Egipto

Perlas de Egipto

El último día en El Cairo fue muy duro, en realidad, el tiempo que estuvimos esperando el vuelo en el aeropuerto fue muy fuerte porque nos tuvimos que levantar a las 4 de la mañana para el vuelo de las 7 de la mañana. Y había cenado tarde la noche anterior. O sea, dormí poco y a una marmota no se le puede pedir éso! Se me cortó la digestión!

Y la espera fue terrible porque temblaba, me dolía todo y vomité por fin. Pero igual no me sentía bien y temía que fuera una especie de pánico a volar, algo que nunca había tenido. Ale pidió un médico y todavía lo estamos esperando. Afortunadamente, el segundo que puse un pie en el avión se me pasó todo. Y viajé bárbara y ni dormí! El que durmió fue Ale!

Tal vez fue que me quería ir de Egipto de una vez? Admito que lo disfruté mucho pero se ve que el calor no me hace bien. Tal vez haya tenido un golpe de calor… En fin.

Como siempre me pasa, de un lugar que me voy recuerdo la comida y la gente.

Y voy a recordar la miseria que me encontré. No pensé que Egipto era un país tan pobre. Ni tampoco que la gente fuera tan tranquila y tan generosa.

Antes de venir Karen nos había prevenido que la gente pide propina por todo, sobre todo quienes trabajan en servicios. A mí me había caído un poco mal. Pero saben qué? Cuando estás ahí te das cuenta de que la propina es una diferencia en sus paupérrimos salarios.

Quiénes esperan una propina? Quienes te levantan una valija, personal del hotel por cualquier preguntita que hagas, algún empleado de un negocio que te ayuda a comprar cosas, porque nos pasó que fuimos a un negocio y una chica nos seguía a todos lados y ella se encargaba de llevar lo que elegíamos, al mostrador. Bueno, es así, tampoco podíamos estar, “No, querida, dejá que lo llevo yo, ” tratamos de seguir sus costumbres

Ni hablar de los taxistas. O los mozos o, también, quienes están a la entrada de diferentes secciones en los lugares históricos.

Pero también hay otros que no deberían: los policías te piden o si no, desarrollan estrategias como uno que nos encontramos: estábamos caminando por una calle camino a nuestro hotel y un policía nos vio y nos seguía a una distancia y nos quería dar conversación pero lo ignoramos educadamente. Pero igual nos seguía. Ale se dio cuenta que era para hacernos ver que nos estaba cuidando y cuando llegamos al hotel Ale le dio una propina, o sea, hay que estar ahí para no darles, es fácil decir de afuera “yo no lo hubiera dado” pero ellos están ahí esperando éso.

Un policía con su uniforme de verano.

Otros que esperan propina es gente que anda dando vueltas por los templos y te llaman bajito, una vez que la guía se va y te deja explorando. Y te llevan a rincones donde no te llevan y te hacen sacar fotos. Y una vez me asusté porque uno, con un arma colgada de su hombro, nos llevó a un lugar y no estuvo conforme con la propina que le dio Ale (no teníamos más! El cambio volaba con tanta propina!) y dije, “vámonos” porque estábamos los tres ahí en un rincón donde nadie nos veía y tenía miedo de que nos apuntara o amenazara. Pero, ahora a la distancia, fue algo exagerado de mi parte.

La gente es tranquila, en general, pero el tránsito es caótico! Nadie respeta nada, casi que no hay semáforos y la gente cruza metiéndose entre los autos que nunca frenan, apenas desaceleran un poco si ven que alguien se acerca. Familias enteras cruzan así.

Acá hay un ejemplo, el sol me daba de frente, pero creo que es claro cómo cruzan las calles aunque todavía no había tanto caos. Estaba poniéndose el sol y todos estaban apurados para llegar a sus casas para cenar en familia, por Ramadán.

No me voy a olvidar de la nena que nos quería vender unos señaladores y Ale aceptó pero Karen le pidió un precio especial. Lo concedió y le preguntamos si le podíamos sacar una foto. Accedió y Ale le dio una propina. Pero, tan amorosa, se ve que se sintió contenta que quisiéramos tener una foto con ella que insisitió e insistió y a Ale le regaló un sobre con postales. Karen le preguntó si nos lo iba a cobrar pero muy enfática dijo que no.

No me voy a olvidar de la amabilidad de los mozos y tripulación del barco. Y del sentido del humor de los mucamos! (porque no había mujeres) y siempre nos dejaban algo gracioso en el cuarto, por ejemplo, este muñeco que armaron con nuestras batas, las toallas, mis anteojos de sol y la gorrita de Ale!!!!

El Cairo Día 3

El mercado Khan-el-Khalil.

Nuestro último día en Luxor en el barco. Hicimos el check-out a las 8 de la mañana y desayunamos. Teníamos ganas de salir a recorrer la ciudad. Lo habíamos hecho a la noche pero queríamos verla de día. Pero desistimos de la idea porque no podíamos volver a ducharnos y del barco teníamos que esperar a que nos fueran a llevar al aeropuerto. Así que nos quedamos adentro, surfeando la internet y leyendo.

A las 11 y media nos vinieron a buscar y fuimos hasta el aeropuerto de Luxor, donde tomamos un vuelo de Egypt Air para volver a El Cairo. Llegamos a las dos horas y nos alojamos en un hotel de la zona del aeropuerto.

