Familia

42 Años De Sui Generis

Es larga la carretera
Cuando uno mira atrás.
Vas cruzando las fronteras

Sin darte cuenta quizás.
(Canción Para Mi Muerte – Sui Generis)
 
 Charly y Nito. (Sí, niños, ese de anteojos es Charly García!!!)

Tenía 6 años, mi hermana 5, Sergio 4 e Ileana 2. Éramos vecinos y nos veíamos todos los días. Era muy raro que jugáramos juntos los cuatro porque nos repartíamos: Generalmente en casa jugábamos Ile y yo y al lado, Mari con Sergio. Tal vez me pasaba al lado cuando tenía que ir a buscar a Mari y de paso “devolvía” a Ile. 
Habrá sido en esa ocasión que justo estaba Loli (el papá) con la guitarra y, siempre tan didáctico, decidió cantarnos una canción?
“Llamó a su esposa y le dijo:
 ‘Mamá está muerta en el ropero’ “
Recuerdo que los cuatro nos quedamos firmes escuchándolo:

“Ella puso mal la mesa, 
le hundí un hacha en la cabeza…”
Cuántas carcajadas nos producía, sobre todo imaginar un hachazo partiendo la cabeza de alguien como si fuese un dibujito animado! 
“Se comían los pajaritos
Los perros y los gatitos
Y otros bichos que vagaban por ahí.”
Más carcajadas! Imaginaba chicos como nosotros correteando animales por el patio, comiendo cualquier cosa, sobre todo bichos, qué asco pero qué gracioso!
“Yo no sé por qué el sargento
Me llevó al destacamento
Si somos una familia muy normal.” 
Y más risas nos daba escuchar que, a pesar de todo, se trataba de una familia normal.
Nos gustó tanto esta canción que tenía tanto contenido parecido a lo que veíamos en la tele que una y otra vez le pedimos a Loli que volviera a cantarla. Y cada vez que veíamos a Loli con su guitarra, le rogábamos que cantara “la canción rapidita”, porque así sonaba para nosotros ese rock, rapidito.
6 años y primera vez que había escuchado a Sui Generis sin saberlo…

Más adelante en el tiempo recuerdo una propaganda de un disco-compilado de canciones, musicalizada con una de ellas.Y qué tendría yo, 11 años? Ya me sentía un poco  incómoda al escuchar sobre ciertas cosas a una edad en que todo empieza a darte pudor…

“Te encontraré una mañana 
dentro de mi habitación
y preparás la cama para dos.”
Al estar en Córdoba de viaje de egresados con 13 años recién cumplidos, gracias a una compañera, Fernanda, aprendí la letra de Canción Para Mi Muerte (no sabía que así se llamaba). Ella me la escribió en una hoja con su letra chiquitita y me contó que Charly la había escrito para una novia que tenía y se había muerto.
Lo que yo no entendía es por qué cantaba que quería que la novia le preparara la cama si ya estaba muerta… Le estaría cantando a su fantasma?
Empecé el secundario en marzo del ’83 con los últimos cartuchos de la dictadura, y estallaban todo a nuestro alrededor lo que se conocía como Rock Nacional. Yo tenía un cuaderno donde me anotaba las letras de todas las canciones que lograba aprenderme al grabarlas en un cassette de la radio. Me encantaba, me sabía un montón y trataba de estar al día.
Loli ya no tocaba la canción rapidita pero sí me grababa cassettes de sus long plays y como me gustaba mucho Charly García, pues tenía casi todo: Serú Girán, Sui Generis, su etapa solista…
Todas las canciones de Charly me encantaban y particularmente las de Sui Generis eran ideales para poder entender y conocer la adolescencia, ese período que es un torbellino de emociones encontradas.
“Apoyo mis espaldas y espero que me abraces
atravesando el muro de mis días. “
“Quizás porque soy un mal negociante
No pido nada a cambio de darte
Lo poco que tengo, mi vida y mis sueños.”

“Y que me quiera cuando estoy
cuando me voy, cuando me fui
y que sepa servir el té, besarme después
y echar a reir.”

También eran jugadas, decían esas cosas que nos parecían TAN CIERTAS y que tal vez no podríamos nunca expresar por nosotros mismos.

