Familia

De Pulgas Con Flor

Hace un par de semanas vino mi prima Flor a comer a casa y me comentó que en unos días tenía que confirmar el alquiler de un stand (o stall, como se lo llama acá) en una feria o mercado de pulgas ad hoc al cual concurrió en mayo y  que estaba por volver a abrirse por un día nada más, en julio.
Me contó que en mayo, unas conocidas de ella alquilaron y fue a verlas, a acompañarlas un rato y había tanta pero tanta gente y sus conocidas vendieron tanto pero tanto, que ella se copó y se puso a ayudarlas.
La pasó tan bien y se divirtió tanto que pensó que ella también, por qué no, podría alquilarse un stand en ese mercado.  Pensó en la cantidad de ropa y zapatos que no usa y que tiene guardados y se animó a pensar: «Por qué no venderlos? Me conformo con cubrir los gastos… Estaría bueno probar!»
Y mientras me lo contaba yo pensé en la bolsa llena de ropa y zapatos que tengo y cuando se lo dije, me propuso por qué no alquilar juntas y de paso compartir los gastos.
Me pareció genial! Le dije que sí y Flor entonces alquiló a través de la web, un lugar a £30 y una mesa a £5.
Lo que compramos fue un perchero en IKEA por unos £7 y cada una en su casa preparó una valijota y nos encontramos en la puerta del mercado.
En realidad no era un mercado. Era como una galería de arte donde suelen exponer artistas independientes y por adentro, para que te imagines, era como un galpón grande con las paredes pintadas de blanco. Arriba también había más lugar y baños y los stalls para alquilar ahí eran más baratos pero claro, tampoco eran tan visitados.
Flor y otros mercaderes esperando entrar.
Ale nos ayudó a armar el perchero y empezamos a colgar las cosas. 
También nos sacó fotos!
Terminando de poner todo en orden… Y yo tengo que sacar hora en la peluquería!
Sinceramente yo no tenía idea de cuánto cobrar así que nos decidimos por estos precios:
– las remeras las pusimos todas a £1, 
– las camisas a £3, 
– los pantalones y jeans también a £3, 
– vestidos varios a £2 o £3, 
– chalinas a £1, 
– los cinturones a 50p,
– zapatos y sandalias varias a £3, £2 o £1, 
– pulseras varias 5 por £1 y 
– libros £1.
Deliberando cuánto cobrar…
Listas! Vengan a nosotras!
De todas formas, cada tanto cambiábamos los ítems de lugar o los ordenábamos mejor.
Un vestido mío de Zara lo vendía a £5, un vestido de fiesta muy lindo, bien hecho y de Coast lo vendía a £15 y el ítem más caro era un tapado grueso, fabuloso y precioso de Tommy Hilfiger de Flor, a £20. 
 