A las 7 de la tarde vino Karen y con ella paseamos por el bazaar Khan-el-Khalili, el bazaar más antiguo de todo Egipto, interminable, lleno de pasadizos y callejuelas, negocios que venden de todo, generalmente para el turista. Pero también se consiguen objetos de oro y de plata, desde miniaturas, platos, llaveros, joyas, lo que te imagines.

La universidad Al-Azhar y la mezquita.

Distintos sectores del mercado:



Karen nos ayudó muchísimo porque, como sabe árabe, peleó los precios con tanta gracia y seguridad, que de cada negocio nos terminábamos llevando algo de regalo o hasta algún descuento.

Yo los miraba negociar y me hubiese encantado filmarlos! Es todo un arte! Cómo se tratan (con respeto pero cada uno firme en lo suyo, uno defendiendo su dinero, otro defendiendo la calidad de lo que venden) en fin, Ale y yo mirábamos absortos y lo disfrutamos mucho!

Después fuimos a tomar algo a un café llamado Café de Fishawi, que está abierto en forma continua día y noche desde hace más de 200 años. Sólo cierra durante Ramadán pero abre a la tarde.

Vista desde el café que se extiende desde adentro del local hasta la calle del bazaar.

Mientras estábamos allí se acercó una señora que saludó muy afectuosamente a Karen, se conocían. Me regaló unos collares y pulseras de flores de jazmín enhebradas por ella misma. Y también unas rosas.

Con Karen.

Con Ale.

Eso también es muy común, muchos se acercan a venderte cosas pero también te regalan. De todas formas, igual le dí una propina, me daba cosita quedarme con algo que ella vendía.

Después se acercó un nene de 4 años que muy animadamente empezó a venderle pulseras a Karen, con tanta gracia, que le terminó comprando una. Se acercó a nosotros desde el negocio de su padre.

Aquí lo pueden ver en acción.

No sé el tiempo que estuvimos en el bazaar, lo disfrutamos mucho y luego nos despedimos de Karen, agradeciéndole lo bien que nos había atendido y cuidado y por lo mucho que aprendimos.

Navegando El Nilo Día 4

El cuarto día navegando y mi organismo dijo “Déjenme descansar!” Ese día nos levantamos a las 5 de la mañana. Nos esperaba un día cansador porque de 6 a 11 teníamos excursiones al Valle de los Reyes, Deir El Medina donde está el Valle de los Artesanos, Madinet Habou y los colosos de Memnon. Y a la tarde, excursión hasta las 6 de la tarde.

Nos levantamos, no pude ni tomarme un té y decidí quedarme y Ale se quería quedar conmigo. Yo le dije que fuera, que no se preocupara que sólo iba a dormir. Y le avisamos a la guía, aunque antes le preguntamos si podría hacerlo y me dijo que no si me sentía mal ya que en el lugar no iba a haber sombra y había que ir en micro e íbamos a tardar 40 minutos. Y yo estaba segura de que 40 minutos no iba a aguantar si me sentía mal.

Me quedé con bronca pero me acosté y descansé y tomé agua. Para las 11 cuando llegó Ale, me sentía muy bien, almorcé y salimos a la excursión.

Mientras esperábamos el almuerzo, Ale me mostraba las fotos y me explicaba:

El tren que te llevaba hasta la entrada misma una vez que habías comprado el ticket.

Entrada al Valle de los Reyes.

En este lugar se encuentra las tumbas de la mayoría de los faraones, de varias reinas, príncipes y nobles. Aquí se encontró a Tutankamon. Se puede ver su tumba pero a las reliquias las vimos el primer día, en el Museo Egipcio en El Cairo.

La entrada a una tumba.

Entrada al templo Madinet Hadou.

Templo de Ramsés III en Madinet Habou. Son distintas estatuas del mismo emperador y algunas tienen figurines al lado, de sus esposas o hijos.

Para que los jeroglíficos no fueran borrados del cartucho (símbolo que contiene el nombre del faraón) Ramsés III los hizo hacer bien profundo. Entraba toda la mano adentro.

Qué colores vivos y fueron pintados hace como 4000 años!

Una hermosa columna.

En el Valle de los Artesanos, Deir el Medina, no se podía sacar fotos. Aquí se encuentran los restos del que fuera el más próspero poblado de obreros y artesanos del Antiguo Egipto. Se pueden ver dos tumbas y las pinturas están perfectamente conservadas con sus vivos colores, y se ven escenas de la vida común en esa época.

Los colosos de Memnon. Representan al faraón Amenhotep III.

Ahora sí, la excursión de la tarde:

Primero fuimos a Karnak. El complejo de Karnak es el conjunto de culto religioso conocido más antiguo del mundo. Un enorme museo a cielo abierto que muestra importantes restos de la cultura del antiguo Egipto. Es el segundo lugar más visitado de Egipto, después de las pirámides (Fuente: aquí)

Entrando al complejo.

Con estatuas que representan al dios Amón. Cuerpo de león y cabeza de carnero.

Otra zona del complejo.

Columnas.

El obelisco caído de Hatshepsut, una reina que siempre se hacía retratar con cuerpo de hombre.

Obelisco de Hatshepsut.

Y de allí al Templo de Luxor, enorme, imponente y precioso visitarlo al atardecer.

Cartel a la llegada.

Estatuas que representan a Ramsés II. Su momia la vimos en el Museo Egipcio.

Ale y Ramsés II.

Ale y la cabeza de Ramsés II.

