Los Niños Callejeros

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Nosotros, los que tenemos esta edad o más, cuando niños, conocíamos la calle: para jugar, para pelear, para ir a la escuela, para ir a inglés, para ir al dentista, para dar una vuelta, para ir a la plaza, para andar en bici, para ir al club.

A los 8 años empecé a ir a “La Cultural” y mi mamá me acompañó con mi hermana el primer día. A partir del segundo, comencé a ir en colectivo con Miriam, mi vecina y con su primo Miguelo. Y así hasta que tres años después, Miriam se cambió de turno y empecé a viajar sola.

No se concebía otra forma de moverse por la vida, a esa edad, que no fuera en colectivo y la regla básica de cuidarse de los demás me la dijo mi mamá cuando empecé a viajar sola: “Si alguna vez se acerca alguien y te quiere convidar con un caramelo, vos decí que no”.

Claro, a la distancia y con más edad, uno comprende la parábola y / o metáfora del caramelo pero a esa edad,  no aceptar caramelos implicaba no hablar con extraños.

Una sola vez me pasó que viniendo de inglés, al rato de despedirme de una chica de mi edad que caminaba conmigo, una señora algo mayor se acercó a mí y me preguntó cómo se llamaba esa chica y cuántos años tenía. Yo en ningún momento dejé de caminar y no recuerdo, honestamente, si contesté o dije “no sé” pero sí se lo conté a esta chica y en los días siguientes, su mamá venía y caminaba detrás nuestro a cierta distancia, de incógnito. Quería ver si esa persona se volvía a acercar.

Nunca sucedió y nunca me olvidé de ese suceso pero te demuestra que antes también se corrían riesgos. Tal vez distintos que los de ahora. Menos intensos? No sé. Habré tenido suerte.

Justamente, con mi primo Sergio el otro día recordábamos que él tenía la costumbre, con mi hermana menor, de salir a caminar y volver a las horas. Mari siempre me contaba que cada vez que Sergio venía a dormir a casa (hacíamos trueque: yo me iba  a lo de Sergio para jugar con su hermana, de mi edad), ellos callejeaban todo el día: se iban a la plaza, seguían por las calles del barrio hasta llegar a la avenida…

Si no, tomaban el camino contrario y supieron llegar hasta al río de Quilmes, cruzando campos y pasando por ranchos (en esa época no había villas y ni siquiera conocíamos esa palabra: a lo sumo decíamos “el monte”) y a nadie se le ocurría pensar que salir a la calle siempre suponía peligro.

Pienso que sí, que podrían haber pasado miles de cosas: te podría haber atropellado un colectivo, te podrían haber secuestrado, te podrías haber cruzado un degenerado, te podrían haber asaltado, quién sabe.

Pero antes los chicos sabíamos que parte de crecer era no solo empezar a usar un reloj sino también, conocer la calle.

Es una pena que ahora sea tan distinto y en cada lugar habrá razones pero me parece que es algo, diría, mundial.