Canadá

Comer En Canadá

Somos lo que comemos? Y qué somos, entonces? Porque en nuestro caso, comemos de todo: carnes varias, vegetales, frutas, dulces…

También nos gusta comer lo típico del lugar que visitamos. Cuando compramos una guía de viaje siempre nos detenemos a leer con tiempo qué es lo típico para comer.

Y una vez allí, si vamos a un restaurant, por lo menos yo, pido siempre lo más exótico (mientras no sea agridulce…) o algún animal que no haya probado o algún plato que probé hace mucho y hacía rato que no comía.

Con respecto a qué se come en Canadá, nada fue tan planeado. No compramos guía ni averiguamos qué comer. Sabíamos que nos encontraríamos con amigos que nos aconsejarían bien.

Y sí lo hicieron!

Les paso a mostrar platos típicos de las zonas de Canadá que visitamos y alguna que otra foto de los lugares. Pero también decidí agregar fotos de otras comidas que son más universales pero me gustó cómo fueron presentadas.

Tienen listo el tenedor y cuchillo?

Comencemos con los desayunos.

El primero, en Québec. Con bebida cola orgánica para Ale!

Un pan, una medialuna, manteca, el café… Qué tiene de particular? El sabor! En Québec la manteca es sabrosa, es salada y es muy raro encontrar manteca sin sal. El pan tiene gusto a pan y la medialuna es deliciosa!

Sobre todo si desayunás en un sitio tan bonito como J. A. Moisan, una épicerie abierta desde 1871.

Oh, gloriosos desayunos en Chez Cora! Alta calidad y sabor, precios normales. Deliciosos! Fuimos dos mañanas y comprobamos que los platos son realmente abundantes.

 Te traen el acompañamiento primero.

Lo que me pasó fue pedir té y me trajeron esa teterita y luego una caja de donde elegir los saquitos. Como no conocía la marca, le dije que quería regular tea. Me dijo cuál era y noté que el saquito decía orange pekoe y pensé que era de naranja pero no, ése es el nombre del típico té negro que le dan allí.

 Omelette de jamón con papas al horno.

 Crêpe de queso con hongos y acompañamiento de frutas frescas.

Huevos Benedictinos con papas y frutas frescas.

Sandwich de huevo, jamón y queso y frutas frescas.

Salís rodando pero es combustible hasta la cena!

Aquella vez que fuimos a desayunar con Rod y Chloé, además de sacarnos fotos juntos, desayunamos lo que se puede desayunar en todo desayuno buffet, así que no fue muy distinto de lo que te podrías encontrar en cualquier hotel. Pero sí decidimos sacar fotos a lo que elegimos de la mesa dulce, porque esos ítems suelen ser más particulares u originales.

Cada uno iba por su lado y cuando nos sentamos a comer, Rod y yo comprobamos que somos hermanitos separados al nacer. 

 Mi plato.

El plato de Rod.

Los dos elegimos 6 ítems y coincidimos en 4!

Llegó la hora de almorzar!

Rod y Chloé nos aconsejaron probar poutine (pronunciado “putín”) que es algo típico de Québec y consiste en ser papas fritas con una salsita tipo gravy y por arriba se esparece queso cheddar sin curar del todo, como si fuera una mozzarella no tan húmeda y con un poco más de sabor.

Hay muchas variantes. Nosotros compartimos un plato porque eran como las 4 de la tarde y nos había dado ganas de comer alguito.

 Por favor, no hagan como yo que me equivoqué y pedí “putain”. Lo juro, fue sin querer!

Ale acompañó esta comida con un licuado y me encantó la forma en que lo presentaron.

Mono, no?

En Toronto, en ese glorioso mercado que visitamos, en un puesto de pescados que arrrrrrrdía por la cantidad de gente que había haciendo cola, pedimos lo siguiente:

 Ale, rabas con papas fritas. Era una montaña, ahí no lo parece pero era un montón!

 Yo, pulpo grillado con papas fritas. Unos tentáculos gruesos y carnosos, para nada gomosos.

El día que nos encontramos con Gabriel, comimos algo tranquilo.

 Ale un hot dog y unas papas deliciosas!

Yo, algo que se comía bastante por allí, llamado pierogies, una especie de tortelettis rellenos de ricota, en este caso, acompañados con unos champignones.

Eh! Varénikes!

