Nunca Sabés Cómo Vas A Reaccionar

El otro día leí y vi la noticia de una comerciante argentina que tuvo un intento de asalto pero no bien ella vio que el tipo tenía un arma, le dio un sopapo y lo sacó del lugar.

Ella contaba que estaba con su hijita en ese momento y que golpear al tipo fue lo primero que se le pasó por la cabeza.

Lo que demuestra que en una situación extrema uno reacciona sin pensar y con instinto y después, cuando todo pasa, caés en la cuenta de lo que hiciste y temblás.

Eso me hizo acordar a algo que me pasó (salvando las distancias) en Argentina en el 2002, para ser exactos. Me acuerdo muy bien porque hacía una semana que me había casado (no nos habíamos ido de luna de miel) y yo estaba en la estación de Quilmes esperando el colectivo. Lo tomé y llegué a la casa de mis padres.

Una vez allí, me di cuenta de que me habían robado la billetera y la cartera no estaba tajeada. Simplemente yo llevaba la cartera con el cierre hacia atrás así que le facilité bastante el “trabajo” al chorro.

Al momento de darme cuenta, me puse mal de la bronca pero además porque allí tenía unas florcitas del tocado de novia que le iba a regalar a mi mamá, a mi suegra y a la Baba. No pudo ser.

Obviamente, enseguida llamé al banco y cancelé todas las tarjetas.

Con el pasar de las horas, a mi memoria vino la mujer que estaba adelante mío en la cola del colectivo, que subió antes que yo, que pareció dudar, que hacía que iba a bajar pero no; que iba y venía, que me empujó un poquito y al final bajó.

Fueron segundos y comprendí que lo que había estado haciendo fue ayudar al carterista que estaba atrás mío.

A la semana siguiente, estaba yo otra vez haciendo la cola para tomar el colectivo en el mismo lugar. Subo y el colectivo que tomé tenía la máquina de los boletos al lado de la escalera por donde suben los pasajeros, por lo que mientras yo estaba parada poniendo las monedas, había gente parada en los escalones y entre ellos, había una chica con su cartera.

En eso, mientras estoy poniendo las monedas, veo un chico de unos 20 años, parado atrás de la chica, metiendo dos dedos en su cartera y sin más, sin pensar, yo con modales de maestra, sin decir nada, me incliné un poco hacia abajo, le tomé la mano al pibe y se la saqué de la cartera. Seguí metiendo las monedas y cuando me fui a sentar caí en la cuenta de lo que había hecho!

Temblaba como una hoja!

Y vi que la chica subió y el pibe subió atrás de ella y le preguntó al colectivero “Me llevás?” y el colectivero le dijo que no y el chorro se bajó.

Todavía temblando me acerqué a la chica y le dije que le habían intentado robar y ella me dijo que ni se había dado cuenta!

Hasta el día de hoy tiemblo de pensar qué hubiese pasado si el tipo subía al colectivo! En realidad, me pregunto qué ME hubiese pasado! Por suerte el colectivero no lo dejó subir.

Cuando contaba esto, muchos me decían que el colectivero seguro sabía que este tipo era un chorro y algo habrá notado pero, bueno, me hizo un gran favor el señor conductor!

Podés creer que, a partir de ese momento, podía darme cuenta quiénes eran los chorros y carteristas que pululaban por la estación de Quilmes?

Fue como si me hubiesen corrido un manto de adelante de los ojos! Porque miraba desde la ventana del colectivo y veía con total claridad cómo se hacían señas, cómo alguna mujer o algún chico hacían señas a otro y ese otro se iba a algún sector, increíble!

En fin, son momentos extremos y uno nunca sabe cómo va a reaccionar!

Alguna vez te pasó algo así?