“Y tuve muchos maestros de qué aprender,
Solo conocían su ciencia y el deber,
Nadie se animó a decir una verdad,
Siempre el miedo fue tonto.”

Hasta podrían exacerbar tu rebeldía, no? Si algo que vos pensás aparece expresado en una canción, quiere decir entonces, que tu pensamiento es legítimo y por lo tanto lo tenés que hacer saber como sea!


“siempre fue igual mi profesor
siempre tuvo él la razón.”

Sui Generis ya se había disuelto hace rato, Charly era solista consagrado desde que sacó el disco No Bombardeen Buenos Aires y Nito Mestre estaba por ahí olvidado.

Sin embargo, su arte trascendió a los  grises ’70 y fue el compañero de todo adolescente que creció en los coloridos ’80; unas canciones que expresaban todas tus emociones, pensamientos y pesares porque eran canciones que te reflejaban y te entendían, compuestas por unos chicos tan soñadores, rebeldes y problemáticos como vos, como yo, como todos.

Galletitas Pinolux

Con todo el glamour y buen gusto que me caracteriza, les presento las “Galletitas Pinolux”, galletitas de lavanda.
Qué cosa es eso!??! Galletitas de lavanda?!? Con lavanda de verdad?!?!

Así como leés: Se hacen con flores de lavanda disecadas y preparadas especialmente para la cocina. Pero si tenés flores de lavanda en tu jardín y no están rociadas con químicos y no tenés perro o gato que te las haya meado, también podés usarlas. En ese caso, te sugiero averiguar cómo disecarlas y / o por cuánto tiempo.

También podés comprar lavender sugar que es azúcar con florcitas de lavanda en un jarro pero si no, podés hacerla vos misma.

La receta es súper fácil, lleva pocos ingredientes y te perfuma la cocina para todo el día!

Por qué les puse “Galletitas Pinolux”?

Allá lejos y hace tiempo, existía una marca de líquidos para limpieza de pisos y la marca era Pinolux. Obviamente tenían aroma a pino pero también había de lavanda. (Creo que ahora existe una marca que se llama “Pinoluz”)

Nomás fue abrir el paquete de las flores e instantáneamente vinieron a mi memoria los veranos de mi infancia a la hora de la siesta, en Olavarría. Vino la imagen de mi tía limpiando los pisos con Pinolux y me parece que su fragancia favorita era la de lavanda porque enseguida recordé que a mí me encantaba ese aroma y siempre le insistía a mamá que comprara Pinolux, como la Tía Mema.

Mi mamá NUNCA compró Pinolux así que las flores de lavanda me recuerdan a mi querida tía!

Lo que puede la memoria olfativa!

En fin… Pasamos ahora al presente?

La receta original decía que tenía que usar lavender sugar que se vende en los supermercados. Como yo tenía azúcar Y un paquete de florcitas secas de lavanda aptas para la cocina, mezclé el azúcar con 3 cucharaditas de las florcitas.

Noté que había muchos palillos, como a veces tiene la yerba pero más finitos.

Entonces con paciencia, los saqué. Fue rápido, no eran muchos.

Decidí de todas formas, darle al azúcar con lavanda unas vueltas por la procesadora para que quedara todo más uniformado aunque tenía miedo de que las flores se pulverizaran.

Pero nada que ver! Quedó todo divino, prolijito y perfumado!

Este fue el primer paso antes de comenzar con la receta.

Ahora sí, manos a la obra!

Ingredientes

125g  de azúcar
2 – 3 cucharaditas de flores secas de lavanda
225g  de manteca blanda
300g  harina común
50g de harina de arroz o arroz pulverizado en la procesadora.

Procedimiento

– Separar las florcitas del azúcar con un cernidor y reservarlas.

– Mezclar el azúcar con la manteca en un bowl hasta hacer una crema.

Ahí se ven algunas “pintitas” de lavanda.

– Cernir las dos harinas y agregarlas a la crema de manteca y azúcar.

– Agregar las florcitas que se habían reservado y con cariño y cuidado mezclar hasta que todo parezca migajas o pan rallado.

Así.

– Enharinarse las manos e ir juntando primero y luego amasando las “migajas” con paciencia hasta que se forme una masa. El calor de nuestras manos lo hará posible.