Como muchos otros templos, Luxor estuvo enterrado en arena por años y años y la gente construía sobre ellos. En este caso también construyeron una mezquita y por ser como de 1000 años, decidieron dejarla, porque a la gente que vivía sobre este templo (sin saberlo) y había construído sus casas, fue removida de allí.

La mezquita milenaria construída sobre el templo.

Evidencia de ocupación romana. Se ven soldados romanos.

Los antiguos romanos quisieron arreglar el templo pero se equivocaron un poquito al poner la piedra que tenía un pie.

Aquí se ve a Alejandro Magno dando ofrendas al dios de la fertilidad. No hay necesidad de decir cuál es el dios, no?

Navegando El Nilo Día 3

El imponente templo de Horus.

Nuestro tercer día navegando por el río Nilo y tuvimos a la mañana la excursión al Templo de Horus en Edfu.

Mirando a Horus, un dios egipcio.

Mi estomaguito me despertó como a las 5 de la mañana para llevarme al baño y sentarme allí un rato. Empecé a preocuparme y a temer lo que me pasó cuando me levanté: constantes dolores de panza, ganas de ir al baño, y miedo de perderme alguna excursión, o peor aún, que me descomponga en el medio de la excursión.

Como pude desayuné algo y juntando coraje, me subí al micro aunque le avisamos a la guía que andaba más o menos, en realidad para preguntarle cómo era la excursión y si iba a haber baños cercanos.

Me dijo que sí y que no me preocupara, que había sectores con sombra y que cualquier cosa me quedara allí.

Cuando llegamos el dolor era intenso y me puse a llorar un poquito pero por suerte, estas gafas enormes que tengo me ayudan a ocultarme aunque la guía se dio cuenta y, al empezar el tour, nos fuimos debajo de la sombra y me senté sobre una piedra y no me moví de ahí.

Le dije a Ale que fuera él, que recorriera y que cuando terminara de explicar la guía (siempre explica y te muestra cosas y después te da como media hora para que recorras y saques fotos por tu cuenta) que volviera a donde estaba yo para ver cómo me sentía.

Reconstrucción de una barca. Tenían la original pero se perdió.

Se fueron todos, me quedé ahí y después Ale apareció y me contó que dentro del templo había otro sector con sombra, mejor que en el que yo me encontraba.

Fui hasta allí, y me pasé mirando la gente. Pero sentí el llamado de la naturaleza nuevamente, y desesperada y medio llorando (Sí, soy una maricona! Lloro cuando me duele la panza!) bajo el sol fulminante del desierto, llegué al baño y me ataja un señor para darme papel y le dije “No money”; guardó el papel y yo me metí al baño con mis carilinas.

Por suerte fue una falsa alarma y, más aliviada, volví a la sombra, apareció Ale y me llevó por ciertos sectores del templo, explicándome cosas. En verdad, un divino mi marido.

Me mostró los diferentes sectores y me hizo ver que este es el único templo egipcio antiguo que tiene el cielorraso. Hay un lugar donde se ve a un dios dándole perfumes al faraón y también se pueden “leer” las fórmulas de dichos perfumes.

A la entrada del templo.

Entrando al templo.

La fórmula de los perfumes.

El faraón ofrendando perfumes.

En otro sector.

Cuando volvimos al estacionamiento, mientras esperábamos el micro, se nos acercó un hombre entrado en años, con un cajoncito para lustrar zapatos y un bolsito raído por los años y el uso. Con Ale nos mirábamos y decíamos “Pobre, dónde va a conseguir lustrarle los zapatos a alguien!” Pero un hombre que estaba haciendo el tour con nosotros, le dijo que sí y le mostró que su suela estaba despegándose.

El lustrador se puso en cuclillas y procedió a limpiar y lustrarle los zapatos con trapitos viejos, con esponjas de distintos tamaños, buscaba vaya a saber qué, y de los muchos bolsillos que tenía su bolso sacaba papelitos, paños sucios, y todos observando hasta que vimos que de un trapito sacó un imán con muchos clavos y clavitos, sacó dos muy pequeñitos y se dispuso a clavarlos en el zapato del hombre.

Trabajó y trabajó y, cuando ya venía el final, la guía que nos llama para volver al micro! Y me perdí de ver cómo arreglaban el precio y si este señor que iba con nosotros iba a saber de alguna forma, compensar a este humilde viejito.

Cuando salimos del templo, que se encontraba en una zona muy humilde, tuve oportunidad de filmar las calles y la gente. Les recomiendo ver el videíto.

Navegando El Nilo Día 2

Vista del templo desde el bote.

Nos levantamos temprano y después de desayunar, tomamos un micro que nos llevó a un muelle donde había infinidad de botes. Nos dirigimos al Templo de Philae.

La entrada impresiona.

Si se fijan bien, este templo presenta columnas de estilo greco-romano. Cuando veas un templo egipcio con esta clase de columnas significa que fueron construidos en el período Ptolomeico. Bajo esta dinastía (la iniciada por Ptolomeo, un general griego), los egipcios tuvieron la libertad de seguir adorando a sus dioses y pudieron, entonces, construir sus templos aunque con influencias, como es evidente.


Es increíble ver los jeroglíficos intactos y después de tantos años tener la posibilidad de admirarlos, de disfrutarlos y, hasta a veces, (bueno, con ayuda de algún guía) entenderlos.

Jeroglíficos en una columna.

Evidencia de que los cristianos se refugiaron en este templo cuando eran perseguidos.

Este es un templo que estaban construyendo los romanos para un emperador pero como murió antes de que fuese terminado, fue abandonado.

