Nosotros Leemos, Vosotros Leéis, Ellos Molestan

Cuando comencé a estudiar inglés, a los 8 años, teníamos por costumbre con algunos chicos (desde esa tierna edad hasta más grandes, tipo 13 años) de ir como una o dos horas más temprano y encontrarnos en la biblioteca de la Cultural y hacer los deberes juntos. Después nos quedábamos charlando o leyendo algo pero mayormente charlando tranquilos. 
Claro que estábamos en una biblioteca y cada tanto la secretaria nos decía muy seria: “Chicos, bajen la voz que están en una biblioteca,” porque por ahí subíamos el tono y no nos dábamos cuenta. Pero hacíamos caso.
A los 11 años visité por primera vez una biblioteca propiamente dicha, la Biblioteca Sarmiento, en Quilmes. 
Wow! Era como un museo, los asientos y mesas largos, de madera oscura contendente, fuertes, muchísimos libros, un aroma a papel marrón insuperable y lo que más me impresionó fue el silencio total, viste cuando de tanto silencio se siente como un vacío en tus oídos?
Con el correr de los años, no visité muchas bibliotecas porque para mi carrera usaba los libros que me compraba, algunas fotocopias y si tenía que hacer algún trabajo de investigación más intenso, iba a la Lincoln, la biblioteca de textos en inglés.
La gente que me cruzaba allí eran adultos y andaban todos ocupados como yo. Y en silencio.
Cuando vine a vivir acá y fui a la biblioteca de mi barrio a conocerla y ya ni recuerdo a leer qué, me gustó ver que sobre una pizarra de corcho había desplegados muchos anuncios sobre actividades gratuitas que se hacían en la biblioteca para la comunidad y más de un par me llamaron la atención: Ofrecían actividades para bebés, lectura de cuentos para niños de edad escolar, etc., que se desarrollaban en una habitación aparte pero siempre dentro del mismo edificio.
Creí estar ante un nuevo concepto de biblioteca, algo que me parecía buenísimo para incluir a los niños desde temprano al placer de la lectura. Pensé que era muy simpático y a la vez, inteligente.
Ok, hace un par de años, esa biblioteca cerró para dar paso a una grandotota, gris, plateada, de forma de (te diría) nave espacial o bloque irregular y de tres pisos, todas las comodidades, los chiches y hasta un cyber café en la planta baja.
Divina, moderna…
Como yo ahora estoy estudiando decidí empezar a ir a la biblioteca a preparar mis trabajos o simplemente  a leer porque me parece el lugar más apropiado para concentrarme. En casa no puedo (y eso que estoy sola) porque me distraigo fácilmente: me levanto para un cafecito, para poner ropa en el lavarropas, para… qué se yo, cualquier cosa.
Con todo mi entusiasmo inicial, enfilé por primera vez a la modernosa biblioteca. 
En la planta baja donde está el café hay también una recepción así que comenté que era la primera vez que venía y que buscaba un lugar tranquilo para leer y estudiar, a quiet room. El chico me miró dudando un poco y me dijo que en realidad no tenían lugares así pero que podía ir al tercer piso e iba a encontrar lugar para sentarme y leer pero que no me garantizaba que fuera en silencio absoluto.
Qué!? O sea, vengo a una biblioteca, ok?
Bueh, ya estaba ahí, subí por el ascensor, alfombras de colores, estanterías con muchos libros y claro, ahí vi cómo era todo. No es que los pisos están separados por, justamente, pisos. Es como un gran espiral y si yo estoy en el tercero y me asomo para adentro, como si fuera un balcón, veo los pisos de más abajo.
Quiere decir que todo bochinche o ruido se escucha.
3pm y yo intentando concentrarme a pesar de los sollozos y/ o berrinches de bebés que se ve que fueron llevados hasta allí por sus madres mientras tomaban ellas unos lattes y charlaban.
3.40pm e intentando concentrarme y es la hora en que la biblioteca empieza a llenarse de niños que salen de la escuela. 
Ustedes piensan que porque vienen a estudiar? No! Vienen a joder con las computadoras! Agregales a los que no llegaron a tiempo a agarrar una y empiezan a correr por ahí de aburridos, nomás.
Yo miraba a las otras personas sentadas a mi alrededor buscando algo así como apoyo moral y veía: chicos mirando películas en sus laptops; chicos o jóvenes leyendo y/ o escribiendo. Nadie con cara de “qué barbaridad!”, así que me la tuve que aguantar y por suerte, para las 4pm los bebés ya se habían ido.
Lo que no quiere decir que había silencio total porque todavía había movimiento en la cafetería y quedaban niños y adolescentes molestando moderadamente.
De todas formas, sigo yendo y voy siempre a la misma hora, a partir de las 3pm porque es la hora que puedo, la que me queda más cómoda, la que yo quiero y la que yo elijo. 
Por qué tengo que adaptar mi horario al bochinche ajeno cuando se da en un lugar donde no debe haber bochinche?
Por qué tengo que entender a los demás que quieran socializar en un lugar donde no corresponde?

Por qué cuesta tanto hacer silencio en una biblioteca?
Son los tiempos que corren. Me tendré que adaptar a la nueva idea de la biblioteca con ruido de fondo!