De Música Que Altera

Una vez fuimos a Cyberdog en Camden con una amiga que visitaba Londres con su hijo de 14 años. La música estaba alta, como se pasa en las discos, claro, y nosotras igual charlábamos alzando la voz y el muchachito nos dijo muy encumbrado: “Es que así se pasa la música en los boliches (dijo boliches?) así fuerte se pasa, y blah blah blah.”

Yo tenía ganas de decirle: “Pero, querido, vos creés que no sabemos? Que tu madre y yo nacimos viejas?”

Quién no tuvo su cuota rebelde y no puso música a todo volumen de punk o rock o heavy metal con tal de querer demostrar qué cancheritos éramos y cómo nos las sabíamos todas, solamente para escandalizar a nuestros padres y buscar que nos pidan que bajemos el volumen para darnos pie a que soltemos nuestros discursos de rebeldes?

(Ay la juventú que con tanto candor  e inocencia cree que a SOLAMENTE ellos y a su generación ÚNICAMENTE les pasan tantas cosas injustas y cómo están listos para cambiar el mundo pintando pósters y gritando consignas por las calles!)

Pues con los años uno se va calmando, va perdiendo energía, va  quedándose en lo que le gusta y, cuando querés acordar, tenés una o dos o hasta tres generaciones que te pasan por al lado y ahí te das cuenta que ya no sos el de antes.

En muchos aspectos, que incluyen la música.

Yo ya había más o menos escrito sobre este tema pero de lo que quiero escribir es sobre esa música que, por más que sea de mi generación, no me gusta.

Porque me altera.

Por ejemplo, a mí me gusta el heavy metal, ok? Pero no cualquier heavy metal. Hasta un Judas Priest o un Iron Maiden te banco y te disfruto. Pero hay bandas como AC/DC que me suena todo igual y como que estuvieran tocando los instrumentos con cascotes en las manos.

El power metal me pone histérica. No puedo entender cómo Ale puede escuchar esos temas que a mí me dan tal subidón que me agota, como si estuviese corriendo.

En cuanto a las voces, no me van las voces demasiado edulcoradas y cuasi perfectas como las de Whitney Houston o Céline Dion.Y ni hablar de la insoportable de Mariah Carey. No digo que canten mal sino que ese timbre de voz, los agudos, los gorgojeos interminables terminan con mi paciencia. No las banco!

Y qué más? La cumbia no me va pero, por alguna extraña razón, el cuarteto me cae simpático. El cuarteto de Rodrigo, por ejemplo, me divierte y tiene unas letras que se defienden.

Hasta ahí. Ah sí, y el tango cantado, el tango llorón, ay nooooo! Ni estando acá tan lejos me da para escucharlo!

En fin, así se puede alterar mi estado, con la música que acabo de describir.

Y a vos, qué música te altera? Contame!