El famoso tapado. Terciopelo. Divino.
A las 11 abrió el mercado para el público en un hermoso día domingo de sol. 
Comenzó a entrar gente y el flujo era tranquilo, honestamente no me detenía  a ver cuánta gente entraba aunque estábamos casi pegadas a la entrada, lo cual estaba bueno. Creo. 
Al lado nuestro había un chico sentado que vendía remeras, tarjetas, tazas e imanes con imágenes de sus ilustraciones. Era un boom! La gente que pasaba enloquecía con sus dibujos y colores, le hacían preguntas, vendía y vendía…
Nosotras nos mirábamos un poco las caras pero no estábamos aburridas, la verdad es que era muy entretenido ver a la gente que visitaba el lugar y observaba, tocaba, elegía, preguntaba…
Cómo se veía un sector del mercado desde nuestro lugar.
Se acercó una chica y comenzó a mirar pantalones. Vio tres míos que eran pinzados (que casi ni los usé porque a mí me hacen más ancha) y preguntó si se los podía probar. Atrás del mercado había un probador grande y le dijimos que sí. Se me había escapado de ponerle a uno £2 en vez de £3 y le dije que si compraba los dos de £3 juntos, se los dejaba a £5.
Volvió y decidió llevarse el que estaba a £2 y el otro a £3 y se fue muy contenta.
A partir de ahí, tanto Florcis o yo vendíamos algún que otro ítem.
A lo largo de la jornada, notamos:
– Los hombres que venían acompañando a su mujer sólo se detenían a ver los libros.
– Una de un stall cerca nuestro vendía antigüedades varias, vestidos grandototes y colorinches y por suerte, tenía un espejo… porque nosotras no! Y la gente que nos compraba algo se lo probaba por encima mirándose en ese espejo… Al rato notamos que la chica le colgó un vestido arriba entonces si algunos de sus clientes se quería probar algo, ella sacaba el vestido y los dejaba mirarse.
El vestido azul tapando es espejo. Pillina…
– Una mujer me preguntó si de verdad ese solero que yo vendía estaba a £2. Le dije que sí. Me lo preguntó tres veces! Las tres veces le contesté que sí y me decía «Pero es demasiado barato, demasiado…» Decidió llevárselo y me dió £2.50. Le avisé que me estaba dando de más y me dijo «Ay, por favor, quedátelo, quedatelo!»
– Un hombre pasó como tres veces y miraba y estudiaba un bolso rojo con la imagen de Marilyn Monroe semi rígido que vendía Flor. Flor le comentó a él y a su amigo que ella lo había comprado en Hollywood. Lo miraban, lo miraban… Lo dejaron y se fueron. Al minuto volvieron a entrar y le dijeron a Flor «Lo compramos!» y se lo llevaron contentos!
– Una mujer se acercó con su hijita de unos 4 años y mientras ella estaba con la boca abiertísima y a los «Oh, nooooo…. Oh, nooooo» de la sorpresa que le causaba ver cinturones a 50p (no nos creía!!!) la nenita se probaba pulseritas y miraba a su mamá. Su mamá terminó comprando un cinturón de leopardo que pertenecía a Flor y una chalina de gasa a £1. Y se fue! Y la nenita dejó las pulseras y la siguió. Con Flor no podíamos creer que no se diera cuenta de las ganas que tenía la nena de comprarse unas pulseras y sólo pensó en las ofertas que había comprado ella!
– Una chica española enloqueció con las remeras de Flor, se ve que tenían el mismo gusto y se compró 3!
– Mucha gente nos venía a preguntar cómo nos estaba yendo, si vendíamos y luego vimos que eran personas que tenían su stall ahí. Había muchos que eran artesanos y vendían sus productos pero eran muy pero muy elevados de precio para un mercado de pulgas. Nos contaban algunos que no vendían nada.
Flor me contaba que en mayo fue diferente: muchísima más gente pero porque era invierno y la chica que organizó todo contó que este mercado se volvió a hacer porque los mismos que expusieron antes le pidieron organizar otro por lo bien que les había ido en ese momento.
No pudimos vender todo y hablando con el chico de al lado, Ollie, el ilustrador, él tampoco vendió como en mayo pero que cubrió los gastos.
Nosotras? También! Por suerte pudimos sacarnos de encima algo pero no todo, lamentablemente. Y pusimos esos precios de risa justamente porque nos queríamos volver con las manos vacías!
Pero Flor y yo somos petite, nuestra ropa no es un tamaño para altas o grandotas y no teníamos estampados estridentes y nuestra ropa sí, era de colores, pero de un color solo. La gente que generalmente visita mercados de pulgas para comprar ropa busca cosas originales y vintage y se visten de manera un tanto excéntrica. Nosotras somos unas quilmeñas clásicas!
Lo que sí puedo decir es que las 6 horas en que estuvimos ahí la pasamos muy bien con Flor, no teníamos mucha hambre (comimos una manzana y un muffin) y tomamos agua y charlamos y lo increíble, no nos aburrimos! Charlamos, nos reímos, la pasamos bárbaro!
Cómo vamos?
En total, yo vendí 10 ítems, Flor 12 ítems y yo recaudé £19.50 y Flor, £18, así que arañando cubrimos los £17.50 que cada una puso para el alquiler de stall y mesa. 
(No contemos el perchero: esperamos amortizarlo en algún otro pulgas que se organice por ahí y nos decidamos a ir!)
  

Candid Arts es la galería de arte donde se organizó el mercado.
Misión cumplida, Flor!

Quieres Ser Diana Prince?

Wonder Woman, Wonder Woman.
All the world’s waiting for you,
and the power you possess.
(Wonder Woman Theme Song)
Qué nena que creció en los ’70 no quería ser ELLA?
Si mal no recuerdo, la primera vez que vi un capítulo de La Mujer Maravilla (Wonder Woman) fue en 1978 y me hice re fanática!

Me acuerdo que los primeros capítulos los dieron a la noche y como había visto la publicidad de que iba a empezar, le rogué a mis papás que me la dejaran ver pero no hubo caso, era un día de semana y en casa se iba a dormir a las 21hs, inflexiblemente.

Pero por suerte al poco tiempo la empezaron a pasar a la tarde, tal vez a las 6pm después de La Familia Ingalls (Little House On The Prairie) y sí, me hice súper fan!
Obviamente que la parte que más me gustaba era cuando se transformaba y en los primeros capítulos ella se iba transformando en cámara lenta. Después, en otros, se veía un relámpago. De todas formas, cuando jugábamos las nenas, una siempre era La Mujer Maravilla y otra era la hermana menor y otra capaz la madre y otra andá a saber quién pero en algún momento del juego una u otra o todas a la vez, girábamos en nuestro lugar con los brazos extendidos.
Yo era un poco tímida en esa época (tal vez no se notaba porque era muy contestadora) y durante el recreo en la escuela no jugaba a ser La Mujer Maravilla por miedo a que me cargaran y miraba a algunas chicas que andaban girando por ahí y me acuerdo cómo cuando paraban de girar se tocaban la frente como hacía Lynda Carter (la actriz que la interpretaba) porque de esa forma ella se aseguraba de que tenía la vincha puesta!
Yo soñaba tener la misma ropa y no recuerdo que se vendiera el disfraz y si se vendía, obviamente no me lo hubieran podido comprar y cómo habré rogado o pedido o qué, que mi mamá, para que jugara, me hizo unos brazaletes con unos puños de una camisa (de una camisa a cuadros! Pero se ve que era el único retazo de tela que encontró) y con otro pedacito me hizo una vincha. Y a cada objeto le pegó una estrellita dorada hecha, no me acuerdo bien, si de papel glacé brillante o del papel dorado que cubría los cigarrillos que en esa época fumaba mi papá!
Éramos tan pobres! Pero yo salía a la calle feliz con mi disfraz a jugar a la vereda y me duró poco, obvio, era algo muy frágil pero sirvió para sentirme una verdadera Mujer Maravilla!
Vos también jugabas a ser La Mujer Maravilla? No te hacías un rodete para que cuando giraras, se te desatara el pelo?
 
