Amado Calzado

P1120499

Los hombres (en general) no nos comprenden en algo: el amor por los zapatos. No entienden por qué tanta variedad y por qué un par diferente para cada salida y hasta, a veces, diferentes colores de un mismo par.

No nos entienden y pareciera que nosotras no lo sabemos explicar. Pero el amor es así: cómo expresarlo con palabras? Imposible!

Nunca tengo suficientes zapatos ni botas ni sandalias. Siempre habrá un color o diseño o taco o algo que me haga sentir que eso era justamente lo que estaba buscando y eso es lo que justamente necesitaba así que mejor “invierto” (nunca vamos a decir “gasto”!) en este par y ya me quedo tranquila y no compro más…

… Quién nos cree? Ni nosotras mismas!

Pero me pasa que con algunos pares me encariño. Mi cariño viene desde el lado de la practicidad y comodidad. Porque también puede pasar que te encariñes con un par de sandalias que te hacen sangrar las ampollas que ellas mismas te sacan pero son tan di-vi-nas (y fueron tan caras!) que pensamos seguir usándolas!

Yo tengo un par de sandalias que amo. Y no sé cómo reemplazarlas.

Creo que ya hace como 5 años que las tengo. Las compré en un local de la Avenida Santa Fe, en una de esas zapaterías pegadas al Alto Palermo Shopping. Estaba por ahí, las vi, era verano, me parecieron interesantes y las compré.

Te juro, no me canso jamás de usarlas! Las llevo a todos los destinos donde sé que hará calor. Son el comodín perfecto: blancas, o sea, combinan con todo; cómodas al ser casi chatitas pero con un poquitín de plataforma lo que hace que no me duelan las plantas de los pies; anchas, por lo que si camino mucho y los pies se hincharan un poco, no me harán doler.

Son las mejores! Y se están gastando mucho! 🙁

Un poco de la suela interior se está pelando y por ahora voy zafando con esa desprolijidad.

Quise mil veces comprarme un par con las características de este calzado amado y no hay caso, no consigo por ningún lado. La última vez que estuve en Argentina, busqué y busqué y nada! Eran todas plataformas y zapatos cuadrados, nada de cómodas sandalias bajas.

Me da mucha pena tener que deshacerme de ellas pero es que parecieran ser irreemplazables!

Así que por lo pronto, las seguiré teniendo en cuenta llevándolas conmigo al destino caluroso que vayamos este año.

Y mientras tanto, descansan su gallardía en una caja en mi guardarropas.

Será difícil decir adiós…

Y vos? Seguro que también tenés un amado calzado, no es así?