Qué Fantástica, Fantástica
Esta Siesta

No recuerdo cuándo fue la última vez que dormí una siesta…

… Una siesta como se debe.

Cuando era chica, o más bien adolescente, siempre dormía una siesta si no tenía que ir a inglés. Venía del colegio cansada, hambrienta y la siesta venía bien.

Mi papá todos los días que estuviera en casa, si no trabajaba, dormía siesta. Religiosamente. Cuando se jubiló, la dormía todos los días y te roncaba y todo. No se tiraba así nomás en la cama y se quedaba un ratito. Era una hora bien aprovechada! 🙂

Mi mamá siempre odió las siestas porque de chica la obligaban a dormir a la tarde y ella prefería escaparse a jugar. Eran otros tiempos, claro.

Si pudiera, dormiría la siesta y solo me quedan los fines de semana para darme ese gusto. Pero ahora siento que si duermo la siesta estoy perdiendo el tiempo. No la disfruto. Me levantaré descansada pero no energizada. Después me cuesta dormir a la noche y eso atenta con descalibrarme todo el reloj biológico que hace que el domingo me acueste tarde y el lunes esté más dormida que despierta.

Por eso la evito. Pero qué lindo sería poder dormir la siesta y después ir a trabajar! Tenés pilas, ganas y hasta creo que las cosas saldrían mejor! 😀

Si tuviera que elegir un momento ideal para dormir la siesta sería en verano, de vacaciones, en algún lugar tranquilo con mucha naturaleza. Que me acurruque el sonido de las chicharras y el de algunos pájaros. Y entonces, me levantaría de buen humor porque todavía sería de día, tomaría unos mates y abriría la puerta para ir a pasear.

Pero lamentablemente, la realidad laboral me lo impide! Dichosos aquéllos que van a trabajar, vuelven a la casa a dormir un poquito y salen nuevamente a trabajar!

Supongo que todavía hay quienes tienen ese régimen laboral, no?  😉

A vos te gusta dormir la siesta? Podés darte el gusto o te parece una pérdida de tiempo? Contame!