Escuchá la canción otra vez a ver qué recuerdos te trae! 
Ah y por qué este post hoy? Porque hoy Lynda Carter cumple 62 años!

Y sigue siendo una hermosa mujer!

Sabor A Pobreza

Hace unos días, @SoyPecs escribió que tenía antojos de comer budín de pan. Yo le respondí que a mí me recordaba a mi infancia pobre porque prácticamente era el único postre que hacía mi mamá. Para mí no había peor cosa que un budín de pan. Sin  embargo, si no me quedaba otra o si tenía hambre, lo comía. Pero odiaba cuando le ponía pasas de uva.
Yo, igual, le ponía ganas, me gustaba que estuviera cubierto de caramelo pero el interior, por más que fuera suave y cremoso, a mí no me terminaba de convencer porque sabía que era pan desmenuzado en leche y endulzado con azúcar y esencia de vainilla.
A mí el budín de pan me trae recuerdos de mi infancia pobre, cuando a mi papá le costaba encontrar trabajo y cuando lo conseguía, no le pagaban bien y mamá tenía que juntar las monedas para comprar lo más básico. Por eso, el budín de pan me trae recuerdos no muy dulces.
Creo que alguna vez se lo mencioné a papá porque él me comentaba que cuando era chico (y su infancia fue muy muy pobre) él odiaba la sopa de ajo. En su casa se tomaba esa sopa cuando ya no había nada para cocinar y mi abuela se las tenía que ingeniar y cocinaba eso, sopa de ajo y tenían que agregarle pedazos de pan.
Y me empecé a acordar de esas comidas que hacía mami para nosotros, cuando no sobraba el dinero NUNCA, más bien, cuando no alcanzaba el dinero, o sea, casi siempre y entonces en casa se comía:
Puchero: De grande, supe que el puchero lleva chorizos, garbanzos y demás ingredientes pero los de mami eran súper sanos porque sólo tenían papas, zapallo y huesos (a veces con carne) de caracú. Nos encantaba el caracú para comerlo con pan. Qué rico. Y con el caldo se hacía sopa.
Guisos: Mami hacía unos guisos riquísimos cuando no hacía puchero y los hacía con algunos pedacitos de carne, papa, zapallo y a veces, arvejas. Me acuerdo que cuando yo visitaba a mis primos, veía que comían hamburguesas y salchichas, algo que no se comía nunca en casa y me parecía de lo más sofisticado! Por eso, una vez que vino mi prima a almorzar, me sorprendió que le dijera a mi mamá: «Tía, qué rica que es tu comida!» cuando le sirvió guiso. Para mí era de lo más común y de lo más triste!
Arroz con leche: Otro postre que hacía mami cuando no hacía budín de pan y la verdad, no, no me gusta ni ahora. Pero no por un tema de papilas gustativas, no me gusta por los recuerdos que me traen.
Cascarilla: Alguien de ustedes sabe qué es? Es lo que cubre el grano de cacao y lo que me sorprendió fue que cuando trabajaba en la bombonería, se la usaba como decoración y hasta se la consideraba como wow, qué exótico! Cada tanto mamá compraba cascarilla, que era súper más barata que el chocolate y nos hacía una bebida caliente. Y aaaaalgo de gusto a chocolate tenía pero no era lo mismo!
Sin embargo, no recuerdo que mi hermana y yo nos hayamos quejado alguna vez por lo que comíamos. Creo que si alguna vez lo hicimos, mamá nos habrá puesto en nuestro lugar retándonos de que no teníamos derecho a sentirnos disconformes con lo que comíamos porque papá trabajaba mucho para que a nosotras no nos faltara nada. 
A mí mamá jamás la pudimos correr con la culpa porque ella siempre se supo defender o defender a mi papá, así que aceptábamos lo que nos tocaba!
Con el tiempo, me fui amigando con los guisos y los pucheros. Pero si puedo no comer budín de pan o arroz con leche, mejor! 

Mami lo hacía tal cual! Fuente: http://www.queplato.com/receta/budin-de-pan

Cómo pudo haber pasado?

