Reflexiones

Marie Kondo Y Yo

Compré el famoso libro el 9 de enero de 2016. Todo el 2015 había estado leyendo en las redes loas a la muchacha y decidí leer de qué se trataba tanto fanatismo.

Recuerdo leer el libro de a pedacitos. De a poquito. Porque, sabés? Me hacía mal. No mal en el sentido  de que lloraba pero me ponía muy incómoda leyendo sobre el orden. Porque no soy ordenada por naturaleza y por más que ordene, siempre estoy sintiendo que, cuando lo hago, me estoy traicionando a mí misma.

Va a sonar más raro todavía decir que me traumó y por un año no pude leer un libro. Nada. No, no sé qué fue lo que este libro urdió en mi inconsciente pero realmente, algo tocó.

Al cabo de un año pude retomar la lectura normal de libros y la vida siguió linda hasta que vi que en Netflix está la serie de la chica. La puse y duré un episodio. Y esta vez no fue porque me haya vuelto a traumar sino porque es aburridísimo ese programa! Encima ella no habla inglés entonces no veo hasta qué punto puede hacer llegar su mensaje más allá de las risitas de rigor.

Por lo que sigo leyendo en las redes, Marie Kondo is back y ahora sí dividió las aguas entre aquellos que están de acuerdo y aquellos que no.

Y yo de qué lado estoy? Yo estoy del lado NI porque ordeno cuando tengo que ordenar y si se trata de despojarme de cosas, ya lo hice mucho antes de que la Kondo escribiera su librito.

Porque emigrar implica:

  • Tirar cartas de novios que pensabas ibas a guardar toda la vida.
  • Regalar ropa y zapatos.
  • Donar equipos de música y tele.
  • Regalar CDs.
  • Regalar muebles.
  • Vender material de trabajo.
  • Repartir entre familia muchos recuerdos y fotos.

Y lo que pensé que jamás iba a hacer: regalar mi biblioteca entera. Completa. Todos los libros que había leído, que estaban orgullosa y mononamente puestos en la biblioteca.

Ya estoy despojada de todo lo que alguna vez creí me daba identidad y afianzaba mi historia.

Marie Kondo, creo que leerte fue revisitar eso que tuve que hacer al venirme a vivir acá. Ahora entiendo.

Pero no has logrado cambiarme, muchacha: Soy ejemplo de que se puede vivir sin todo lo que soltás y, al mismo tiempo, ser desordenada!

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