Qué Tan Urgente
Es Lo Urgente?

Al tener tanta experiencia como teacher, donde estás acostumbrada a trabajar de una forma un tanto estructurada, es práctica común, entonces, que esos paso por paso los apliques a tu vida en general o a la manera de comprender o lidiar con cosas cotidianas.

Por lo menos a mí me pasa.

Uno, como docente, está acostumbrada a planear las clases con un repaso, una presentación, un desarrollo, un final y un rounding off y todos contentos y felices.

Multiplicá por la cantidad de años que lo hice y que, encima, era mi propia jefe! Son formas y costumbres que se te graban a fuego.

Al venir a vivir acá, no es que perdí mi vocación de docente sino que preferí “vivir” el idioma: correrme del lugar de quien enseña para quedarme en el lugar de quien aprende, conviviendo con hablantes nativos o no tan nativos y trabajando en un ambiente que tenga que ver con algo que no fuera dar clases.

Cuando empecé a trabajar en administración, oficinas, etc., me di cuenta que mi metódico método de iniciar una tarea, desarrollarla y terminarla y luego comenzar con lo siguiente, no se puede aplicar porque debés hacer varias tareas al mismo tiempo y no necesariamente terminás primero la que empezaste primero.

Cambiar ese “chip” en mi mente me costó y me frustraba porque sentía que no estaba haciendo nada; o sea, tenía varias tareas empezadas y como no las terminaba en un orden determinado (por mí) o tenía varias en proceso al mismo tiempo, creía que no sabía trabajar y no me daba cuenta qué priorizar, si lo que te pedían algo y hacerlo en el momento, si lo primero que te aparecía en un email, si lo que tenías que colaborar con otro… o si era urgente.

Y claro, también aprendí que no siempre “lo urgente” es urgente.

Qué molesto es cuando estás concentrada en algo que recién empezaste y te caen con algo para hacer “ya” y a vos no te queda otra que obedecer… Aunque ya aprendí a preguntar: “Tiene que ser ahora?”, entonces si me dicen sí, pues se hace y si me dicen no, pues se deja para la tarde o para el otro día.

Pero quienes trabajamos en administración sabemos bien que muchas veces eso urgente que hay que hacer ya que se acaba el mundo, que tenemos una fecha límite, que algo cierra ahora… no lo es tal. Que es muy posible que el dramatismo con el que te lo piden es indirectamente proporcional a qué tan necesario es en este momento.

Y bueno, cuando te enterás ya es tarde, ya lo terminaste, ya estás histérica, sudada, con los pelos para cualquier lado y querés tirar todos los papeles por los aires y el monitor por la ventana.

Obviamente no lo hacemos. Nos sentamos, respiramos hondo y seguimos con nuestra jornada laboral…

Te pasa a vos también? Me acuerdo de esa frase argentina “Es para ayer” 😀