Como esta (masa).

– Poner la masa en un recipiente y dejar en la heladera por unos 15 minutos, mínimo.

– Después de esos minutos, sacar la masa de la heladera y extenderla hasta que logre unos 5mm de espesor.

– Cortar la masa con la forma que más te guste.

– Tratá de levantar cada galletita cortada con una espátula o palita bien finita para trasladarlas con cuidado a la asadera que tenga papel manteca o lo que uses para que no se pegue nada. Cuando una masa tiene mucha manteca hay que tener modales delicados.

– Poner la asadera con las galletitas cortadas y crudas en la heladera por 30 minutos.

Listas para la heladera!

– Prender el horno a 180°C.

– Cuando pase la media hora, poner las asaderas en el horno y cocinar por unos 15-20 minutos o hasta que estén apenitas apenitas doraditas.

– Cuando las retires del horno, con la palita de antes, levantalas una por una con sumo amor (siguen siendo delicadas aún calientes) y ponerlas a enfriar sobre lo que uses para tal caso.

 A mí me salieron como más de 40 galletitas, claro que todo depende del tamaño del cortante.

Qué cómo son de sabor? Deliciosamente suaves! Porque no es que comés una galletita con gusto a perfume, el sabor a lavanda es muy tenue y las galletitas tienen gusto a galletita.

Les gustó? Es una buena y muy original idea para ir practicando para San Valentín, no?

La Importancia De Llamarse…

Al conocer una persona, preguntamos su nombre. Al poco tiempo, y si hay confianza, por qué se llaman así. A veces te cuentan que es por su abuela o abuelo, por un personaje de novela (se acuerdan que hubo un tiempo en que algunos bebés se llamaban “Catriel”?) o porque a la mamá le gustaba mucho un nombre en particular.
En mi caso, la leyenda cuenta que yo nací y mi mamá, al comprobar que no era el Fernando que ella esperaba (no había ecografía en esa época), decidió llamarme María Fernanda.
A las pocas horas cuando llegó mi papá, él decidió llamarme Alicia Ester. (Ojo, lo pidió bien y mi mamá aceptó de buen grado. Así contado pareciera que mi viejo se impuso porque sí. Además, cuando nació mi hermana menor, fue llamada María Fernanda y todos contentos!)
Quién se llamaba Alicia en mi familia? Alguna tía, alguna abuela, alguna prima lejana? Nadie! Nadie se llamaba Alicia.
Mi tía, la hermana de mi mamá, sospechaba: “Pero por qué la llamó Alicia? Habrá sido el nombre de alguna novia?” “No sé,” dijo muy tranquila mi mamá.
Una y otra vez me contaba esa anécdota cada vez que yo le preguntaba a mamá por qué tenía nombre típico  de alguien (que yo consideraba) de otra generación. Las de mi generación son Karinas, Marianas, Andreas…
Y me parecía raro que mi tía haya tenido esa sospecha hasta que…
El primer viaje que hice para Londres, hace muchos años, fue para venir a estudiar. La primera actividad para “romper el hielo” que hizo el profesor, fue preguntarnos a cada uno nuestro nombre y la razón de por qué nos llamábamos as.
Yo era una de las primeras y tuve que responder “no sé”, así que no hablé mucho!
Pero lo que me sorprendió es que hubo como cuatro o cinco chicas que contestaran que sus nombres se debían a una ex novia del padre!
Mi tía no había estado tan errada en sospechar, entonces!
A la vuelta de mi viaje, le pregunté a mi papá por qué me llamaba así y me contestó que porque le gustaban ambos nombres. “No fue por una novia?,” le pregunté. “No,” me respondió muy seguro y sincero.
Se ve que mi mamá y mi papá no fueron de esos novios que se ponían de acuerdo de antemano cómo se llamarían sus hijos… Gustaban de sorprenderse, parece…
Y vos cómo te llamás? Y por qué?

El Té De Los 43

Como es costumbre y tradición desde que vivimos acá, festejo mi cumpleaños yendo a tomar el té a algún lugar monono, con los afectos más cercanos y con quien ande de visita por nuestra casa.

