Más Papistas Que El Papa

Así es, el Papa es argentino. (Los adjetivos gentilicios, en español, se escriben con minúscula. En inglés, no. Te lo digo yo que nunca pongo signos de interrogación ni de admiración al comienzo!)

Fue una sorpresa aunque desde que había sido elegido Benedicto que se hablaba que Bergoglio era el más “papable” y que podría haber sido él. Pues lo es ahora.
Mirá, yo justo estoy lejos de mi país pero más o menos estuve al tanto de las reacciones en general gracias a las redes sociales y pude comprobar lo que para algunos puede ser histeria, para otros una gran emoción o para otros una mera noticia que no tiene nada que ver con sus vidas.
Para mí, que no soy creyente, fue una sensación de sorpresa, de un “mirá vos, eh, qué bien” y nada más. Pero me imaginé la que se venía…
Me alegra por los católicos practicantes la sensación de felicidad que están teniendo ahora. Me encanta que estén alegres y orgullosos. Ojalá les sirva para ahondar y reflexionar aún más en su fe; a querer ser mejores personas; a seguir yendo a la iglesia y a observar y cumplir los preceptos. Bien. Disfruten.
(Aunque pensar que, a partir de ahora, todo en el mundo cambiará para bien sólo por el hecho de que un papa sea latinoamericano o argentino, es ser un poco inocentes. Pero bueno, si lo creés firmemente, bien por vos.)
Pareciera que de repente, son todos católicos, como fanáticos del Papa. Bárbaro. Si eso sirve para que haya gente más buena, denle para adelante. Eso claro, si vos asociás catolicismo con ser buena gente. 
Sin embargo, creo que ninguna religión fomenta el odio así que me parece que, en definitiva, no importa de qué religión seas mientras cumplas con aquella en la que vos fuiste educado y creés. (Ojo que profesar una religión tampoco es garantía absoluta de ser buena persona – Y dije “profesar”, no “practicar”)

Ahora, de ahí a empezar a enojarse con quien no profesa ninguna religión, hay una diferencia. Yo soy atea o agnóstica, como me quieras llamar, yo no creo en ningún dios ni en los ángeles ni en nada pero en nada de lo que me enseñaron en la escuela. En nada. Porque desde que yo corté todo vínculo con la religión en la que me educaron, sentí una liberación indescriptible que me hizo muy bien. Se ve que era lo que necesitaba o lo que a mí me hace bien.
Y así como no creo en un dios ni me caso con ninguna religión, tampoco creo en el horóscopo ni en la numerología ni en la angeología ni en la globología. En nada! No creo en nada!
Eso sí, respeto muchísimo a quien cree y la fe de los demás. Ponele, entonces, que yo creo en quien cree. Porque, por ejemplo, a mí no me sale rezar ni en los momentos más desesperantes. Me pasó con mi hermana y con mi viejo. Yo pedía a quienes eran creyentes que rezaran. No sé si para cambiar el curso de las cosas. Tal vez haya sido para sentir un poco de paz o para que quien la necesitara, tuviera paz.
Entonces, espero que, de aquí en más, todos aquellos que sintieron orgullo de ser católicos argentinos y salieron a festejar y que hace mucho que no van a la iglesia, empiecen a dar el ejemplo pero con acciones. Nada de ir a misa solamente cuando hay un bautismo o casamiento o comunión o confirmación. Nada de acordarse del cura cuando hay un enfermo o un velorio. Espero ver más caridad y más piedad hacia el prójimo.

Vamos! Adelante! A predicar no sólo de la boca para afuera sino con el ejemplo!