A tono con la proximidad con EEUU (y con los gustos de Sergio, el amigo de Vancouver) comimos unas hamburguesas muy ricas en Fatburger, una cadena americana de fast food.

Hacía millones de años que no comía en un local de estos!

Las cenas!

La última noche en Québec fuimos a un restaurantito que nos recomendó Chloé para comer poutine no tan gourmet como el que habíamos comido antes.

El lugar era muy popular con chicos skaters y medio heavy metal así que nosotros no desentonábamos para nada (!)

 
Poutine con bacon para Ale.
Poutine con carne para mí. No me gustó mucho este.
 Cuando cenamos en la CN Tower, en Toronto, pedí gallina. Estaba deliciosa pero no la pude terminar!

 Ale pidió carne asada, al grill, andá a saber!

 Acompañada con batatas fritas.

Y ahora… a los postres!

 Me encantó esta forma de presentar el clásico tiramisú aunque no le hubiese agregado los frutos rojos.

Esta es una treacle tart con pasas de uvas y nueces pecanas que pidió Ale.

El cafecito?

Cómo no, si se toma en Tim Hortons!

El equivalente canadiense de Starbucks!

Lo que nos quedó por comer son Beavertails o Queues de Castor o colas de castor.

En qué consiste? Es una especie de masa frita alargada, no muy grande, y se le pone cualquier clase de topping. El póster de abajo muestra la clase de toppings que podés pedir.

Generalmente se come a la tarde pero claro, a la tarde nunca teníamos tanto hambre!

Retomando el hilo del comienzo, en cómo catalogarse según lo que uno come, viendo y considerando lo expuesto, puedo llegar a afirmar que somos muy aventureros, le hincamos el diente a todo!

3 Días En Vancouver

En una librería en Vancouver.

Qué escribir sobre Vancouver?

Vienen a mi memoria los árboles y la mucha naturaleza, los parques nacionales y el color verde.

Pero cuando uno viene de un viaje largo, de muchos días de caminar y caminar y llega a la casa de amigos con auto, llueve y hace frío, qué pasa? Se desinfla. Descansa un poco más… o pasea más relajado.

Llegamos a la noche tarde provenientes de New York donde estuvimos unas horas y al siguiente día, como estaba bastante nublado, nuestros amigos decidieron llevarnos a pasear y mostrarnos el lado natural de Vancouver.

La impresión que tenés al ir por las carreteras y autopistas es que Vancouver tiene el equilibrio perfecto entre concreto y naturaleza pero que podés acceder fácilmente a los parques y paseos sólo si tenés auto.

Una vez que llegás a los parques, la vista que tenés desde ellos o de ellos por adentro, te deja sin aliento: Me maravilla ver tantos bosques de pinos, me imagino que en invierno salpicados de nieve se ven hermosos lo mismo.

El barrio donde viven nuestros amigos es de película, tan limpito y ordenadito, observad:

Casitas prolijitas.

El primer parque que visitamos se llama Burnaby Park desde donde teníamos esta vista:

Lindo.

Pero lo primero con lo que te encontrás es estos tótems, unas esculturas dedicadas a los ciudadanos de Burnaby por los ciudadanos de la ciudad hermana de Kushiro en Japón.

Los tótems.

Los animales que se ven son el oso, el búho y la orca que representan los dioses de la tribu Ainu.

La orca.

El oso.

El búho.

Después fuimos a otro parque llamado Belcarra National Park donde había una pequeña playa y a pesar de que el día no invitaba a bañarse porque estaba nublado aunque tampoco hacía mucho frío…

…se podía ver niños y familia chapoteando…

 O haciendo picnics! Qué parrilla!

Se pueden hacer unos trekkings interesantes.

Pero eso sí, te previenen de algo:

Cuidado con los osos.

En realidad, parece ser que hay osos pero de los negros, que son más pacíficos que los marrones aunque igualmente de gigantes.

Y para prevenir que estos animalotes se acerquen a buscar comida en los tachos de basura, hay unos contenedores muy ingeniosos.

Que tienen apariencia de tacho común.

Pero cuando ponés tu mano y apretás un botón que no ves, se abre. 

Así ningún oso puede meter su hocico para buscar comida.

Otros dos parques que visitamos Cypress Mountain y Whitcliff Park.

En el primero sólo subimos para ver una pista de ski que ahora está verde, pero que en invierno, obvio, hay nieve.