Luego fuimos a ver unas represas, la nueva y la vieja. La vieja fue construida por los ingleses que necesitaban que hubiera más cosecha de algodón. La nueva fue construida con ayuda de la Unión Soviética para generar electricidad y controlar el flujo del río.

Un sector de la represa.

De allí fuimos hasta el sitio donde se encuentra un obelisco inconcluso. Había sido cortado de las piedras in situ, como se puede apreciar en la foto, pero como encontraron una falla en la piedra, lo abandonaron. El obelisco iba a ser construido para ser una ofrenda a los dioses y como la piedra tenía una falla, no era perfecta. Y por este motivo, se lo abandonó.

El obelisco inconcluso.

Cuando volvíamos, para llegar a la salida hay que pasar por un pequeño boulevard donde están todos los negocios. Yo quise comprarme una camisa de algodón y después de pelear un poquito el precio, decidimos comprarla, pagamos, y ya no nos quedaba más dinero. En seguida, otro vendedor, que vio que yo señalé su puesto de especias, se acercó y empezó a decirme en perfecto castellano “Qué es esto? Qué es esto?” y empezó a ponerme distintas especias y a hacerme adivinar (a mi juego me llamaron!) y después de acertado todos los montoncitos que me puso en la mano, quiso venderme “1 pound! 1 pound!” o sea, una libra.

El boulevard tan temido.

Yo le pregunté “1 Egyptian pound?” “Yes, 1 pound” y los dos, el que me había vendido la camisa y el de las especias, sin que nos hubiésemos dado cuenta, nos habían estado empujando hasta el fondo del local donde tenían un lugar lleno de especias y de distintos tipos de pimientas y -te ganan por cansancio!- tanto insistió con un té de menta que le dije “OK but one pound” (porque yo tenía nada más que eso en el bolsillo!) “Yes, 1 pound”.

Yo lo veía entusiasmado poniendo té en una bolsita y le dije basta porque eso de “1 pound” no tenía nada! Lo pesó y me dijo “50 pound” “No! 1 pound!” le dije. “1 gram, 1 pound”. Ah qué vivo! Y yo qué ilusa!

Diciéndole que no, nos queríamos ir y cada vez que le quería devolver el paquete, él me lo volvía a dejar en mis manos, no sé cómo hacía pero no había forma de que él lo recibiera.
Con cada intento él iba bajando el precio, pero no llegaba a “1 pound” nunca! Ale tampoco podía ponérselo en sus manos y cada vez que queríamos salir, nos bloqueaban uno u otro.

Al final, creo que lo bajaron a 10 y Ale le dijo que no tenía y el vendedor le dijo “Sí, tenés” y le señaló el bolsillo, le había visto el billete cuando sacó la plata para pagar la camisa que me compré antes. Y éso era lo último que teníamos, pero con tal de irnos de ahí, se lo dimos y el de las especias vino hacia a mí y me señaló mi bolsillo y yo le dije “No money” y … qué me pudo haber dicho!?!? “1 pound!”

Él sabía que yo tenía ese billete porque también me lo había visto cuando yo lo saqué antes para mostrarle que era lo único que tenía.

Mah, si, ya no me importaba nada, le dí el 1 pound y nos fuimos de ahí. Nos dimos cuenta que éramos los únicos, los demás habían estado esperándonos en el micro como 15 minutos!

Volvimos al barco a almorzar y de allí volvimos a partir. Esta vez fue para visitar el Templo de Sobek en Komombo.

Un sector del templo.

Aquí se ve una mujer pariendo.

Aquí se puede apreciar diferentes instrumentos quirúrgicos, tijeras, sopapas como las que usan los chinos, ganchos, esponjas, cuchillos, etc.

Todavía se pueden apreciar algunos cielorrasos pintados.

Esa noche había que vestirse con algo típico de Egipto y nos dijeron que podíamos comprar los vestidos tanto en el negocio del barco o en algún puesto cuando bajáramos.

Cuando bajamos en Komombo, los vendedores ya nos estaban esperando porque sabían que ese día teníamos que vestirnos con las ropas que ellos venden. Le preguntamos a la guía hasta cuánto deberíamos pagar por los dos vestidos y nos dijo 150 libras egipcias los dos, no más.

Después de pasear por el templo, fuimos hacia los puestos aunque en el camino se te acercan de a uno, niños, viejos, hombres de todas las edades, vendiéndote collares, chales, postales, posters, de todo. Cuando llegamos a un puesto, elegimos dos, y cuando le preguntamos el precio, el puestero nos dijo “250”. “No, no,” decía Ale. Y el puestero iba bajando el precio de a poquito pero Ale seguía diciendo que no y nos queríamos ir y se le acerca a Ale y le dice en voz baja “Tenés que decir una cifra”. Le estaba enseñando a regatear! Entonces Ale decía una cifra, él decía una más alta. Al fin Ale dijo “140” “170!”

En fin, éste también nos ganó por cansancio, habíamos estado como 5 minutos dale que dale así que pagamos 170 y nos fuimos antes de que nos vendiera otras cosas porque un minuto que te detenés a ver algo más, te lo ponen en las manos, te dicen cualquier precio y el regateo puede no tener fin! Bah, tiene fin cuando terminás comprando más de lo que tenías pensado!

A la noche comimos platos egipcios deliciosos y disfruté aún más la mesa dulce. La pastelería egipcia es muy parecida a la turca y a la armenia, así se dan una idea, por supuesto, mucha masa filo, almíbar y pistachos.