Este lunes volví de Argentina. Hice una visita relámpago, estuve poquitos días, los necesarios para mimar mucho a mi mamá pero no los suficientes, claro. Me hubiese gustado estar más tiempo, ver más gente y disfrutar más del bello otoño bonaerense pero no se pudo. De todas formas, estoy contenta de poder haber ido.
Sin embargo, ese poco tiempo fue intenso en cuanto a sentimientos porque saber que no tenía muchos días para estar con la familia me ponía un poco ansiosa. Entonces quería disfrutar al mango y al mismo tiempo, era como que me estresaba saber que había llegado hacía poco y dentro de poco me tenía que ir.
Esto devino en que se me hiciera un poco difícil enfrentar el momento de empacar los bolsos porque significaba que había llegado el momento de partir. Y como nunca antes, los dejé para hacer a último momento, a la noche, después de la llegada de una fiesta de cumpleaños. 
Al otro día, a la mañana, me tenía que ir entonces me levanté temprano, vi los bolsos hechos, me senté a tomar mate con mami y de repente vino a mí la imagen de mi billetera. Mi billetera… Dónde está?
No recordaba haberla visto, no recordaba haberla guardado. Me fijé en mi cartera: estaba el pasaporte (alivio!), estaba un monedero con plata argentina pero no estaba la billetera.
Deshice los bolsos dos veces, saqué cada ítem, los volví a poner en su lugar primero, a la segunda vez los hice un bollo: nada.
Mami vio que me puse nerviosa y trataba de ayudarme; prácticamente revolvimos la casa, abrimos todos los cajones, miramos bajo las camas…
Además de la desesperación, se me sumó la incredulidad: Yo puedo tener muchos defectos pero si te puedo reconocer una virtud es que es RARÍSIMO que pierda algo o me lo olvide. Si no lo tengo, lo más probable es que me lo hayan robado.
Y la cabeza me empezó a dar vueltas, buscando en mi memoria la última vez que vi / agarré la billetera, quiénes estuvieron en casa (Horrible! Sabés lo que es empezar a sospechar de gente de confianza?!) y elucubrando las teorías más disparatadas para justificar todo y a la vez, nada…
A todo esto, faltaba media hora para que me viniera a buscar el remise para llevarme al aeropuerto!
Como no quería poner nerviosa a mami que estaba preocupada, me calmé y traté de ver las cosas más objetivamente: OK, no ha habido un accidente, tengo el pasaporte, puedo viajar, tengo el dinero para pagar el remise. Lo que queda es hacer el trámite para reemplazar las tarjetas y listo. Digamos que era algo solucionable.
Como último recurso loco, llamé a Ale acá a Londres para preguntarle si no me la había olvidado allá, algo que me confirmó que no.
Nos sentamos mami y yo a tomar los últimos mates, me vino a buscar el remise, me tomé el avión, llegué a Londres a la mañana, dejé los bolsos como estaban, dormí un poco, fui a la universidad y cuando volví a la noche, Ale me preguntó si había llamado al banco para denunciar las tarjetas.
Le dije que no porque se me había ocurrido que sería una buena idea desarmar los bolsos juntos porque a veces alguien de afuera ve cosas que uno, no.
Me miró con cara de no entender mucho mi estrategia pero asintió y tomé un bolso, lo abrí e inmediatamente dijo: «ahí está». 
Yo lo miré incrédula y miré adentro del bolso. Efectivamente, ahí estaba la billetera sobre la montaña desordenada de ropa que había dejado cuando revolvía todo. Ahí estaba la billetera, completa, con todas las tarjetas, con ningún faltante.
Quedé sin palabras. Quedé estupefacta. Es al día de hoy que no entiendo CÓMO no pude verla! Quiere decir que todo el tiempo en que revolví los bolsos y saqué sus contenidos, estaba tocando, sacando y poniendo la bendita billetera y yo sin darme cuenta!
Creo que fue por stress. O la ansiedad por tener que irme. O que los años no vienen solos?

Explicámelo!!!!

42 Años De Sui Generis

Es larga la carretera
Cuando uno mira atrás.
Vas cruzando las fronteras

Sin darte cuenta quizás.
(Canción Para Mi Muerte – Sui Generis)
 
 Charly y Nito. (Sí, niños, ese de anteojos es Charly García!!!)

Tenía 6 años, mi hermana 5, Sergio 4 e Ileana 2. Éramos vecinos y nos veíamos todos los días. Era muy raro que jugáramos juntos los cuatro porque nos repartíamos: Generalmente en casa jugábamos Ile y yo y al lado, Mari con Sergio. Tal vez me pasaba al lado cuando tenía que ir a buscar a Mari y de paso «devolvía» a Ile. 
Habrá sido en esa ocasión que justo estaba Loli (el papá) con la guitarra y, siempre tan didáctico, decidió cantarnos una canción?
«Llamó a su esposa y le dijo:
 ‘Mamá está muerta en el ropero’ «
Recuerdo que los cuatro nos quedamos firmes escuchándolo:

«Ella puso mal la mesa, 
le hundí un hacha en la cabeza…»
Cuántas carcajadas nos producía, sobre todo imaginar un hachazo partiendo la cabeza de alguien como si fuese un dibujito animado! 
«Se comían los pajaritos
Los perros y los gatitos
Y otros bichos que vagaban por ahí.»
Más carcajadas! Imaginaba chicos como nosotros correteando animales por el patio, comiendo cualquier cosa, sobre todo bichos, qué asco pero qué gracioso!
«Yo no sé por qué el sargento
Me llevó al destacamento
Si somos una familia muy normal.» 
Y más risas nos daba escuchar que, a pesar de todo, se trataba de una familia normal.
Nos gustó tanto esta canción que tenía tanto contenido parecido a lo que veíamos en la tele que una y otra vez le pedimos a Loli que volviera a cantarla. Y cada vez que veíamos a Loli con su guitarra, le rogábamos que cantara «la canción rapidita», porque así sonaba para nosotros ese rock, rapidito.
6 años y primera vez que había escuchado a Sui Generis sin saberlo…

Más adelante en el tiempo recuerdo una propaganda de un disco-compilado de canciones, musicalizada con una de ellas.Y qué tendría yo, 11 años? Ya me sentía un poco  incómoda al escuchar sobre ciertas cosas a una edad en que todo empieza a darte pudor…

