London

My birthday

Se me nota feliz? Fuimos a cenar a un restaurante al que yo siempre quise ir (Booxwood Café) y cuando llegaron los postres, noté que un mozo le había puesto una velita a un marshmallow. Yo no desconfié nada ni pensé que era para mí porque yo había hecho la reservación por teléfono. Entonces cómo podían saber los mozos acerca de mi cumple?

Pues Ale, con la excusa de que fue al baño, habló con el maître d’ y le dijo que era mi cumpleaños y me decoraron el platito con un muy británico “Happy Birthday Alicia” de chocolate!!!



Elecciones

– Ay, Alicia, llegaste y con este calor! Qué querés tomar?

– Agua, gracias, Marian.

– Agua?!?! No preferís un jugo de naranja, una gaseosa? Una cerveza?

No, gracias, no tomo alcohol.

Todavía no? Cuándo vas a empezar?!?!

Palabras más, palabras menos, esta es la conversación que siempre tengo con la mamá de Jonathan cada vez que nos vemos.

Como ayer a la tarde no trabajaba, fui a lo de Jonathan porque había elecciones locales y quería ver cómo era, cómo se vota, en vivo y en directo.

“Mirá que no son elecciones nacionales,” me previno. “No importa,” le aseguré. Y ayer, con todo el calor, me acerqué hasta Teddington.

Lo que se votaba sería como una especie de diputados provinciales que tienen representación en el parlamento. Antes de ir, Jonathan me estuvo aleccionando de cada cuánto se eligen, cuántos van por cada localidad, etc. Incluso había localidades que elegían intendentes, otras no – porque directamente no lo tienen! Hubo muchos años antes una especie de referéndum donde se le preguntaba a la gente si querían intendentes y algunos votaron que si, otros que no, y los que votaron afirmativamente, pues eligen su intendente y los que votaron que no, no lo hacen. Así de simple.

También estuve yo contándoles cómo es el sistema en Argentina y Marian pensaba que las boletas tenían las fotos de los candidatos, para la gente analfabeta. Le dije que no, y que de eso se encarga el presidente de mesa.

Bueno, pero mi mail es para contarles curiosidades, desde mi punto de vista argentino, por supuesto. Les paso a describir lo que me llamó la atención:

No existe ni el feriado y tradicionalmente se vota un jueves. Tampoco existe el voto cantado: Uno puede decirlo, puede llegar al lugar con gorro, bandera y vincha, que está todo bien. Tampoco se muestra identificación alguna ni es obligatorio ir.

Cuando se acerca el día de la votación, a todos les llega una tarjeta con su nombre, dirección, fecha y horario de votación (desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche), dónde vota (con un mapita incluido) y un número de registro. Esta tarjeta uno la puede llevar o no.

A Jonathan le tocaba votar en la biblioteca, que está a la vuelta. Cuando llegamos, habían dos personas sentadas en la puerta, una mujer representando al partido Laborista y un hombre representando a los Conservadores, portando sendas escarapelas del color de sus partidos (lo del gorro, bandera y vincha es re-argentino, che). Le pidieron a Jonathan el número de registro, lo anotaron y pasamos. Cabe aclarar que sólo si uno quiere da el número de registro, si no, sigue de largo. Jonathan conocía a la mujer Laborista y me presentó diciendo “Esta es mi amiga Alicia, de Argentina, que viene a supervisar las elecciones y a controlar que ande todo bien”.

Cuando entramos, en un salón de la biblioteca, había una mesa con dos mujeres. Una tomó la tarjeta de Jonathan, dijo su nombre y dirección en voz alta, subrayó sus datos en una hoja (el padrón) y la otra tomó una hoja (la boleta) y le hizo una marca con una especie de sacabocados y se lo entregó.

