Los Apodos

los apodos

“Nacho” si te llamás Ignacio.

“Ale” si te llamás Alejandro o Alejandra.

“Lucho” si te llamás Luis.

“Pepe” si te llamás José.

Muchos por esta vida somos nombrados o reconocidos por nuestros apodos más que por nuestros nombres.

En mi caso particular, nunca tuve un apodo pero ahora de grande algunas amigas me llaman Alice pero generalmente un apodo o apócope de tu nombre te describe ante tu familia.

Claro, algunos son muy lógicos y predecibles como los que enumeré al comienzo.

Pero mi curiosidad por los apodos deviene de aquellos a través de los cuales es imposible adivinar el nombre del dueño o dueña y son una marca de quien los porta.

Por ejemplo, un primo de Ale. Él es El Pez. Sí. Ese es su apodo y así lo conoce todo el mundo y Ale mismo no puede explicarme cómo o por qué a Diego lo llaman así, tanto primos como amigos.

Un ejemplo de por qué un apodo tiene una razón de ser es el apodo que tenía mi hermana menor. Desde chiquita a ella le gustaban los monos y tenía el cuento de El Mono Relojero y juguetes o muñecos que eran monos. Así fue que mi cuñado comenzó a llamarla “Mona” y mis sobrinos también y ese fue su apodo pero sólo para ellos. En la escuela era “Fernanda” y en casa, simplemente “Mari”.

A mí me encantaba que la llamaran “Mona” porque sonaba por demás exótico pero para cuando fue adolescente, empezó a pedir que por favor la llamaran por su nombre.

Achicaba los ojos y ponía cara de mala mientras bajito decía: “No me llamo Mona”.

Viste? Muchas veces los apodos poco convencionales y los menos predecibles, tienen una historia detrás (lástima que no sé la de El Pez!) y me encantaría que me contaras de apodos que vos tengas o algunos otros que otras personas que conozcas.

Me contás?