Ahí a la izquierda se nota la pista.

Y si no hay nieve, te la fabrican con esto.

Más allá del baño que visité, no vi otra cosa más interesante y el frío que hacía ahí arriba era insoportable!

En el siguiente parque caminamos un poco más, subimos a unas piedras pero no tenía el calzado apropiado así que mucho no pude explorar.

Ale y su amigo se subieron a esa piedrota.

Me olvidaba del Stanley Park!

Allí vimos un mapache!

Se acercó bastante a la gente, seguro estaba buscando comida.

Pero a mí me dió impresión, es muy grande y desconfío de un animalito con antifaz, me daba la sensación que en cualquier momento saltaba a mi cara…

Pero teníamos esta vista del puente Lion’s Gate.

Al otro día sí visitamos la ciudad de Vancouver. Con frío! Con humedad!

Tenía sólo ropa de verano y me abrigué con lo que pude por lo que la primera parte del día estuvimos caminando por unos shoppings para juntar un poco de calor.

Luego, cuando la lluvia amainó un poco, decidimos visitar un mercado, el Granville Island Public Market.

Ale tuvo la aventurera idea de llegar hasta él caminando por un puente.

Yo todo bien con los puentes, no sufro de vértigo pero el frío se fue al diablo de los sofocones que me dieron al tener que cruzar el puente a pie, un puente pegado a una autopistaaaaa!!

Oh, un cruce peatonal, qué alivio (!) Yo, mirando aterrada igual!

O sea, es caminar por una veredita pegada a una AUTOPISTA: Los autos te peinan, te pasan a toda velocidad, y para peor, pasar por encima de un río a la ALTURA que pasamos…

Yo me quería ir, quería volverme pero Ale me hizo ver que estábamos a mitad de camino y como pude, no fomenté este pánico pero, como dije, del frío me olvidé. Me vino la calor.

La vereda sin protección alguna.

Cuando llegamos a tierra firme, me vino el frío pero aliviada.

Me entendés por qué? Por ahí arriba pasamos!

Fuimos al mercado lindo.

Comimos allí y luego nos tomamos un barquito.

Otra forma de viajar es tomarte el Sky Train, un tren muy cómodo que va por arriba de la ciudad.

Para evitar el tránsito.

Pasamos también por el barrio gay.

Sobre Davie Street.

Y vimos edificios interesantes en todo Vancouver.

La villa olímpica de los Olímpicos de Invierno de 2010!

Esto ha sido todo sobre Vancouver. Hemos vuelto con jet lag, yo particularmente con dolor de cabeza que espero se me pase pero contentos de haber pasado unos cuantos días en el país lindo de Canadá! Les recomiendo ir!

3 Días En Toronto

Toronto.

Toronto? Estamos en Toronto? Ah, cierto! Estamos en Toronto!

Qué difícil fue para mis ojos convencer a mi cabeza de que seguíamos en Canadá!

A simple vista y/ o por cualquier detalle, mi mente me traía a pensar que estaba en Estados Unidos!

Pues no!

Es que el contraste con Québec es muy evidente y a pesar de que Québec es una ciudad grande y moderna, al lado de Toronto en mi mente quedó como un pueblito.

Y mil disculpas por insistir pero… Qué calor!

Toronto es gigante y tan ruidosa como Buenos Aires, con el aliciente de que nadie toca bocina. Poco para conformarse, les confieso. Con el calor que hacía, esta jungla de cemento parecía sacarnos las fuerzas que uno suele tener temprano a la mañana.

Pero disfrutamos muchísimo de esta ciudad tan moderna y pujante.

Se está construyendo por todos lados, hay autopistas, hay autos y todo tipo de medios de transporte; las calles son en realidad avenidas anchas, el tráfico es infinito, el ruido incesante, tanto de día como de noche.

Algunos de los muchos edificios altísimos.

Pero también hay muchas esculturas, muchas atracciones para visitar y muchos rincones para conocer, como así también edificios gubernamentales.

Esculturas varias.

Nos alojamos en un departamento muy mono que tenía una vista buenísima desde el balcón, como podrán apreciar:

La CN Tower bien visible desde nuestro balcón, de día.
Y a la noche.

El depto mono.

Cerca del departamento había un mercado gigante donde se vende de todo pero sobre todo comida y de excelente calidad. Se trata del St Lawrence Market.

