La Mesa De Mamá

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Es difícil explicar, siquiera entender. O sea, me pasó, es real y vi a mis padres ya fallecidos al llegar después de haber viajado con esa triste noticia atragantándome de angustia.

Es difícil desarmar tu cuarto de toda la vida vivida con ellos: Tirar papeles y recuerdos que creías que siempre te iban a acompañar para, alguna vez en tu madurez, mirar y releer para ayudarte a recordar tu vida vivida.

Pero cuando no vivís más en ese lugar y tu historia presente ha cambiado tu manera de encarar el futuro, entonces no tiene sentido. O no se lo querés dar.

Y te das cuenta de que las cosas, lo material, no te dan identidad. Los libros leídos y seleccionados especialmente y que formarían parte de la biblioteca que alguna vez ibas a exhibir con orgullo, fueron regalados: de un viaje para otro, esos libros dejaron de tener alma y pasaron a ser cosas que ocupaban espacio.

La casa se desmanteló por dentro para dar paso a la nueva familia que vive allí. Yo solo fui responsable de deshacerme de todo lo que hubiera en mi habitación. Ni quise tocar las cartas, cuadernos y otros objetos de mi hermana menor que desde 1994, cuando falleció, seguían ahí, en su escritorio.

Junté algunas cosas y cerré la puerta. Y a mi hermana mayor le dije que se quedara con todo y que ella hiciera lo que pensara más conveniente.

Lo físico, lo finito, lo que ocupa lugar ya no me importaba más.

Y me volví.

Y seguí viviendo mi vida acá, con recuerdos que ocupan lugar solo en mi mente, con algunas fotos, con mis diarios íntimos desde los 12 años en adelante.

Un día, llegó una foto de mi hermana por WhatsApp y enseguida entendí de qué se trataba: la mesa de mamá:

La mesa de toda la vida, alrededor de la cual comíamos en familia mientras hablábamos o discutíamos; sobre la cual papá apoyaba el diario o sus libros para sumergirse en la lectura mientras mamá escribía el pedido de sus clientas de Avon y sobre la cual nosotras desparramábamos los cuadernos y lápices para hacer la tarea.

Pero en la parte de abajo, donde no se veía, mi hermana menor y yo habíamos escrito y descripto distintos acontecimientos de nuestras vidas con fechas. Tendríamos 10, 11 años? Estoy segura que todavía están ahí, con letra chueca que seguro la entiende nadie más que yo!

Entonces al ver la foto, me acordé de algo que mi hermana mayor ya me había comentado: Ella está ayudando a construir una capilla en un barrio humilde y les falta todo y de todo. No tenían altar y se acordó de la mesa

Mamá no era muy devota, yo ya no creo en nada pero la foto me emocionó. Saber que sobre esa mesa hoy se puede apoyar un cáliz que más adelante dará la comunión a chicos que tienen toda la inocencia y la vida por delante; saber que sobre ella se apoyarán unos anillos que unirán dos personas que se aman; saber que sobre ella se impartirán bendiciones de vida eterna en un bautismo, me hace creer que mami, de alguna forma, está.

Está ahí, siendo celebrada de forma anónima, siendo recordada aunque no se la conozca.

Como la celebro y la recuerdo yo ahora, a dos años de su partida.

Pero igual te extraño, mami.