«Te encontraré una mañana 
dentro de mi habitación
y preparás la cama para dos.»
Al estar en Córdoba de viaje de egresados con 13 años recién cumplidos, gracias a una compañera, Fernanda, aprendí la letra de Canción Para Mi Muerte (no sabía que así se llamaba). Ella me la escribió en una hoja con su letra chiquitita y me contó que Charly la había escrito para una novia que tenía y se había muerto.
Lo que yo no entendía es por qué cantaba que quería que la novia le preparara la cama si ya estaba muerta… Le estaría cantando a su fantasma?
Empecé el secundario en marzo del ’83 con los últimos cartuchos de la dictadura, y estallaban todo a nuestro alrededor lo que se conocía como Rock Nacional. Yo tenía un cuaderno donde me anotaba las letras de todas las canciones que lograba aprenderme al grabarlas en un cassette de la radio. Me encantaba, me sabía un montón y trataba de estar al día.
Loli ya no tocaba la canción rapidita pero sí me grababa cassettes de sus long plays y como me gustaba mucho Charly García, pues tenía casi todo: Serú Girán, Sui Generis, su etapa solista…
Todas las canciones de Charly me encantaban y particularmente las de Sui Generis eran ideales para poder entender y conocer la adolescencia, ese período que es un torbellino de emociones encontradas.
«Apoyo mis espaldas y espero que me abraces
atravesando el muro de mis días. «
«Quizás porque soy un mal negociante
No pido nada a cambio de darte
Lo poco que tengo, mi vida y mis sueños.»

«Y que me quiera cuando estoy
cuando me voy, cuando me fui
y que sepa servir el té, besarme después
y echar a reir.»

También eran jugadas, decían esas cosas que nos parecían TAN CIERTAS y que tal vez no podríamos nunca expresar por nosotros mismos.

«Y tuve muchos maestros de qué aprender,
Solo conocían su ciencia y el deber,
Nadie se animó a decir una verdad,
Siempre el miedo fue tonto.»

Hasta podrían exacerbar tu rebeldía, no? Si algo que vos pensás aparece expresado en una canción, quiere decir entonces, que tu pensamiento es legítimo y por lo tanto lo tenés que hacer saber como sea!


«siempre fue igual mi profesor
siempre tuvo él la razón.»

Sui Generis ya se había disuelto hace rato, Charly era solista consagrado desde que sacó el disco No Bombardeen Buenos Aires y Nito Mestre estaba por ahí olvidado.

Sin embargo, su arte trascendió a los  grises ’70 y fue el compañero de todo adolescente que creció en los coloridos ’80; unas canciones que expresaban todas tus emociones, pensamientos y pesares porque eran canciones que te reflejaban y te entendían, compuestas por unos chicos tan soñadores, rebeldes y problemáticos como vos, como yo, como todos.

Galletitas Pinolux

Con todo el glamour y buen gusto que me caracteriza, les presento las «Galletitas Pinolux», galletitas de lavanda.
Qué cosa es eso!??! Galletitas de lavanda?!? Con lavanda de verdad?!?!

Así como leés: Se hacen con flores de lavanda disecadas y preparadas especialmente para la cocina. Pero si tenés flores de lavanda en tu jardín y no están rociadas con químicos y no tenés perro o gato que te las haya meado, también podés usarlas. En ese caso, te sugiero averiguar cómo disecarlas y / o por cuánto tiempo.

También podés comprar lavender sugar que es azúcar con florcitas de lavanda en un jarro pero si no, podés hacerla vos misma.

La receta es súper fácil, lleva pocos ingredientes y te perfuma la cocina para todo el día!

Por qué les puse «Galletitas Pinolux»?

Allá lejos y hace tiempo, existía una marca de líquidos para limpieza de pisos y la marca era Pinolux. Obviamente tenían aroma a pino pero también había de lavanda. (Creo que ahora existe una marca que se llama «Pinoluz»)

Nomás fue abrir el paquete de las flores e instantáneamente vinieron a mi memoria los veranos de mi infancia a la hora de la siesta, en Olavarría. Vino la imagen de mi tía limpiando los pisos con Pinolux y me parece que su fragancia favorita era la de lavanda porque enseguida recordé que a mí me encantaba ese aroma y siempre le insistía a mamá que comprara Pinolux, como la Tía Mema.

Mi mamá NUNCA compró Pinolux así que las flores de lavanda me recuerdan a mi querida tía!

Lo que puede la memoria olfativa!

En fin… Pasamos ahora al presente?

La receta original decía que tenía que usar lavender sugar que se vende en los supermercados. Como yo tenía azúcar Y un paquete de florcitas secas de lavanda aptas para la cocina, mezclé el azúcar con 3 cucharaditas de las florcitas.

Noté que había muchos palillos, como a veces tiene la yerba pero más finitos.

Entonces con paciencia, los saqué. Fue rápido, no eran muchos.

Decidí de todas formas, darle al azúcar con lavanda unas vueltas por la procesadora para que quedara todo más uniformado aunque tenía miedo de que las flores se pulverizaran.

Pero nada que ver! Quedó todo divino, prolijito y perfumado!

Este fue el primer paso antes de comenzar con la receta.

Ahora sí, manos a la obra!