A qué le saca foto la gorda? A la mesa dulce!

De repente de la cocina vinieron varios mozos y con Hassan, el maître al frente, tocando una especie de tamboril, y otro llevando una torta, se acercaron cantando a una mesa de una pareja. Pensábamos que era el cumpleaños de uno de ellos pero después nos enteramos que estaban de luna de miel y la canción que cantaban era una canción de amor del novio a la novia. Y les hicieron cortar la torta a los dos, como lo hacen los novios.

Aquí pueden verlos y escucharlos.

Como el día anterior el manager había dicho que cualquiera que quisiera podía entrar a la cocina o a la cabina donde está el capitán, yo pedí permiso y entramos a la cocina. Estuve hablando con los pasteleros, me mostraron lo que estaban preparando para el día siguiente y Ale les dijo que yo era chef pâtissiѐre, me pusieron un gorro y me dieron un bowl donde estaban preparando un postre y me sacaban fotos con su celular! Ah, entonces Ale también sacó la cámara y me sacó fotos con ellos! Nos despedimos y nos fuimos a lo siguiente…

Con los chefs pasteleros.

Después de cenar venía el baile! Fuimos a la pista, al otro piso, y allí estaba Hassan. Allí lo encontrabas a él, en el medio, divertido, enseñando pasitos de danzas egipcias. Vieron esas personas que no importa de qué nacionalidad son, uno se da cuenta al instante que son simpáticos, buena onda? Así es Hassan.

Bailando con Hassan y una señora que andaba bailando por ahí también.

Los dejo con una escenita filmada desde el barco mientras navegábamos . Se ve desierto, gente sobre burritos y luego, palmeras.

Navegando El Nilo Día 1

El día 26 a la noche fuimos hasta la estación a tomar el tren hacia Aswan. Lo tomamos a las 8.45 de la noche y llegaríamos a las 9.00 de la mañana del otro día.

Un tren en acción.

En la estación había mucha gente esperando, tanto locales como turistas porque de allí partían muchos trenes para diferentes destinos.

Esperando el tren.

Teníamos que viajar en camarote con cena y desayuno incluido. El camarote era pequeño pero cada espacio estaba bien aprovechado. Luego de cenar (yo ni toqué la comida porque me dolía la panza) vino el mozo y con una llave abrió un respaldo que estaba encima del cabezal de los asientos y vimos que eso era la cama de arriba (ya hecha, con frazada y todo) y a los asientos los bajó por el respaldo y voilà, otra cama! Las almohadas estaban en un estante más arriba.

Los dos asientos.

Las dos camas.

Yo nunca había dormido en una cama en un tren y, la verdad, la cama era cómoda pero era tanto el ruido y cómo se movía el tren que me despertaba a cada momento. El tren era muy parecido en apariencia y movimiento al tren que solía tomar cuando iba a Olavarría.

A la mañana siguiente Ale desayunó y yo, por las dudas, aunque me sentía bien, opté por tomar agua, nada más.

El pasillo en el tren.

El baño, toda una aventura. No bien entramos al tren quise “ir” y cuando entro, veo un cartel que decía, en árabe y en inglés, que no había que utilizar el baño si el tren estaba detenido. Como lo mío urgía, llamé a un mozo que andaba por ahí y le señalé el cartel y me dijo “No problem, no problem.” “No problem? Flush no problem?” le pregunté “Yes, no problem,” me aseguró.

El caso es que yo después apreté el pedal que estaba abajo y en vez de salir agua se abrió una puertita en el inodoro! Nada más! Como creo que si un cartel está ahí por algo es, yo, prevenida, había traído un vaso así que desagoté todo tirando agua y manteniendo el pedal apretado. Luego, cual Mónica Geller, limpié todo con toallitas húmedas y el inodoro quedó todo primoroso otra vez.

El inodoro, el pedal y el cartel.

No llegamos a Aswan hasta el mediodía así que la mayor parte de la mañana la pasé mirando por la ventana. Ahí pude observar que hay pequeños lotes cultivados con maíz y con otros vegetales que no alcancé a reconocer.

Las condiciones en que trabajan los campesinos son muy precarias, a sus cosechas las llevan sobre el lomo de sus burros. Puede que alguno tenga un tractor pero muy pequeño y desvencijado. Vi a unos tres hombres regando con agua que sacaban de un balde que habían transportado hasta allí. Se ven cabras y vacas muy flacas. Muchos niños y hombres, algunos pescando, otros bañándose en el río o lago.

También vi cómo son las casas. Como suelen vivir 3, o hasta a veces, 4 familias juntas, las casas tienden a construirse hacia arriba. Y ves a la mayoría de uno o dos pisos con las columnas listas para agregar otro más. Pero también se ven casitas muy precarias, taperas y mezquitas humildes.

Cuando llegamos a la estación, nos estaban esperando y nos llevaron al barco. Dejamos las cosas en el camarote y fuimos a almorzar. Luego fuimos en felucca (un pequeño bote a vela, sin motor) al Jardín Botánico. Hermoso. Muchas variedades de plantas, árboles y palmeras y muchos gatitos famélicos.

Nuestro felucca se llamaba Love Boat.

Entrada al Jardín Botánico.

Palmeras.

Gatito famélico.

