.

Tanta seguridad con respecto a eso tuve siempre que el día de mi casamiento mientras me maquillaba sola, se me cayó el espejo y se me rompió y ni me inmuté. Me acordé de lo que significaba cuando lo conté como al pasar.

Pero sí me quedaron dos cositas de las cuales no me pude despegar nunca: el de tocar madera y el no contar algo por miedo a que no se realice. Cuando hago eso, comprendo a quienes tienen supersticiones porque yo puedo ser re objetiva, viste, y decir qué pavada las supersticiones, pero cuando me toca a mí no lo puedo explicar, es más fuerte que yo y las acepto.

Además, qué puedo decir yo, que un día hace unos años me encontré barriendo el piso, escoba en mano, con mi gata negra caminándome alrededor? Me reí sola al darme cuenta: una bruja total!!!

Ah, sí, sí, eh… Ahora les toca a ustedes contarme sus supersticiones…

Ida Y Vuelta

Este viaje a Argentina fue distinto. Miro las fotos que saqué al principio de mi llegada, cuando todo era alegría y fantasía y me transporto a esos momentos de ignoracia total, cuando no me imaginaba las noticias que me iba a encontrar.

Igual, todos en la familia y amigos y conocidos y bloggeros que tanto apoyo demostraron, estamos poniendo el hombro y deseando que todo sea favorable.

El año pasado mi vuelta había sido feliz, plena. Este año volví un poco más apagada aunque algo optimista.

Tal como aquella vez, estuve con la familia, con amigos y vecinos y recibí mucho cariño de parte de todos.

Les gustaría que compartiera algunas fotos con ustedes?

Viejos no son los trapos únicamente…

Aquí me ven, pueden creerlo, estos son mis 4 sobrinos varones. Las dos chicas estaban ausentes.

Sobrinos «posta», eh, hijos de mi hermana.

Aquí con mis 3 (sí, 3!) sobrinos nietos.

Sobrinos nietos «posta» también, hijos de dos de mis sobrinos.

Yo escuchaba «Abu! Abuela!» e instintivamente pensaba que iba a aparecer mi madre. Pues no, se referían a mi hermana. Mi hermana, entendés, mi-her-ma-na es abuela!

Acá está la nona.

Y mis amorosos, la vida de mis vecinos también se expande…

Hijos de niños que alguna vez tuve en brazos…

Generación del ’80

Oh, si, este año también hubo cena con compañeras del colegio secundario. Por suerte esta vez fuimos más.

Primer plano para las botellas, hic! (Falta Silvana que sacó la foto)

Una gran alegría fue encontrarme con mi compañera de banco de 2do año, Sandra.

Remembering 1984. Nos hacíamos llamar Bingo y Bongo.

Obvio, Araceli fue número puesto y ví a su hermano que hacía como dos hijos (de él) que no veía!

Horror! Sumamos más de 100 años entre los tres!

Experiencia nueva

Por primera vez en mi vida, toqué e hice aúpa un cabrito.

Tenía 4 días de vida, qué ternurita.

Me Había Olvidado…

… de que podés encontrar, por todos lados, parejas besándose con mucha pasión sin importarles lo de alrededor…

… de que hay que mirar las veredas con atención para no pisar lo que (dicen) trae suerte…

… de que los animadores de la tele no presentan ni hablan: gritan…

… de que los noticieros son shows mediáticos…

… de la humedad que cala los huesos…

… de que la sal sala y el azúcar endulza…

… de que el pan tiene gusto a pan…

… del aroma a bondiola a la parrilla en la Costanera Sur…

… del color camel y la costumbre de combinar colores…

… de la resignación que se siente sobre una camilla cuando una está a punto de ser depilada…

… del pelo largo en los hombres…

… del sufrimiento futbolero…

… de que al cruzar la senda peatonal, la prioridad la tenga el conductor…

… de las «sh» en «sho», «sha voy», etc..

… del «en qué te puedo ayudar, mami«…

… del «trajiste el bonito así te doy el numerito para el turnito«…

… del pelo largo y /o rubio ceniza en las mayores de 35…

… de las ganas de querer salir adelante a pesar de todo…

… de la importancia que se le sigue dando al estudio…

… del afecto a flor de piel que tienen todos…
Me había olvidado pero, por suerte, me lo hice recordar.