Fuimos a curiosear y con el estómago vacío… Fue poner un pie y querer desmayarnos de la cantidad y calidad de comida que se ofrecía que nos desesperábamos por tratar de elegir ALGO porque no podíamos comer TODO!

Cuánto de cualquier cosa!

Hicimos también un recorrido a pie por la ciudad, un recorrido que nos llevó algo así como una hora y media y fue gratuito. Hay una compañía? empresa? que se llama Tour Guys y ofrecen un tour gratuito por la ciudad para todo quien reserve o aparezca así como si nada a las 13.30 a las puertas del edificio antiguo de la municipalidad.

El hermoso edificio de la antigua municipalidad.
Y la municipalidad actual que no me gustó mucho.

Tribunales.

Estuvo interesante todo lo que el guía contó, detalles de tal o cual edificio y muy amable contestaba las preguntas que tuvieras. También recomendaba lugares a dónde ir y ofrecía otros tours que sí tenías que pagar.

Uno de los lugares que nos recomendó fue Kensington Market, el cual describió de tal manera que me imaginé una mini Inglaterra en el medio de Toronto. Contó que allí, en un par de calles, muchas personas comenzaron a abrir negocios pequeños en sus casas y la cosa gustó mucho y se puso de moda y hay cafés y pequeños restaurants también.

Quisimos entonces visitarlo y siguiendo sus indicaciones, llegamos al lugar pero antes pasamos por el Chinatown.

Era muy sucio.

La verdad, no era muy lindo.

Y llegamos al Kensington Market y…

Había muchos negocios de ropa.

Bueno, en las fotos todo sale lindo, colorido y hippie pero las casas eran grandes y daban la impresión de haber sido tomadas pero los precios no eran para nada amor y paz

Oh, sí, Toronto tiene su propio paseo de la fama, la Canada’s Walk of Fame!

La vereda.

Hay muchas estrellas firmadas por muchos artistas, aunque nos llamó la atención que también estuviera, entre otros, Alexander Graham Bell!!!

Yo con la estrella de Jim Carrey!

Tuvimos nuestra noche romántica también. Fuimos a la CN Tower, de 553 metros de alto, hasta no hace mucho, la torre más alta del mundo.

Subimos por el ascensor en 58 segundos!

Y fuimos a cenar al restaurant, que es giratorio.

Después de cenar, pudimos visitar el resto del lugar.

Ya la había visitado en el ‘97 y en esa oportunidad, me había dado un miedo terrible una vez que estuve arriba porque, en una sección, el piso es de vidrio transparente.

 La ciudad a mis pies.

Los años o la experencia me han quitado el vértigo aunque reconozco que aquí impresiona más que cuando estuve en el mirador de Shanghai o Chicago. Supongo que debe ser porque las ventanas por donde mirás, son muy grandes.

No sé si acá se puede apreciar algo.

Cuántos lugares que visitamos! Y a la mayoría llegábamos a pie. Pero para acortar distancias, uno puede tomar colectivos, trams y subtes.

Los trams.

El subte por fuera.

El subte por dentro.

El cospel es diminutísimo! Lo podés perder fácilmente!

De todos esos medios, nosotros sólo tomamos el subte y solamente una vez, para curiosear.

Toronto se conoce fácil y si venís en invierno, tenés el PATH, que es una especie de ciudad subterránea, una sucesión de pasillos con negocios bajo los edificios que te conectan con diferentes calles así no pasás la mayor parte del tiempo muriéndote de frío mientras caminás!

Parte del PATH.
El mapa del PATH. Laberíntico.

Fuimos muy afortunados en que nos hayan recomendado visitar un pueblito cercano, llamado St Jacobs, con fuerte influencia menonita.

Pasan los menonitas con sus carruajes todo el tiempo.

Son un par de calles muy monas, con pequeños negocios, Tal como me había imaginado Kensington Market!

Qué hermosuraaaaa!
No es cierto?

Paramos para comer un snack y charlar con nuestro amigo.

Con qué amigo? Seguro que muchos de ustedes lo conocen…

Con Gabriel!

Cuando supe que íbamos a venir a Canadá, le pedí a Ale pasar por Toronto así conocíamos a Gabriel y a su familia. Justo Gaby su esposa no estaba por tener una diligencia que hacer ese día pero sí sus 4 niños, tan divinos, simpáticos y tan bien educados!