Jonathan quería saber qué pasaba si yo iba con la tarjeta de su mamá y decía que era Mrs Ivey. Entonces llamaron a una especie de supervisor que andaba por ahí y se puso a charlar con nosotros. Para esto, Jonathan estaba todavía con la boleta en la mano, como si nada. TODOS como si nada!!! Todo relajado, todo cool. Este oficial nos explicó que si una persona se hace pasar por otra, y se desconfía, puede llegar a llamárselo aparte y hacerle unas preguntas particulares (cuánto hace que vive ahí, si paga impuestos, cuáles, qué se yo, ellos ya saben qué preguntar!) y si así y todo esa persona contesta bien, vota. El sistema está diseñado así, confía en las personas, en que quien quiera votar lo haga y responsablemente. Si se llegaran a dar cuenta de que esa persona no es quien dice ser, se anula el voto. También a este oficial Jonathan me presentó como la amiga de Argentina y yo ya estaba de todos colores.

Llegó el momento de votar y no hay cuarto oscuro. Enfrente de la mesa habían unas especies de mostradorcitos donde uno apoyaba la boleta y marcaba con una cruz hasta tres candidatos de una lista de 8, más o menos. Estaba detallado nombre y apellido del candidato Y LA DIRECCIÓN DE SU CASA!!!!!!!! Yo no lo podía creer. Tampoco podía creer que yo, extranjera, extraña, estuviera al lado de Jonathan mirando cómo marcaba con una cruz sus preferencias!

Marcar con una cruz es la norma, pero uno puede hacer un “tick”, o aun cualquier tipo de marca mientras que se encuentre dentro del cuadro. Incluso, uno puede dibujar una carita que se toma como válido, todo igual dependiendo del criterio de quien sea el presidente de mesa.

Cuando ya estuvo marcada la boleta, Jonathan la puso dentro de una caja de plástico, a través de una ranura y nos fuimos y yo tengo su tarjeta como sourvenir.

Qué tal, eh? Qué distinto. Todo el tiempo en que Jonathan hablaba, preguntaba, me presentaba, y etc., yo me sentía re-incómoda, sentía que estaba en falta, que no estaba bien, por estar tan acostumbrada a las formalidades del sistema de Argentina. En fin, estuvo interesante y divertido.

Cuando llegamos, Marian nos estaba esperando para tomar el clásico e inglés té de las cuatro de la tarde.

Buen Ayre en Londres



Hoy salimos a
almorzar con Ale y un amigo de él con quien había trabajado antes, Sergio, argentino también. Ale nos “invitó” a ir a un restaurante argentino, una parrilla, para comer asado. Se llama Buen Ayre.


Nos encontramos en el restaurant con Sergio y el lugar era chico y no había mucha gente. Creo que había tres mesas ocupadas, contando la nuestra. Pero poco a poco se empezó a llenar y prácticamente eran más los ingleses que los argentinos.

Los mozos eran argentinos. Comimos bien, primero unas empanadas y yo pedí un churrasco con ensalada y Ale pidió un churrasco de cuadril con papas fritas y Sergio un bife de chorizo.

Estuvo muy rico todo, notamos que en el menú no figuraba el asado de tira ni tampoco chinchulines pero sí había chorizo, morcilla, cerveza Quilmes y hasta mate cocido.

Cuando terminamos de comer, los chicos le preguntaron al mozo si había postres con dulce de leche. “Si”, contestó y los chicos dijeron “Bueno, traé el tarro!”.

Ellos pidieron flan con dulce de leche y yo queso y dulce de batata! Cuánto tiempo hacía que no comía eso!!! Y mientras estábamos terminando el postre, noté que los mozos, en la barra, estaban tomando mate. Y ahí se me cayeron las medias. Le pedí al mozo que nos atendía si no me daba un mate y me trajo el mate con una tetera chiquita con agua caliente y Sergio y yo estuvimos tomando unos mates, amargos pero deliciosos! En casa tomo mate cocido, pero no es lo mismo!

