Cómo Me “Pegan” Las Fiestas

Como muchas veces conté, a mí la Navidad me encanta. Me parece ese momento mágico en que me transporta a  la niñez, a mi niñez, cuando creía en Papá Noel y en Los Reyes Magos.

Asociando las fiestas siempre con estos recuerdos tan placenteros y agradablemente nostalgiosos, siempre esperé, de adulta también, al festejo, al árbol con luces y adornos y a ver la cara de felicidad de los niños de la familia o de los vecinos.

Creo que no hay nada tan gratificante al corazón como ver sonreír de alegría y sorpresa a un niño.

Pero las actitudes cambian. O los hechos de la vida te van cambiando tu parecer.

La primer navidad que no esperé con ansias fue la primera navidad sin mi hermana, la navidad del ’94, el año en que falleció. Recuerdo que los días previos fueron de pura añoranza y hasta tuve un sueño con ella en la que me venía a saludar para las fiestas y me dejaba un regalo.

En los años siguientes las navidades fueron digamos que “normales”, como siempre y a partir de venir a vivir acá, a excepción de un par de veces en las que viajamos para festejar en Argentina, las navidades me parecieron un período perfecto para estar tranquila y comer cosas ricas y mirando tele en piyamas.

Lo que estoy notando es que el día mismo de la navidad no me pasa nada y lo disfruto. Son el par de semanas previas en que no sé por qué (bueh, “no sé por qué”…. obvio que lo sé!) me siento muy sensible. Cualquier cosa hace que se me llenen los ojos de lágrimas.

Caminar por una calle con el frío que me toca la cara y ver las luces de colores por todos lados…

Pasar por un negocio de tarjetas y ver los distintos motivos y dibujos que tienen…

Ver una película un tanto banal y que un gesto pequeño que te recuerda una situación pasada…

Pensar en qué regalos les podría dar a mis padres, mi hermana y otros familiares que ya no están…

Encontrar una foto de algunos años…

Darme cuenta de cuántos años ya han pasado…

Y la emoción me azota y me hace doler la garganta y respiro hondo y pienso y pienso y repienso y me repito que a pesar de las ausencias y de la morriña como dicen los gallegos, no hay motivos para entristecerse. Solo hay motivos para alegrarse por estar un año más aquí, con vida, con salud y con amor.

Pero uno es quién es no solo por lo que vive sino por lo que ha perdido…

 

Tiffany & Co.
Fifth Avenue

“What I found does the most good is just to get into a taxi and go to Tiffany’s.
It calms me down right away, the quietness and the proud look of it; 
nothing very bad could happen to you there.”
(Breakfast At Tiffany’s – Truman Capote)

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