También había un grupo de chicos y chicas de unos 12 o 13 años, no sé si estaban de excursión con la escuela o qué, pero había un grupito de chicas que nos miraban mucho y pasaban a nuestro lado y nos decían “hello” y se reían muy tímidas entre ellas. Nosotros seguimos caminando pero volvieron a cruzarnos y una de ellas me regaló unas florcitas que habían arrancado por ahí y me decían “hello”. Qué divinas! Yo no sabía qué decirles y sólo me salió decirles “shákran” que es gracias. Ni sé si lo pronuncié bien pero me entendieron.

A la vuelta unos chicos sentados sobre unas tablas muy precarias de madera, a modo de balsa, se acercaban a las embarcaciones y preguntaban “England? America? España? Italia?” y si uno respondía que sí a algún país que mencionaran, empezaban a cantar una canción tradicional de ese país para ganarse una propina.

Un niño cantando.

Cerca de las 5 de la tarde llegamos al barco. Tomamos el té (que sólo consistía en eso, té con un par de bocaditos) y a las 7 y media de la tarde, la cena. De todas formas, un ratito antes hubo un “cocktail” para todos los pasajeros y el manager del barco nos presentó al capitán, al chef, al recepcionista, y otras personas más.

Y luego sí, a cenar!

El Cairo Día 2

Bueno.
POR DÓNDE EMPIEZO!?!?!?

Hoy nos levantamos a las 5 y media de la mañana porque dos horas después nos venía a buscar Karen para ir a las pirámides.

Fuimos muy temprano porque sólo se venden 150 entradas a la mañana y 150 a la tarde. Tenés que comprar tres tickets diferentes, una para el complejo en general, otra para la pirámide de Keops (Cheops en griego, Khufu en egipcio pronunciado “jufu”), y otra para la de Kefrén (Khafre, pronunciado “jafre”).

Esta vez paseamos con dos chicas americanas que viven en Inglaterra y estaban con nosotros en el tour y casi que fuimos los primeros en entrar en la pirámide de Keops, por un pasillo oscuro y algo angosto pero no de esa clase de angosto de que casi no te podés mover.

No sé si son los años o que estoy muy sensible o miedosa, pero llegué a la entrada y me empezó a latir muy rápido el corazón y me empecé a abanicar y recordando que yo una vez estuve dentro de una pirámide azteca, yendo por un pasillo húmedo, oscuro y angosto como un cabello de ángel, y no me pasó nada y salí lo más campante, junté coraje y me metí igual!

A punto de entrar a la pirámide.

El primer tramo corto caminás para abajo normal. Luego el camino se hace muy empinado hacia arriba y ahí nos tuvimos que agachar, darnos vuelta y caminar para atrás lo cual me hizo bien porque no veía todo lo que quedaba por delante.

Después el tramo se nivela un poco y te espera otro tramo más empinado, es interminable, y como no te tenés que agachar, subís y subís y subís y subís y si te cansás, no podés parar porque tenés gente atrás y entonces subís y subís y te cansás y te duele todo y cuando tenés ganas de deslizarte por la baranda e irte corriendo, llegás a un descanso pequeño y ahí nomás tenés un túnel cortito por donde tenés que pasar más agachado que antes y llegás a una cámara oscura y te encontrás con el sarcófago del faraón Khufu. Lo que se ve es un bloque de piedra hueco, como si fuera una caja sin tapa.

La recordaba de haberla visto a Marley acostarse adentro aduciendo el poder energético de la piedra!

Te doy un consejito para cuando vengas: si sufrís de taquicardia, si sos miedoso/a o si no te gusta viajar en subte, pues no entres! Miralo a Marley!

Y si venís y decidís entrar, no mires hacia adelante, mirá constantemente para abajo, contá tus pasos, cantá una canción o hablá pavadas o contá chistes. Ayuda mucho.

Lo increíble fue que al salir me sentí fortalecida y toda esa sensación de estómago revuelto se me había pasado por completo.

Karen se empezó a reír cuando le contamos cómo subimos: “Les dije que hicieran al revés! Que bajaran caminando para atrás!”

Bueno, nos reímos los cuatro también pero estuvimos de acuerdo que lo mejor fue haberlo hecho como lo hicimos.

Luego entramos a dos mastabas, la Mastaba de Qar y la Mastaba de Idu. En ambas se ven los jeroglíficos tan claramente, tan hermosos, que uno no puede creer que hayan sobrevivido hasta ahora. Y cuando entramos a la Mastaba de Idu encontramos pequeñas estatuas que se creen recrean diferentes etapas de crecimiento del faraón y también pudimos ver grabados una fiesta para el faraón, los acróbatas, los músicos, gente aplaudiendo, etc., y luego la procesión funeraria y las diferentes ofrendas. Y una de las ofrendas era una pila de comida, que incluía vegetales, una pata de vaca, patos y todavía estaban en colores! Te ponían la piel de gallina!

Dentro de la Mastaba de Idu.

Luego fuimos a ver un edificio construido alrededor de un lugar donde se descubrió la barca real de Keops. Allí nos dieron unos zoquetes para cubrir nuestros zapatos así no ensuciábamos el piso o lo llenábamos de arena.

La barca reconstruída. Es enoooooooorme.

Después de este paseíto reparador (porque ese edificio tenía aire acondicionado) nos tocaba entrar a otra pirámide. Karen nos previno que esta vez el camino era un poco más largo y que adentro iba a hacer más calor e iba a estar más húmedo todavía porque antes de nosotros ya habían entrado otros turistas.