Hablamos hasta por los codos, como se imaginarán y los chicos fueron una parta activa de la conversación, contándonos sus cosas, sus actividades, unos divinos!

Aquí estoy con ellos, amorosos.

Les gustó Toronto? Nos quedaron miles de cosas por hacer como siempre pasa cada vez que vamos a algún lado pero yo siempre tengo el mantra “Bueno, voy la próxima”.

La próxima visita? Vancouver! Vienen?

Québec Día 4

Nuestro último día en Québec! Hicimos unos últimos paseos y no por eso, pocos. La verdad es que no hemos parado un segundo estos días! La ciudad se camina perfectamente, casi que uno no necesita ningún medio de transporte salvo tus propias patitas.

Después de desayunar, fuimos al Observatoire, desde donde pudimos tener una muy buena vista  de 360° de la ciudad.

Subimos hasta el piso 31, a 221 metros de altura.

Te encontrás, además de los grandes ventanales, con una muestra interactiva de la historia de la ciudad muy interesante:

Los ventanales, los sillones y las pantallas.

Podés sentarte en esos sillones de forma esférica y mientras descansás, escuchás la historia de diferentes personalidades históricas, en primera persona. Podés elegir entre inglés o francés.

Ahí te sentás y escuchás.

También hay unas pantallas cada tantos metros donde ves la misma vista que tenés enfrente pero interactiva: Si te llama la atención algún edificio, lo tocás en la pantalla y se abre una ventana con información.

Las pantallas táctiles.

La vista.

Ale usa mucho Foursquare y tiene la costumbre de hacer check-in DONDE QUIERA QUE PONGA EL PIE. Bueno, esta vez valió la pena porque al hacerlo, leyó que tenía de regalo una guía de la ciudad y que podía reclamarla en la caja del lugar.

Cuando bajamos, insistí que la pidiera porque Ale no creía que fuera gran cosa… Todo lo contrario! Se trata de una guía muy completa con muchos datos… De haberlo sabido, hubiésemos ido el primer día!

La guía.

De allí, bajamos a una avenida muy cheta (se sigue usando esa palabra?), llena de barcitos y restaurantes que a juzgar por la cantidad de sillas y mesas que había, a la noche esa zona debe arder!

Grand Allée.

Aconsejados por Rod, cruzamos la plaza y de allí cruzamos un parque, el Parc de l’Esplanade. Aquí comienza o termina (según por dónde subas o bajes) la Promenade des Gouverneurs. Se trata de un paseo por escaleras inaugurado en 1960 y que baja hasta el paseo contiguo al Château Frontenac.

Conviene empezarlo desde el parque porque es todo cuesta abajo hasta el Château. Solamente hay unas pocas escaleras que suben pero son manejables porque los escalones son bastante anchos y no muy altos.

Hay muchos niveles llanos y muchos puntos panorámicos.

Al comenzar.

Un trecho largo y plano, por suerte!

Por suerte todo era cuesta abajo!
Y llegamos al paseo al pie del Château Frontenac.

Una vez finalizado este paseo, nos tomamos un ferry y, gracias a Rod otra vez, lo que hicimos fue lo siguiente: Podés tomarte el ferry y pedir un boleto de ida y vuelta o de ida solo. Llegás al otro lado de la costa, a una isla, donde no tardás casi nada en llegar.

Los ferries. Uno que va y otro que viene.

Como no teníamos tiempo de explorarla y también porque Rod dijo que no era gran cosa, nos convino sacar los tickets de ida solamente, quedarnos en el ferry, esperar y volvernos a la costa.

Aclaro que no hicimos nada raro, nadie vino a pedir que nos bajáramos y no fuimos los únicos.

Al volver, podíamos ver al Château Frontenac y los demás edificios desde otra perspectiva.

Miren cómo se ve la escalera que acabábamos de bajar!

Quedó algo más por hacer?

Sí! Cenar y esperar a que anochezca para sacar más fotos de Québec!

Hermoso, no es cierto?

Y una vez finalizado este periplo, decidimos que ya era hora de ir a descansar.

Gracias a todos por entrar, leer y comentar. Publico todo pero casi que no me queda tiempo para contestar de a uno, como siempre hago. Apenas me queda tiempo para escribir!

Te agradezco que me hayas acompañado hasta acá!