Ingredientes

125g  de azúcar
2 – 3 cucharaditas de flores secas de lavanda
225g  de manteca blanda
300g  harina común
50g de harina de arroz o arroz pulverizado en la procesadora.

Procedimiento

– Separar las florcitas del azúcar con un cernidor y reservarlas.

– Mezclar el azúcar con la manteca en un bowl hasta hacer una crema.

Ahí se ven algunas «pintitas» de lavanda.

– Cernir las dos harinas y agregarlas a la crema de manteca y azúcar.

– Agregar las florcitas que se habían reservado y con cariño y cuidado mezclar hasta que todo parezca migajas o pan rallado.

Así.

– Enharinarse las manos e ir juntando primero y luego amasando las «migajas» con paciencia hasta que se forme una masa. El calor de nuestras manos lo hará posible.

Como esta (masa).

– Poner la masa en un recipiente y dejar en la heladera por unos 15 minutos, mínimo.

– Después de esos minutos, sacar la masa de la heladera y extenderla hasta que logre unos 5mm de espesor.

– Cortar la masa con la forma que más te guste.

– Tratá de levantar cada galletita cortada con una espátula o palita bien finita para trasladarlas con cuidado a la asadera que tenga papel manteca o lo que uses para que no se pegue nada. Cuando una masa tiene mucha manteca hay que tener modales delicados.

– Poner la asadera con las galletitas cortadas y crudas en la heladera por 30 minutos.

Listas para la heladera!

– Prender el horno a 180°C.

– Cuando pase la media hora, poner las asaderas en el horno y cocinar por unos 15-20 minutos o hasta que estén apenitas apenitas doraditas.

– Cuando las retires del horno, con la palita de antes, levantalas una por una con sumo amor (siguen siendo delicadas aún calientes) y ponerlas a enfriar sobre lo que uses para tal caso.

 A mí me salieron como más de 40 galletitas, claro que todo depende del tamaño del cortante.

Qué cómo son de sabor? Deliciosamente suaves! Porque no es que comés una galletita con gusto a perfume, el sabor a lavanda es muy tenue y las galletitas tienen gusto a galletita.

Les gustó? Es una buena y muy original idea para ir practicando para San Valentín, no?

La Importancia De Llamarse…

Al conocer una persona, preguntamos su nombre. Al poco tiempo, y si hay confianza, por qué se llaman así. A veces te cuentan que es por su abuela o abuelo, por un personaje de novela (se acuerdan que hubo un tiempo en que algunos bebés se llamaban «Catriel»?) o porque a la mamá le gustaba mucho un nombre en particular.
En mi caso, la leyenda cuenta que yo nací y mi mamá, al comprobar que no era el Fernando que ella esperaba (no había ecografía en esa época), decidió llamarme María Fernanda.
A las pocas horas cuando llegó mi papá, él decidió llamarme Alicia Ester. (Ojo, lo pidió bien y mi mamá aceptó de buen grado. Así contado pareciera que mi viejo se impuso porque sí. Además, cuando nació mi hermana menor, fue llamada María Fernanda y todos contentos!)
Quién se llamaba Alicia en mi familia? Alguna tía, alguna abuela, alguna prima lejana? Nadie! Nadie se llamaba Alicia.
Mi tía, la hermana de mi mamá, sospechaba: «Pero por qué la llamó Alicia? Habrá sido el nombre de alguna novia?» «No sé,» dijo muy tranquila mi mamá.
Una y otra vez me contaba esa anécdota cada vez que yo le preguntaba a mamá por qué tenía nombre típico  de alguien (que yo consideraba) de otra generación. Las de mi generación son Karinas, Marianas, Andreas…
Y me parecía raro que mi tía haya tenido esa sospecha hasta que…
El primer viaje que hice para Londres, hace muchos años, fue para venir a estudiar. La primera actividad para «romper el hielo» que hizo el profesor, fue preguntarnos a cada uno nuestro nombre y la razón de por qué nos llamábamos as.
Yo era una de las primeras y tuve que responder «no sé», así que no hablé mucho!
Pero lo que me sorprendió es que hubo como cuatro o cinco chicas que contestaran que sus nombres se debían a una ex novia del padre!
Mi tía no había estado tan errada en sospechar, entonces!
A la vuelta de mi viaje, le pregunté a mi papá por qué me llamaba así y me contestó que porque le gustaban ambos nombres. «No fue por una novia?,» le pregunté. «No,» me respondió muy seguro y sincero.
Se ve que mi mamá y mi papá no fueron de esos novios que se ponían de acuerdo de antemano cómo se llamarían sus hijos… Gustaban de sorprenderse, parece…
Y vos cómo te llamás? Y por qué?

El Té De Los 43

Como es costumbre y tradición desde que vivimos acá, festejo mi cumpleaños yendo a tomar el té a algún lugar monono, con los afectos más cercanos y con quien ande de visita por nuestra casa.

Hace unos años estaba Deborita cuando fuimos a The Connaught, el año pasado estaba Miriam cuando fuimos al Chesterfield Hotel y este año está Laurita, mi sobrina, la más pequeña, la número 6 de la lista de hijos que tuvo mi hermana.

Laurita vive en México y es su primera vez en tierras europeas, así que estaba muy contenta de poder tener la oportunidad de tomar el té comme il faut.

