Mi Primer Día De Clases

En esa época no se sacaban tantas fotos como ahora ni mis padres tenían la costumbre. Hay fotos de mi infancia pero de mi primer día de clases de cualquier grado de la escuela primaria, no hay ninguna.

El momento que una foto puede congelar para siempre sirve como recordatorio, sí, pero también puede ser un disparador de lo experimentado ese día.

Sin embargo, no tener una foto no significa que uno no recuerde.

Esto me pasa con muchos eventos de mi vida y uno de ellos es el primer día de clases.

Lo más gracioso es que no me acuerdo de mi primer día de clases de la primera vez que fui al jardín o de mi primer grado. Me acuerdo del primer día de clases de segundo grado.

Por qué? Porque primer grado lo había cursado en una escuela y al final del año, después de que me cambiaran las maestras miles de veces vaya uno a saber por qué, mi mamá decidió cambiarme a otra más cercana.

Ese es el día que recuerdo. Un día gris (aunque seguro que era soleado) y yo, peinada con dos colitas, llegué con mi mamá y mi hermana que empezaba primero.

La escuela se me presentaba gigante y extraña y no sé cómo o quiénes, me llevaron a formar fila. Estaba ahí parada, sin conocer a nadie y siento algo molesto atrás mío y unas sonrisitas. No podía darme cuenta de qué era y me di vuelta: Un chico miraba para otro lado.

Me di vuelta otra vez y otra vez volví a sentir lo mismo: Ese pibe estaba soplando y me molestaba. Como no se me ocurrió qué hacer, no hice nada y al rato entramos al salón gigante, marrón y me senté con una nena que reconocí que había sido compañera de jardín de mi prima y era del barrio.

Al rato veo que ese nene que me molestaba, estaba parado al lado del escritorio de la maestra y la maestra le decía: “No, Adrián… Acordate que vos repetiste primer grado, no podés venir acá. Tenés que ir con la Señorita Marta…”

Y no recuerdo si Adrián se fue o lo llevó nuestra maestra o lo vino a buscar alguien pero se fue y, vaya uno a saber por qué, a mí me quedó eso grabado de mi primer día de clases de segundo grado.

Trato de analizar ese evento como adulta y me pregunto por qué me acuerdo de ese momento y pienso si habrá sido que la situación fue tensa y, a pesar de nuestra corta edad, podíamos sentirlo?

No recuerdo que el nene haya llorado y quién sabe si la forma en que la maestra le habló (con mucho cariño, lo reconozco, a pesar del recuerdo que yo misma tenga de ella) llamó mi atención…

Lo que concluyo es que un evento tan feliz como puede ser el primer día de clases para las familias a veces no lo pueda llegar a ser para los grandes protagonistas, los niños. Porque a pesar de la alegría que supone que un niño comience su educación escolar, es un momento que se vive con mucha tensión por todo lo que significa para el adulto ver crecer a su niño y dejarlo ir y para el mismo niño, dejarse ir a un lugar que será su morada por muchas horas por tantos años por venir.

Son esos momentos en que crecemos todos y nos reconocemos vivos, con tantos sentimientos a flor de piel. Las fotos solo muestran las sonrisas y los abrazos pero, como se dice habitualmente, la procesión va por dentro.