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Dónde está el stándard o vara que mide que viviste muchos años? En los resultados de un análisis clínico? En lo que te duele ahora que nunca antes te dolió? En cómo te sentís? En la cantidad de recuerdos? En comparar tu pasado con tu presente?

A mí me parece que en todo eso!

Sin embargo, muchas veces los achaques no tienen mucho que ver con cuánto viviste sino con cómo es tu genética o tu historia de salud. Y si tiene que ver con cómo te sentís, tampoco la medida debe ser muy fiable porque dónde se afirma cómo uno debe sentirse conforme pase el tiempo?

Qué pasa con los recuerdos o si comparamos el pasado con el presente?

Por qué no hacemos este ejercicio? Te cuento qué pasó el día que nací!

Hace 49 años, mi mamá empezó a sentirse mal. Estaba embarazadísima pero el médico le había dicho que yo iba a hacer el 7 de enero. Mamá confiada y sin ningún síntoma durante las fiestas, comió tanto  pero tanto que, me contaba, en un momento la tuvieron que acostar y abanicar un poco  porque, no sé, se habría sentido ahogada de tanto comer y de tanto calor!

Sus hermanas o alguna prima o tía la abanicaban mientras le dirigían un ventilador a tope!

Pues bien, dos días después, el 27, como te contaba, mamá empezó a descomponerse y se encontraba sola en la casa. Mi papá se había ido a trabajar y ella no tenía a quién recurrir.

Empezó a caminar por el pasillo exterior de la casa, quejándose, y fue escuchada por una abuelita española, Doña Rosa, que vivía a dos casas de distancia. Cómo la escuchó? Porque en esa época, por mi barrio donde se estaban empezando a construir casas nuevas, no habían levantado medianeras todavía y las casas y terrenos se separaban por alambrados.

No había nada para bloquear los quejidos de mi madre así que Doña Rosa salió de su casa, cruzó la calle y llamó al carnicero del barrio, Don Antonio, que era el único de la zona que tenía auto.

La llevaron con prisa y a las 8.45 de la mañana del sábado 27 de diciembre de 1969, nací yo, a quejido limpio, enunciando al mundo que mis pulmones funcionaban muy bien.

El médico le anotició a mi mamá que se trataba de una nena y mi mamá no le creyó. «No,» dijo. «Yo espero un varón»

«Bueno, señora, es una nena» le habrá dicho el médico medio incrédulo y mi mamá me tomó en brazos y, como ya estaba arropada por la enfermera, me desvistió del ombligo para abajo y constató, efectivamente, que no se trataba de Fernando Andrés sino de María Fernanda.

Porque ese iba a ser mi nombre. Hasta que llegó mi padre y él, al enterarse de cómo me llamaba, sugirió Alicia Ester. Como yo soy la primera hija de mi papá, mi mamá estuvo de acuerdo, le pareció lógico que eligiera él, así que mi nombre es Alicia, tengo 49 años y por lo que conté, ya te habrás dado cuenta, por tantos detalles, que sí, verdaderamente hace mucho que vine al mundo.

Un mundo donde los vecinos se conocían más y no todos tenían auto. Un mundo donde casi nadie tenía teléfono ni había cómo comunicarse fácilmente. Un mundo donde no había ecografías ni periódicos análisis antenatales y te enterabas de qué sexo era tu hijo en el momento que nacía. O como ocurría en otros casos, cuántos hijos parías!

Un mundo que parece lejano por contarse en décadas, en cuatro décadas que ya se terminan con esta cifra que cumplo, un número grande, importante, serio pero que siento muy mío. Un número que cuenta mucho tiempo vivido y del cual estoy contenta de cumplir, la verdad sea dicha.

Un número que es un número y que no me define pero que me explica.

Así que, hoy, feliz cumpleaños para mí. A seguir viviendo, que todavía falta más.