Hace unos años estaba Deborita cuando fuimos a The Connaught, el año pasado estaba Miriam cuando fuimos al Chesterfield Hotel y este año está Laurita, mi sobrina, la más pequeña, la número 6 de la lista de hijos que tuvo mi hermana.

Laurita vive en México y es su primera vez en tierras europeas, así que estaba muy contenta de poder tener la oportunidad de tomar el té comme il faut.

Hay tantos sitios para ir a disfrutar de este ritual que todos los años vamos a uno diferente. Esta vez me decidí por el One Twenty One Two Restaurant que queda en el The Royal Houseguards Hotel.

Este hotel está ubicado muy cerca del London Eye, digamos que está en una callecita entre Whitehall y Victoria Embankment, una zona turística por excelencia pero donde también hay muchos edificios gubernamentales, muy serios y señoriales.

Esta es una foto que le saqué al hotel hace un tiempo, sin saber que luego iría allí!

El té lo tomamos en el Lounge, que estaba decorado Christmas style y estaba hermoso, con tanto colorado, verde y dorado.

Nos habían reservado una mesa para los 4 y estuvimos muy cómodos toda la velada.

El menú ya estaba sobre la mesa cuando llegamos.

Decidimos tomar el The Royal Houseguards Afternoon Tea, que vendría a ser el standard, porque los demás suelen venir con champagne y ninguno de nosotros tomamos alcohol.

Como siempre, yo elijo té negro o English Breakfast que me parece un sabor neutro para poder degustar la pastelería. Sergio, como siempre, pidió Early Grey y Laurita, White Tea. Ale no toma té así que pidió un milkshake de vainilla.

Mientras esperábamos, empezamos a sacarnos fotos con Sergio y Laurita. Estábamos de buen humor y teníamos ganas de pasarla bien.

Hermosa y muy delicada la taza.

Bromeando, levantando el dedo meñique!! (No hagan eso ni en sus casas!)

Yo me colgué el badge que me regalaron el año pasado para que se notara bien que era mi cumpleaños porque cuando eso sucede, en los restaurantes te traen siempre una torta con una velita, te cantan el feliz cumpleaños y, muy distinto a muchas personas que les puede dar timidez, a mí, todo lo contrario! Si me pueden tirar globos, flores, cantos, guitarreadas, yo… todavía más feliz!

Nos trajeron y nos sirvieron los tés, en mononas teteras de plata o alpaca, no las distingo.

Inmediatamente después, lo que comimos.

Finger sandwiches, scones con y sin frutas, clotted cream y mermelada de frambuesas y la pastelería dulce con mousse de vainilla.

Foto y luego, a degustar!!!

Todo estaba delicioso pero lo más rico para mí fue la mermelada de frambuesas, se notaba que era casera, que no tenía aditivos artificiales y tenía el equilibrio perfecto entre ácida y dulce, más dulce, diría yo.

Entre lo mucho que conversamos y lo que comimos, la tarde casi noche pasó muy amena.

La atención de los mozos estuvo bien, correcta pero nos pareció que faltaba un poquito más de… no sé, atención a los detalles: Cuando llegamos, no nos llevaron los abrigos y los dejamos sobre otros sillones.

A lo mejor te sonará muy excéntrico o antipático lo que digo pero no es que exijamos eso cada vez que vamos a comer afuera pero estamos acostumbrados a que a los lugares donde vas a tomar el té sí te llevan el abrigo y ellos se encargan de colgarlos.

Esta vez no fue así y por eso nos llamó la atención que en un lugar de esas características, no lo hayan ofrecido. Y no por eso íbamos a hacer escándalo, tampoco es para tanto.

Una vez que terminamos, decidimos recorrer un poco más el lugar para sacarnos unas fotos, porque estaba todo muy lindo.

 Con el árbol de Navidad.
 Al costado de la chimenea y fíjense qué lindos se ven los edificios desde el ventanal.
Había más chimeneas.
Laurita y Sergio están listos para Caras u Hola!

Y al irnos, nos sacamos fotos en el lobby.

Un sector.

Me encantaron los caballos tallados en el vidrio!

Cuando ya nos estábamos yendo, yo me quejé que no me habían traído algo con una velita (ves, ese es otro detalle) entonces Laurita agarró una velita prendida que estaba sobre la mesa y me la dio para que la soplara.

