Gracias, Gustavo.

prensa1.jpg Es el curso de las cosas…
(Corazón Delator – Soda Stereo)

En estos tiempos y a esta distancia y con la casualidad de no estar mirando la tele de Argentina, me entero por Twitter que falleció Gustavo Cerati.

Él.  Hermoso, divino Gustavo.

Lo que sentí y todavía siento es una piedra en el pecho que me aprieta las ganas de llorar, me hace aflorar una tristeza tal que me hace sentir culpable porque no lo conocía personalmente, no era mi familia y nunca lo fui a ver a un recital.

Tengo menos derecho, entonces, a ponerme mal? Me siento culpable poniéndome triste pero tengo que asumir que sí, que estoy triste porque siempre da pena que fallezca alguien que significó algo, que me acompañó en mi crecimiento con sus canciones y al mismo tiempo de crecer en edad yo, ellos creciendo en fama.

Me causa frustración porque siempre está la queja usual en estos casos: era joven. Una persona joven no merece no tener vida; una persona joven, creativa, talentosa y que no calienta sillas merece la vida infinita. Una persona joven no merece estar muerto en vida.

Me causa desilusión porque todos sabíamos de su estado, de su imposible despertar y a la vez, un fueguito esperanzador en nuestro corazón estaba ahí, retroalimentándose cada vez que escuchábamos alguna noticia sobre él: su cumpleaños, la cuenta de cuánto tiempo llevaba ahí, los tantos años de vigencia de Soda Stereo o cuando su mamá hablaba con los medios.

Pues ahora Gustavo duerme el sueño verdadero, del que nunca despertás.

Joven. Bello. Tanto para dar y por vivir.

Pero ahora no está.

Quedan sus canciones, queda su maravillosa voz que nos hacía sentir tan bien. Queda su poesía. Queda su arte.

Y acá nos quedamos, mirándonos las caras y sin saber qué más decir.

Gracias, Gustavo. Gracias Totales.