Que El Mundo Fue Y Será…

La historia de la Humanidad, la historia de los pueblos, la historia en general, es cíclica. Hay hechos que se repiten y no necesariamente de generación en generación. A veces pasan más de dos generaciones y ves que hay ciertas tendencias que vuelven a florecer; ciertas actitudes y replanteos y hasta ideologías que uno creía superadas, resucitan en donde menos las esperás o donde fueron escondidas bajo la alfombra y ahora estallan a la superficie.

En el  Profesorado de Inglés teníamos dos años de Historia Británica y un año de Historia Norteamericana. Con estudiar eso (a full, tenía una profesora super exigente y a mí siempre me encantó Historia!) ya casi cubrís la historia mundial. Imaginate que los británicos tuvieron influencia siempre en el mundo, te guste o no y en los últimos dos siglos, EEUU no le viene en zaga.

Por eso, a pesar de que la Historia se repite, me resulta paradójico que en un momento del mundo en que todo podría ir encaminándose hacia cierto confort para todos, hay hechos, pequeños o grandes, que te dejan incrédula y hasta desilusionada. Como pensando: “Pero por qué? Qué tiene de malo querer que todo esté bien y que haya cierta armonía?”

Me tiene descolocada que en una era donde la globalización manda y es ley y no le podés escapar, hay sectores mundiales que pregonen por la división al poner énfasis en su “cualidad”: que soy de tal raza, que soy de tal nación, que soy de tal ideología…

No tiene nada de malo ser parte de una aldea global y si la tendencia (de la que no se puede volver) es un todo, por qué buscar división, como si esto fuera sinónimo de “individualidad”?

Aceptemos que de la globalización no se vuelve y que gracias a la tecnología que usan todos, hasta los rincones más tercermundistas del planeta, la información se comparte de forma igualitaria, hasta las tendencias  de moda y de tecnología son un bien común.

(No te creas que eso de que en las villas haya parabólicas de televisión satelital es un distintivo de Argentina nada más…)

Estamos en un momento histórico global donde el avance de la tecnología y el estudio permiten que, por ejemplo, las vacunas estén al alcance de quien las necesite. Hay recursos como nunca antes, para paliar el hambre, las enfermedades y la falta de educación académica. Hay organizaciones benéficas mundiales con el poder y los recursos para distribuir todo equitativamente. Hay un surgimiento y concientización de la importancia de amar al prójimo como a sí mismo, o sea, ayudar a quien lo necesita.

(O es todo para figurar en Facebook, nomás?)

Sin embargo, la realidad te vulnera el optimismo. Hay un despertar de ciertas tendencias fascistas, a ambos lados del océano. En países desarollados y en los no desarrollados. En donde predominan las teocracias y en donde predominan las democracias.

Hoy en día, en este mundo globalizado, un ataque en una ciudad perjudica al mundo entero, vivas donde vivas.

Nadie está a salvo.

Quisiera seguir teniendo pensamientos más favorables hacia la raza humana, hacia las diferentes sociedades. Cada vez me convenzo más de que lo único que saca adelante a las sociedades es que cada individuo decida comportarse de manera responsable y educarse y educarse y educarse. La educación es lo que te saca de donde estés y te hace más tolerante.

Pero estudiar Historia también te enseña que las guerras siempre siempre SIEMPRE empezaron por un motivo económico y/ o de poder. Hasta las guerras previas a la Edad Media. Hasta las guerras de hoy en día, donde es más evidente. Las guerras nunca fueron para liberar por más que algunos libros o académicos te digan lo contrario y atribuyan las causas a espíritus nacionalistas o libertarios. (Bueh, el académico de verdad no es tan poco objetivo).

En fin. Me gustaría que las cosas cambiaran, que hubiera un genuino deseo de cambiar para mejor o de, simplemente, dejarse llevar sin miedo por el camino hacia una sociedad mundial globalizada.

Qué podría tener de malo querer aprender a vivir en armonía?