Te quedan ganas de seguir? Próxima parada: Toronto!

Québec Día 3

El día anterior, que vimos al Château Frontenac tan lindo y tan único, decidimos averiguar si se lo podía visitar ya que Rod nos había dicho que hacían tours guíados por el interior del hotel.

Nos dijeron que en octubre último se habían suspendido, que ya no se hacen más. Nos adentramos un poco más y vimos que los domingos ofrecían brunch en el restaurant del hotel, Le Champlain.
Los llamamos a los chicos y a la mañana siguiente fuimos a disfrutar del menú y del lugar.

Los cuatro!

El restaurant es muy señorial y muy marrón y dorado. Me recordó a ese estilo americano de principios del siglo pasado, donde los espacios eran por demás amplios.

Nos sentamos a la mesa que habíamos reservado previamente y nos dijeron que para servirnos del buffet teníamos que ir a otro sector pasando por un pasillo y allí es donde encontrabas para comer lo que quisieras cuantas veces quieras.

Dos mesas dulces, una para niños y otras para grandes y parte del buffet.

La comida era muy rica, bien hecha y había mucha variedad. Si te servís porciones pequeñas de cada cosa, la verdad es que podés degustar de casi todo y no caer desmayado!

Al finalizar el brunch, caminamos por el lobby del hotel, sacando fotos de diferentes rincones.

El salón donde estaba el buffet y diferentes rincones del restaurant.

La entrada, el lobby, una araña y subidos a la escalera.

Luego de volver cada uno a su casa para cambiarse, volvimos a encontrarnos para hacer una excursión a la Île d’Orléans.

Se trata de una isla que se la conoce como “The Garden of Québec” o “El Jardín de Québec”, ya que su suelo es muy fértil y la producción de frutos y vegetales es cuantiosa. También hay tambos y se produce sidra de forma artesanal.

Chloé nos contó que también uno puede adentrarse a diferentes campos y recolectar frutos y luego se lo compra al peso.

Habrá sido el calor o el estar cansados, pero la recorrimos en auto mayormente aunque bajamos un rato.

Subimos a un mirador y pudimos sacar algunas fotos.

El mirador.

Casitas y campo.

Chloé prefirió quedarse remoloneando abajo!

Se pueden ver muchas casas muy bonitas, ideales para sentirse Laura Ingalls!

Después de conocer la isla, volvimos a cruzar el río por el puente que habíamos tomado antes, largo y finito y llegamos a las Montmorency Falls, una especie de mini catarata.

Mini de tamaño por lo ancho pero de alto y caudal es bastante importante. Mide 84 metros de alto y curiosamente, son 30 metros más alta que las Cataratas del Niágara y en invierno el agua se congela y la gente puede escalarla.

 Montmorency Falls.

Rod y Chloé nos dejaron a la entrada y nos tomamos un cablecarril.

El cablecarril.

Cuando llegamos arriba, los chicos ya nos estaban esperando y fuimos por un puente desde donde se tenía una vista espectacular de la catarata.

 Sí, estamos ahí arriba!

Este tercer día fue de más contacto con la naturaleza y la pasamos muy bien… a pesar del calor!

Québec Día 2

Si el primer día en Québec pareció hermoso… cómo describo al segundo?!?

Porque el recorrido del segundo día fue más corto pero más intenso en cuanto a lo visual… y a la temperatura!

Nos levantamos temprano gracias al jetlag, a las 4 de la mañana ya estaba despierta! Así que me quedé un rato más pero a las 6 de la mañana decidí levantarme y surfear un poco la internete.

Ale se levantó al poco rato y decidimos que sería una buena idea comenzar el día con un buen desayuno. Con eso en mente, enfilamos para Chez Cora.

La zona donde nos alojamos queda muy arriba y muchas calles son muy empinadas, como las de San Francisco. Pero cerca nuestro hay un ascensor público y gratuito que se puede utilizar para no cansarse tanto!

Sólo que abría a las 10 de la mañana pero como teníamos que bajar, utilizamos la escalera.

Desayunamos rico en Chez Cora donde me sentí tan a gusto!

La decoración me pareció típica de jardín de infantes! Me encantó!

Y al salir sí utilizamos el ascensor para subir!

Fuimos a casa, pusimos los mapas en la mochila y salimos!

