Mi Primer Viaje Sola

Ojalá viajar sola fuera así… Pero la realidad es otra!

Cuando uno lleva años viajando va adquiriendo experiencia, como pasa con cualquier actividad que hagas por un tiempo largo, sea por placer o no. Entonces, cuando recordás aquella oportunidad en que hiciste algo por primera vez, te da ternurita, se te dibujan sonrisitas en la cara… o te querés subir a la máquina del tiempo y darte una buena patada en el trasero a vos misma!

Es que pensás: “Cómo pude ser tan…” y dependiendo del evento que te acuerdes, lo completás con algún adjetivo poco positivo.
Por ejemplo, me pasa cuando me acuerdo de la primera vez que viajé sola al exterior. En realidad, la primera vez que viajé sola a otro país fue cuando tenía 24 años y vine  a Inglaterra a hacer un curso para teachers y me quedé un mes: paseé, caminé pero siempre estaba con algún grupo y nos poníamos de acuerdo para dónde rumbear. Pero la primera vez que viajé sola-sola fue dos años después, cuando fui a EEUU y Canadá.

Me da la impresión de que cuando una chica / mujer viaja sola al exterior, su mente se llena de aventuras exóticas: hombres apuestos que pasan a su lado y se dan vuelta para mirarla;  la chica en cuestión deja a todos boquiabiertos con sus prendas que viste con todo glamour; la brisa (siempre hay brisa, nunca hay viento ni lluvia!) le despeina suavemente los cabellos brillosos…

Nada más lejos! Bueno, por lo menos para mí lo fue porque viajé sola y no me fui a internar a un all-inclusive donde tenés las vacaciones organizadas si no querés hacer nada. Yo me fui a recorrer la costa este a pura pata, hostel, tren y subte!
En fin, te paso a enumerar los errores, los terribles errores que no me perdono haber cometido y que cada vez que tengo oportunidad de hablar con alguien que viaja sola, trato de contarlos para que no se vuelvan a cometer… Pero a veces todo llega a oídos sordos y es necesario que la susodicha no escuche así los comete, aprende, no los vuelve a hacer y sale más fortalecida!

Sin más, pues, entonces los errores, suposiciones y estupideces varias que una cometió, pensó y realizó cuando viajó sola por primera vez siendo joven, pero sobre todo, inexperta:
– Primero lo primero: compré una carísima y enorme valija semi rígida, con trescientosmilquicientosveinte metros cúbicos de capacidad la cual llené hasta bien arriba con toda la ropa que tuviera, encontrara y comprara porque…

  • a) Tengo que llevar pantalones. Ok, uno de cada color… Bueno, mejor, dos negros (por si uno se ensucia), dos blancos (por la misma razón), tres o cuatro jeans y uno que sea más elegante. Tengo de esos? No. Bueno, entonces me compro dos.
  • b) Ah, no, claro, si llevo esos pantalones entonces tengo que llevarme algunas camisas, remeras y buzos y también sweaters que me combinen. Pero si llevo esta camiseta, entonces tengo que llevar este otro buzo que me combina pero si este buzo resulta ser demasiado abrigado en el día que salga, entonces tengo que llevarme la camisa aquella y si llevo esa camisa, necesitaré este saquito con el cual me queda bien. Por supuesto, no olvidarme de las pashminas por si referesca y por favor, agregar YA esas remeras de algodón, las 3 negras, las 3 blancas, la roja, la azul, la rosa, la color crema, la color café… Bueno, y así ad infinitum.
  • c) No puedo, NO-PU-EEEE-DO no viajar sin botas. Me llevo las negras con taco, las marrones con taco, las negras sin taco, las marrones sin taco, las rojas para dar un toque de color, los zapatos de fiesta negros que van con todo y un par de zapatillas por si se me da ir a correr al Central Park. (En mi fucking vida de ese entonces fui a correr a un parque, pero bueno, una chica que viaja sola tiene que estar lista para todo caprichito que se le venga a la mente! Para eso viaja sola, para darse los gustos que se le ocurran!)

– También me compré un necessaire gigante, de dos pisos para llevar los perfumes, desodorantes, cremas, shampúes y acondicionadores hasta llenarlo por completo. En esa época se podía subir al avión con un bolso lleno de infinitos líquidos y cremas. El talco, no olvidar, y también llevo tres esmaltes con el quitaesmalte tamaño mil y por supuesto, algodones, toallitas, paquetes de pañuelos descartables y no agregué las botellitas de alcohol en gel porque en esa época no existían!

– Obviamente que llevé como tres desodorantes, dos frascos de cada cosmético imaginable, no sea cosa que se me terminaran y yo… no sé qué imaginaba, que no habría supermercados o perfumerías en EEUU!?!?!

– Yo, que JAMÁS me hago baños de crema, me compré un pote de (sí adivinaste!) un baño de crema, el más grande y caro que encontré. Por qué? Ok, es que pensaba que en esos días en que llegara agotada de tanto pasear y flashear gente con mi exotismo ítalo-latinoamericano y arrrrgentino, me iba a dar unos merecidos baños de inmersión y, ya que estaba, me hacía un baño de crema, para tener el pelo espléndido cuando la brisa me agitara suavemente los bucles (que no tengo ni nunca tuve!)

– Una chica que viaja sola tiene que estar preparada para lo inesperado, por ejemplo, que una gente fantástica que me cruce en mi camino, me invite a su fiesta de amigos en su mansión. Ergo, hay que llevarse un vestido largo para la ocasión y zapatos con taco aguja acordes. (Sí, creeme, eso llevé y estoy segura de que no soy la única que ha llevado algún outfit parecido!)

Para terminar con esta catarata de burradas y coronarla como debe ser, demás está agregar que prácticamente usé el mismo jean durante todo el viaje y, aunque cambiara de camisetas y ropa interior diariamente, las lavaba en cualquier lavadero que había a montones por donde estuviera y que, como me compraba ropa lo mismo, usaba eso y lo que había empacado seguía tan doblado como cuando arribó a EEUU. No me hice el tan soñado baño de crema y salía con la cabeza limpia, sí, pero el pelo atado con alguna vincha o broche y tan electrizado como lo tuve desde el momento en que nací.

Y lo peor, LO PEOR de todo esto que te estoy contando es que no era capaz de cargar ese peso yo misma y eso es lo que no me perdono. Porque una es mujer pero se tiene que hacer cargo de lo que planea y lleva y no podés pretender que POR SER MUJER vengan a ayudarte buenos pero desconocidos samaritanos que no tienen por qué hacerse cargo de tu mal planeamiento y cargarte la valija que vos misma no podés llevar.

Sirve, entonces, todo esto que escribí/ confesé/descargué?

A mí sí porque se me están ocurriendo un montón de consejos que podría dar de qué estrategias usar cuando viajás sola y vienen a cuento de la experiencia adquirida.

Bueno, en definitiva, no importa si lo que una puede contar ayuda o no. La aventura de vivir consiste en eso, justamente: proponerte desafíos, ponerte a prueba y aprender de lo errores cometidos.

(Pero si podés evitar cometerlos, mejor!)

Bon voyage, girl!