Adentro no se veían tesoros, sólo un sarcófago parecido al anterior, y en la pared escrito el nombre del explorador italiano Giovanni Belzoni quien fue que encontró esta cámara y la fecha, el día 2 de marzo de 1818. Lo escribió el mismo Giovanni y quedó desde ese entonces.

Las chicas y Ale decidieron ir y yo, no. Ok, tírenme con piedras o fruta podrida, llámenme inculta pero con el calor que estaba pasando agregarle otro paseíto piramidal… no, gracias. Me pregunté a mí misma “Me siento bien al forzarme a hacer ésto? Otra vez?” Me contesté “No”. Y no fui. Me quedé afuera con Karen esperándolos a los tres que salieron empapadísimos y más acalorados que antes.

Bueno, llegó el momento temido…

Estando en Londres, haciéndole preguntas a Ale sobre cosas del viaje, me entero: “Ah, y vamos a andar en camello”. Para mí fue una sorpresa, no me lo esperaba porque no sabía que lo había reservado.

Y anoche supe que el paseíto en ese pestañoso animal iba a durar 45 minutos… Ahí me preocupé. Antes de dormirme le comenté a Ale que estaba un poco insegura con esto de andar en camello (yo, viste, no tengo ningún problema en comerlo, como lo hice alguna vez, pero de ahí a subirme…).

Me preocupaba el hecho de que como nunca me subí a un caballo por miedo a la altura (aunque sí dí una vueltita en elefante – en el zoo de Luján), el camello es más alto y mientras está sentado, qué bueno, pero viste alguna vez cómo se levanta un camello? Tiene cuatro rodillas, primero se levanta con las patas traseras (y vos ahí agarrada, te tenés que inclinar para atrás) y después se levanta con las delanteras (y te tenés que inclinar para adelante).

Suena MUY glamoroso pasear en camellito pero a mí me dio un poquito de miedo. Para ser más precisa, me dio palpitaciones, me revolvió el estómago… y todo antes de subirme! Así que Karen se quedó al lado mío mientras me agarraba de una pierna (para darme fuerzas, ánimo, o como lo llames) y el camello se levantó… y a mí se me cayeron unas lagrimitas pero fue de la tensión que en ese momento me hacía temblequear. Para colmo el camello se empezó a mover medio raro y me dijeron que se estaba rascando con las patas pero me lo aguanté estoica. Porque no me quedaba otra! Ya estaba subida!

Poniéndole el pecho a las circunstancias. Se me nota en la cara, no?

A medida que el camello se movía (yo pedí el más chiquito) trataba de acompañar con mi cuerpo sus camélidos movimientos y eso me hizo sentir más segura. Y de a poco me fui aflojando y empecé a disfrutarlo.

Valió la pena totalmente haber hecho el viaje en camello. Subimos hasta un parte elevada donde sacamos unas fotos con la mejor perspectiva mientras un señor sacaba gaseosas frescas de las alforjas que su burrito tenía colgadas de su lomo.

Posando para la foto.

Seguimos nuestro camino hacia abajo y divisamos la esfinge! Nos bajamos del camello, sacamos más fotos y después de admirar la esfinge y entrar al Templo del Valle (donde momificaron a Kefrén) ya nuestra excursión que había comenzado a las 8 de la mañana se había terminado a la 1 de la tarde.

Nos bajamos del camello y la esfinge está detrás.

Más cerca de la esfinge.

A comer!

Fuimos a un restaurant donde probé palomas. Venían dos palomitas asadas con arroz. Muy ricas, un sabor parecido al pato pero la carne tierna como la del pollo aunque más roja. Fue trabajoso porque los huesos son muy chiquitos y finitos pero cuando se trata de comida, acepto el desafío.

Las palomitas asadas a la parrilla con arroz.

Luego Karen nos recomendó (y nos dio una tarjeta con un 30% de descuento) un lugar donde se vende algodón egipcio (prendas de vestir, sábanas, toallas, etc.) y después de comprar un par de cosas volvimos al hotel que ya era hora de preparar todo para tomar el tren que durante la noche nos llevaría a Aswan.

El Cairo Día 1

Vista desde el balcón de nuestra habitación.

Salimos de Londres hacia El Cairo el día 24 de setiembre y llegamos a la 1 de la mañana. Al salir del avión y pasar por un pasillo, encontramos a varias personas con carteles con nombres y allí ubicamos al “nuestro”. Nos saludó muy cordialmente este joven egipcio, alto, esbelto, de traje, y nos ayudó con la valija de mano, nos pidió nuestros pasaportes y ahí, al lado de la casilla de migraciones, pegó una visa en cada documento y él mismo se encargó de dárselos a las autoridades.

Sí, así como lo leen! Luego nos esperó mientras buscábamos las valijas grandes y él mismo se encargó de levantarlas y ponerlas en el carro y nos llevó afuera a esperar el taxi.

Como no estoy acostumbrada a que alguien me lleve el equipaje (algo que agradezco haber aprendido pero me costó mis buenas… lágrimas), me sentía un poco rara, una inútil, bah, yo siempre llevé mi equipaje encima y soy de la idea de que si vos no sos capaz de hacerte cargo de lo que llevás, pues no salgas de tu casa (Sí, sí, aprendí bien mi lección).

Mientras íbamos en el taxi por la autopista de calles lisitas, no dejé de deslumbrarme con todo lo que veía a mi alrededor: empezamos a divisar mezquitas hermosas y enormes y todo era más bello todavía por la iluminación.