Qué amorosa mi sobrina! Gracias!

Gracias por este cumpleaños feliz!

Lazos Político-Familiares

Yo tengo lo que llamo el Síndrome Monica Geller: quiero caerle bien a todo el mundo. Tal vez se me hizo carne con tantos años de docencia ya que si a un niño o adolescente no le caés bien, no te aprende.

Entonces en todas las relaciones que entablás, ponés tu mejor cara y por suerte me gusta socializar. Peor sería querer caerle bien a los demás y no querer conocer a nadie!

Por eso cuando veo o noto que me miran de costado o hay cierta omisión, me pregunto por qué y no lo puedo entender. Acá juega mucho el ego herido, claro, “cómo que no les caigo bien, yo que hice / dije / soy bla bla bla”.

 Ahora entienden por qué cocino tanto! (Pero de verdad, lo disfruto!)

Ayer hice un poco de insight:

– Ok, bueno, hay gente a la que no le caigo bien.

– Hay gente que no me cae bien? Sí.

– Qué hago yo con la gente que no me cae bien? La ignoro, la dejo pasar, sigo con mi vida.

– Te molesta que sepas que haya gente que no te cae bien? No, qué me importa, que hagan su vida, yo hago la mía.

– Conclusión: Apliquemos el mismo método pero al revés: Si hay gente a la que no le caigo bien y ellos siguen con su vida, pues yo debo seguir con la mía.

O sea, no tengo que vivir como que pierdo puntos si hay alguien a quien no le caigo bien. Ya está, ya fue.

Nuestros padres y tíos nos han enseñado a nuestros primos y a mí a fomentar las relaciones familiares y es algo que nutro como puedo: estando en Argentina, de visita o llamando por teléfono o desde aquí con mails, chats, llamadas, mensajes, tarjetas, etc. Jamás se me ocurrió ignorar a alguien de mi familia y menos que menos por sus ideas políticas.

Con la única persona que hablaba mucho de política era con mi viejo y si he hablado de este tema con otras personas siempre traté de que fueran con quienes pensaban parecido, no para cerrarme sino para debatir tranquilos y / o aprender más.

No busco hablar de política con alguien que piensa distinto al menos que sea para, también, debatir sanamente. No busco debatir con alguien que piensa distinto para confrontar ni para que cambie de parecer ni para denostarlo por sus ideas.

Y estoy notando, lamentablemente, que por mis ideas políticas hay familiares que… están lejos. Que se han alejado. Pero yo sigo siendo la misma! Si antes estaba todo bien, por lo que yo pienso de política me dejan de lado?

Ahí es cuando cuesta ser indiferente a que te ignoren o que les caigas mal. Pero estoy en el proceso de aceptarlo. De aceptar que es así, que a pesar de los lazos familiares hay temas que te separan. Lo que no quiere decir es que yo también me comporte igual. Lo triste, a mi entender, es que se juzgue a uno como persona por lo que piensa políticamente.

Aunque siempre ha habido temas problemáticos en las familias: la religión, la familia del otro, qué hace o qué no hace…

Sólo que cuando te toca de cerca, duele.

Les ha pasado?

La Realidad Navideña

Claro que me encantaría festejar la Navidad como en las revistas: con un vestido elegante, peinada, con tacos altos, maquillada y sonriente; con la mesa híper decorada y la comida hecha por mí, con mesa dulce incluída.

Pero no. Nunca tuve una Navidad así y por más que cada año aspire a que el sueño se me cumpla, la realidad es que tanto mis Navidades argentinas como las londinenses han sido por demás diferentes a las revistas.

Lo que rescato es que a mí la Navidad no me pone triste porque me trae los recuerdos de mis Navidades de la niñez. La pasaba bien porque yo me creía el cuento de Papá Noel. Para mí él existía y me traía los regalos. No recuerdo haber planteado cómo hacía para recorrer el mundo en una noche o mis padres habrán tenido buenas respuestas para zafar!

Yo estoy totalmente de acuerdo con que los niños crean en Papá Noel, los Reyes Magos, el Ratón Pérez… solitos se darán cuenta que no existen pero el mientrastanto es mágico. No hay nada que se compara con las caritas de los chicos cuando descubren los regalos y cuando los abren!