Hay tantos sitios para ir a disfrutar de este ritual que todos los años vamos a uno diferente. Esta vez me decidí por el One Twenty One Two Restaurant que queda en el The Royal Houseguards Hotel.

Este hotel está ubicado muy cerca del London Eye, digamos que está en una callecita entre Whitehall y Victoria Embankment, una zona turística por excelencia pero donde también hay muchos edificios gubernamentales, muy serios y señoriales.

Esta es una foto que le saqué al hotel hace un tiempo, sin saber que luego iría allí!

El té lo tomamos en el Lounge, que estaba decorado Christmas style y estaba hermoso, con tanto colorado, verde y dorado.

Nos habían reservado una mesa para los 4 y estuvimos muy cómodos toda la velada.

El menú ya estaba sobre la mesa cuando llegamos.

Decidimos tomar el The Royal Houseguards Afternoon Tea, que vendría a ser el standard, porque los demás suelen venir con champagne y ninguno de nosotros tomamos alcohol.

Como siempre, yo elijo té negro o English Breakfast que me parece un sabor neutro para poder degustar la pastelería. Sergio, como siempre, pidió Early Grey y Laurita, White Tea. Ale no toma té así que pidió un milkshake de vainilla.

Mientras esperábamos, empezamos a sacarnos fotos con Sergio y Laurita. Estábamos de buen humor y teníamos ganas de pasarla bien.

Hermosa y muy delicada la taza.

Bromeando, levantando el dedo meñique!! (No hagan eso ni en sus casas!)

Yo me colgué el badge que me regalaron el año pasado para que se notara bien que era mi cumpleaños porque cuando eso sucede, en los restaurantes te traen siempre una torta con una velita, te cantan el feliz cumpleaños y, muy distinto a muchas personas que les puede dar timidez, a mí, todo lo contrario! Si me pueden tirar globos, flores, cantos, guitarreadas, yo… todavía más feliz!

Nos trajeron y nos sirvieron los tés, en mononas teteras de plata o alpaca, no las distingo.

Inmediatamente después, lo que comimos.

Finger sandwiches, scones con y sin frutas, clotted cream y mermelada de frambuesas y la pastelería dulce con mousse de vainilla.

Foto y luego, a degustar!!!

Todo estaba delicioso pero lo más rico para mí fue la mermelada de frambuesas, se notaba que era casera, que no tenía aditivos artificiales y tenía el equilibrio perfecto entre ácida y dulce, más dulce, diría yo.

Entre lo mucho que conversamos y lo que comimos, la tarde casi noche pasó muy amena.

La atención de los mozos estuvo bien, correcta pero nos pareció que faltaba un poquito más de… no sé, atención a los detalles: Cuando llegamos, no nos llevaron los abrigos y los dejamos sobre otros sillones.

A lo mejor te sonará muy excéntrico o antipático lo que digo pero no es que exijamos eso cada vez que vamos a comer afuera pero estamos acostumbrados a que a los lugares donde vas a tomar el té sí te llevan el abrigo y ellos se encargan de colgarlos.

Esta vez no fue así y por eso nos llamó la atención que en un lugar de esas características, no lo hayan ofrecido. Y no por eso íbamos a hacer escándalo, tampoco es para tanto.

Una vez que terminamos, decidimos recorrer un poco más el lugar para sacarnos unas fotos, porque estaba todo muy lindo.

 Con el árbol de Navidad.
 Al costado de la chimenea y fíjense qué lindos se ven los edificios desde el ventanal.
Había más chimeneas.
Laurita y Sergio están listos para Caras u Hola!

Y al irnos, nos sacamos fotos en el lobby.

Un sector.

Me encantaron los caballos tallados en el vidrio!

Cuando ya nos estábamos yendo, yo me quejé que no me habían traído algo con una velita (ves, ese es otro detalle) entonces Laurita agarró una velita prendida que estaba sobre la mesa y me la dio para que la soplara.

Qué amorosa mi sobrina! Gracias!

Gracias por este cumpleaños feliz!

Lazos Político-Familiares

Yo tengo lo que llamo el Síndrome Monica Geller: quiero caerle bien a todo el mundo. Tal vez se me hizo carne con tantos años de docencia ya que si a un niño o adolescente no le caés bien, no te aprende.

Entonces en todas las relaciones que entablás, ponés tu mejor cara y por suerte me gusta socializar. Peor sería querer caerle bien a los demás y no querer conocer a nadie!

Por eso cuando veo o noto que me miran de costado o hay cierta omisión, me pregunto por qué y no lo puedo entender. Acá juega mucho el ego herido, claro, «cómo que no les caigo bien, yo que hice / dije / soy bla bla bla».

 Ahora entienden por qué cocino tanto! (Pero de verdad, lo disfruto!)

Ayer hice un poco de insight:

– Ok, bueno, hay gente a la que no le caigo bien.

– Hay gente que no me cae bien? Sí.

– Qué hago yo con la gente que no me cae bien? La ignoro, la dejo pasar, sigo con mi vida.

– Te molesta que sepas que haya gente que no te cae bien? No, qué me importa, que hagan su vida, yo hago la mía.

– Conclusión: Apliquemos el mismo método pero al revés: Si hay gente a la que no le caigo bien y ellos siguen con su vida, pues yo debo seguir con la mía.

O sea, no tengo que vivir como que pierdo puntos si hay alguien a quien no le caigo bien. Ya está, ya fue.

