Los Achaques

Hoy fui a IKEA (IKEA, te amo!) y en su famosa bolsa azul me traje unas cosas que pude levantar y acarrear con dignidad; no quise tentarme con la sección cocina y fue una gran tortura pasar de largo rapidito para no comprar nada de ahí. 
Simplemente fui a buscar algunas cosas que me ayuden a mantener un poco ordenada la casa y mi límite auto-impuesto fue comprar hasta llenar la bolsa y/ o poder levantarla.
Pues eso hice y a pesar de que la bolsa estaba un poco pesada, pude levantarla y por suerte el viaje es fácil de hacer.
Llegué a casa, entré al ascensor, apoyé la bolsa en el piso y antes de salir, me agacho y levanto la bolsa… 
No tuve un tirón en la cintura pero sí me dí cuenta de que había hecho algo mal:  no me agaché doblando las rodillas como dicen que hay que hacer para evitar, justamente, el dolor de cintura. Y, ya te digo, no sentí ningún crac pero sí, no sé… algo…
Entonces ahora estoy sentada, rodeada de almohadones y rezando que mañana no me agarre el temido dolor.
Y me puse a pensar en la frase “los años no vienen solos” y es cierto! Comencé a pensar en esos achaques que tengo, que antes, cuando era joven, esbelta y lozana ni sabía que existían y me dí cuenta de que:
– No uso zapatos con taco para salir a, ponele, comprarme ropa o encontrarme para tomar algo. No puedo porque termino con los talones y plantas de los pies destruidos y cuando te duelen los pies, se te nota en la cara! Cuando compro zapatos compro con taco bajo y con plataforma o con taco chino pero tampoco chatitas porque también me hacen doler las plantas de los pies! 
– He descubierto que se me hinchan las piernas durante los vuelos de avión si no uso esas medias especiales. Odio que me pase.
– Me duele la espalda con facilidad y si duermo en una mala posición, al otro día me duele todo el cuerpo cuando antes, me dolía un dedo y se me pasaba enseguida!
– Últimamente evito comprar carteras divinas y grandotas porque sé que si las compro grandes, las lleno de porquerías y a la vuelta de donde venga, los hombros  (y la espalda, obvio) me duelen horrores.
– Llega un momento en alguna fiesta o evento en que si pasan más de dos horas en que tengo que seguir parada, hablando, tomando y riéndome a la fuerza, prefiero irme porque sé que al otro día me va a doler todo, hasta la cara.
De todas formas, debo agradecer que me queje de estos achaques y no tenga que estar quejándome de un problema de salud, claro. 
Yo tengo estos achaques. Y usted?