Si los padres no quieren “engañarlos”, ok, cada uno educa a su hijo como quiere pero tampoco es bueno que vean como algo negativo que un niño crea en  un poco de magia durante su infancia. Porque la infancia está altamente condimentada de fantasía.

Habrá niños que no crean en Papá Noel pero observalos cuando juegan… acaso no se creen que son eso que juegan? Así jueguen con la Play o a los Súper Héroes, los chicos ven todo con sus ojos llenos de fantasía.

Recuerdo una Navidad en particular. Tenía alrededor de 5 años, mi hermana menor 4 y nos reunimos en lo de mi tía Olga, abuela de mis primos Paula y Sergio, de nuestras mismas edades.

Cuando terminamos de cenar, Adriana, la hija menor de mi tía que para esa época tendría unos 20 años y era maestra jardinera (o sea, la tenía clara) se despidió de nosotros y nos dijo: “Chau! Me voy a bailar!”

Y a las 12 de la noche, por la ventana del living, entró… PAPÁ NOEL!!!

Papá Noel, con su traje rojo, su bolsa blanca llena de regalos! Para nosotros!

Creo verme a mí misma con 5 años, embelesada y feliz, mirando a Papá Noel darnos un regalo a mi hermana y a mí diciendo “Para las dos hermanitas” y repartiendo los otros, aunque a Sergio no había forma de consolarlo por cómo lloraba del susto! (Perdón Ser por ventilar esto!!!)

Sí notaba que a pesar de ver un robusto Papá Noel, su voz era bien finita pero jamás se me ocurrió desconfiar de nada ni de nadie.

Al rato, cuando estábamos jugando con nuestros regalos, apareció Adriana diciendo “Hola! Qué tal! Ya vine de bailar!” Y nosotros a los gritos contándole que había venido Papá Noel!

Años más tarde, cuando supe la verdad, cuando me enteré de que todo era fantasía, le pregunté a mamá “Pero quién fue ese Papá Noel que fue a lo de tía Olga?” “Adriana,” me dijo.

Y ahí recordé que ella se iba a bailar y, qué justo, cuando ella se iba, venía Papá Noel!

Así que ahora de adulta, con la realidad frente a mis narices, yo, de todas formas, espero una Navidad de las revistas, aunque bien sé que este año lo festejaremos como lo hacemos habitualmente.

Pero no importa. Ahora de grande, me empecino  a tener mi porción de fantasía. Si no es este año, será el próximo. O el siguiente. Porque los sueños que uno tiene de adulto se pueden hacer realidad, porque sólo depende de nosotros mismos emprender el camino para realizarlos.

Me Veré Volver

Donde nadie sabe de mí
Y yo soy parte de todos.
(En La Ciudad De La Furia – Soda Stereo) 

Estuvimos en Argentina, Ale dos semanas, yo me quedé una más. Fueron unas semanas de estar con la familia, de visitar algunas personas, de conocer otras, pero sobre todo, por lo menos para mí, fueron semanas de llenar de besos, abrazos y mimos a mi mamá.

Otras veces yo contaba cómo cada vez que llegaba a Argentina imaginaba cómo hubiera sido mi vida si nos hubiésemos quedado.

Esta vez me sentí distinta pero un poco más plena… Me cayeron algunas fichas… Me sentí con más seguridad para encarar ciertas decisiones que me parece tengo que tomar… Me sentí mejor.

Me vi en Argentina yo-que-vivo-en-Londres; como si mi identidad no hubiese cambiado pero que sí, soy yo, la que vive en otro país.

Y como si hubiesen dos realidades paralelas, sentí que yo me visitaba a mí misma. Y los fantasmitas de la que yo hubiese sido y de lo que hubiese logrado, ya no estaban.

Pude encontrarme nuevamente con Gonzalo y con Richard y conocimos a Ayalén, aunque yo le digo Ayita. Nos encontramos en el lugar que siempre nos encontramos, a la mañana casi mediodía y nos mimamos un poco.

 Cuánto charlamos!