Nuestros padres y tíos nos han enseñado a nuestros primos y a mí a fomentar las relaciones familiares y es algo que nutro como puedo: estando en Argentina, de visita o llamando por teléfono o desde aquí con mails, chats, llamadas, mensajes, tarjetas, etc. Jamás se me ocurrió ignorar a alguien de mi familia y menos que menos por sus ideas políticas.

Con la única persona que hablaba mucho de política era con mi viejo y si he hablado de este tema con otras personas siempre traté de que fueran con quienes pensaban parecido, no para cerrarme sino para debatir tranquilos y / o aprender más.

No busco hablar de política con alguien que piensa distinto al menos que sea para, también, debatir sanamente. No busco debatir con alguien que piensa distinto para confrontar ni para que cambie de parecer ni para denostarlo por sus ideas.

Y estoy notando, lamentablemente, que por mis ideas políticas hay familiares que… están lejos. Que se han alejado. Pero yo sigo siendo la misma! Si antes estaba todo bien, por lo que yo pienso de política me dejan de lado?

Ahí es cuando cuesta ser indiferente a que te ignoren o que les caigas mal. Pero estoy en el proceso de aceptarlo. De aceptar que es así, que a pesar de los lazos familiares hay temas que te separan. Lo que no quiere decir es que yo también me comporte igual. Lo triste, a mi entender, es que se juzgue a uno como persona por lo que piensa políticamente.

Aunque siempre ha habido temas problemáticos en las familias: la religión, la familia del otro, qué hace o qué no hace…

Sólo que cuando te toca de cerca, duele.

Les ha pasado?

La Realidad Navideña

Claro que me encantaría festejar la Navidad como en las revistas: con un vestido elegante, peinada, con tacos altos, maquillada y sonriente; con la mesa híper decorada y la comida hecha por mí, con mesa dulce incluída.

Pero no. Nunca tuve una Navidad así y por más que cada año aspire a que el sueño se me cumpla, la realidad es que tanto mis Navidades argentinas como las londinenses han sido por demás diferentes a las revistas.

Lo que rescato es que a mí la Navidad no me pone triste porque me trae los recuerdos de mis Navidades de la niñez. La pasaba bien porque yo me creía el cuento de Papá Noel. Para mí él existía y me traía los regalos. No recuerdo haber planteado cómo hacía para recorrer el mundo en una noche o mis padres habrán tenido buenas respuestas para zafar!

Yo estoy totalmente de acuerdo con que los niños crean en Papá Noel, los Reyes Magos, el Ratón Pérez… solitos se darán cuenta que no existen pero el mientrastanto es mágico. No hay nada que se compara con las caritas de los chicos cuando descubren los regalos y cuando los abren!

Si los padres no quieren «engañarlos», ok, cada uno educa a su hijo como quiere pero tampoco es bueno que vean como algo negativo que un niño crea en  un poco de magia durante su infancia. Porque la infancia está altamente condimentada de fantasía.

Habrá niños que no crean en Papá Noel pero observalos cuando juegan… acaso no se creen que son eso que juegan? Así jueguen con la Play o a los Súper Héroes, los chicos ven todo con sus ojos llenos de fantasía.

Recuerdo una Navidad en particular. Tenía alrededor de 5 años, mi hermana menor 4 y nos reunimos en lo de mi tía Olga, abuela de mis primos Paula y Sergio, de nuestras mismas edades.

Cuando terminamos de cenar, Adriana, la hija menor de mi tía que para esa época tendría unos 20 años y era maestra jardinera (o sea, la tenía clara) se despidió de nosotros y nos dijo: «Chau! Me voy a bailar!»

Y a las 12 de la noche, por la ventana del living, entró… PAPÁ NOEL!!!

Papá Noel, con su traje rojo, su bolsa blanca llena de regalos! Para nosotros!

Creo verme a mí misma con 5 años, embelesada y feliz, mirando a Papá Noel darnos un regalo a mi hermana y a mí diciendo «Para las dos hermanitas» y repartiendo los otros, aunque a Sergio no había forma de consolarlo por cómo lloraba del susto! (Perdón Ser por ventilar esto!!!)

Sí notaba que a pesar de ver un robusto Papá Noel, su voz era bien finita pero jamás se me ocurrió desconfiar de nada ni de nadie.

Al rato, cuando estábamos jugando con nuestros regalos, apareció Adriana diciendo «Hola! Qué tal! Ya vine de bailar!» Y nosotros a los gritos contándole que había venido Papá Noel!

Años más tarde, cuando supe la verdad, cuando me enteré de que todo era fantasía, le pregunté a mamá «Pero quién fue ese Papá Noel que fue a lo de tía Olga?» «Adriana,» me dijo.

Y ahí recordé que ella se iba a bailar y, qué justo, cuando ella se iba, venía Papá Noel!

Así que ahora de adulta, con la realidad frente a mis narices, yo, de todas formas, espero una Navidad de las revistas, aunque bien sé que este año lo festejaremos como lo hacemos habitualmente.

Pero no importa. Ahora de grande, me empecino  a tener mi porción de fantasía. Si no es este año, será el próximo. O el siguiente. Porque los sueños que uno tiene de adulto se pueden hacer realidad, porque sólo depende de nosotros mismos emprender el camino para realizarlos.

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