Aprender A No Relacionar

taza

Hace 11 años que vivo en Londres, este año harán 2 que falleció mi mamá y que regalé mis cosas amadas (o sea, mis libros), guardé en una valijota mis fotos de toda la vida y dejé que las personas que ahora viven en mi casa la vacíen y le den nueva vida.

Si me habré desprendido de cosas… Comprarme cosas para atesorar no me importa ahora. Y si compro, no les pongo cariño. Me tiro todo encima con ropa que al cabo de dos  años regalo si me aburre o me tiro todo encima con viajes. O una linda salida.

No me importan las cosas.

Sin embargo ayer, a Ale sin querer se le cayó mi taza. Y se rompió.

“Uh, Ale!”, me quejé pero bueh.

Pero bueh? Esa taza me la había regalado mi Tía Chola hace mucho tiempo, al poco que me vine a vivir acá. La taza era genial porque era grande, estaba llena de caramelos y lo que me parecía muy práctico, se podía meter al microondas.

Mi tía, me parece, no ocupa un lugar de AMOR o de suma importancia en mi corazón pero no fue por ella el incidente de la taza sino porque me recordó una conversación con mi papá, en la que yo le pedía que le dijera a la tía que muchas gracias de mi parte que la taza me parecía genial.

Mi papá se había puesto muy contento y me dijo que le diría y al otro día me contó que mi tía también se había puesto contenta cuando él le contó.

Bueno, eso. Una taza que se rompió me recordó una conversación de lo más normal pero me produjo una tristeza nostalgiosa que todavía no se me va.

Algo así como enfrentarme al recuerdo de una normalidad que ya no vivo, a voces que no escucho más, a rutinas que tenía (llamar a mis padres todos los días) y a pequeños placeres cotidianos a los que uno se acostumbra sin saber.

Y un objeto roto te puede cambiar el día.