Cuando planeo un viaje para Argentina, sueño con poder escaparme a algún lado para pasear pero nunca puedo. No me alcanza el tiempo y esta vez que tenía unos días de más, me agarré una laringitis virósica que me dejó sin voz de un día para el otro. No podía hablar, tenía tanta disfonía que me dolía la garganta!

Hasta tuve que ir al médico y me recetó unos remedios de lo mal que estaba. Me prohibió hablar y fue una tortura!!! Yo sin hablar no soy yo!

Me costó reponerme y todavía siento que mi voz no se ha recuperado, si llegara a hablar fuerte (o sea, siempre!) siento enseguida que se me apaga un poco.

Cómo vi todo? No sé, había mucho sol, los días fueron preciosos y la pasé bien. Todavía me siguen sorprendiendo los besazos que se da la gente en la calle, sobre todo los novios, algo que recuerdo que no me llamara la atención pero ahora sí!

Me pareció que los precios eran bastante altos. Por lo menos de la ropa y zapatos y la calidad y variedad no se compara con lo que hay acá a esos precios.

Por lo demás, por lo estructural, para qué contar, no? Y confirmé que cada uno ve la realidad a través de los anteojos que elije.

De todas formas, verdaderamente disfruté de mi tiempo en Argentina: disfruté de mi gente, de mi familia, de mis vecinos, de algunas de mis compañeras del primario y del secundario; en realidad, de cada pequeña cosa como por ejemplo, de ir a la carnicería, a la verdulería y al chino de la esquina.

Disfruté de los mates, de los sandwiches de miga, de las charlas tranquilas con amigos, de los asados y del cariño.

En fin, me dejé querer y me dejé mimar…

Y me hizo bien.

Gracias.

Siempre es lindo volver a casa.

El Culto A La Carroza

Me enteré de que mañana se re estrena la película Esperando La Carroza en versión digitalizada, remasterizada… mejorada, bah. Es un film realizado en 1985 y en Argentina es de culto porque es reverenciada, aplaudida y disfrutada, no importa las veces que la veas.

No creo haber conocido a nadie que no le guste. Es que nos refleja tal cual somos a pesar de que ya no se ven tantas familias así. A lo mejor me equivoco pero eso sentí la última vez que la vi por enésima vez.

Por lo menos, de mi familia de cuando yo era chica, tiene muchas cosas, como hablar a los gritos, enojarse y decir lo que pensamos sin filtro… Me recuerda a mis tíos y tías, muchos de los cuales ya no están, a los primos, a conocidos y a las reuniones familiares.

Yo, por ejemplo, me identifico con Susana de Musicardi. Creo que si me hubiese tocado vivir la vida de esta chica, tendría las mismas reacciones.

Por ejemplo, acá. Cuando grita y cuando le ofrecen las masitas!

Pero AMO el personaje de China Zorrilla. AMO. Amo a la China y amo el personaje. A la actriz por haber desarrollado tal personaje (aunque viniendo de China Zorrilla no me sorprende, por su talento) y al personaje porque tiene tanta riqueza, por la forma de hablar, de arrastrar las palabras, de reaccionar, de mirar, de GRITAR!!!

Acá se ve la famosa frase “Yo hago puchero, ella hace puchero.”

La película es memorable no sólo por los actores que son excelentes y por lo bien que han compuesto los personajes sino por los diálogos y ciertas escenas.

La escena preferida de Ale, con su frase de cabecera. “Tres empanadas”

Muchos nos sabemos frases de memoria y si se te ocurre pausar la peli en un momento determinado, sabemos recitar lo que dice el personaje a continuación.

El sábado vi un un reportaje a algunos de los actores y comentaban que la película es graciosa, te hace reír pero a la vez muestra un costado desesperante, el de la vieja, Mamá Cora. Y que es interpretada por un hombre, Antonio Gasalla, porque si hubiese sido una viejita de verdad, daría mucha pena.

Es que la peli muestra reacciones, diálogos y actitudes que te dan vergüenza ajena y, lo queramos admitir o no, alguna vez hemos dicho, hecho o fuimos testigos de alguna reacción, diálogo o actitud similar.

De todas maneras, celebro que se vuelva a estrenar y espero que muchos vayan a verla.