El Poder De La Oración

Sabés que sí? Sabés que gracias a vos hay una pequeña luz de esperanza?

Sé que no debo ser naïve ni entusiasmarme demasiado pero el mismo domingo que escribí el último post, algo, alguito pasó.

Queda mucho por recorrer pero me has ayudado, nos has ayudado y pasaba para agradecerte.

Gracias.

Cuestión De Fe

No soy una persona religiosa pero tampoco digo que soy atea: Decir que sos ateo es afirmar que existe un dios.

No creo en los ángeles ni en las vírgenes ni en los santos ni en el feng shui pero a lo que sí le tengo una fe ciega es a la fe de los demás.

Confío plenamente en la fe de quien cree, de quien reza, de quien hasta prende una vela para desear el bien.

Me acuerdo de que cuando mi hermana estaba muy grave, yo llamaba a mi tía en Olavarría que junto a su familia es devota de la Virgen de la Loma y le pedía que rezara. Mi tía y mis primos cumplían y hasta iban caminando hasta donde se encuentra el altar, al costado de la ruta.

Por eso en estas horas que me toca transitar te pido a vos que si sos una persona de fe, reces. Reces por alguien muy cercano a mí porque tengo plena fe de que vos vas a poder lograr mejorar algo.

Gracias desde mi corazón.

NoLuda

Una de las frustraciones que trato de aceptar (qué gracia, cerca de los 40!) es que siempre fui muy poco lúdica. De chica me entretenía jugando mayormente a tres cosas: a la mamá, a la maestra (siempre!) y a la secretaria. Menos lo primero, de adulta cumplí con esos delirios de infancia.

Pero admito que siempre me aburría jugar a los juegos de mesa. El único que me entretenía era el ludo y un poco el dominó. Jugaba a las cartas (al culo sucio, a la casita robada, al chinchón) pero hasta ahí.

Desde la adolescencia hasta acá, jamás jugué a ningún juego de mesa, a excepción de un par de veces al Pictionary. Nunca le encontré sentido a la reunión de gente grande para ponerse a jugar.

«A jugar! Por qué mejor la gente no se junta a hablar, a contarse cosas, a filosofar… Cómo se entiende que uno pase el tiempo entretenido en algo que no lleva a nada?!?!» me quejaba yo con mi bocota charlando con mi suegra que es miembro de la Asociación Argentina de Scrabble

(Casi me muero de la vergüenza cuando me dí cuenta! Pero como es una divina, nos terminamos riendo juntas!)

Tampoco nunca me subí a un árbol ni volé un barrilete. Esas cosas las hacía mi hermana quien siempre se llevó bien con los varones. En realidad yo no me llevaba bien con nadie; es que no concebía jugar sin reglas claras o sin respetarlas.

A la tierna edad de 3 años recuerdo estar en la guardería de un hotel en Córdoba jugando al Lobo Está. Y había un niño que hacía cualquier cosa, iba para cualquier lado y me fui acercando de a poco hasta estar muy cerca de él (se ve que iba a poner un poco de orden) hasta que una de las que nos cuidaba me tomó del brazo delicadamente y me dijo «Dale, corramos que viene El Lobo» y me alejó de allí.

A los 4 años mis padres recibieron el reporte trimestral de mi jardín de infantes (el cual todavía conservo) donde cláramente se lee «Últimamente Alicia se ha mostrado bastante autoritaria con sus compañeritos».

Sorpresivamente de adulta empecé a tener con el niño que se me cruzara y en el idioma que fuera, afinidad, la que me faltó cuando era chica. No dudé nunca en engancharme a jugar con los niños como si fuera una más y reconozco que donde voy, si hay niños, quién sabe por qué, les llamo la atención.

Pero no podría juzgar mi niñez desde la adulta que soy: Siempre fui mandona y si estaba sola, jugaba igual. La soledad no era motivo para no dejar de hablarle a alumnos imaginarios mientras jugaba a la maestra ni tampoco me importaba que la única compañía para jugar a la mamá fuera mi muñeco. Como fuera, la pasaba bien.

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