Fue gracioso, raro, no sé, ver dos ingleses con un paquete de yerba Rosamonte haciéndose un mate cocido. Notamos también que el restaurante estaba lleno y así y todo, seguían llegando gente pero les tenían que decir que no. Y en dos oportunidades vinieron dos parejas que habían reservado de antemano. O sea, parece que es un lugar conocido. Los precios eran un poco más altos que el promedio, pero, claro, la diferencia está en la carne, che.

Al salir, el frío, la lluvia finita y el cielo nublado nos recordó que estábamos en Londres… pero la pancita llena nos hacía sentir un poquito más cerca de Argentina.

Todo bien

Ah!

Ahora sí! Esta segunda vuelta ya estamos más tranquilos. Ale ya vino con contrato firmado y alquilamos una casa. Vivimos en un barrio precioso, la casa está buenísima, blanca, con unos ventanales hermosos que dan al Thames.

Atentado

Les cuento que hasta ayer yo estaba como sedada pero, no sé, pareciera que ahora me estoy dando cuenta de lo que sucedió. De todas formas e increíblemente, no tengo miedo y sigo viajando a trabajar como siempre.

Ayer en la escuela ni se mencionó lo que sucedió. Quién sabe si está bien, pero les digo la verdad, sirve. Una cosa es estar lejos viendo el horror y otra es tener que estar acá y seguir viviendo.

Así que mi manera de enfrentar esta tragedia es muy inglesa: seguir adelante, seguir trabajando, seguir viviendo.

En las calles sigue todo normal. Está como implícito que si uno se queda en su casa, tiene miedo y no sale es de alguna manera una falta de respeto para quien haya sido víctima del atentado.

Me enteré del ataque en el primer recreo de la mañana, en la escuela donde trabajo. Fue por mis alumnos (niños italianos de 10 a 11 años), que recibieron mensajes en sus celulares de sus padres en Italia, que supe lo que había sucedido. Qué irónico, pensé, en la primer hora les había pedido que dibujaran las cosas que más les gustaba de Londres, y muchos dibujaron el Big Ben, el Parlamento, y al volver del recreo, decidí que continuaran dibujando ya que se los veía bastante tensos.

Yo pensaba: qué hago, cómo hago, cómo se reacciona en situaciones como ésta. Y tuve la respuesta en la calle. En la calle se ve que la vida sigue y que la peor reacción que uno pueda tener es mostrar miedo y pánico: ahí se ve la vulnerabilidad que tanto se aborrece en esta parte del mundo. La gente en las calles sigue tranquila, civilizada, digna. La procesión seguirá por dentro, pero al miedo no se sucumbe.

Y Ale y yo no pensamos tener miedo. Es más, hablamos de cualquier cosa menos de lo que pasó.

Little Venice


Hola a todos, tanto tiempo,

Aquí seguimos en Londres, disfrutando de TANTO calor, no se imaginan, el sol da con todo, no llueve y se ven muchas caras coloradas y mucho color camarón, también. A pesar de que se sabe que el sol es dañino, no importa, cual porteños, aquí los ingleses también se tiran a tomar sol en cualquier centímetro cuadrado donde no haya sombra. Aunque los efectos no sean los mismos ya que estas sajonas pieles blancas no lograrán jamás ell uniforme bronceado pampeano. Además, Ale y yo huimos del sol y ya me compré un monono sombrero para usar en todo momento.

El sábado pasado, a las 2 de la tarde y con más de 30 grados se nos ocurrió hacer un tour a pie por Little Venice (Pequeña Venecia), un barrio muy posh (concheto) que hay por acá. Esta clases de tour no se reservan, uno averigua a la salida de qué estación de subte está el guía y ahí se empieza a juntar gente.

El guía muy simpático y divertido, era un ex barítono que cada tanto recitaba algún poema o cantaba una canción, según lo que estuviera describiendo.