Como escribí más arriba, hay frases y escenas memorables y estoy segura de que vos las tenés tambien. Cuáles son?

Acá hay una lista completísima de las frases más famosas por personaje.

La Ropa Interior

Concatenando con el Día de la Madre y a raíz de haber pasado un poco de la mañana acomodando y doblando ropa, aquí me pongo a escribir sobre la ropa interior.

Hacía varios días que no ponía las cosas en su lugar. Yo tengo la costumbre de lavar la ropa, colgarla y cuando se seca, la doblo y la dejo sobre una silla y ahora que leo esto, me doy cuenta lo fiaca que soy: Qué me cuesta guardar todo inmediatamente después, en un cajón? Bueno, pues, me cuesta.

Como la pila sobre la silla amenazaba con caerse, hoy resolví guardar todo y entre la ropa doblada, encontré una pila de bombachas y corpiños limpios. Los guardé y me pregunté por qué tengo taaaaaanta ropa interior.

Ok, sí, una se cambia todos los días y acá no es tan caro comprar pero por qué esta costumbre de que cada vez que estoy por hacer un viaje más o menos largo, voy y me compro ropa interior?

Haciendo click acá verás qué talle tenés según el país.

Creo que viene de la costumbre de mi mamá (que estoy segura que tienen todas las madres y me pregunto por qué) de decir siempre que antes de salir, hay que bañarse y cambiarse la ropa interior “por si uno llegara  a tener un accidente, uno no puede tener la ropa interior sucia”).

Me acuerdo que cuando me preparaba para ir a Bariloche de viaje de fin de curso, no teníamos un mango pero mi mamá se las ingenió para comprarme un montón de bombachas, corpiños y dos piyamas y yo me preguntaba para qué tanto gasto en eso, “yo me quiero comprar un buzo, un jean, una campera…” Pobre, pero limpita!

Y se ve que algo me marcó!

Pero he notado que hay gente que adora comprarse ropa interior, ya sea para darse un gusto, un regalo, un mimo. Y disfrutan verdaderamente buscar diseños en particular, algún color, etc. Sé también de muchas que enfermizamente se ponen el corpiño y la bombacha del mismo color o del mismo diseño. A mí particularmente me gusta la de color blanco y de algodón. No te salgo de ahí. Si tengo de color es porque me la han regalado.

A pesar de que no soy muy ordenada, soy medio obsesiva con una pequeña cajonera de tres cajones donde en el primero guardo los corpiños, en el segundo, las bombachas y en el tercero, las medias. Y este cajón es el más ordenado. Las tengo mononamente dobladas, nada de hacerlas un bollo. No he llegado al extremo (todavía) de guardarlas con almohadillas perfumadas, en cajitas, en bolsitas…

Y en tu caso, cómo es tu actitud con la ropa interior?

La Madre No-Madre

Acabo de leer algo muy lindo que escribió mi amiga Fabiola sobre el Día de la Madre.

Ella escribió sobre aquellas muchas mujeres que conoció en su vida, nos sólo su mamá sino su abuela, la madre de una amiga, sus amigas que son mamás y también incluyó a aquellas que no somos madres porque no hemos tenido hijos pero que ella considera que somos madres lo mismo.

Me puso una sonrisa en la cara porque yo no seré madre-que-ha-parido pero me siento y me he sentido mamá de muchos niños: mis sobrinos, (los más chicos por la diferencia de edad), los hijos de mis sobrinos mis vecinos, mis alumnos, mis primos más pequeños, los hijos de mis vecinos, los hijos de mis primos, los hijos de amigos, los hijos de cualquiera, de cualquier niño que me he cruzado en el mundo y se ha acercado a mí  a hablarme en su idioma, a  darme un poquito de atención o una flor.

Obviamente nada se compara con ser madre pero creo que ser y sentirse madre va más allá de parir o adoptar o no parir o no adoptar un niño.

Desde que fui más o menos grande, cada vez que saludaba a mi mamá con un Feliz Día de la Madre, mi mamá también me saludaba igual, a pesar de que nunca me preguntó ni me pidió un nieto. Mamá me dejó ser.

Ser así como soy: Madre no-madre pero con mucho cariño para dar.

Feliz Día para todas.

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