Pies De Ricota

Foto que me mandó mi primo desde Olavarría, inocentemente feliz por la “fiesta”.

Tengo familia en Olavarría, pasé todas mis vacaciones de adolescente en Olavarría y, claro, es una ciudad que conozco bien y conozco bien a su gente.

Si bien Olavarría no es otro país, siempre reconocí que su gente tiene su propia mística, sus propias costumbres, sus propias frases… Algo así como su “forma de ser”.

Y algo que caracterizó a Olavarría siempre, desde mi punto de vista y experiencia, es que la gente allí es muy abierta, muy alegre, muy solidaria y muy orgullosa del lugar donde vive.

Perdón por sonar como si estuviera describiendo Olavarría y su gente como si fuera el único lugar de Argentina que fuera así. Describo como describo lo que describo porque es lo que experimenté siempre estando allí.

La gente, pues, allí cuida mucho de su ciudad y de sus lugares abiertos y sus parques. La gente tiene costumbre de ir al club o al Parque Sarmiento a tomar mate a orillas del Río Tapalqué por la tarde o si el día está lindo y si es un fin de semana o no, qué importa, se disfruta del tiempo y del mate lo mismo.

Por eso cuando me enteré de que se iba a “celebrar” un recital del Indio Solari allí, pensé en Olavarría, la gente y sus parques y espacios abiertos. Pensé en su verde, en sus monumentos, en sus bancos de la plaza, en la Vicente López y sus negocios. Y me preocupé.

Porque siempre que hubo o hay un recital del Indio o, mismo de cuando todavía formaba parte del grupo, siempre hubo y había desmanes entre sus seguidores, antes, durante y después del show.

Entiendo que el grupo tiene su mística y que sus seguidores se creen parte de algo así como una religión. Pero lo que más bronca da es que todo se mezcle. Porque entre los miles de fans que auténticamente gustan de la música y las letras y de seguirlo a todas partes con una carpa al hombro y dos monedas en los bolsillos, hay típicos revoltosos que se embanderan con este tipo de música para justificar sus abusos, su poco respeto al prójimo, su total desprecio por el espacio ajeno y a las libertades individuales y su total creencia a que tienen derecho a hacer lo que se les antoja porque son parte de un movimiento que sigue a un millonario codicioso que los alienta a endiosarlo.

Se creen la gran cosa emborrachándose, drogándose y ensuciando el espacio ajeno y si empezás a hilar fino, encontrás que, pobres, si tienen que hacer esto en la vida para sentirse importantes, qué clase de vida real llevarán? Te da pena si lo pensás desde esa perspectiva pero, a juzgar por los hechos y las consecuencias de tanto desmadre, te enojás porque son gente que no sabe comportarse en sociedad y jamás se hacen responsables de su actos.

La cosa no está mal desde estos grupos que siguen a su ídolo, solamente. Está mal desde el momento en que se organiza semejante festival sin el control necesario. Realmente las autoridades de Olavarría fueron tan inocentes? Sabés que creo que sí? Estoy segura de que no se imaginaban que esto podría llegar a suceder y, a pesar de no haber estado allí ni haber escuchado las radios locales, hasta puedo imaginar el entusiasmo de todo olavarriense por lo que, estoy segura, muchos de sus locutores algo acartonados habrán catalogado como “una fiesta de la juventud”.

Pues no. No fue una fiesta y todo se fue a la mierda.