El lugar se llama Little Venice porque a principios del siglo 20 se construyó un canal y cuando lo visitamos, nos dimos cuenta de que hay un montón de barcos anclados, barcos parecidos a esos largos que hay en el Tigre y que se usan como vivienda. Hay mucha gente viviendo allí pero el más simpático resultó uno que se autoproclama King (Rey) of Little Venice, que vive en un barco que se distingue por tener en el techo una pequeña góndoloa como las que hay en Venecia. (En realidad el guía nos contó que es un pequeño kayak convertido en góndola para decoración). Y en eso el guía gritó : “Hey, Dennis!” y por la ventana apareció Dennis, un viejito de pelo blanco y en camiseta, levantando su mano y saludando en el estilo que lo hacen los reyes, una y otra vez.

Generalmente los domingos vamos a algún pub a comer el tradicional “Sunday Roast” (una especie de asado) pero, en realidad, dentro de lo que se denomina así se incluyen distintos tipos de comidas. Cada fin de semana me convenzo más de que el mejor lugar donde comer barato, bueno y bien y mucho es en los pubs, donde la comida es casera y deliciosa, bien presentada y al precio de “comen dos y paga uno”.

Y el lunes invitamos a mi amigo Jonathan a ver una película argentina que se está dando acá y de la que hay posters en todas las estaciones de subtes. Se llama “Bombón, el perro”, de Carlos Sorín. A mí me pareció un poco lenta, a Jonathan también pero a Ale le encantó. La gente se reía bastante, pero creo haber escuchado alguna que otra acotación en argentino proveniente del público.

No tengo idea de qué haremos el fin de semana entrante, pero parece que esta racha de buen tiempo se terminará el viernes. Aunque supongo que lloverá un poquito y luego volverá el calor, ya que como diría Crónica TV “ESTALLO EL VERANO!”

Guerra de las Galaxias

Cómo va todo?

Acá estamos bien, yo contentísima con mis dos días de trabajo y ya tengo vacaciones! Lo que sucede es que toda esta semana hay vacaciones en la escuela y retoman la semana siguiente y siguen con los exámenes y ahí retomaría yo como “vigiladora”.

La verdad es que por lo que pude observar, a las chicas (porque fui a un colegio de chicas) las tienen re-cortitas, son re-sargentonas las profesoras y tienen recontraprohibidísimo hablar durante los exámenes; si quieren ir al baño, tienen que ser acompañadas por un “invigilator”, tienen recontra prohibido que les suene el celular. Es más, el celular no puede entrar a la clase. A los exámenes entran con cartuchera transparente y si no, los lápices sueltos.

Una cosa me causó gracia: El viernes estuve yo sola frente a una clase y justo cuando ya estábamos por empezar, entra la secretaria a traer unos papeles y yo les estaba diciendo que tenían una hora y media para hacer el examen. Entonces miré mi reloj y vi que eran más o menos nueve y doce, entonces dije, “bueno, empieza a las 9.15 (como para redondear) y termina…” y las chicas alarmadas me dijeron “no, no, mire el reloj!” Y vi, y eran 9.08. “Ah, bueno” dije” empezamos 9.08 (y mientras escribía en el pizarrón)” y la secretaria me dijo “no, ahora son las 9.09”.

Ufa! Tuve que borrar y ahí se empezó el examen. Y terminé a las 10.39 clavadas!

El jueves, después que terminaron un examen, las chicas tuvieron que ir a un lugar aparte para que no se mezclaran con otras que estaban por dar el mismo examen una hora más tarde y tuvimos que llevarlas (otras invigilators y yo) a otro salón, el de computación, para que sean vigiladas para que no hablaran por teléfono ni salieran a ver a las amigas para contarles cómo era el examen.

Así que las estuvimos vigilando, las chicas mientras tanto miraban cosas en internet, si querían ir al baño o a comprarse algo para comer, íbamos con ellas y las acompañábamos.

Este lunes es feriado nacional, no sé por qué y nosotros iremos a pasear, ayer fuimos a Wimbledon a pasear por la ciudad que es muy linda.

Hoy fuimos a Leicester Square y comimos unos helados y mañana no tenemos ni idea.

