Qué Me Importa

Siempre bromeo con que mi actitud después de los 40 es el “Qué me importa!”. Lo aplico muy seguido y en momentos chiquitos, pequeños, sin importancia; cosas que antes sí me parecían importantes y me doy cuenta ahora de que me hacía problemas por nada.

Bueno, no es que no me haga problemas por nada ahora pero noto lo que a muchos nos pasa después de cumplir esta década: te relajás más, te reís más de vos o no te tomás tan en serio y si un día no tenés ganas de salir maquillada, salís a cara lavada y ni te detenés a pensar dos veces si te miran o no.

Porque te das cuenta de que, realmente, no te miran tanto como una cree! 😀

Al menos así me pasa.

Es muy liberador decir “Qué me importa!” y me sorprendo que no me desesperen, por ejemplo, las cosas materiales que me arraiguen al pasado. Ya no me compro cosas para que me duren o me queden. Dejé de coleccionar objetos de porcelana, por ejemplo. Prefiero gastar la plata en algo que me guste ahora o en experiencias de vida.

Supongo que tiene que ver también con cómo te empezás a plantar ante el futuro. Mi actitud está cambiando un poco: en vez de  preocuparme por lo que no sé que vendrá, me lo paso haciendo “pequeños planes” a cumplir en este presente y que puedan tener alguna repercusión agradable en el futuro.

Por ejemplo, se me ocurre algún curso de algo que pueda hacer ahora para en un poco tiempo saber algo nuevo que me permita tener una vida más enriquecedora más adelante. Algo así.

O sea, mi nueva estrategia parece ser concentrarme en el presente para forjar ciertas estrategias o herramientas que me puedan servir en el futuro.

Que no sé si me servirán o no pero que poner el presente en movimiento sé que significa que abrís más posibilidades a un futuro cercano. Y te asegurás de que haciendo algo ahora, el después será más interesante.

O por lo menos, cuando llegues a ese después, sepas que fue gracias a lo que activaste en el ahora; y que nada de lo que te puedas estar lamentando sea porque no lo hubiste intentado.