Todas Somos Todas

A los 10 años mi cuerpo empezó a cambiar y en la calle empecé a notar que a veces pasaba algún hombre por al lado y me decía algo con malas palabras.

Recuerdo una frase en particular que uno me dijo, diciendo algo así como qué lindo lo que tengo entre las piernas. Nunca había pensado de esa parte de mi cuerpo en esos términos.

Un tarde de invierno, salí de la Cultural y me fui a la casa de mi tía que vivía  a unas 10 cuadras porque sabía que ahí me iba a estar esperando mi mamá que estaba de visita y después nos volveríamos a casa.

En el camino se hizo de noche y me desorienté un poco. No había nadie por ese barrio y justo, por mi derecha, viene caminando un tipo, de unos veintipico de años, creo, y, para no chocarme con él, me detuve y él siguió y con su mano me tocó lo que tengo entre las piernas y siguió como si nada.

Algo confundida seguí mi camino hasta que llegué a lo de mi tía y al regreso a casa, le conté a mami, que lloraba junto conmigo mientras me abrazaba.

A los 12 años, fui a dar el examen de ingreso al colegio al que, finalmente, entré y a la salida, tenía que cruzar un puente para ir al otro lado de la estación.

Al costado había una obra y unos tres tipos grandes me rodearon y me decían “A dónde vas mi amor? Qué hacés solita?” y sin mirarlos, seguí mi camino y los tipos se hicieron a un lado y pude cruzar el puente.

A los 17, camino al colegio, una mañana, cuando estaba a dos cuadras, un tipo al que no había visto en ningún momento, de atrás, me tira de la mochila, me agarra de la espalda y me metió su mano por donde se le antojó y porque me puse a gritar como loca, salió corriendo.

A lo lejos vi que había un hombre que estaba caminando, supongo que yendo a su trabajo, se dio vuelta, miró y siguió.

Yo también. Llegué al colegio, le conté entre sollozos a algunas amigas lo que me había pasado y quedó ahí. Del colegio no se acercó ni se anotició nadie y no los culpo. Me da no sé qué decir “En esa época era así” pero era así. Si yo no les contaba, cómo se iban a enterar? Y qué iban a hacer?

Llamar a la policía para que venga a estacionarse un patrullero todas las mañanas, pegado a la puerta del colegio por un mes? Como cuando pasó lo que le pasó a una compañera, cuando estábamos en segundo año y teníamos 14 años: Un tipo se le cruzó y se la mostró.

A los 15, otra compañera así como al pasar, me contó que su papá estaba en su casa con una pierna quebrada. Unos días antes habían salido ella, su hermana, su papá y su mamá y, cuando volvían de noche, unos tipos pasaron por al lado y las manosearon a mi compañera y a su hermana y salieron corriendo. El papá los corrió, los alcanzó y los tipos lo golpearon hasta quebrarle la pierna.

A los 18 años, estando de vacaciones en un balneario, fui a caminar por un costado de la pileta y sentí que chistaban y miro a un costado y un grupo de pibes de más o menos mi edad o más rodeaban a otro que la tenía afuera y me la estaba mostrando.

A los 19 años decidí visitar un ginecólogo y busqué uno que me correspondía por mi obra social. Fui, hablamos de esto y aquello, controles, etc. En la segunda visita, el tipo, como si nada y porque sí, comenzó a tocarme los pechos de una forma que me parecía que no era la que correspondía y hasta me hizo doler.

No sabía qué decirle y me sentí muy indefensa en su consultorio.

Hablando luego con unas amigas, me dijeron que él no tendría que haberme tocado sin antes haberme pedido permiso. Nunca me lo había pedido y yo, claro, no sabía.

Tuve novios que me celaban y me desconfiaban y te juro, no había motivos para reproches. Otros me hacían creer que los celos eran una demostración de amor y que los reproches los recibía porque me los había buscado. Otros me miraban mal si osaba dar mi opinión en una reunión de amigos y algún otro me felicitaba por haber hablado y opinado en una reunión, como sorprendido de que pensara y diera mi parecer.

Yo nunca fui alguien que se caracterizara por no leer o por no entender pero ante ciertas circunstancias se ve que no me sabía defender. O no había libros que te enseñaran cómo reaccionar.

Por eso, celebro que exista el “Ni Una Menos” o el slogan que le quieras dar pero que saque a la luz que eso que me pasó y les pasó a tantas no se tiene que callar y que se tiene que denunciar y que no es tu culpa y que no está bien y que no es normal.

Tampoco hay que resignarse que porque es usual y común, hay que bancárselo y saber que es lo que te espera por el hecho de ser mujer y poner un pie en la calle.

Hoy hay chicos de menos o más de 10 años y adolescentes que están recibiendo el mensaje de que esas costumbres no son aceptables y que hay que denunciarlas.

Lo que yo te cuento sí, me pasó y siempre que te ponés a charlar con alguna amiga o compañera, si este tema salta, todas, cada una de las chicas, te anoticio amigo lector, tiene algo para contar.

Afortunadamente, el grito está en la calle y se ha dejado oír para que no le pase a nadie más. Porque a todas nos pasó. Porque todas somos todas.