Otra cosa divertida que nos pasó fue que el miércoles a Ale la empresa le regaló dos entradas para ir ese mismo día a una función especial en un cine para ver Star Wars. Era una función para clientes y empleados de su empresa.

Muy ceremoniosos, antes de que empezara la película, habló no sé si un jefe y habló de la empresa y qué se yo, y luego, al terminar dijo “y bueno, para agradecerles que hayan venido, vamos a regalar siete sables láser y cinco máscaras de Darth Vader”.

Les cueno que los sables láser andan a pila y tienen luz de verdad y ruido cuando uno los mueve y las máscaras de Darth Vader son de tamaño real y tienen efecto de sonido como por ejemplo, la famosa respiración del malvado Darth. Los sables vienen en varias versiones, para niños y la versión para adultos es igual a los sables de la película. Estos últimos se regalaban.

Y como les iba contando, el jefe dijo, “bueno, fíjense abajo de sus asientos”. Y abajo de los asientos no teníamos nada y veíamos como otros encontraban tarjetas que decían lo que se habían ganado.

Como había algunos asientos vacíos, Ale se fijó debajo de algunos y encontró una tarjeta que decía que se había ganado un sable!

Después empezó la película y yo a los 15 minutos, obviamente ya estaba re-dormida y solamente me desperté 15 minutos antes de que terminara.

Y cuando terminó la peli, bajábamos las escaleras y a mí se me dio por mirar debajo de los asientos de la primera fila y veo una tarjetita…y era para un sable!

O sea que los dos nos volvimos a casa con un sable cada uno, dentro de sendas cajas divinas y la gente en el subte nos recontramiraba y algunos nos decían “qué bueno, yo quisiera uno”.

Otros segúramente pensarían que los compramos de grandotes inmaduros para jugar a la Guerra de las Galaxias en casa. Nada más lejos, aunque cuando llegamos, Ale le puso pilas a uno y la luz que se enciende es rojo fosforscente y hace ruidos como en la película.

Tuvimos suerte, es vedad.

Gasoleros


Este fin de semana estuvo muy bueno, fueron unos días de calorcito y mucho sol, por suerte.

El sábado fuimos a Notting Hill y luego a Kensington Gardens y el Palacio.

En Notting Hill fuimos al mercado, mucha ropa y muchas frutas y muy lindo. Miramos y miramos y muy bien gracias.

Después caminamos hacia Kensington Gardens, ahí nos sentamos y comimos nuestros sandwiches. Ya eran como las 3 de la tarde y pensar que una semana atrás a esa hora me estaba despidiendo de mis compañeras de CAECE. (snif!)

Luego caminamos hacia el Palacio, donde vivió Diana, o sea, Kensington Palace. La entrada £12, así que nos fuimos hacia la puerta, nos sacamos una foto y dijimos que pagaremos cuando yo encuentre trabajo.

Luego fuimos a la fuente que se construyó en su memoria.

Y a casa.

El domingo, ayer, fuimos al zoo y cuando fuimos a la entrada y vimos el precio de £14, dimos media vuelta y dijimos que al panda lo vemos cuando yo encuentre trabajo. (en el zoo pagan hasta los niños, £10.75 c/u!!!!)

Luego nos fuimos caminando hasta Camden Town Market, otra feria y esta vez compramos comida griega para comer mientras nos sentamos en un puente, viendo un lago, río o lo que sea, tan inglés como marrón.

Y luego tomamos te con doughnuts (o donas o rosquillas, bah) y a eso de las 5.30 todos los puestos de comida empiezan a “rematar” y te ofrecen lo mismo de antes pero a mitad de precio. Ale no se hizo esperar y se dejó tentar por pollo conarroz y curry y no sé qué más!

Vieron cómo disfruto Londres? No me gusta así! Tenemos que cuidar cada pound, cada moneda, y nada que ver como en la época en que todos éramos millonarios y cobrábamos en dólares.

Tengan en cuenta que cada pound vale $5.75. Así que ahora entienden por qué no fui a ver al panda?

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