Pasamos por una calle llamada McMahon y llegamos a una zona de fuerte influencia irlandesa. Alrededor de 1830 llegaron muchos artesanos de esa nacionalidad pero fue a causa de la gran hambruna que hubo diez años después en Irlanda, que la inmigración fue más importante.

Hoy en día hay muchos quebequenses de origen irlandés y es importante la cantidad de pubs irlandeses que hay por toda la ciudad.

Aquí por ejemplo, hay una cruz irlandesa, como agradecimiento de parte de los irlandeses al pueblo de Québec.

Y la iglesia de San Patricio.

Ahí nomás está el L’Hôtel-Dieu de Québec.

Que como su nombre NO INDICA, no es el hotel de Dios, sino un hospital!

Y llegamos por fin al mercado, que era el punto donde empezaba nuestra segunda caminata, por la Basse-ville o ciudad baja.

La entrada al mercado.

Es este un mercado no tan grande pero es muy limpio, ordenado y se vende mayormente lo que está de temporada.

Se ve que ésta es la época de las frutillas y frutos rojos!

Y lo que me llamó la atención es que, a pesar de que lo visitan los locales, sólo hay dos o tres puestos de comida que se cocine in situ. Se ve que la gente va a comprar y cocina y come en su casa.

Muchos vegetales y flores también.

(En Londres es totalmente al revés, en los mercados casi que hay más puestos de comida que se cocina ahí mismo que de puestos que vendan productos frescos!)

Mirando el mapa, parecía que el siguiente punto de interés estaba muy lejos, pero nada que ver! Todo está más o menos cerca y después de pasar por un parque donde había actividades para niños, llegamos a una plazoleta muy linda, en la intersección de las calles Saint-Paul, Saint-Pierre y Sault-au-Matelot.

Se encuentra un monumento que conmemora el 50 aniversario de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

El monumento.

Las callecitas de los costados no tienen desperdicio: hay muchos restaurantes pero también muchas galerías de arte que venden unos cuadros maravillosos como así también artesanías en pieles y cuero.

Llegamos luego a un sector tan encantador como vi muy pocas veces, La Place Royale.

Y a partir de aquí, todo donde visitamos fue así de hermoso e interesante!

Pasamos por la calle Sous-le-Fort, donde hay muchísimas casas de souvenirs y además, como pueden ver, uno se puede tomar el funicular para subir sin ajetrearse tanto!

Calle Sous-le-Fort.

Y subiendo por esta escalera…

Y de ahí nomás, está la Rue Du Petit-Champlain, hermosa, con los negocios tan coloridos y de tan buen gusto! Aquí también se venden muchos souvenirs pero con un poco más de categoría. En su mayoría son objetos de decoración o ropa más elegante.

La Rue Du Petit-Champlain.

Subimos, luego, por el funicular. Las vías, súper empinadas!

Y nos dejó sobre un paseo contiguo al Château Frontenac y pudimos sacarle más fotos.

Como habrán visto, este itinerario fue un poco más corto que el anterior en cuanto a lugares históricos para ver pero para mí fue más pintoresco y más simpático; disfrutamos mucho de caminar por estas callecitas tan monas bajo un día de mucho sol y calor.

Québec Día 1

En mi caso particular, estoy revisitando Québec ya que estuve aquí hace 15 años, pleno invierno, nieve y temperaturas bajo cero.

Recuerdo que en aquella oportunidad, tenía que parar casi cada 2 horas para tomar algo caliente y bajarme media caja de Dunkin’ Donuts (Oh! Época gloriosa cuando comía como un caballo y no engordaba un gramo!). Ahora también paramos cada casi 2 horas… pero para refrescarnos!

Qué calor que hace!

Pero qué hermosa que es Québec! Ahora que la conozco en verano, repito lo que decía cuando la había conocido en invierno: Québec es preciosa! Verdaderamente lo es: los colores, la atmósfera, el ambiente, la gente, las casas… Todo es bonito y tiene su encanto.

Y empezamos de la mejor manera: En el aeropuerto nos estaban esperando Rod y Chloé!!!

Qué amorosos!

Llegamos a alrededor de las 9.30pm, por lo que nos saludamos, charlamos, Rod nos trajo hasta el depto donde nos estamos alojando y fue recién al otro día que comenzamos a explorar la ciudad.

Pero no bien salimos, fue un descubrimiento grato ver que cerca había una calle tan bonita.

Además de ver esa iglesia que ahora es biblioteca.