Como es Ramadán (período en que los musulmanes realizan un ayuno diario desde el alba hasta que se pone el sol) había mucha gente por las calles como si fueran las cuatro de la tarde, gente comiendo, haciendo picnics (les recuerdo, eran como la 1 y media de la mañana), hasta vimos un embotellamiento en una de las calles de la autopista, no sé si se pueden dar una idea de la cantidad de gente y del movimiento alrededor a esas horas!

Llegamos al hotel y cuando ingresamos a la habitación, el señor que nos trajo las valijas (oh, sí, las trajo él, sí, me volví a sentir horrible) corrió las cortinas y qué vimos?!?! Las pirámides! El balcón de nuestra habitación da a las pirámides!

A pesar de la oscuridad se alcanzaban a divisar las tres perfectamente.

Este viaje se pergeñó hace un tiempo ya, cuando Ale decidió regalarse para sus 40 años ir a Hong Kong. “Ah, bueno,” dije yo “entonces yo también quiero ir a un lado para mi cumple!” “A dónde?” me preguntó Ale. “A Egipto!” se me ocurrió y yo pensé que iba a quedar ahí. Pero no, Ale empezó a averiguar y un día me contó de Karen, una inglesa que vive en El Cairo desde hace mucho y se especializa en guiar viajeros y la tiene clara dónde llevarte pero a la vez es lo bastante flexible para adaptar las visitas a tu gusto e interés.

Y nos pareció una buena idea porque estar en una ciudad donde, para los occidentales, es todo tan diferente (les juro, es muy diferente) es bueno estar con alguien que te tiene de acá para allá, va a lo concreto y no perdés el tiempo buscando ya sea un colectivo (que hay de muchas clases y precios – y no tienen carteles a dónde van y si los tienen, están en árabe) o un taxi o lo que sea.

Así que hoy a la mañana, después de desayunar nos encontramos con Karen, nos presentó el manager del hotel y nos llevó en una camioneta hasta la estación de subtes porque Ale tiene la costumbre de viajar en subte en cada ciudad que vamos. Antes de ingresar a la plataforma tuvimos que pasar por un detector de metales, al igual –me olvidé de mencionarlo – que cuando entramos al hotel. Y en el hotel me sonó por mis pulseras y no me dijeron nada, pero en el de la estación no sonó…

Tomamos el subte caluroso como todo subte pero aquí se sufre más. Yo le comenté a Karen que no tuve tiempo de comprarme unas camisolas un poquito largas y nada más tenía una camisa que me llegaba hasta debajo de la cintura y me sentía un poco incómoda porque no quería transgredir ni ofender (recuerden, estamos en un país musulmán donde una mujer no puede mirar un hombre a los ojos ni aunque estén hablando y no se puede abrazar o dar besitos a tu marido en público) pero me dijo que estaba bien y que nos miraban mucho porque se notaba que éramos turistas y a pesar de que desde tiempos inmemoriales en El Cairo hay turistas, todavía son una atracción para los locales y más en el subte, que no lo toma casi ninguno.

Saliendo del subte.

Después de seis estaciones llegamos al Museo Egipcio. Este museo por fuera es de color rosa oscuro y muy parecido a la Casa Rosada. Karen nos contó que a instancias de un arqueólogo francés, los egipcios levantaron este edificio para preservar sus tesoros porque hasta ese momento todo era un descontrol total. Nos dijo que hay tantos objetos que si estuviéramos mirando cada uno por un minuto, recién saldríamos del museo 9 meses después!

Entrada al museo.

Entonces decidió darnos un pantallazo general de la historia de Egipto y nos mostró muchas estatuas, esfinges, etc., y dos platos fuertes: uno, las momias, donde se exhiben fuera de sus sarcófagos y, como las que hay en La Plata, se ven los cabellos, los dientes, las uñas…

Y el otro plato fuerte fue ver a la máscara de Tutankamon, esa que se conoce mundialmente, la color azul y de oro y sus diferentes sarcófagos, ya que Tutankamon estuvo bien escondido hasta principios del siglo XX cuando fue descubierto.

Todo esto que yo cuento en dos párrafos nos llevó HORAS recorrerlo, aprenderlo, disfrutarlo y hay miles de detalles que no menciono porque estaríamos hasta mañana pero quedamos fascinados con este poquito de historia que Karen nos contó y que llevó tanto tiempo!

Después del museo fuimos a almorzar como a las cuatro de la tarde, comimos una entrada de diversos platos pequeños de comida egipcia que es parecida a la árabe y la cual a Ale y a mí nos gusta mucho.

En el restaurant.

Cuando estábamos por salir, notamos que ya empezaba a venir mucha gente a cenar, eran las 5 y media de la tarde y cuando salimos… Literalmente, me quedé con la boca abierta! La calle había sido invadida por mesas largas donde comían muchas personas! Karen nos dijo que como es la hora de comer, de terminar con el ayuno, la gente que es muy pobre o que se encuentra en tránsito porque acaba de salir del trabajo, se sienta a comer y gratis! Es el período de Ramadán, todo se comparte y se da también, como caridad, a gente humilde.

Al regreso, desde la camioneta pasamos por un montón de lugares donde vimos gente comiendo en las calles, bajo los puentes, sentados a mesas largas y todos comiendo en armonía. Una vista muy linda.

Y llegamos al hotel, donde estamos ahora, yo con cansancio pero contenta y sobre todo ansiosa, ya que mañana temprano iremos a ver las pirámides…

Ampliaremos…