Soy Argentina. Ergo, Me Analizo

Se sabe que Argentina es, comparando con el resto del mundo, el país que más psicólogos tiene per cápita.

Todo argentino (sino el 99%) alguna vez en su vida pisó el consultorio de un psicólogo, ya sea para sí mismo, acompañando a alguien, para probar a ver qué onda o porque realmente necesitaba ir.

En mi caso particular, no fui a una psicóloga hasta casi los 30 años. Mi mamá y mi papá eran de las ideas tipo “El psicólogo es para los locos”, “El psicólogo tiene más problemas que cualquiera por eso estudió Psicología” y demás cosas de viejos que yo escuchaba pero tampoco afectaban mi idea de ir o no ir.

Supongo que no fui hasta que realmente sentí la necesidad de ir. Creo que si de adolescente lo hubiera pedido, mis padres no se hubiesen negado, de todas formas.

Todo se dio porque en la cartilla de mi prepaga del momento, vi que te incluían algunas sesiones, entonces me despertó curiosidad. Me acuerdo de que le comenté a Araceli de mi idea y me apoyó totalmente: “Es genial ir al psicólogo, andá. Está buenísimo, te va a servir”.

Y comencé a ir a una psicóloga una vez por semana. Me gustaba, me hacía sentir bien. Me ayudó a tomar alguna decisión en su momento.

Pero la dejé cuando empecé a ver que las notas que tomaba sobre lo que yo hablaba las hacía sobre unos papelitos de esos que dejan en todos lados, de promociones de parrillas, de casas de comidas, etc. Habían dejado una pila en la sala de espera y ella anotaba todo en la parte de atrás.

No me enojé porque sabía, ya que ella misma me lo había contado, que su marido estaba enfermo terminalmente así que lo tomé como un signo de que la señora no debía tener mucho ánimo para nada así que decidí hacer un paso al costado.

Después fui a otra que con solo verla el primer día ya supe que no era la psicóloga que necesitaba (En el medio de la sesión que se dio en su casa, interrumpió todo porque había venido el pedido de Jumbo y salió a entrar las bolsas del supermercado!) así que busqué una vez más y la tercera fue la vencida!

Mi psicóloga se llama Mariana, desde entonces no la he cambiado y, con interrupciones debido a mi andar y la distancia, seguimos de todas formas, por teléfono y / o por Skype.

Creo que el tema, además de que te tiene que tocar un profesional serio y dedicado, es que hagas click con la persona que elijas para que te analice. Porque a otros capaz que las actitudes de las psicólogas que describí anteriormente les podrían haber caído simpáticas pero, por mi manera de ser o de ver las cosas, conmigo no iban.

Ir “a la psicóloga” (o a “mi terapeuta” si te querés hacer la mundana) es muy reconfortante porque hablás con alguien objetivo, que te mira desde afuera y cualquier comentario que te pueda hacer lo hace mirándote a vos como sos, con tu historia y no desde el afecto, ya que esto puede afectar la forma de decir (o no decir) algo.

Por ejemplo, si tenés algún problema o preocupación, y se lo contás a un amigo o familiar, te apoyarán amorosamente y te darán algún consejo pero todo desde el afecto y para que sufras lo menos posible.

Un psicólogo te hace ver que tal vez el problema o preocupación en realidad sos vos, no el otro ni lo que te pasa; y a ver qué hacemos al respecto.

Porque un psicólogo no es un alguien que da consejos. Te saca lo que tenés adentro, te lo pone delante de tus ojos y te hace verlo o sentirlo y cuando eso pasa, tus actitudes, tus miradas, todo, casi, cambia!

Es genial! Lo comprobé una vez que Mariana me leyó unos párrafos de algo que yo había dicho y te juro, no podía creer que YO había dicho eso, que tenía esas ideas… Era como si estuviese escuchando hablar de otra persona!! Qué shock! (Qué mal que estaba…! 😛  😛  😛 )

A mi entender, hablar de lo que te pasa te pone en perspectiva y muchas veces te escuchás decir cosas que no entendés por qué las dijiste pero las comprendés luego.

Porque los beneficios de la terapia los ves al tiempo y, generalmente, lo notan los otros: te encuentran cambiada, se podría decir que hasta mejor.

O pasa que de repente, o no tenés más ese “problema” o tu contexto comienza a flexibilizarse y a funcionar según te sea beneficioso.

Y en realidad, no es lo de afuera que cambia sino que sos vos misma, que pudiste meterte en tu interior, sacarlo todo, mirarlo, procesarlo y cambiarlo si tanto mal te hacía.

Hacer terapia me ayuda. Y a usted?