Recomiendo ciegamente una guía gratuita llamada Voilà Québec que, como las que hay en muchas ciudades, tiene mucha publicidad pero esta está muy buena porque tiene dos mapas que se pueden sacar fácilmente con un itinerario a pie cada uno y con explicación concisa de los diferentes monumentos, plazas y casas antiguas que uno va viendo. Se los muestro?

El primer tour fue por la sección llamada Haute-ville o ciudad alta.

Comenzamos en la plaza George V que estaba ocupada por muchos escenarios y parlantes ya que se está desarrollando un festival de música por unos 10 días. Enfrente hay una oficina de turismo completísima, recomiendo ir allí si no tuvieran ningún mapa o ninguna información.

La oficina de turismo.

Al salir de allí, nos dirigimos al Parlamento. Cada hora y media hay tours gratuitos y se van turnando, ya que son en inglés y en francés. También hay tours gratuitos para la plaza que rodea el Parlamento y que es hermosa y está llena de estatuas y monumentos.

En esta carpa te dan las entradas gratuitas para el tour.

 
Hôtel du Parlament, que como su nombre NO INDICA, se trata del Parlamento.

Tuvimos la suerte de llegar para el siguiente tour que era en inglés. Después de pasar por seguridad y mostrar una identificación con foto, nos guió una chica jovencita y simpática que explicó todo muy bien y aclaró desde el principio que se podía sacar fotos a lo que quisiéramos. Es la primera vez que en un lugar tan importante nos invitan a ello!

La entrada.

El Parlamento de Québec tenía dos cámaras, una baja y alta pero desde los años 60 sólo tienen la baja. Toda ley que se promulga en este parlamento alcanza al territorio quebequense.

 La cámara baja. Oficialistas y oposición sentados al estilo británico, o sea, enfrentados.

Y en el recinto donde antes sesionaba la cámara alta, ahora se reúnen los del oficialismo, la oposición y los especialistas, quienes todos juntos estudian cada punto de cualquier ley o reglamento que se quiera promulgar.

 Cuando lo utilizan, agregan mesas y sillas.

La visita fue corta y estuvo bien, la información fue la justa y necesaria.

Seguimos caminando y pasamos por la Porte Saint-Louis, una de las entradas más importantes a la ciudad.

La porte.

Al costado nomás podés desviarte a la derecha para entrar a la Citadelle de Québec, un sitio histórico ya que este fuerte fue el fuerte británico más importante de Norteamérica.

Fuimos? No! Preferimos seguir caminando, hacía mucho pero mucho calor y subir hasta allí no nos pareció en ese momento una buena idea.

Fue así que pasamos por diferentes edificios monos:

Rue Saint-Louis, Musée des Ursulines.

Arriba, Place D’Armes. Abajo, otra oficina de turismo, Cathédral Anglinae Holy Trinity y Hôtel Clarendon.

Seguimos la caminata hasta llegar al Château Frontenac, un hotel construido a finales del siglo XIX, para atraer el turismo de lujo. Hoy está gerenciado por la cadena Fairmont y es un hotel famoso en todo el mundo.

Y es hermoso!

Ahí nomás hay una especie de terraza desde donde sale y llega un funicular y además tenés una hermosa del Río Saint-Laurent.

El río.

A esta altura ya teníamos hambre y a pesar de haber pasado por muchos restaurantes, vimos uno que nos llamó la atención por las banderas que colgaban: una de ellas era la de Argentina.

Se trataba de un restaurante italiano y uno que nos atendió era justamente, argentino; rosarino para más datos!

Después de esta jornada, llamamos a Rod y nos encontramos en un shopping donde Tita Baratita encontró un lugar de sumo agrado:

Todo a un dolar canadiense o más (pero no mucho más!)

Mañana sigo con el tour número 2! Gracias por pasar!

Hasta Luego!

Tenía una casita pequeñita en Canadá
con un estanque y flores,
las más lindas que hay allá.
Y todas las muchachas que pasaban por allí,
decían qué bonita es la casita en Canadá.
(Una Casita En Canadá – Los Parchís)

“Y es esta la sorpresa que a mi ver les cuento yo!”
 
 Amenicemos el viaje con un poco de música!

Trataré de postear seguido y seguro publicaré todos los comentarios, no sé si tendré tiempo de responderlos pero haré lo posible!

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