Mascotas Inolvidables

Quién más, quien menos, hemos tenido o conocemos gente que haya tenido mascotas añosas. Perritos o gatitos o conejos viejitos, que las pasaron todas y siguen ahí, estoicas, desafiando el destino y los años.

Nunca tuve la suerte de que una mascota me hubiese acompañado en mi niñez y adolescencia. No sé si decir “suerte” porque si se te muere una mascota que te vio crecer, es un golpe tremendo.

Pero a muchas personas les pasa de tener mascotas que han sido su gran compañía.

Mi gata que vivió 19 años fue la gran compañía de mis padres y claro que me conmovió enterarme de que se había muerto. Pero Chocha había llegado a nuestras vidas cuando todos éramos adultos así que, claro que la lloré, pero no creo que la tristeza que me produjo se puede comparar con la que te causa un animalito junto al que creciste.

Si tuviera que escribir sobre un animalito inolvidable, es el loro de mi tía Mema, Pedro.

Pero no porque lo quisiera! 😛

Tía, perdoname, pero yo odiaba a tu loro!

Por años, desde que yo tenía uso de razón, cada vez que iba de vacaciones a Olavarría, me despertaban los parloteos de Pedro que se entretenía cantando “Pe-dri-to! Pe-dri-to! Pe-dri-to!”, acompañando el compás moviendo su cabeza para arriba y para abajo.

Como a todo niño, a mí me gustaban los animalitos y qué mejor que los animales que hablan pero este loro no se dejaba tocar y guay que te acercaras, porque te picaba! Malo. Loro malo. Solamente quería a mi tía que le daba de comer y mis primos lo podían alzar si lo tapaban con un repasador y sólo quedaba al descubierto la cara del loro.

A Pedro lo considero inolvidable porque a pesar de no ser animalito de mi devoción, se ganó mi admiración por lo que le pasó una vez.

Porque un día, mientras mi tía freía pasteles, mi primo estaba molestando al loro que estaba cerca de la ventana y como se asustó, quiso volar y como no podía, se cayó ADENTRO DE LA OLLA LLENA DE GRASA HIRVIENDO.

Mi tía, rápida de reflejos, lo sacó con una espumadera y como pudo, lo llevó al veterinario.

Pedro estaba llagoso, lo embadurnaron con cremas varias y lo mandaron para casa.

El loro pelado, chiquito y casi moribundo se repuso gracias a que mi tía lo cuidó con todos los medicamentos que le daba el veterinario. Ni sé la cantidad de años que vivió después de su accidente pero el loro murió de viejo, no por accidentado.

Y por eso, este animalito, este loro Highlander, es inolvidable. No solo por lo que pasó sino porque de alguna forma sigue vivo en el recuerdo de la familia. Todavía.

Vos alguna vez tuviste una mascota que podés considerar inolvidable por todo lo que pasó o por la cantidad de años que vivió? Contame!